La Macía del Barcelona en esa época era el mejor sistema de formación del planeta. No porque fuera amable. sino porque era exigente de una manera que la mayoría de los jóvenes no pueden manejar. Cada día [música] Jonathan entrenaba al lado de jugadores que luego serían los mejores del mundo. Sergio Bosquet, Tiago Alcántara, Sesc Fábregas, [música] Gerard Piqué y en los años anteriores había pasado por ahí [música] uno que Jonathan vio en los entrenamientos y que ya era claramente diferente a todos.
Lionel [música] Messi. Ese es el nivel de exigencia cotidiana [música] que Jonathan Dos Santos enfrentó desde los 12 años, no en un partido, en el entrenamiento de cada martes. Y hay algo que ese ambiente construye en los jugadores que sobreviven a esa exigencia, un estándar interno, un nivel de exigencia propio que ningún entrenador exterior [música] puede crear, que tienes que darte tú mismo porque el ambiente no te permite menos.
Jonathan dos Santos [música] construyó ese estándar en los años de la Maía y ese estándar fue lo que lo salvó cuando todo lo demás se derrumbó. En 2009, Pep Guardiola lo convocó al primer equipo, 19 años. El 15 de agosto de 2009 [música] fue convocado para el primer partido oficial con el primer equipo, la Supercopa de España [música] contra el Athletic Club. El Barcelona ganó 1 a0.
El 28 [música] de octubre de 2009 debutó en Copa del Rey contra Cultural Leonesa. El Barcelona ganó 2 a0. El 24 de noviembre de 2009 debutó en la Liga de Campeones contra el Inter de Milán. Liga de Campeones con 19 años entrando de cambio por Andrés Iniesta. ¿Te imaginas ese momento saltar [música] al campo en el Camp? Sustituyendo a uno de los mejores mediocampistas [música] de la historia en el partido más importante del fútbol de clubes? Ese fue Jonathan dos Santos a los 19 [música] años y México lo vio. México lo siguió.
México esperó que ese muchacho que había crecido en la academia más exigente del mundo llegara a salvar al tricolor. Pero lo que nadie vio venir fue lo que pasó en una noche de junio de 2011 en un hotel de Quito, Ecuador. Una noche que lo cambió todo. Para entender lo que pasó [música] en Quito, hay que entender el contexto en que vivía Jonathan dos Santos [música] en ese momento.
Tenía 21 años. Era parte del primer equipo del Barcelona que en esa época era el mejor equipo del mundo. El Barcelona de Guardiola, el del tikita. El de Chavi, Iniesta y Messi, el que ganaba todo. Pero Jonathan no jugaba. No porque no tuviera talento, sino porque la competencia era imposible. Los mediocampistas que tenía el Barcelona delante de él se llamaban Xavi Hernández, Andrés Iniesta y Sergio Busquets, tres de los mejores mediocampistas en la historia del fútbol.
No había espacio y Jonathan lo sabía, pero era joven y era del Barcelona y México lo esperaba. Ese era el peso que cargaba en 2011, [música] la promesa de ser el futuro del medio campo mexicano, la sombra de su hermano Giovanni, que ya había tenido su momento de gloria, la presión de demostrar que la Maía [música] había sido para algo y la frustración de estar en el mejor equipo del mundo sin poder jugar.
Esa [música] combinación, la promesa, la sombra, la presión, la frustración es lo [música] que estaba en la cabeza de Jonathan dos Santos cuando la selección mexicana sub-22 se concentró en Quito para [música] la Copa América Argentina 2011. 22 años, 22 jugadores, uno de los torneos más importantes para el futuro del tricolor.
Y alguien tuvo una idea que arruinó todo. Grábate lo que te voy a contar ahora porque la segunda promesa viene en unos minutos y cambia la forma en que se ve toda la historia. Esta es la segunda cosa que te prometí al inicio. 28 de junio de 2011, Hotel de concentración Quito, Ecuador. La selección mexicana sub22 se preparaba para disputar la Copa América Argentina 2011.
