Y el técnico que lo había pedido, Pedro Caiiña, salió del Rangers antes de que terminara la temporada. El Gulit quedó solo en Escocia. sin el técnico que había apostado por él, sin el sistema de juego que le favorecía, sin alguien que realmente lo conociera en el club. regresó a México con menos de lo que se fue, menos en rendimiento, menos en confianza, menos en opciones.
Y fue entonces cuando llegó Cruz Azul, que es el principio del fin. Lo que pasó en una noche de concentración en el Hotel Royal Pedregal de la Ciudad de México todavía se cuenta en los vestuarios de la Liga MX. Eso lo veremos en un momento, pero antes hay que volver al principio, porque este hombre no siempre fue así y entender quién fue antes lo único que explica el tamaño de lo que se perdió.
Eso es la gloria. Sois. Carlos Peña Rodríguez [música] nació el 29 de marzo de 1990 en Ciudad Victoria, Tamaulipas. Una ciudad del noreste de México que no tiene la tradición futbolera de Guadalajara ni de Monterrey. No hay academias privadas de paga ni estadios de primera. Hay canchas de tierra, calor del noreste y chavos con talento natural.
Y Carlos Peña tenía más talento natural que cualquier otro muchacho de su generación en esa región. El Pachuca lo detectó y lo llevó a sus fuerzas [música] básicas. Le dieron entrenamiento, disciplina, estructura de club grande. Debutó en primera división con el Pachuca en abril de 2010, [música] que es 20 años delgado, con esa cabellera rizada que ya le valió el apodo, pero en el Pachuca no encontró su lugar.
El equipo tenía [música] plantilla armada y consolidada. Los minutos no llegaban y un jugador que no juega no mejora. Y un jugador que no mejora pierde la oportunidad. Fue entonces cuando llegó la oportunidad más improbable de su carrera. Francisco Gabriel de Anda, director deportivo del club León, pidió al Gullit Peña para su equipo.
El León estaba en la primera división A. La segunda categoría del fútbol mexicano, lo que popularmente se conocía como el ascenso. En el Pachuca lo miraron con extrañeza. ¿Para qué quieren a este muchacho abajo? Pero el Gulit fue y en León encontró lo que en Pachuca no tenía. Gustavo Matosas, entrenador uruguayo, metódico, exigente con los detalles, pero con ojo clínico para ver el talento donde otros solo veían un jugador irregular.
Matosas lo puso en el centro del campo y le dio una sola instrucción. juega como sabes. Y el Gulit jugó como sabía, con esa pelota pegada al pie como si tuviera imán, con esos cambios de ritmo que dejaban parados a los defensas más experimentados. con esa visión de juego que te hacía sentir que estaba viendo el partido dos segundos antes que todos los demás con el descaro de alguien que no tiene miedo al balón en ninguna zona del campo, con Luis Montes de compañero en el medio campo, con Edwin Chapito Hernández al
lado. Los tres venían del Pachuca, los tres habían sido descartados o no aprovechados en Tusos. Y los tres formaron el medio campo más temido del fútbol mexicano durante 2013 y 2014. Los tres eran lo que en el fútbol se llama jugadores de barrio. Creativos, atrevidos, [música] sin miedo a la pelota en los momentos difíciles.
El león ascendió a primera división en 2012. y en lugar de llegar a sobrevivir llegó a dominar. Clausura 2013, campeones. Clausura 2014, campeones, bicampeonato, algo que en la historia del fútbol mexicano muy pocos equipos habían logrado de manera consecutiva. En esos 2 años de gloria, el Gulit Peña anotó 18 goles y repartió 22 asistencias en torneos oficiales.
Números de jugador de élite europeo, no de la Liga MX y la selección mexicana lo llamó. El Piojo Herrera lo convocó para el Mundial de Brasil 2014. El muchacho de Ciudad Victoria que en Pachuca no encontraba minutos, el que bajó a segunda división cuando nadie lo quería en primera. Ese mismo iba al mundial con la playera verde del tricolor.
En Brasil no tuvo el protagonismo que todos esperaban. Jugó minutos contados. El piojo apostó por otros perfiles, pero estuvo. Pisó el césped de los estadios brasileños. se puso la playera de la selección en una Copa del Mundo y con 24 años, con ese escudo en el pecho, con dos campeonatos en el bolsillo y el respeto del fútbol mexicano entero, era el jugador más cotizado del mercado nacional, el más caro de la historia.

8 millones de dólar, Chivas, la firma, las lágrimas en la conferencia. Y desde esa tarde que lloró sin querer irse, el gulit peña nunca volvió a ser el mismo. Nunca. La noche en el hotel Royal Pedregal hay una historia que se cuenta en los vestuarios de la Liga MX. Una historia que ya no hace gracia, que da vergüenza ajena y tristeza al mismo tiempo.
