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¡HARFUCH CAZÓ A “EL COJO” de LA UNIÓN TEPITO; HIZO ATENTADO a DIPUTADA y ESTABA PRÓFUGO!

Alerta. Alerta. Harfuch detuvo a Dylan Marroquín López, alias el Dylan o el Cojo vinculado a la Unión Tepito en la facción liderada por el Irvin y el Uguito. Este mugroso criminal está relacionado con el ataque a la diputada Diana Sánchez Barrios en octubre de 2024. 20 meses. Tres carpetas de investigación.
Un hombre que ordenó abatir a una diputada en pleno centro histórico de la Ciudad de México y siguió caminando libre por las calles de esta ciudad como si nada hubiera pasado. Omar García Harfuch desenterró el expediente, activó el protocolo de rastreo y cerró el cerco en una mañana de junio que el cojo nunca vio venir. Pero antes de contarte cómo cayó, necesito que entiendas algo que ningún noticiero te está diciendo hoy.
Lo que los medios reportaron fue una detención de rutina, un hombre en una camioneta azul, droga, un arma, el parte policial de siempre. Pero eso no es lo que pasó aquí. Lo que pasó aquí fue una trampa de inteligencia que llevaba semanas construyéndose en silencio. Dron por dron, llamada por llamada, kilómetro por kilómetro.
Lo que ningún noticiero te va a decir es que el cojo no fue encontrado, el cojo fue esperado y esa diferencia lo cambia todo, porque Dylan Sebastián, alias el Cojo, alias el Dylan, no era un narcomenudista de esquina. Era el cerebro operativo del ataque más audaz contra una figura pública en la historia reciente de esta capital.
El hombre que coordinó los [música] disparos contra Diana Sánchez Barrios, el que mandó a dos sicarios en motocicleta a ejecutarla en medio de cientos de testigos, a plena luz del día en la calle Motolínea del Centro Histórico. Y la pregunta que nadie ha respondido en 20 meses es esta, ¿quién le dio la orden a él? Esa pregunta tiene nombre en los archivos de Harfush, pero hay algo que los noticieros no te van a contar.


Para entender por qué la caída del cojo importa, tienes que entender que era el cojo dentro de La Unión Tepito. La unión no es una pandilla, es una estructura criminal con tentáculos en al menos 12 alcaldías de la Ciudad de México, con células especializadas en narcomenudeo, secuestro, cobro de piso y ejecución selectiva.
En su momento de mayor poder, controló los mercados informales del centro histórico con una precisión casi corporativa. Cada pasillo, cada puesto, cada acceso tenía precio y ese precio se pagaba o se pagaban las consecuencias. Dylan Sebastián operaba en esa zona con una lógica de impunidad construida sobre años de movimiento sin errores, 30 años.
Cara conocida en calles que conocía mejor que sus propias manos. Se movía en la colonia Morelos, en Tepito, en los bordes del centro, con la fluidez de alguien que nunca vibía sentido el peso de unas esposas. respondía directamente a dos nombres, el Irvin y el Huguito, Jonathan Irvin Herrera Sánchez y Víctor Hugo Ávilas, los dos líderes de facción que llenaron el vacío de poder después de que Roberto Mollado Esparza, el Betito, cayó detenido.
Con el Betito fuera, Irvin y Euguito escalaron rápido y el cojo escaló con ellos. En ese mundo el cojo no disparaba por desesperación, disparaba por contrato el feminicidio del 14 de febrero de 2026 en Tuawak, día de San Valentín, tiene su firma. El doble homicidio en Venustiano Carranza también.
Y el atentado contra Diana Sánchez Barrios en octubre de 2024 lleva su sello de coordinación desde el primer disparo hasta la huida. La geografía de su mundo olía a fritangas de asfalto caliente. Sonaba a cumbia desde tiendas de ropa piratera y a motores de moto acelerando entre puestos de mercado. Era un mundo donde el cojo era intocable, o eso creía él.
Y entonces llegó el dato que lo cambió todo. Dylan Sebastian no cayó porque fue descuidado, cayó porque fue arrogante y la arrogancia en el mundo de la inteligencia criminal siempre deja rastro. El primer error lo cometió a finales de abril de 2026. Cuando en junio de ese año fueron detenidas Erika y Claudia, dos mujeres señaladas como planificadoras del ataque a la diputada, el Cojo sintió el calor acercarse.
Su decisión fue moverse, abandonar temporalmente el centro histórico, su zona de confort y relocalizarse en Gustavo Amadero. La lógica era simple y parecía sólida. Alejarse del perímetro caliente, dejar que la investigación se enfriara, reaparecer cuando el ruido bajara. Lo que el cojo no sabía era que esa decisión acababa de confirmarlo como objetivo activo de alta prioridad, porque la SSC no estaba buscando en el centro histórico solamente los analistas de inteligencia de la Dirección de Investigación ya tenían mapeadas cinco zonas de movilidad alternativa para él:
redes de contacto, casas de seguridad conocidas, rutas de distribución secundarias. Gustavo Amadero era la zona número tres de esa lista. Cuando apareció ahí no desapareció del radar. encendió una señal. El segundo error lo cometió en la primera semana de junio de 2026. Confiado en que llevaba [música] semanas sin ser detect

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