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MÓNICA PRETELINI: Murió a los 44 con Tres VERSIONES de Esa Noche…

Y eso solo ocurre cuando alguien en alguna parte todavía  está decidiendo cuál va a ser la versión que el público debe creer. Esa noche, en el principal  noticiero de Televisa se dio una explicación con un nivel de detalle que sorprendió a Media República.  contaron cosas del dormitorio, del momento exacto de lo que supuestamente  había pasado, como si el narrador hubiera estado parado junto a la cama.

Al día siguiente, esa versión  ya había cambiado y al otro día había vuelto a cambiar. Tú quizá recuerdas  ese enero. Quizá estabas en tu cocina  con la televisión prendida y escuchaste que se había muerto la esposposa  de ese gobernador guapo que salía en las revistas.  Lo que no sabías es que lo que te estaban contando ya era una versión armada.

  Hoy vas a descubrir cuatro cosas que nunca te contaron sobre Mónica Pretelini. Primero, las tres versiones que circularon la misma  madrugada de su muerte y por qué ninguna terminó de cerrar. Segundo, el hijo que su esposo tuvo con otra mujer mientras  ella seguía casada y lo que ella supo y tuvo que tragarse.

Tercero,  la versión que publicó la prensa sería sobre los meses anteriores  a su muerte, lo que de verdad estaba pasando en esa casa  y que los programas de espectáculos jamás te contaron. Y  cuarto, los años de silencio que vinieron después. hasta que su esposo, ya rumbo a Los Pinos, tuvo que sentarse  frente a una cámara a explicar de qué había muerto su mujer  y no pudo.

Te voy a avisar cuando llegue  cada una y te pido una cosa nada más, que te quedes  hasta el final, porque esta historia solo tiene sentido completa.  Si te vas a la mitad, te quedas con un pedazo y un pedazo  es justo lo que el sistema quiso que la gente tuviera. Yo te voy a dar el  cuadro entero con sus fechas, con sus nombres,  con lo confirmado y con lo que solo es una versión.

 Todo bien separado para que tú no te confundas y  puedas sacar tus propias conclusiones. Ese es  el trato. Yo investigo y te lo cuento todo. Tú escuchas  hasta el final y decides por ti misma. Pero para entender  cómo fue posible que la muerte de una mujer se contara de tres formas distintas en una sola noche y que nadie en el poder tuviera que responder por ello,  necesitas conocer el mundo que hizo posible todo esto, porque esta historia no empieza esa madrugada de enero, empieza mucho antes

y empieza con una maquinaria que Tú probablemente viste funcionar en tu propia televisión sin darte cuenta de lo que era. Había una forma de hacer política en el Estado de México que durante décadas fue casi  una dinastía. un grupo de familias de compadres de apellidos que se repetían  sexenio tras sexenio.

Le decían el grupo Atlacomulco por el pueblo del  que salieron varios de sus hombres fuertes. No  vamos a entrar aquí en si ese grupo existía con ese nombre o no, porque eso se ha discutido mil  veces. Lo que sí existía, y eso no lo discute nadie, era una manera de heredar el poder. El gobernador  en turno señalaba al que venía y el que venía le debía  todo al que se iba.

En ese mundo creció políticamente  un joven abogado de Atlacomulco, sobrino de un exgobernador, con cara de galán de telenovela y una ambición  que no enseñaba. pero que tenía clarísima. Se llamaba Enrique Peña Nieto y aquí entra la otra mitad de la maquinaria, porque en México durante  muchos años política y la televisión trabajaron pegadas.

  Una le servía a la otra. La imagen de un  político se fabricaba igual que se fabricaba la de un protagonista de telenovela. La sonrisa, el copete,  la esposa bonita, los hijos, las apariciones en las revistas del  corazón. Tú las leíste. Tú viste esas portadas  en la sala de espera del doctor, en la estética, en el puesto de periódicos de la esquina.

Lo que no sabías  era quién pagaba para que esas portadas existieran. Acuérdate de cómo era. Tú creciste con una televisión  que entraba a tu casa todas las noches y se quedaba a cenar contigo.  Las telenovelas que veías con tu mamá, los domingos  largos frente a la pantalla, los noticieros con sus conductores  de voz grave que parecían dueños de la verdad.

En ese  México, una sola empresa decidía buena parte de lo que el país veía, escuchaba y creía. Y esa empresa  entendía algo que los políticos pagaban muy caro por aprovechar, que quien controla  la pantalla controla la historia. Un político  inteligente no peleaba contra esa pantalla, se subía a ella, salía guapo, salía sonriente, salía con su familia bonita y dejaba que la máquina  lo convirtiera en personaje casi en galán.

Y eso es justo lo que pasó con Enrique Peña Nieto. Lo construyeron como se construye a un protagonista de telenovela con su historia de amor,  su tragedia, su superación. Y para que una telenovela funcione hace falta una protagonista femenina. Primero esa  protagonista fue Mónica. Después, cuando ella se fue, le tocó el papel a  otra.

Pero eso es adelantarnos. A ese  hombre, a ese aparato, le hacía falta una sola cosa para estar completo, una  familia que se viera bien en cámara. Y ahí  es donde tenemos que hablar de Mónica, porque  antes de ser la esposa del gobernador, antes de ser la mujer de las tres  versiones, Mónica Pretelini fue una persona, una mujer con su propia historia y esa historia merece contarse completa por una vez.

Mónica Pretelini Science nació el 29 de noviembre de 1962  en la ciudad de México. Hija de Hugo Pretelini  y de Olga Saentz. No venía del mundo de la política ni del espectáculo. Estudió  historia del arte y filosofía. Detente  un segundo en ese dato. Historia del arte. Filosofía.

Una mujer a la que le interesaban los cuadros, los  libros, las preguntas grandes sobre la vida. Guarda ese detalle. Lo  vas a necesitar más adelante cuando entiendas en qué se convirtió su vida, porque hay algo muy triste en ese contraste. Una joven que  eligió estudiar historia del arte y filosofía es una joven con un mundo interior.

Alguien  que se hace preguntas, alguien que mira un cuadro y ve cosas que otros no ven. Alguien  con sensibilidad, con curiosidad, con vida propia. Y a esa joven el destino  y la política la fueron empujando hacia un papel mucho más chico que ella. El papel  de acompañante, el de la esposa que adorna, el de  la sonrisa al lado del hombre que importa.

Piensa en cuántas mujeres brillantes terminaron  así, reducidas a un papel secundario en su propia vida.  Porque la época, la familia o el marido no les dejaron ser otra cosa. A lo mejor tú conociste a una, a lo mejor tú fuiste  una. Se cuenta que Enrique y Mónica se conocieron en  1993 en un restaurante de la capital,  El Mesón del Caballo Ballo.

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