Posted in

¡UNA MUJER SIN NOMBRE! EL CASO QUE LA FISCALÍA DE BC SÍ DECIDIÓ NO ARCHIVAR

Alrededor de las 6 de la tarde de este domingo se inició con algunas pintas, se rompieron las puertas de cristal, lanzaron un bote de basura y se le prendió fuego con bombas molotof al edificio de la Fiscalía General del Estado en Baja California, dejando sábado 6 de diciembre de 2025, Mexicali, Baja California.

Entre las 8 y las 10 de la noche, en un terreno valdío de la colonia Orizaba, una mujer es obligada a bajar a la Tierra. No hay testigos que la defiendan. No hay luz que la proteja, solo tres personas en ese lote vacío. Ella, un hombre con una pistola y otro hombre que da una orden. Esa orden es lo único que necesita el gatillo.

Lo que escuchas es el caso por el que la Fiscalía de Baja California acaba de vincular a proceso a un sujeto al que en las calles de Mexicali le dicen el chamuco. Y antes de que sigas, quiero que entiendas algo. Esto no es un robo que salió mal, no es una riña entre vecinos. No es un accidente, es feminicidio agravado y la palabra que lo cambia todo en este caso es una sola.

Ordenó, porque el chamuco no aparece en la carpeta como el que disparó, aparece como el que mandó disparar. el autor intelectual, el que decidió con palabras que esa mujer no iba a regresar a su casa esa noche. La Fiscalía General del Estado de Baja California lo dice claro, no la SCP Sederal, no es un operativo de la Ciudad de México, es la Fiscalía Especializada en Delitos contra la vida del Estado de Baja California, la que arma esta carpeta, la que lleva los datos de prueba ante un juez de control y la que logra que ese juez diga las tres palabras que en México casi nunca llegan a tiempo, vinculado a proceso. Nota bien la autoridad, porque en este canal no le regalamos los casos a quien no los trabajó. Esa es la versión corta, la que cabe en una nota policiaca de tres párrafos, la que lees mientras desbloqueas el teléfono en el semáforo y se te olvida antes de llegar a tu casa.

Pero lo que esa nota no te explica es cómo se construye ladrillo por ladrillo, una orden de muerte en un terreno valdío. Y eso es exactamente lo que vamos a desarmar aquí. Pieza por pieza, dato por dato, sin inventarte nada que no esté en la carpeta. Eso es lo que los noticieros te dijeron, si es que te lo dijeron.

Porque seamos claros, un feminicidio en un baldío de Mexicali con una víctima sin nombre no es lo que abre los noticiarios nacionales. No tiene a un capo famoso. No tiene un decomiso espectacular de rifles dorados, no tiene una conferencia matutina con un secretario federal. Tiene a una mujer, un terreno vacío y una fiscalía estatal trabajando lejos de las cámaras.

Y por eso casos como este se cuentan en 90 segundos en una columna de portal y se hunden. Lo que no te dijeron es que detrás de esos 90 segundos hay una cadena de mando, un gatillero que sigue siendo un fantasma y una cuenta estatal de feminicidios que lleva todo el año creciendo sin que nadie prenda la alarma nacional.

Vamos a ordenar la línea de tiempo. ¿Por qué importa? La noche del sábado 6 de diciembre, según la información de El Imparcial, el Chamuco llega a ese lote vacío en la esquina de Avenida La Malinche y Hacienda de Tanul, en la colonia Orizaba, acompañado de la víctima y de un tercer hombre. Tres siluetas en un predio sin construir, de esos que sobran en las orillas de Mexicali, donde la ciudad se deshace en tierra suelta y el alumbrado público es más un rumor que una realidad.

Ojo a este detalle porque es el corazón del caso. En ese terreno, el chamuco no levanta el arma. El chamuco da la instrucción, le ordena a su acompañante que dispare contra la mujer y el acompañante obedece. acciona el arma de fuego una y otra vez de forma repetida hasta provocarle lesiones mortales. Esa es la mecánica que la fiscalía describe, un hombre que ordena, un hombre que aprieta el gatillo y una mujer que cae en la tierra de un valdío de la colonia Orizaba sin que nadie en kilómetros a la redonda mueva un dedo por ella. Detente en esa palabra, ordenó. Porque en términos legales, ese en términos de calle y en términos de lo que vas a sentir cuando termine este video, esa palabra pesa más que el propio disparo. Disparar es un acto físico. Cualquiera con un arma y un dedo puede disparar. Ordenar es otra cosa. Ordenar significa que existe una jerarquía.