Esa noche, en el hotel de concentración, un grupo de jugadores organizó una fiesta. Metieron mujeres al hotel. Las cámaras de seguridad lo grabaron todo. Al día siguiente, cuando las pertenencias de varios jugadores aparecieron robadas, intentaron culpar al personal del hotel. Las cámaras de seguridad los desmintieron. La Federación Mexicana de Fútbol actuó de inmediato.
Jonathan Dos Santos fue expulsado de la concentración junto con otros siete jugadores. Marco Fabián, Jorge Hernández, Javier Cortés, Néstor Calderón, David Cabrera, Néstor Vidrio e Israel Jiménez. Ocho jugadores expulsados antes de que empezara el torneo. Jonathan fue sancionado con 6 meses de suspensión y una multa de más de 50,000 pesos.
Y lo peor no fue la sanción, lo peor fue la imagen. El chico que entrenó al lado de Messi, el que debutó en la Liga de Campeones sustituyendo a Iniesta. El orgullo del fútbol mexicano en Europa, expulsado de la concentración de la selección por una fiesta en un hotel en Quito, México reaccionó como siempre reacciona cuando uno de sus ídolos los decepciona, con furia y con algo peor que la furia, con resignación.
Porque mucha gente cuando vio la noticia no se sorprendió. dijo lo que siempre dicen. Era de esperarse. Eso les pasa por creerse más de lo que son. El dinero y el Barcelona los echaron a perder. Y aquí está lo que nadie contó bien de esa historia. Jonathan Dos Santos salió a dar la cara. No se escondió. no mandó un comunicado a través de su agente.
Se paró frente a los medios y dijo, “Pedí disculpas a mi selección, a los aficionados, a mi familia y al Barcelona por el acto de indisciplina. Fue un error. No hay excusa.” Esas palabras. Un hombre de 21 años que se paró frente a México y dijo, “Me equivoqué. Eso no lo reconocen los que lo condenaron. Porque cuando alguien ya está en el suelo, es más fácil seguir golpeando que reconocer que se levantó.
Y Jonathan Dos Santos se levantó. Pero los 6 meses de sanción llegaron en el peor momento de su carrera porque mientras estuvo suspendido, [música] el Barcelona siguió tomando decisiones sobre su futuro. Y en esas decisiones, sin él en el campo para demostrar, Jonathan dos Santos fue quedando fuera, cada vez más fuera, hasta que en 2014 el Barcelona lo vendió al Villarreal por 2 millones de euros.
2 millones de euros. Para un jugador que había entrenado al lado de Messi, para un jugador que había debutado en la Liga de Campeones. 2 millones de euros. Ese número es el verdadero costo de la noche de Quito, no los 50,000 pesos de la multa, los años de carrera que esa noche le robó. Hay que hablar de lo que Jonathan dos Santos fue cuando por fin tuvo la oportunidad de ser él.
No en el Barcelona, donde siempre fue el quinto mediocampista, no en la selección donde siempre cargó el peso del escándalo. En el Villarreal, el submarino amarillo le dio lo que el Barcelona no pudo [música] darle. Minutos titular, semana tras semana, el espacio para equivocarse, corregir, crecer.
Y Jonathan dos Santos lo aprovechó. Hay algo que no se entiende del todo cuando se habla de por qué Villarreal fue el lugar del resurgimiento. El Villarreal no era el Barcelona. No tenía los mejores jugadores del mundo. No ganaba Champions League, no aparecía en las portadas de los periódicos deportivos más grandes. Pero tenía algo que el Barcelona no podía darle a Jonathan. Necesidad.
Villarreal lo necesitaba. Y hay una diferencia enorme entre estar en un equipo donde eres el quinto mediocampista de Xavi e Iniesta y estar en un equipo donde el entrenador te dice, “Este equipo juega como tú juegas. Ese mensaje cambia a un jugador.” Y Jonathan Dos Santos respondió. En la temporada 2015 a 2016, el Villarreal llegó a las semifinales de la Europa League.