Corre el año 2018. Pedro Caishiña, el mismo técnico que lo había dirigido en el Rangers de Escocia, había llegado a Cruz Azul como entrenador y pidió de manera expresa el fichaje del Gulit Peña. Lo conocía, sabía de su talento, creía que podía recuperarlo si le daba estructura y confianza. Cruz Azul dijo que sí.
El Gulit llegó con la historia del bicampeonato todavía en la boca. con el argumento de que Kaishiña lo conocía y creía en él, con la motivación del que sabe que esta puede ser la última oportunidad real. Jugó 10 partidos con la máquina, cero goles, cero asistencias, 10 partidos invisibles en el Estadio Azteca, el mismo estadio donde México hace historia.
Los aficionados celestes lo abucheaban cada vez que entraba o salía de cambio. Y en lugar de responder en el campo, el gulit respondió de la única manera que ya sabía responder cuando la presión se acumulaba. Una noche de concentración en el hotel Royal Pedregal, uno de los hoteles de lujo de la ciudad de México. El Gulit Peña apareció en el lobby del establecimiento en evidente estado de ebriedad, acompañado de dos personas que no tenían ninguna relación con el equipo.
Y en un momento que nadie que estuvo esa noche va a olvidar, caminó hasta una de las fuentes decorativas del lobby del hotel y orinó en ella, no en el baño, en la fuente del lobby, del hotel de concentración de su equipo, frente al personal del establecimiento. El hotel llamó a la directiva de Cruz Azul.
Esa misma noche, la directiva convocó una reunión de emergencia antes del amanecer y antes de que saliera el sol, la decisión ya estaba tomada. Cruz Azul rescindió el contrato del Gulit Peña. No lo suspendieron para investigar, no lo llamaron a dar explicaciones, no lo mandaron a una reunión con el área psicológica del club.
Lo corrieron esa misma semana y de paso le ofrecieron pagar un tratamiento de rehabilitación hasta que terminara el periodo de préstamo acordado con el Rangers. una manera muy directa de decirle, “Sabemos lo que tienes, te deseamos lo mejor, pero aquí ya [música] no puedes seguir.” Ese día el Golid Peña perdió algo que el dinero no puede recuperar.
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No fue el contrato, no fue el salario, fue la reputación. Porque en el fútbol mexicano, una vez que la historia de la fuente del Royal Pedregal se supo, ningún director deportivo con algo que perder quiso arriesgarse a dar la cara por él. Las puertas de la Liga MX se cerraron una a una y lo que quedó fue un peregrinar por ligas que cada vez estaban más lejos de lo que él había sido.
Pero espérate, porque lo de 2025 todavía no te lo he contado. Y eso es lo más duro de toda esta historia. El peregrinar después de Cruz Azul, el mapa del Gulit Peña se fue achicando. Necaxa en México. El club de Aguas Calientes le abrió la puerta. Otra oportunidad, otro intento. Sin rendimiento, sin continuidad, sin historia que contar.
Las mismas llamadas de atención, el mismo patrón. Correcaminos de Tamaulipas, su tierra natal, ciudad victoria, la ciudad donde nació, donde creció. [música] donde todos lo conocían. El último intento de volver a casa, de empezar de cero, donde todo empezó, tampoco funcionó. El gulit que Correcaminos recibió ya no era el que se había ido de Ciudad Victoria años atrás.
era otro hombre con el mismo nombre, la misma cabellera, el mismo apodo, pero sin el foco, sin la disciplina, sin las condiciones físicas de antes. Y luego comenzó el camino hacia afuera, hacia las ligas donde el nombre todavía valía algo, aunque el rendimiento ya no fuera el mismo. El Club Deportivo FAS del Salvador, un equipo histórico del fútbol centroamericano.
El Gulit llegó con [música] el cartel de mundialista mexicano y fue campeón. Un título más en su lista. Pero El Salvador no era la Liga MX. El FAS no era el león de matosas y ese título no sonó igual que los dos anteriores. Después Guatemala, el club Antigua, primero, el Club Deportivo y Social [música] Vida, después dos ligas centroamericanas donde intentó mantenerse activo, [música] mantenerse competitivo, mantenerse relevante.
Pero cada mes que pasaba la distancia con lo que había sido se hacía más grande. de los 8 millones de dólares a los contratos menores de Centroamérica, del estadio No Camp, lleno en León a estadios con un puñado de aficionados, de la selección nacional a ligas que en México pocos conocen por su nombre. Y mientras jugaba en Guatemala, los videos en redes sociales contaban otra historia [música] en paralelo.
