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48 HORAS PERSEGUIDOS Por T-34 Soviéticos — Stalin en 12 Min DEVORÓ 42,000 Panzers en Stalingrado

48 HORAS PERSEGUIDOS Por T-34 Soviéticos — Stalin en 12 Min DEVORÓ 42,000 Panzers en Stalingrado

48 horas perseguidos por T34 soviéticos, 48 horas donde cada segundo podía ser el último. 48 horas de terror absoluto en el infierno congelado de Stalingrado. Stalin había prometido devorar al sexto ejército alemán y sus tanques T34 eran las fausces de acero que cumplirían esa promesa mortal.

Era el 19 de noviembre de 1942 cuando el mundo cambió para los soldados alemanes atrapados en Stalingrado. A las 7:20 de la mañana, hora de Moscú, la artillería soviética recibió la palabra clave siren y el infierno se desató sobre las posiciones alemanas y rumanas que protegían los flancos del sexto ejército.

3500 cañones y morteros abrieron fuego simultáneamente en una sinfonía de destrucción que sacudió la estepa congelada. Los cohetes katiusha rasgaron el cielo gris, dejando estelas de humo mientras caían sobre las trincheras enemigas como meteoritos de fuego. Durante 80 minutos interminables, la tierra tembló bajo el bombardeo más devastador que jamás había golpeado las líneas del eje en el Frente Oriental.

Los soldados rumanos que sobrevivieron al bombardeo comenzaron a huir hacia la retaguardia, abandonando sus posiciones en pánico total. Las líneas de comunicación quedaron destrozadas. Los depósitos de municiones explotaron en bolas de fuego que iluminaron la niebla espesa de la mañana y los puntos de observación avanzados fueron pulverizados en cuestión de minutos.

La operación Urano había comenzado y con ella el cerco mortal que atraparía a 300,000 soldados alemanes en las ruinas de Stalingrado. Después del bombardeo surgieron de la niebla como fantasmas de acero. Los T34 soviéticos avanzaban en oleadas interminables, sus motores rugiendo como bestias hambrientas mientras rodaban sobre la nieve manchada de sangre.

Eran cientos, miles de tanques que emergían del frío glacial de la estepa rusa y detrás de ellos venían más de un millón de soldados soviéticos sedientos de venganza. El comandante alemán en el sector Kletcaya había llamado al cuartel general del sexto ejército antes de las 5 de la mañana, advirtiendo del ataque inminente. Pero nadie quiso despertar al jefe de Estado Mayor, el general Arthur Schmid.

Esa decisión costaría decenas de miles de vidas. Los T34 eran máquinas de guerra revolucionarias que habían sorprendido al ejército alemán desde el primer día de la operación Barb Roja en junio de 1941. El general Heines Guderian, el maestro de la guerra blindada alemana, los llamó superiores a cualquier tanque que Alemania tuviera en servicio.

Paul Ludwiig Evald von Kleist fue aún más directo. Los llamó los mejores tanques del mundo. Su blindaje inclinado a 60 gr desviaba los proyectiles alemanes como si fueran piedras rebotando contra una pared de acero. Los cañones antitanque, alemanes de 37 mm, el arma estándar alemana, eran completamente inútiles contra ellos.

Los artilleros alemanes comenzaron a llamar a sus cañones Pancer Clopf Gerat, tocadores de puerta de tanques, porque lo único que lograban era revelar su posición sin causar ningún daño al blindaje del T34. En uno de los primeros encuentros documentados, un solo T34 aplastó un cañón antitanque Paca 36, destruyó Dos Pancer Segund y dejó un rastro de destrucción de 14 km de largo antes de que un obstruyera a quemarropa.

En otro incidente que se volvió legendario entre las tropas alemanas, un T34 solitario fue impactado más de 30 veces por un contingente de cañones antitanque alemanes de 37 y 50 mm y aún así sobrevivió intacto, regresando a sus líneas unas horas después como si nada hubiera pasado. Los alemanes se vieron obligados a desplegar cañones de campaña de 105 mm y los temidos cañones antiaéreos de 88 mm en función antitanque, solo para tener alguna posibilidad de detenerlos.

La principal fortaleza del T34 no era solo su blindaje o su armamento, era su costo y tiempo de producción. Mientras los alemanes fabricaban tanques con precisión artesanal, los soviéticos producían T34 en masa como si fueran balas gigantes de acero. Las fuerzas pancer alemanas se encontraban constantemente luchando contra formaciones de tanques soviéticos varias veces superiores en número.

Los soviéticos construyeron más de 80.000 T34 durante la guerra, una cifra que eclipsaba cualquier producción alemana. Con 449 T34 perdidos o dañados durante la guerra, también sufrieron las mayores pérdidas de tanques jamás registradas. Pero no importaba porque siempre había más.

Siempre había otro T34 esperando detrás de las colinas cubiertas de nieve. Cuando la operación Urano golpeó las líneas del eje el 19 de noviembre, los alemanes solo podían contar con el Q18, cuerpo Páncer, que tenía la fuerza de una sola división páncer, y la 29a división Pancer grenadier como reservas para reforzar a sus aliados rumanos que protegían los flancos del sexto ejército.

Los ejércitos rumanos carecían del equipo pesado necesario para enfrentarse al blindaje soviético. En contraste brutal, el ejército rojo desplegó más de un millón de efectivos para la ofensiva. Era una trampa matemática perfecta, un cálculo mortal donde los números simplemente no dejaban espacio para la esperanza alemana. Los tanques T34 atravesaron las líneas rumanas como cuchillos calientes a través de mantequilla congelada.

Las divisiones rumanas se desintegraron bajo el peso del asalto blindado soviético. Los comandantes alemanes observaban horrorizados como sus aliados huían en desbandada, dejando enormes brechas en el frente que los T34 explotaban con velocidad despiadada. Para el 23 de noviembre, apenas 4 días después del inicio de la operación, las mandíbulas de acero de la trampa soviética se cerraron alrededor de 300,000 soldados alemanes en Stalingrado.

El sexto ejército estaba completamente rodeado, atrapado en las ruinas congeladas de la ciudad que había jurado conquistar. Dentro del cerco, el pánico comenzó a extenderse como un virus letal. Los soldados alemanes miraban hacia el horizonte y veían siluetas oscuras de T34 patrullando el perímetro, esperando, cazando a cualquiera que intentara escapar.

Las formaciones vancer alemanas dentro de Stalingrado estaban desesperadamente dispersas con divisiones separadas por kilómetros de territorio hostil. Laís división Pancer había avanzado tan rápido hacia la ciudad que había superado sus suministros y la infantería que la acompañaba justo cuando se acercaba a Stalingrado.

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