Significa que hay alguien arriba y alguien abajo. Significa que el chamuco tenía sobre ese gatillero la autoridad suficiente para decir una frase y convertirla en muerte. No fue un arrebato, no fue un pleito que se calentó, fue una orden dada con la frialdad de quien manda y espera ser obedecido. Y fue obedecida. Piensa en la coreografía de esa escena.

Tres personas caminando hacia un terreno sin construir en la oscuridad. La mujer no sabía o sabía y no podía hacer nada. El gatillero esperando la señal y el chamuco cargando en la garganta la única arma que de verdad importaba esa noche. Una orden. Ese es el dato que la nota policiaca de tres párrafos no te hace sentir, que aquí no falló una pistola, aquí funcionó una cadena de mando y las cadenas de mando en este país casi nunca empiezan ni terminan en una sola persona.

Aquí tengo que parar y ser honesto contigo porque este canal no se vende. A esta mujer no la vamos a nombrar. Ningún medio la nombró. Ni el Imparcial, ni La Voz de la Frontera, ni los portales de Baja California. En todas las versiones aparece de la misma forma fría y administrativa una mujer. No tengo su nombre, no tengo su edad, no sé si tenía hijos esperándola, no sé si trabajaba, no sé qué planes tenía para el domingo y no te lo voy a inventar para que el video se sienta más completo.

Una mujer así la dejó el sistema en el papel. una mujer sin rostro público, tirada en un valdío. Y quiero que entiendas por qué insisto en esto. ¿Por qué no me invento un nombre bonito ni una historia de telenovela para llenarte el oído, porque el momento en que un canal leí no venta un nombre a una víctima para que el video rinda más? Ese canal ya cruzó la línea que se para contar la verdad de fabricar entretenimiento con el dolor ajeno.

Hay un nombre real, lo tiene la familia, lo tiene la carpeta. Y mientras la fiscalía no lo haga público, ese nombre es de ellos, no mío, no tuyo, no de los algoritmos. Aquí la mujer de la colonia Orizaba va a ser, con todo el respeto del mundo, una mujer hasta que quien tiene derecho decida lo contrario.

Y hay algo más que no te voy a inventar. El motivo. Ningún reporte dice por qué. No hay una versión oficial que explique qué llevó al chamuco a ordenar esa ejecución. No sabemos si la conocía. No sabemos qué relación existía. No sabemos qué pasó antes de que llegaran a ese terreno. Cualquier canal que te jure que sabe el motivo te está mintiendo a la cara.

Aquí no. El motivo hasta el momento es un hueco negro en la carpeta y un hueco negro se respeta, no se rellena con suposiciones. Espera porque la historia no termina esa noche, termina el día siguiente. Domingo 7 de diciembre, una llamada al 911 reporta el cuerpo de una mujer tirado sobre una brecha, un camino de terracería de los que cruzan las zonas despobladas de Mexicali.

Los paramédicos llegan y los paramédicos no pueden hacer nada. Confirman lo que la Tierra ya sabía desde la noche anterior. La mujer está muerta sin signos vitales en el lugar. Hay aquí una pequeña discrepancia que te voy a marcar porque no te voy a esconder las costuras del reporte. El imparcial habla de una brecha, un camino de terracería.

La voz de la frontera ubica el hallazgo cerca del complejo deportivo Santo Niño. Dos descripciones que no encajan al milímetro. ¿Quién tiene razón? Probablemente las dos, porque el punto exacto del hallazgo y el punto exacto de la agresión no tienen por qué ser el mismo metro de tierra. En muchos de estos casos, el lugar don ecaen y el lugar donde aparecen no coinciden y esa distancia, esos metros de diferencia a veces cuentan su propia historia.

Read More