Ese Villarreal [música] tenía a Jonathan Dos Santos como titular indiscutible, un mediocampista que recuperaba, distribuía y presionaba con una consistencia que los aficionados del submarino tardaron poco en apreciar. 32 partidos en esa temporada, un gol, dos asistencias y la estadística que define a un mediocampista de verdad el porcentaje de pases completados, más del 88%.
Para ponerlo en contexto, un mediocampista de primer nivel en la liga completa entre el 85 y el 90% de [música] sus pases. Jonathan estaba en ese rango, no como una promesa, como una realidad. Fue en Villarreal, donde México lo volvió a ver. No al chico del escándalo de Quito, al mediocampista que había prometido ser y la selección lo recuperó.
En la Copa Oro 2015, Jonathan fue parte del equipo que ganó el título, la Copa Oro que México levantó derrotando a Jamaica en la final. 4 años después del escándalo de Quito, el mismo Jonathan con la misma camiseta verde ganando el título. México no siempre da segundas oportunidades fácilmente. En este caso, el campo habló más fuerte que los titulares.
En 2018 fue al mundial de Rusia, dos mundiales a los que no había podido asistir antes [música] y por fin llegó el tercero. México llegó a octavos de final, cayó ante Brasil. Jonathan jugó 35 minutos en ese partido. [música] No era el protagonista, nunca lo fue en esa selección, pero estaba ahí en el mundial [música] con la camiseta verde.
El niño que salió de Monterrey con 12 años para perseguir un sueño que México casi le arrebató. Estaba en el mundial de Rusia representando a México y luego llegó el Galaxy. En julio de 2017, Los Ángeles Galaxy lo fichó como designated player [música] pagando 5 millones de euros. Designated player.
En la MLS, [música] el designated player es la figura, el que el equipo paga por encima del tope salarial, el que aparece en los pósters, el que firma autógrafos después del partido. Jonathan Santos fue designated [música] player del Galaxy y en el Galaxy hizo algo que nunca había podido hacer antes. se convirtió en capitán el dorsal 8o, el brazalete, [música] la responsabilidad.
Todo lo que en el Barcelona le habían negado por la competencia y en el tricolor le habían quitado [música] por el escándalo, en el Galaxy se lo dieron completo y jugó la final de la ML S Cup 2019, el partido más importante del fútbol [música] americano ese año. Galaxy contra Portland Timbers. Penales y Jonathan dos Santos fue uno de los que se paró en los 11 met.
Marcó el Galaxy ganó en penales. Ese día Jonathan Dos Santos celebró su primer título [música] como figura, como capitán, como el hombre del equipo, no como parte del squad del Barcelona, no como un sustituto, como el hombre que el equipo necesitaba. [música] Y sin embargo, con todo ese recorrido, con los títulos del Barcelona, con la Copa Oro, [música] con la MLS Cup, Jonathan Santos llegó al América en diciembre de 2021 como un hombre que necesitaba demostrar algo.
No a México, así mismo. Esta es la tercera cosa que te prometí al inicio, los 10 años perdidos. Y esta parte duele contarla de verdad. Porque no es una historia de excesos ni de escándalos. Es una historia de lo [música] que le puede pasar a un hombre con talento real cuando las circunstancias son siempre un paso más rápidas que él.
Jonathan [música] tenía 19 años. Había debutado en el primer equipo del Barcelona. [música] Pep Guardiola lo había convocado. México esperaba que fuera al Mundial [música] de Sudáfrica y Javier Aguirre, el técnico del tricolor, lo dejó fuera de la lista final. Fuera. La preselección era de 30 jugadores.
Jonathan [música] estaba en esa lista de 30. Y el 30 de mayo de 2010, Aguirre anunció los [música] 23 que irían a Sudáfrica. Jonathan no estaba. Su padre Ciciño reaccionó de la única manera que saben reaccionar [música] los padres cuando sienten que le hicieron una injusticia a su hijo con furia. Desde este momento, Jonathan solo considerará jugar con la selección de España o la de Brasil.