En 2022, mientras intentaba negociar un contrato en Estados Unidos, apareció el primer video viral en la calle con las palabras arrastradas saludando a extraños que le pedían fotos. La negociación con el club estadounidense cayó. El equipo vio el video y decidió que el riesgo era demasiado grande.
Otro video ese mismo año en un barbiendo con los ojos perdidos. Las redes lo compartieron miles de veces. El círculo se fue cerrando. [música] En 2024, a los 34 años, Carlos Peña Rodríguez se retiró del fútbol profesional. No con un comunicado elegante, no con una rueda de prensa emotiva, no con el homenaje que un bicampeón y mundialista merece, se retiró en silencio porque ya no había equipo dispuesto a llamar.
Y meses después de ese retiro silencioso, se supo que el Gulit estaba en Tijuana jugando en un equipo amateur llamado Atlas FC. Fútbol rápido, canchas de barrio, lo que en México se llama la talacha. Exjugadores profesionales jugando con gente común del [música] barrio a cambio de unos cientos de pesos por partido.
Cuando hay a veces nada. El mediocampista más caro en la historia [música] del fútbol mexicano, el Ronaldinho mexicano, el bicampeón, el mundialista. jugando en canchas de tierra en Tijuana, sin contrato, sin seguro médico, sin sueldo fijo. [música] Pero 2025 todavía tenía el capítulo más duro de toda esta historia y ese capítulo ocurrió en la misma ciudad donde fue campeón.
El arresto [música] de 2025, 30 de junio de 2025. León, [música] Guanajuato, la ciudad que lo vio en la cima, la misma ciudad donde levantó dos trofeos frente a su gente, donde la afición lo cargó en hombros, donde el nombre Gulit significaba bicampeonato, orgullo y fútbol de alto nivel. 2 de la tarde de un lunes ordinario.
Un Mini Cooper negro circulaba por la calle San Cayetano con el boulevar Vicente Valtierra en la colonia El Coesillo. El vehículo hacía maniobras peligrosas, se acercaba a las banquetas, derrapaba sin razón, ponía en riesgo a peatones y conductores. Los agentes de tránsito municipal lo interceptaron. Cuando se acercaron a la ventanilla, notaron el olor antes de que el conductor dijera una sola palabra.
Le aplicaron la prueba de alcoholímetro. El resultado, 2,0 g de alcohol por litro de sangre. El límite legal en León es de 0,5 g. Carlos Peña registró cuatro veces el límite máximo permitido a las 2 de la tarde, en plena luz del día, un lunes. El reporte oficial de tránsito municipal lo registró como ebriedad completa.
Con ese nivel de alcohol en sangre, el protocolo no admite excepciones. No hay multa que lo resuelva. No hay llamada a un familiar. No hay pago en efectivo [música] y te vas. Arresto inmediato. 20 horas en los separos de la delegación norte de León. El Mini Cooper al corralón de tránsito municipal. Testigos que estaban cerca y grabaron parte del incidente reportaron que Peña intentó hacer tiempo hablando por teléfono, buscando a alguien que llegara, que hiciera algo. Nadie llegó.
Los oficiales cumplieron el protocolo [música] y el Gulit Peña a los 35 años pasó la noche en los separos de la ciudad donde fue campeón. Piensa en [música] eso un momento. No era la madrugada del sábado después de una fiesta. No era un exceso de fin de semana. Era las 2 de la tarde de [música] un lunes sin partido, sin celebración, sin motivo [música] visible.
con cuatro veces el límite de alcohol en la sangre, solo en un carro, haciendo zigzag por las calles de la ciudad que lo amó cuando ganaba. Eso ya no es un exceso puntual, eso es una enfermedad que lleva años sin tratamiento suficiente. Y la pregunta que hay que hacerse, la que muy poca gente ha respondido con honestidad, es esta: ¿Por qué nadie con poder real lo ayudó cuando todavía había tiempo? Eso es lo que viene ahora.
Nadie llegó hace unos años. El Gulit Peña dio una entrevista. [música] la dio sinvergüenza mirando a la cámara con una honestidad que pocos futbolistas tienen cuando hablan públicamente de sus caídas. No me da ni pena ni miedo. Sí tuve un problema de alcoholismo. Después me metí con Julio César Chávez.

Estuve en rehabilitación. Tengo a veces una persona que me cuida. La verdad, así como me pasó a mí, le puede pasar a cualquier familiar tuyo. Así como me pasó a mí, le puede pasar a cualquier familiar tuyo. Lo dijo sin dramatismo, sin buscar lástima, sin echarle la culpa a nadie más. Y tenía razón.
