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los HUMILDES ORIGENES de Guillermo FRANCELLA antes de casados con hijos!!

En 1977, en una redacción del barrio de Palermo en Buenos Aires, el director de la revista Gente le dijo una frase corta a un pibe de 22 años. Le dijo que estaba despedido. El pibe había durado 3 meses como periodista. No había servido para escribir notas según los jefes. No tenía olfato.

 No entendía los tiempos del cierre. No era el perfil. Ese pibe agarró sus cosas, salió a la calle Tucumán de Buenos Aires, miró al cielo y entendió que tenía que arrancar otra vez de cero. 49 años después, ese mismo pibe protagoniza la película argentina más vista del año, llena cines en Buenos Aires y en Madrid. Sin vueltas.

 Creemos que te tenés que ir a vivir solo por y bueno, porque tenés casi 40 años, hijo. Viviste toda la vida con nosotros. factura  millones y se transformó en uno de los pocos actores latinoamericanos que pueden llevar una serie de Disney solo con su nombre en la portada. Ese pibe se llama Guillermo Francela y la historia de cómo llegó hasta acá sin escándalos, sin tapas amarillas, sin pose, casi nadie la cuenta entera.

 Hoy te la vamos a contar nosotros. Suscribite y activa la campana. Acá te contamos lo que la tele nunca se animó a mostrar. Para entender quién es Guillermo Franchela, hay que cruzar el océano. Hay que viajar a un pueblo chiquito y poco conocido del sur de Italia. Se llama Falconar Albanese. Está en Calabria. Esa punta sur de la bota italiana que durante el siglo XXuló a millones de campesinos pobres rumbo a América.

 Falconar Albanese era un pueblo de montaña con casas de piedra, calles empinadas, vientos fríos del mar Tirreno y un detalle particular. La mayor parte de sus habitantes eran arbesé, es decir, descendientes de albaneses que habían huído de los turcos siglos atrás y se habían asentado en el sur de Italia. Hablaban una mezcla de italiano calabrés y albanés viejo.

 Era una comunidad cerrada, dura, acostumbrada a sobrevivir. De ese pueblo, en 1909 salió un chico de 16 años. Se llamaba Domenico Frangela. Franela con ge, no con cy lo conocemos. Dominico, a esa edad en la que muchos chicos hoy todavía discuten por el horario de salida de la noche, agarró sus cosas, dijo adiós a la familia y se subió al barco.

 El registro del Centro de Estudios Migratorios Latinoamericanos lo dice exacto. Franela Domenico, 16 años, soltero italiano, de ocupación Braxiante. Braxiante quiere decir en italiano antiguo peón rural, persona que trabaja la tierra ajena por un jornal. Llegó a la Argentina en el año 1909. Vino desde el puerto de Genova y desembarcó solo, sin un peso, sin saber bien a dónde iba.

 Domenico se asentó en Buenos Aires y en algún momento de los primeros años hizo algo que muchos inmigrantes hicieron en esa época. cambió el apellido, cambió franjela por franchela, una letra, una sola letra, cambió la G por la C y la familia desde ese día fue franchela. ¿Por qué lo hizo? Hay varias teorías. Una, que el funcionario que lo registró escribió mal el apellido y Domenico no se molestó en corregirlo porque después de cruzar el océano, una letra menos era el menor de los problemas.

 Otra teoría es que Domenico mismo decidió argentinizar el apellido para no sentir tanto el peso de la inmigración, para sentirse menos extraño. Lo cierto es que ese cambio, esa letra perdida, define hoy una de las marcas más reconocibles del espectáculo argentino. Me caí. Ya. ¿Quién deja el teléfono así descolgado? Ah, ¿cuánto mide? Asqueroso.

Guillermo Francella: “Hace 17 años que Casados con hijos está en el aire con ese humor; Pepe no cambió, ni va a cambiar” - Infobae

Usted no tiene eso ahí.  Se lo guarda y no llame más esta casa. No puede tener eso. No puede tener eso. La marca Franchela. Y casi nadie sabe que en algún papel viejo guardado en algún archivo de Italia todavía dice Franela. Para entender la dimensión de lo que vivió Domenico, hay que entender lo que era la Argentina de 1909 para un calabrés de 16 años.

  Buenos Aires en esa época estaba creciendo a un ritmo brutal. Llegaban barcos cada semana al puerto descargando inmigrantes de toda Europa, italianos del sur, gallegos, vascos, polacos, judíos, rusos, todos juntos, todos hablando idiomas distintos, todos buscando trabajo en lo que apareciera. La ciudad olía a fideos hechos en casa, a chorizos de campo, a pan recién horneado, a sudor de obrero.

 En los conventillos del barrio La Boca, en Santelmo, en Constitución, los inmigrantes vivían amontonados. Compartían patios, compartían baños, compartían enfermedades. Los más fuertes sobrevivían y prosperaban. Los más débiles morían jóvenes. Domenico, con 16 años y manos de campesino, encajaba en la franja de los que tenían chances.

 Trabajó como braxiante, después como peón en obras, después en algún oficio fijo que le permitió armar familia. Esa generación de inmigrantes calabreses construyó literalmente la Argentina moderna. Levantaron edificios, abrieron almacenes, formaron sindicatos y al cabo de dos generaciones sus nietos ya no eran inmigrantes, eran porteños.

 Como Guillermo Domenico se casó con una mujer que se llamaba Saída y juntos formaron familia en Buenos Aires. Tuvieron hijos. Uno de sus hijos se llamó Ricardo Héctor. Ricardo Héctor Franchela, el padre del actor que estamos contando hoy. Ricardo creció en una familia de inmigrantes italianos modestos, trabajadora, religiosa, ahorrativa.

 Él consiguió un trabajo estable como empleado bancario y por la tarde, para sumar otro ingreso, daba clases de gimnasia, pero no en cualquier lado. Daba clases de levantamiento de pesas en Racing Club, en el barrio de Avellaneda. era el entrenador de pesas del club y este detalle es importante porque por culpa de eso Guillermo Franchela sería hincha fanático de Racing toda su vida.

Ricardo se casó con Adelina Redondo. Adelina era ama de casa. Como muchas mujeres de su generación, ella había dejado los estudios para dedicarse a la crianza. Tuvieron dos hijos. El mayor se llamó Ricardo, igual que el padre. Y el menor llegó al mundo el 14 de febrero de 1955, día de los enamorados.

 La familia le puso Guillermo Héctor Franchela y la vida del pibe arrancó. Pero acá hay un detalle que casi nadie cuenta.  Aunque a Guillermo se lo asocia siempre con Becar en San Isidro, no nació ahí. Sus dos primeros años de vida los pasó en Villa del Parque, un barrio porteño de clase media trabajadora. Calles arboladas, casas chorizo, vecinos que se conocían entre sí.

 Recién cuando él tenía 2 años, la familia se mudó y se mudaron a un lugar muy específico, a una casa en Becar que estaba pegada a la casa de los abuelos, es decir, a la casa de Domico Frangela, el calabrés que había cruzado el océano 50 años antes y de su esposa Saída. Imaginemos esa infancia. Becar de los años 60, un barrio del partido de San Isidro en el norte del Gran Buenos Aires.

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