Esas fueron las palabras de Cico, España o Brasil. Declaraciones que México no le perdonó fácilmente, que muchos usaron después [música] cuando llegó el escándalo de Quito para confirmar lo que creían, que esta familia no era fiel al tricolor, que su mexicanidad era de conveniencia. Y eso era injusto [música] porque Jonathan dos Santos nació en México, se formó como persona en México, jugó con la camiseta [música] mexicana cuando la FIFA lo permitió.
Lo que su padre dijo en un momento de furia no era la verdad de su hijo, era la reacción de un padre que vio a su niño excluido [música] y no supo cómo manejarlo de otra manera. Pero esas palabras siguieron ahí. Y cuando llegó el escándalo [música] de Quito en 2011, esas palabras lo rodearon como un cerco.
Luego vino la sanción [música] de 6 meses, luego la venta al Villarreal por 2 millones, luego [música] la lesión de rodilla grave en su segunda temporada en el Barcelona [música] que lo dejó fuera 6 meses adicionales. de rodilla, 6 meses de baja, justo cuando necesitaba [música] demostrar que merecía estar en el primer equipo.
Ese es el patrón que define los 10 años perdidos. Cada vez que Jonathan [música] dos Santos estaba a punto de convertirse en el jugador que prometía ser, algo lo detení. una sanción, una lesión, una decisión de un entrenador, una declaración de su padre que generaba titulares, una sombra que llegaba de su hermano Giovanni.
Y hay algo más que muy pocos [música] saben. En 2012, Jonathan rechazó la invitación para los Juegos Olímpicos de Londres [música] bajo el técnico Luis Fernando Tena. Un perdón, pero no, que generó titulares y debates sobre su lealtad a México. ¿Por qué [música] lo rechazó? No por arrogancia, sino porque ese año era crucial para su carrera en el Barcelona.
Necesitaba los partidos, necesitaba la continuidad. Pero México lo leyó como lo que ya esperaba leer, que este muchacho ponía sus intereses por encima de la camiseta. 14 años después de esa decisión, [música] cuando se ve la carrera completa de Jonathan Dos Santos, esa decisión parece razonable. En ese momento pareció otra traición.
Ese es el peso que cargó durante una década. Cada decisión que tomó por su carrera fue interpretada como una falta de compromiso con México. Y yo he pensado mucho en esto, porque la pregunta no es si Jonathan dos Santos tenía talento, tenía talento de sobra. La pregunta es, ¿por qué ese talento tardó tanto en convertirse en lo que México vio en 2023 y 2024? Y la respuesta no es cómoda.
Parte de la respuesta es que Jonathan Dos Santos creció en un sistema que le enseñó a jugar al fútbol, pero que no lo preparó para manejar el peso que ese talento trae consigo. El peso del apellido, el peso de las expectativas, el peso de ser el hermano de Giovanni, el peso del escándalo de Quito, el peso de las palabras de su padre sobre España y Brasil.
Esos pesos no se trabajan en un vestuario, no se corrigen en un entrenamiento. Son cosas que un hombre tiene que procesar solo, con tiempo, con madurez, con errores. Y Jonathan Dos Santos tardó 10 años en procesarlos. 10 años en los que México siguió mirándolo con una mezcla de expectativa y decepción que es la peor mezcla posible para un futbolista.
Porque la decepción sin esperanza simplemente duele, pero la decepción con esperanza abierta, esa que dice todavía puede ser lo que prometía, esa pesa el doble. Jonathan Santos llegó al Club América en diciembre de 2021 con 31 años con ese peso en la espalda y en sus primeros meses en el equipo tampoco salió bien.