El alcoholismo no discrimina, no es exclusivo de los futbolistas ni de los famosos. Ocurre en todas las familias, en todos los barrios, en todas las ciudades de México. Pero lo que sí es exclusivo de la historia del Gulit Peña es esto. Fue a las clínicas de rehabilitación de Julio César Chávez, el boxeador más grande en la historia de México, que también libró su propia guerra con las adicciones y que abrió clínicas para tender la mano a otros que la necesitaban.
El Gulit fue, estuvo internado, tuvo su persona de apoyo diario, intentó de verdad y luego recayó y volvió a intentar y volvió a recaer. Así funciona el alcoholismo. No es debilidad de carácter ni falta de voluntad. Es una enfermedad que necesita estructura permanente, acompañamiento profesional continuo y tiempo, mucho tiempo.
Lo que Carlos Peña nunca tuvo de manera permanente fue esa estructura. Y la pregunta que nadie en el fútbol mexicano ha respondido es esta: ¿Por qué ninguno de los 11 equipos que se beneficiaron de su talento construyó esa estructura cuando todavía era tiempo? Chivas pagó más de 100 millones de pesos por él.
Cuando los problemas empezaron, lo prestó a Escocia. Cuando el préstamo terminó, lo dejó ir. Sin seguimiento médico, sin red de apoyo, sin protocolo de salud. Cruz Azul lo recibió como un favor personal a un técnico. Cuando la noche del hotel ocurrió, lo corrieron antes del amanecer y le ofrecieron el tratamiento no como responsabilidad de un club con su jugador, sino como una manera de deshacerse del asunto con la conciencia limpia.
El Rangers de Escocia lo tuvo un año en Europa. Cuando no rindió, no lo quiso de regreso. Sin protocolo de salida, sin seguimiento posterior. 11 equipos en total, 11 contratos con cláusula de salida fácil para el día en que los problemas llegaran. Y los problemas siempre llegaron porque nadie trató la causa, solo las consecuencias deportivas.
Nadie en 11 intentos dijo para el fútbol 6 meses. Aquí está el equipo médico completo. Te pagamos durante ese tiempo y te esperamos cuando estés bien. Nadie dijo eso porque eso cuesta dinero y cuando el Gulit dejó de producir en el campo, dejó de ser una prioridad para todos los que lo usaron. ¿Dónde está hoy Carlos Peña Rodríguez? Tiene 35 años. Vive en México.
Creó la Gullit Academy, una escuela de fútbol para niños pequeños. La opera principalmente fuera de México porque en su propio país la sombra de sus caídas lo perseguía. Le cerraban puertas antes de que abriera la boca para presentar su proyecto. Un hombre que fue bicampeón de la Liga MX, que fue al mundial de Brasil, que valuó 8 millones de dólares, que fue considerado el Ronaldinho mexicano, enseñando a niños en su propia academia porque la Liga MX ya no tiene lugar para él.
Eso no es el final de un mal futbolista. Es el retrato de un sistema que usa a los jugadores hasta que ya no sirven y los suelta sin mirar para atrás. El gulit [música] Peña nunca tuvo a alguien con poder real que dijera, [música] “Yo me quedo aunque pierdas. Yo estoy aquí aunque no rindas. Yo te ayudo, aunque ya no salgas en los titulares y en el fútbol mexicano, eso es más común de lo que cualquier directivo está dispuesto a admitir en público.
Los bicampeones no deberían terminar solos en los separos de tránsito municipal de León a las 2 de la tarde de un lunes ordinario. El muchacho de Ciudad Victoria que nadie quería en Pachuca. El que bajó a segunda cuando las puertas se cerraron, el que tuvo que ganarse todo desde cero en el ascenso. El que levantó dos trofeos y llegó al mundial.
Ese mismo hombre terminó solo en una celda municipal, en la misma ciudad que lo vio triunfar. Pero así terminó ese día y así termina por ahora esta historia. ¿Tú lo recuerdas al Gullit en su época de león? ¿Te acuerdas de esos pases entre líneas que nadie más veía? De esa temporada del bicampeonato que puso a la fiera en el mapa del fútbol nacional.
¿Recuerdas dónde estabas cuando León ganó ese segundo campeonato? Cuéntanos en los comentarios. Queremos saber lo que recuerdas tú. ¿Crees que el sistema le falló al Gullit o crees que tuvo todas las oportunidades y no las aprovechó? Esas dos cosas no se contradicen, pueden ser verdad al mismo tiempo y esa es la parte más difícil de aceptar de esta historia.
Y si esta historia te dejó pensando, no te imaginas lo que le pasó al Chicharito Hernández, el goleador más importante en la historia de la selección mexicana, que vistió la playera del Manchester United y del Real Madrid y que terminó de una manera que muchos no conocen completa. Te lo dejo aquí arriba, no te la pierdas. M.