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Carlos Salinas y Adela Noriega: Por ESTO Ella se Esfumó del Mapa

Él desapareció a lo grande, con escándalo, con titulares, con un país entero hablando  de él. Ella desapareció en silencio, sin una sola  explicación, como quien apaga la luz de un cuarto y cierra la puerta para siempre. una desaparición ruidosa y una desaparición muda. Y la pregunta que vamos a perseguir hoy es, ¿por qué esos dos caminos tan distintos parecen cruzarse en un mismo punto secreto? Porque hay historias que el poder cuenta a su manera y hay historias que el poder prefiere que nadie cuente.

Esta es de las segundas y por eso durante más de 30 años ha vivido en susurros, en rumores, en libros que pocos leyeron, en programas de medianoche. Hoy la vamos a sacar a la luz ordenada y con honestidad, separando siempre lo que se sabe de lo que solo se dice. Porque tú mereces eso, la historia completa, sin que te traten como una tonta que se traga cualquier chisme.

Hoy no te voy a contar solo la historia de un presidente. Te voy a contar como el hombre más poderoso de México y la estrella más grande de su televisión terminaron unidos por un rumor que nadie ha podido probar y que nadie ha podido enterrar del todo en más de 30 años. Y quiero que entendamos algo desde el primer minuto, tú y yo.

El poder de verdad no hace ruido, no grita, no amenaza en voz alta. El poder de verdad mueve las cosas en silencio desde las sombras y se asegura de que cuando  algo le incomoda simplemente desaparezca. Recuerda esa frase, “El poder de verdad no hace ruido. La vas a necesitar para entender el final de esta historia.

Hoy vas a descubrir cuatro cosas. Primero, cómo un economista formado en Harvard llegó a ser dueño absoluto de México  en medio de la elección más sucia que se recuerda. Segundo, la versión que une a ese hombre  con Adela Noriega. Una versión que voy a contarte con todas sus fuentes, pero también con todas sus dudas, porque aquí no inventamos nada.

Tercero, lo que pasó cuando ese poder se vino abajo entre sangre, traiciones y un exilio. ¿Y qué fue de la mujer en la sombra mientras  todo ardía? Y cuarto, ¿dónde está él hoy a sus casi 80 años? ¿Dónde está ella? ¿Y por qué la pregunta sobre Adela sigue viva mientras el poder guarda silencio? Te aviso cuando llegue cada una.

Pero para entender todo esto, primero tienes que entender qué clase de poder tenía este hombre, porque no hablamos de un político cualquiera, hablamos de alguien que durante 6 años tuvo en sus manos el país entero. Vámonos al principio. Carlos  Salinas de Gortari nació el 3 de abril de 1948 en la ciudad de México.

No venía de abajo, venía del  poder mismo. Su padre, Raúl Salinas Lozano, fue senador y secretario de Estado. Su madre, Margarita de Gortari, fue una de las primeras mujeres economistas del país. Carlos estudió economía en la Universidad Pública de México y después se fue a Harvard, donde sacó una maestría y un doctorado.

era brillante, frío, calculador, de los que planean cada paso 10 movimientos antes de darlo. Quiero que entiendas qué clase de hombre era, porque eso explica todo lo que vino después. Salinas  pertenecía a una nueva camada de políticos que México no había visto antes. Olvídate de los viejos caudillos de bigote y discurso encendido.

Esta era gente joven  que había estudiado en las mejores universidades del mundo, que hablaba inglés, que llegaba con gráficas y con teorías económicas bajo el brazo. les decían los tecnócratas y Salinas era el más brillante de todos ellos. Y aquí hay una paradoja que vale la pena mirar. Este hombre, frío, calculador, poco carismático, supo venderse al país entero como el gran modernizador.

No tenía el  encanto de un galán ni la labia de un orador de plaza. Lo que tenía era otra cosa más poderosa. Tenía  la máquina de la televisión de su lado y esa máquina puede tomar a un hombre gris y convertirlo en un líder admirado. Puede repetir su imagen tantas veces en tantas pantallas, a tantas horas, que la gente termina creyendo lo que ve.

Así se construyó la figura de Salinas en sus años buenos. a base de repetición, de portadas, de noticieros que hablaban bien de él. Y esa misma máquina, el día que dejó de convenirle, fue capaz de hacer lo contrario, de pintarlo como el villano de la película. Quien controla la pantalla controla quién es héroe y  quién es villano.

Y por un tiempo esa pantalla y ese hombre fueron uno solo, un hombre pequeño de estatura. calvo, de sonrisa medida que no levantaba  la voz casi nunca porque no le hacía falta. Cuando tienes el poder de verdad, no necesitas gritar para que te  obedezcan. Basta con que sepan quién eres. Y desde muy joven, Salinas supo  exactamente quién quería ser.

El número uno, el que manda. Hay una historia que se cuenta de su infancia oscura y reveladora. sobre un accidente con un arma de fuego cuando era apenas un niño. La menciono solo como lo que es una versión que ha circulado en libros y reportajes, no como un hecho que yo pueda probarte aquí. Pero esa imagen, la de un niño  marcado desde temprano por la tragedia y por el poder de su familia, acompañó a Salinas toda su vida.

Porque él no llegó al poder por casualidad, nació rodeado de poder. Lo respiró desde la cuna y aprendió  desde muy chico cómo se mueve y cómo se protege. Porque los Salinas eran una  dinastía, no una familia común. El padre Raúl Salinas Lozano había sido un hombre fuerte del gobierno, senador, secretario de Estado, alguien que se movía en los círculos donde se decidía el destino del país.

En esa familia, el poder no era una aspiración, era el aire que se respiraba en  la mesa, en las conversaciones de sobremesa, en las relaciones que se cultivaban. Los hijos de esa casa crecieron sabiendo que estaban  destinados a mandar, no a obedecer. Y de todos ellos, Carlos fue el que llegó más lejos hasta lo más alto.

Pero su hermano Raúl también hizo carrera en el gobierno. Los dos hermanos moviéndose juntos por los pasillos del poder durante décadas.  Recuerda ese apellido Salinas y recuérdalo en plural, porque cuando llegue la caída no caerá solo un hombre, caerá una dinastía entera. Subió rápido, muy rápido. Antes de cumplir los 40, ya era secretario de programación y presupuesto, uno de los cargos más fuertes del gobierno, y desde ahí dio el salto que lo cambiaría todo.

En octubre de 1987, el partido que gobernaba México desde hacía casi 60 años,  el PRI lo eligió como su candidato a la presidencia. En aquel México ser el candidato de ese partido era casi lo mismo que ser ya el presidente, porque ese partido no perdía nunca. Y quiero que entiendas cómo funcionaba eso, porque para las generaciones de hoy suena casi a cuento.

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