No era titular, no encontraba su lugar. El técnico Fernando Ortiz lo tenía en rotación, pero no como la pieza central que se esperaba. Siempre estar en el foco de las cámaras y la prensa y de repente a no tener ese foco fue difícil”, confesó Jonathan. Hasta pensaba en retirarme. Si te soy sincero, después de acabar mi contrato con el América, pensaba que jugaba medio año o un año más y me retiraba.
retirarse a los 32 años después de todo lo que había recorrido, sin haber sido nunca el jugador que todos decían que iba a hacer. Y entonces llegó André Jardín, el técnico brasileño, tomó al América a mediados de 2022 y lo primero que vio en Jonathan dos Santos fue exactamente lo que Villarreal había visto años antes, un mediocampista que necesitaba que le creyeran.
Jardín le creyó. “Todo llega en el momento adecuado”, dijo Jonathan cuando todo cambió. Estuve trabajando muchísimo este año y medio. Me han cambiado la vida estos últimos meses. Le agradezco su confianza y la del presidente que no quiso que me fuera del club. Ahora no quiero retirarme. Ahora no quiero retirarme.
Qué frase, el hombre que pensó en retirarse sin haber sido lo que prometía, diciéndole al mundo que ahora no quiere irse porque por fin encontró su lugar. Y esta es la cuarta, la que te dije que era la más importante. Y la cuarta no es sobre Jonathan dos Santos, el futbolista, es sobre Jonathan dos Santos, el hijo.
El 29 de julio de 2021, Jonathan estaba concentrado con la selección mexicana en Houston, Texas, semifinales de la Copa Oro contra Canadá. Esa tarde le llegó la noticia. Su padre Geraldo Francisco I Santos, Ciciño, 59 años. Había muerto por complicaciones del COVID-19. El hombre que en 1980 había llegado a México desde Brasil a jugar para el América.
El hombre que se había enamorado de ese país hasta el punto de quedarse para siempre. El hombre que había tomado a sus hijos de 12 y 13 años y los había llevado al otro lado del Atlántico con la convicción de que merecían lo mejor del fútbol mundial. Ese hombre muerto mientras Jonathan estaba en la concentración de la selección, el periodista Giibran Araye, que cubría la Copa Oro, dio la noticia y añadió algo que dice todo.
Jonathan ya conoce la noticia. A pesar de ello, el jugador decidió mantenerse en la concentración para el encuentro contra Canadá. Quiere hacerlo por su papá. Quiere ganar esta copa, oro por él. Quiere ganar esta copa, oro por él. Piénsalo un momento. Tu padre acaba de morir.
Estás en Houston, concentrado con la selección y decides no causar baja. Decides jugar, no porque no te importe la muerte de tu padre, sino exactamente por lo contrario. Porque ese hombre te enseñó que cuando te pones una camiseta, la honras con lo que haces dentro del campo. Eso fue lo que Ciciño le enseñó toda la vida. Y Jonathan dos Santos salió a jugar contra Canadá con la muerte de su padre encima.

Ese partido fue la cosa más valiente que Jonathan dos Santos hizo en toda su carrera. No el debut en la Liga de Campeones, no los títulos con el Barcelona, no la Copa Oro de 2015, ese partido con su padre muerto en la concentración, jugando de todas formas y la Copa Oro no la ganaron.
México perdió en la final, pero eso no cambia lo que ese gesto significó, porque ese partido contra Canadá, con la muerte de su padre encima, fue el partido que más reveló sobre el carácter de Jonathan dos Santos. No el debut en Liga de Campeones, no los títulos, ese partido, el que jugó cuando tenía todo para no jugar y lo hizo de todas formas, porque eso es lo que le había enseñado Ciciño desde niño.
Cuando te pones una camiseta, la honras. Lo que pasó después es la parte que más duele. Lo que pasó después es la parte que más duele. Cuando Jonathan llegó al América en diciembre de 2021, Cicho llevaba 5 meses muerto. Cicho había jugado para el América en los años 80. El mismo club, la misma camiseta azul crema.
Durante décadas, Ciciño había soñado con ver a su hijo defender esa camiseta. El círculo se cerraría. El padre, que había empezado todo al llegar de Brasil, vería a su hijo completar lo que él había comenzado. Ese sueño se quedó sin cumplirse. Cisño murió en julio de 2021. Jonathan firmó con el América en diciembre de 2021.
