El triumbirato decidió fortificar la zona de Rosario por el peligro realista que llegaba desde la banda oriental. Se le ordenó a Belgrano trasladarse a estas barracas para cerrar el paso a los realistas por el río Paraná. Al comprender que era necesario diferenciar a los revolucionarios de quienes combatían contra la causa americana, escribió al gobierno el 13 de febrero de 1812 solicitando una escarapela nacional.
Decía Belgrano, parece que es llegado el caso que vuestra excelencia se sirva declarar la escarapela nacional que debemos usar para que nos equivoque con los de nuestros enemigos. También advertía sobre algo que le preocupaba profundamente, la existencia de distintivos diferentes entre los propios cuerpos del ejército, señales de división que debían desaparecer.

5 días después, el 18 de febrero, el triumbirato creó oficialmente la escarapela celeste y blanca, pero para Belgrano aquello no era suficiente. Establecido en Rosario para frenar los ataques españoles desde Montevideo, percibió que la escarapela no alcanzaba para expresar el nacimiento de una nueva nación. Presidente, presidente, presidente el 26 de febrero volvió a dirigirse al gobierno y escribió una frase extraordinaria: “Las banderas de nuestros enemigos son las que hasta ahora hemos usado.
Parece que aún no hemos roto las cadenas de la esclavitud. El pueblo está contigo. El pueblo está contigo. El pueblo está contigo. Quiero que sepan que agradezco profundamente sus manifestaciones de cariño, pero este es el momento de recordar a Manuel Belgrano. Había que animarse a pensar diferente. Había que romper definitivamente con el viejo orden.
Había que buscar un símbolo de diferenciara a los ejércitos revolucionarios de los realistas. Dando por descontado la aprobación del gobierno que había aceptado su propuesta de escarapela, Belgrano decidió avanzar el 27 de febrero de 1812 durante la inauguración de las de las baterías que bautizó con dos nombres profundamente simbólicos, libertad e independencia.
presentó una bandera pasada en los mismos colores celeste y blanco. Aquí en Rosario, aquí frente al Paraná, aquí nació la bandera argentina. Belgrano recorrió entonces las filas a caballo y levantando la espada pronunció palabras que todavía emocionan. Cito textual a Belgrano. Soldados de la patria, en este punto hemos tenido la gloria de vestir la escarapela nacional que ha designado nuestro excelentísimo gobierno.
Juremos vencer a los enemigos interiores y exteriores, y la América del Sur será el templo de la independencia y la libertad. En fe de que así lo juráis, decid conmigo, viva la patria. Belgrano informó luego al gobierno lo sucedido, pero para el tribubirato aquello fue una audiacia excesiva. El 3 de marzo exigió que la bandera fuera ocultada disimuladamente.
Sin embargo, la decisión de Belgrano ya había puesto en marcha una fuerza imposible de detener. Meses después volvió a arbolar la bandera en Jujuy durante las celebraciones del 25 de mayo de 1812 con el propósito de levantar el ánimo del pueblo y de las tropas. Aquella mañana lo tomó con sus propias manos y las desplegó desde el balcón del cabildo.
Historia siguió su marcha. La bandera celeste y blanca flameó por primera vez en Buenos Aires el 23 de agosto de 1812, desplegada en el inglés en la iglesia de San Nicolás, exactamente en el lugar donde hoy se levanta el obelisco y poco tiempo después la extraordinaria victoria de Belgrano en la batalla de Tucumán del 24 de septiembre de 1812 fue finalmente enarbolada en el fuerte de Buenos Aires.
Desde las barrancas del Paraná hasta Jujuy, desde Jujuy hasta la iglesia de San Nicolás, desde allí hasta el fuerte. La bandera inició un recorrido inseparable del nacimiento mismo de la patria. La amada celeste y blanca, como la llamamos los argentinos, no fue un diseño calculado, fue una declaración tan profunda como espontánea de independencia y de principios.
En ella se condensó una convicción fundamental, que este pueblo tenía derecho a gobernarse a sí mismo y a construir su propio destino. La bandera fue antes que nada una bandera de libertad. Y para comprender plenamente ese legado. Y para comprender plenamente ese legado, debemos recordar otra faceta extraordinaria de Belgrano, la del economista, la del intelectual, la del reformista, la del pionero de las ideas de la libertad económica en el Río de la Plata.
Manuel Belgrano fue uno de los grandes reformistas ilustrados y precursor de una crítica sistemática al mercantilismo y al monopolio brindado desde el Estado. Impulsó ideas modernas frente al estancamiento colonial. promovió la educación, la agricultura, el comercio y el desarrollo tecnológico, incluso antes de 1810.
Fue una voz ilustrada y valiente en busca de traer nuevos vientos al Río de la Plata y de derribar las prácticas monopólicas y el contrabando. Su batalla cultural fue contra los privilegios y el mercantilismo, una economía basada en los metales y no en la no en la organización de trabajo. Por eso promovió una economía libre y dinámica en la que el trabajo genuino fuera el eje impulsor de la sociedad.
vivió una paradoja. Por mandato familiar fue abogado, pero sus pasiones fueron la economía y la difusión de ideas absolutamente novedosas para la época, como las de Adam Smith, deyó y admiró la riqueza de las naciones y los aportes de los fisiócratas. Comprendió que la riqueza no provenía de los privilegios otorgados por el poder, sino del trabajo, la producción, el intercambio y la iniciativa de las personas.
Por eso puede ser considerado el primer intelectual liberal económico argentino. Un criollo que empezó a pensar la generación de riqueza desde la libertad económica, la propiedad y la iniciativa privada, mucho antes de que esas palabras formaran parte de nuestras constituciones y de nuestras instituciones. Le dio centralidad a la agricultura, promovió el respeto al sistema de precios y al trabajo como organizador de la vida social en contraste con los beneficios que disfrutaba la casta de la época. Defendió la libertad económica,
la competencia y la propiedad como pilares de su programa económico y consideró al mérito como impulsor del desarrollo económico y personal. Incluso desarrolló ideas innovadoras para su tiempo. Según Belgrano, el valor de las cosas dependía de la cantidad de dinero circulante y también del valor subjetivo que le otorgaba el consumidor.
Básicamente hablaba de la naturaleza monetaria en la inflación y los problemas de precio de relativo en la asignación de recursos. Pensar que todavía se sigue discutiendo algunas cosas como esta. En definitiva, Belgrano representa el ingreso de la modernidad al Río de la Plata y a la futura Argentina. Lideró la difusión de las nuevas ideas económicas desde el consulado.
Escribió el primer libro de economía producido en estas tierras y fundó uno de los primeros periódicos del país, el Correo de Comercio. Estuvo en la jabonería de Vites pensando la revolución y la futura nación argentina. Estuvo en la Plaza de Mayo y en el Cabildo cuando se constituyó un gobierno autónomo. Integró la primera junta.
