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La Impactante Historia de la Casa de Marco Rubio | El Primer Latino Secretario de Estado

La Impactante Historia de la Casa de Marco Rubio | El Primer Latino Secretario de Estado

West Miami, Florida. En un tranquilo cool de sac, rodeada de palmeras y jardines perfectamente cuidados, se levanta una casa de dos pisos, cuatro habitaciones, tres baños y medio, 2650 pies cuadrados de espacio, una piscina en el patio trasero, un trampolín jugaron cuatro niños, una cerca verde alta que protege la privacidad, electrodomésticos de acero inoxidable en la cocina, techos altos en la sala de estar.

 Un patio exterior perfecto para reuniones familiares. Esta casa vale hoy casi un millón de dólares, quizás más. Las propiedades en este vecindario se venden entre medio millón y 2,400,000. Pero lo más impresionante de esta casa no es su valor, no es su piscina, no es su ubicación privilegiada. Lo más impresionante es quién vive en ella y cómo llegó a tenerla.

 El dueño de esta casa es Marco Antonio Rubio, secretario de Estado de los Estados Unidos, el primer latino en ocupar ese cargo en más de 200 años de historia americana, el cuarto en la línea de sucesión presidencial, uno de los hombres más poderosos del mundo. Y hace apenas 50 años su familia no tenía nada, absolutamente nada.

 Su padre trabajaba sirviendo tragos a desconocidos. Su madre limpiaba habitaciones de hotel. Vivían en un pequeño apartamento de clase trabajadora. No tenían ahorros, no tenían conexiones, no tenían futuro asegurado, solo tenían un sueño, el sueño americano. Y esta es la historia de cómo ese sueño se convirtió en realidad.

 La historia de como el hijo de un camarero cubano terminó viviendo en una casa con piscina, manejando los hilos de la política exterior más poderosa del planeta, siendo llamado señor secretario por diplomáticos de todo el mundo. Pero para entender esta casa, tenemos que viajar muy lejos a una isla en el Caribe, a una época diferente, a una familia que lo arriesgó todo.

 27 de mayo de 1956, un avión de Panam American Airlines despega de la Habana. A bordo van Mario Rubio y su esposa Oriales García. Llevan con ellos a su hijo mayor, también llamado Mario, de 5 años. ¿No huyen de Fidel Castro? Todavía no. En 1956, Castro está en México. Planea su invasión a Cuba. Nadie sabe aún que cambiará la historia.

 En Cuba gobierna Fulfencio Batista, un dictador corrupto pero capitalista. Los Rubio no son refugiados políticos, son inmigrantes económicos. Buscan lo que millones han buscado antes y después que ellos. Una vida mejor. Oportunidades. El sueño americano. Mario Rubio tiene 26 años. Es un hombre joven con toda la vida por delante.

 Pero en Cuba esa vida no tiene futuro. Cuba es pobre. Cuba es incierta. Cuba no ofrece nada más que supervivencia. Estados Unidos ofrece esperanza. El vuelo de la Habana a Miami dura menos de una hora, pero es un viaje entre dos mundos. De la pobreza a la posibilidad, de la desesperanza al sueño, de la nada al todo. Los rubios aterrizan en Miami sin hablar inglés, sin dinero en el bolsillo, sin conexiones, sin nadie que los reciba, solo tienen sus manos, su voluntad de trabajar y la certeza de que en América si trabajas duro puedes lograr cualquier

cosa. Mario consigue trabajo como camarero de banquetes. Es un empleo duro. Noches largas, fines de semana trabajando mientras otros celebran. Días festivos sirviendo a extraños mientras su familia espera en casa. Pero es trabajo honesto. Y en América el trabajo honesto paga. Oriales también trabaja. Limpia habitaciones de hotel, tiende camas, friega pisos, vacía basureros, hace todo lo que hay que hacer para que sus hijos tengan un futuro mejor.

 No hay trabajo indigno cuando tienes bocas que alimentar. No hay sacrificio demasiado grande cuando tienes sueños que cumplir. La comunidad cubana en Miami es pequeña en 1956. Aún no existe la lito Habana que conocemos hoy. No hay ventanitas vendiendo cafecito en cada esquina. No hay domingos de dominó en el parque del dominó.

 No hay restaurantes cubanos famosos. Todo eso vendrá después. Después de 1959. Después de que Castro tome el poder, después de que lleguen cientos de miles de exiliados, pero los rubius llegan antes de todo eso. Son pioneros sin saberlo. Se establecen en West Miami, un vecindario de clase trabajadora, casas modestas de una planta, jardines pequeños, vecinos que salen temprano a trabajar, inmigrantes de todas partes buscando prosperar.

 Es aquí donde los rubio construirán su vida, donde tendrán más hijos. donde plantarán las raíces del sueño americano. Mario y Oriales tienen cuatro hijos en total. El mayor Mario Junior nació en Cuba. Vino con ellos en ese vuelo de 1956. Luego nace Barbara, una niña americana. Después viene Marco, 28 de mayo de 1971, el segundo varón, el tercero de cuatro hermanos.

 Finalmente llega Verónica, la menor. Marco Antonio Rubio nace en Miami, Florida. Es americano de nacimiento, ciudadano por derecho. Sus padres aún no son ciudadanos. No lo serán hasta 1975. Pero Marco es americano desde su primer respiro. Esto es importante. Esto lo define todo. Esto le abre puertas que a sus padres les estuvieron cerradas.

 Pero antes de que Marco nazca, algo terrible sucede en Cuba. Primero de enero de 1959, Fidel Castro entra triunfante en la Habana. Batista ha huido en la noche. Cuba tiene un nuevo líder, un líder que promete libertad, democracia, justicia para todos. Pero las promesas son mentiras.

 Castro convierte a Cuba en una prisión comunista, confisca propiedades, encarcela opositores, destruye familias. aplasta esperanzas. Los rubios observan desde Miami, horrorizados, aliviados de haber salido a tiempo, pero preocupados por los que dejaron atrás. Oriales todavía tiene familia en Cuba. Su padre, Pedro Víctor García, vive en La Habana.

Es zapatero. Tiene una pequeña tienda de zapatos. Ha construido una vida modesta, pero digna con sus propias manos. Castro destruye todo eso, nacionaliza los negocios. La tienda de zapatos ya no pertenece a Pedro Víctor, ahora pertenece al estado, ahora pertenece a Castro. Pedro Víctor no tiene opción. Trabaja para el gobierno comunista o muere de hambre.

 Termina empleado en el Ministerio del Tesoro. Un trabajo que odia, un sistema que desprecia, pero tiene que sobrevivir. En 1961, Oriales toma una decisión arriesgada. regresa a Cuba con sus hijos mayores. Quiere ver a su familia, evaluar la situación. Quizás, piensa, las cosas no están tan mal. Quizás podrían volver algún día. Se equivoca.

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