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Chespirito Selló un Cuarto en su Mansión Antes de Morir… Esto es lo que Había Adentro

Chespirito Selló un Cuarto en su Mansión Antes de Morir… Esto es lo que Había Adentro

En esa mansión había algo que Roberto Gómez Bolaños nunca quiso [música] que nadie encontrara. Y cuando su familia lo descubrió, nada volvió a ser lo mismo. Quédate hasta el final. Lo que estás a punto de escuchar no circula en ningún libro, en ningún documental, en ninguna entrevista oficial.

Es la parte de la historia que enterraron junto con él. Hay casas que guardan secretos como si tuvieran voluntad propia. muros que absorben lo que ocurre dentro y se niegan a soltarlo. La mansión de Roberto Gómez Bolaños en las Lomas de Chapultepec era una de esas casas. Blanca por fuera, ordenada, discreta para los estándares de alguien que durante décadas fue el hombre [música] más visto en la televisión latinoamericana.

Desde la calle parecía el refugio tranquilo de un señor mayor que ya había vivido todo lo que había que vivir, pero las apariencias, en este caso particular, eran una trampa cuidadosamente construida. Roberto Gómez Bolaños murió el 28 de noviembre de 2014 en San José, Costa Rica, junto a Florinda Mesa, la mujer con quien compartió los últimos 34 años de su vida. Tenía 85 años.

La noticia sacudió a más de 20 países simultáneamente. Las banderas bajaron en México. Los presidentes mandaron mensajes. Los niños que habían crecido viéndolo lloraron frente al televisor, aunque ya no fueran niños. [música] El mundo se despidió de Chespirito con una emoción que muy pocas muertes generan en la historia del entretenimiento popular.

Pero mientras el mundo lloraba, algo estaba ocurriendo en México, algo que los hijos de Gómez Bolaños, los que tuvo con su primera esposa Graciela Fernández, [música] ya sabían que iba a ocurrir. Habían vivido años esperándolo con esa tensión sorda que tienen las bombas [música] antes de explotar.

Y cuando el cuerpo de su padre todavía no había sido repatriado, la mecánica de lo que él había construido en silencio [música] comenzó a moverse. La mansión, los documentos, las decisiones que había tomado solo, sin decírselas a nadie o diciéndoselas solo a ella. Para entender lo que se encontró dentro de esa casa, hay que ir mucho más atrás.

Hay que entender quién era Roberto Gómez Bolaños antes de ser Chespirito, antes de ser el hombre más amado de México, antes de ser la marca global que terminó siendo. Porque los secretos no nacen de la nada, se construyen, se alimentan y a veces tardan décadas en volverse insoportables. Roberto nació el 21 de febrero de 1929 en la Ciudad de México.

Su padre, Francisco Gómez Linares, era un pintor con talento y con sed. Murió joven, alcohólico, dejando a la familia en una pobreza que Roberto nunca olvidó del todo. La madre, Elsa Bolaños Cacho, fue quien lo sacó adelante. Roberto y su hermano Francisco [música] crecieron en la escasez con la dignidad de quienes no se permiten quejarse.

Eso marcó al hombre que sería alguien que [música] sabía que la precariedad podía volver en cualquier momento y que por eso nunca soltó el control de nada. Estudió ingeniería en la UNAM porque era lo sensato, pero lo que lo jalaba era otra cosa. Las palabras, las ideas, el humor. Empezó a escribir guiones casi por accidente, o eso dijo siempre.

La televisión mexicana estaba dando sus primeros pasos y necesitaba contenido. Urgente, barato, entretenido. [música] Roberto Gómez Bolaños era exactamente eso, una máquina de ideas que cobraba poco y producía mucho. Escribió para Viruta y Capulina, escribió para Tintán, [música] escribió para casi todo el mundo antes de entender que lo que tenía que hacer era escribir para sí mismo.

Y cuando lo hizo, pasó algo que no tiene mucha explicación racional. El mundo entero lo adoptó. [música] El Chavo del Ocho no era una serie sofisticada. Era un vecindario pobre, personajes sin dinero, chistes construidos sobre la miseria cotidiana. Los críticos la ignoraron, la academia la ignoró.

Pero los niños de México, de Argentina, de Colombia, de Venezuela, de Perú, de toda Centroamérica, de España, la vieron y se reconocieron en ella. [música] Había algo en ese huérfano que vivía en un barril que les decía algo verdadero sobre el mundo. Gómez Bolaños entendió eso y lo protegió con una ferocidad que con el tiempo empezó a generar sus propias sombras.

Pero hay algo que muy pocos saben sobre cómo Gómez Bolaños administraba su éxito. Una forma de operar que fue construyendo ladrillo a ladrillo, un edificio [música] que sus propios hijos terminarían enfrentando cuando ya no pudieran hablar con él. y ese [música] edificio tenía sus cimientos en esa mansión de Lomas de Chapultepec.

Para el año 1979, Roberto Gómez Bolaños era técnicamente el hombre más poderoso de la televisión en [música] español en el mundo. Sus programas se vendían a más de 90 países. Televisa lo necesitaba, [música] las marcas lo cortejaban. El dinero llegaba en cantidades que él mismo, el niño que creció sin padre y con poco, no siempre sabía muy bien cómo procesar.

Y fue en ese periodo, justo cuando el éxito empezó a verse como algo permanente, [música] cuando su vida personal empezó a fracturarse. Llevaba casado desde 1966 con Graciela Fernández, conocida cariñosamente como Chela. Con ella había tenido seis hijos: Roberto, Marcela, Graciela, Cecilia, [música] Gabriela y Paulina.

Era en papel el hogar perfecto del hombre de [música] familia mexicano, grande, lleno de niños, organizado en torno a la figura del padre proveedor. Pero dentro de ese hogar había algo que ninguna foto de robista capturaba. La distancia creciente entre un hombre que vivía en los estudios de grabación y una familia que esperaba [música] en casa.

Florinda Mesa entró en la vida de Gómez Bolaños como actriz. Trabajaron juntos. La relación fue tomando una forma que todos en el set veían pero que nadie nombraba. Y en 1979, después de 13 años de matrimonio y seis hijos, Roberto Gómez Bolaños se separó de Graciela Fernández. La separación fue, por decirlo con cuidado, problemática.

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