Posted in

Lo Que NADIE Te Contó de Rocío Dúrcal | Pobreza, Juan Gabriel, Secretos y Un Amor Que Mató

Una casa en Torrelodones a 28 km de Madrid. Un chalet con vistas a la sierra. Paredes llenas de cuadros. Un piano cubierto de fotografías familiares. Premios en los estantes. Un jardín donde el silencio pesa más que cualquier canción. Es media tarde del 25 de marzo de 2006. El reloj marca las 19:15 horas.

Adentro un hombre llora agarrado a una mujer que ya no respira. Tres hijos rodean la cama sin poder creer lo que están viendo. La mujer más viva que han conocido, la que cocinaba para todos, la que bailaba salsa en las discotecas, la que llenaba estadios en México con su voz, la que sonreía incluso cuando el cáncer le estaba devorando los órganos, acaba de soltar su último aliento.

Esa mujer se llamaba María de los Ángeles de las Eas Ortiz, pero el mundo la conocía con otro nombre, un nombre que ella misma eligió señalando al azar un pueblo en el mapa de España. Un nombre que se convertiría en sinónimo de rancheras de desamor cantado con elegancia de una voz que hizo llorar a dos continentes. Rocío Durcal, la española más mexicana, la reina de las rancheras, la mujer que vendió más de 40 millones de discos, la actriz que hizo 14 películas antes de cumplir 33 años.

La niña prodigio que con su primer sueldo de cine compró colchones para su familia porque en su casa dormían en el suelo. La mujer que conoció a Juan Gabriel en un bar y juntos crearon algunas de las canciones más desgarradoras de la música en español. La esposa que vivió 36 años con el mismo hombre sin un solo escándalo público y la enferma que se negó a morir en un hospital porque quería irse en su casa, en su cama rodeada de los suyos.

Y esta no es solo la historia de su carrera, esta es la historia de lo que el público nunca vio, de la niña pobre de un barrio obrero de Madrid que faltaba a la escuela para cuidar a sus cinco hermanos. de la adolescente que fue descubierta en un concurso de televisión y que en menos de 3 años pasó de no tener colchones a ser la estrella más taquillera del cine español.

Del triángulo sentimental con Juan Pardo y Antonio Morales, que terminó en una boda que paralizó España, de la ruptura con Juan Gabriel, que todavía hoy genera versiones contradictorias, incluyendo una que involucra a su propio esposo, de la película que la hizo interpretar a una mujer les y de la que se arrepintió toda su vida.

de los problemas económicos que la empujaron a aceptar trabajos que no quería, del cáncer de útero que le detectaron en 2001 y que durante 5 años fue consumiéndola mientras ella seguía sonriendo para las cámaras. Y del hombre que la amó 36 años y que cuando ella murió se hundió en una depresión tan profunda que 8 años después lo encontraron muerto en esa misma casa de Torrelodones.

Pero para entender como Rocío Durcal terminó siendo la cantante española con más ventas en el mundo, primero hay que volver al principio, a un barrio donde no sobraba nada, a una casa donde una niña cantaba su vida en un pupitre mientras sus compañeros de escuela la escuchaban hipnotizados. Madrid, 4 de octubre de 1944.

Barrio de Cuatro Caminos. Una zona obrera donde las familias vivían apretadas en pisos pequeños y los sueldos apenas alcanzaban para lo básico. Ahí nació María de los Ángeles de las Cas Ortiz, la primera de seis hijos. Su padre, Tomás de las Easó la vida sobre cuatro ruedas. Primero fue camionero, después taxista, finalmente probador de coches en la fábrica Seat.

Ninguno de esos oficios daba suficiente dinero para mantener a seis hijos. Su madre, María Ortiz, sostenía la casa con lo que podía. La pobreza no era una anécdota en la infancia de Rocío, era el aire que se respiraba. Años después, ella misma lo diría con una naturalidad que escondía la herida.

En su casa no había colchones, dormían sobre lo que hubiera. Y cuando a los 16 años cobró su primer sueldo por una película, lo primero que hizo fue comprar colchones para toda la familia. No ropa, no juguetes, no caprichos, colchones para que su familia pudiera dormir como personas. Pero guarda ese detalle porque dice más sobre quién era Rocío Durcal que cualquier premio o cualquier disco de oro.

Una niña que gana su primer dinero y lo gasta en que su familia duerma mejor. Eso no es generosidad de postal, eso es alguien que conoce la pobreza tan de cerca que sabe exactamente lo que falta. Por ser la hermana mayor, María de los Ángeles cargó con responsabilidades que no le correspondían. Cuidaba a sus hermanos menores Jacinto, Carlos, María Antonia, Arturo y Susana.

Les daba de comer, los vestía, los llevaba y por cumplir con esas obligaciones faltaba a la escuela constantemente. Era una estudiante mediocre, no por falta de inteligencia, sino por falta de tiempo. El tiempo se lo comían los hermanos, la casa, la pobreza. Pero desde que empezó la escuela primaria, María de los Ángeles tenía un secreto. Quería ser artista.

No lo decía en voz alta porque en un barrio obrero de Madrid en los años 50 decir que quería ser actriz sonaba tan realista como decir que querías volar. Pero el deseo estaba ahí, ardiendo por dentro, sin apagarse nunca. Y había alguien que lo veía, su abuelo paterno, Tomás. El viejo Tomás fue el primero en notar que esa niña tenía algo especial, que cuando cantaba el mundo se detení.

Que cuando se paraba frente a un grupo de personas y abría la boca, algo mágico ocurría. El abuelo la apoyó, la empujó, la llevó a concursos radiofónicos de canto donde las niñas prodigio competían por un aplauso y una oportunidad. María de los Ángeles cantaba en el recreo, se subía al pupitre y les cantaba a sus compañeros. Todos la miraban fascinados.

Los maestros la dejaban porque la niña tenía una voz que no parecía posible en un cuerpo tan pequeño. Una voz de mesos soprano, grave para su edad, potente, llena de una emoción que una niña de 10 años no debería poder transmitir, pero que ella transmitía como si hubiera vivido 100 vidas.

El abuelo la llevó a concursos de radio, los ganó, los fue ganando uno por uno, acumulando experiencia, aprendiendo a pararse frente a un micrófono, a controlar los nervios, a convertir la energía del pánico en combustible para la actuación. Probó con diferentes nombres artísticos. Primero fue Rocío Benamejí, después Rocío Fiestas.

Ninguno cuajaba, pero la niña seguía cantando, seguía compitiendo, seguía buscando la puerta que la sacara de cuatro caminos. Y en 1959, a los 15 años, con el permiso de sus padres, participó en un programa de televisión llamado Primer Aplauso. El programa era una competencia de canto para jóvenes talentos emitida por televisión española.

Read More