5 meses de diferencia. 5 meses. Hay una imagen que resume todo esto. En el estadio Azteca, en diciembre de 2023, [música] Jonathan dos Santos levantó el trofeo de la apertura con la camiseta Azul Crema, la misma camiseta que Ciciño había levantado en ese mismo estadio en los años 80. Dos generaciones, un sueño compartido y una silla vacía en las gradas.
Y en 2023, cuando André Jardine llegó al América y convirtió a Jonathan dos Santos en el corazón del medio campo, cuando el hombre que durante 10 años fue una sombra de lo que prometía finalmente [música] se convirtió en lo que siempre debió ser. Sio, no estaba. Yo estoy feliz, es dijo Jonathan [música] en esa temporada 2023.
Me han cambiado la vida estos últimos meses con la llegada de Jardín. Le agradezco su confianza. Todo llega en el momento adecuado. Estuve trabajando muchísimo, hasta pensaba en retirarme, pero ahora no quiero. Todo llega en el momento adecuado. Qué frase tan valiente para un hombre cuyo padre no vio el momento adecuado llegar.
En el [música] Apertura 2023, Jonathan Dos Santos fue titular indiscutible. 17 partidos, dos asistencias, el América campeón contra Tigres. Primer título de liga con el América. El mismo América donde su padre había jugado. En el Clausura 2024, campeón otra vez. En el Apertura 2024, campeón de nuevo. Tres títulos [música] de Liga MX con el América en menos de 2 años.
Más el campeón de campeones, [música] más la Supercopa, el hombre que fue el paquete, el hombre del escándalo de [música] Quito, el hombre que pensó en retirarse sin haber sido lo que prometía, convertido en el mediocampista más importante del América. en el mediocampista que su padre siempre vio en él.
Pero Ciciño no lo vio. [música] Cicño jugó para el América en los años 80, cuando el estadio Azteca rugía de otra manera, cuando la camiseta azul crema tenía otro peso y soñó con verla en su hijo, no pudo. Y ahí [música] está la respuesta a la pregunta que abre este video. ¿Qué pasó entre la Supercopa de Europa [música] y la noche de Quito? La misma historia que le pasa a muchos jóvenes que llegan demasiado pronto a demasiado grande.
Un hombre que no terminaba de crecer cometió un error que México le cobró durante 10 años. Un hombre que cargó el apellido de su padre, la sombra de su hermano, el escándalo de Quito, la exclusión del mundial de 2010, las lesiones, el olvido, la duda y que a los 32 años, cuando ya estaba [música] a punto de rendirse, encontró en la camiseta azul crema lo que había buscado toda la [música] carrera.
su lugar, el mismo lugar que su padre había encontrado 30 [música] años antes. En la misma ciudad, en el mismo estadio, con la misma [música] camiseta, Ciciño murió 5 meses antes de que Jonathan la pusiera. Eso es lo que nadie puede decirte sin que duela. Jonathan dos Santos ganó [música] todo lo que prometía ganar, solo que lo ganó sin su padre viendo.
Y eso es lo que esta historia tiene que ninguna estadística puede capturar. Un hijo que por fin llegó a donde su padre [música] siempre creyó que llegaría y un padre que no llegó a verlo. ¿Tú recuerdas a Ciciño jugando para el América o recuerdas a Jonathan en esa final del Apertura [música] 2023 levantando el trofeo en el Azteca? Cuéntanos en los comentarios, porque esta historia tiene dos generaciones y cada quien la conoce desde un lugar diferente.
Y si esta historia te [música] llegó, no te imaginas lo que le pasó a Giovanni Dos Santos, el hermano mayor, el que fue llamado el nuevo Messi, el que llegó antes y prometía más, y al que la vida le cobró de una manera completamente diferente a la de Jonathan. Está aquí en el canal. Te la dejo arriba. M.