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México No Podía Defenderse en 1916 — Hasta que Carranza Creó la Primera Fábrica de Armas Nacional

México No Podía Defenderse en 1916 — Hasta que Carranza Creó la Primera Fábrica de Armas Nacional

un ejército de 30,000 hombres, cero balas fabricadas en su propio país. En 1916, México descubrió que la soberanía no se declara, se fabrica. Y cuando 5,000 soldados estadounidenses cruzaron la frontera para cazar a un revolucionario, Penustiano Carranza entendió algo que cambiaría la historia militar de la nación.

Cada cartucho que disparaban sus tropas era un voto de confianza que otro país podía retirar en cualquier momento. Esa dependencia mortal estaba a punto de terminar, pero el camino hacia la independencia armamentística comenzaría con una de las humillaciones más grandes que México había sufrido desde la invasión francesa. Corría marzo de 1916.

El mundo entero estaba desangrándose en las trincheras de la Primera Guerra Mundial. Europa compraba municiones a precio de oro. Los fabricantes de armamento en Estados Unidos trabajaban día y noche para abastecer a Francia, Inglaterra, Rusia. Las fábricas operaban a triple capacidad y México, atrapado en su propia guerra civil competía por migajas en ese mercado global saturado.

Benustiano Carranza comandaba el ejército constitucionalista desde el puerto de Veracruz. Había derrotado a Victoriano Huerta en agosto de 1914. Había firmado los tratados de Teolo Yukan que disolvieron para siempre el ejército federal porfirista. Pero la victoria contra Huerta no significó paz.

México seguía partido en pedazos. Francisco Villa dominaba Chihuahua con la división del norte. Emiliano Zapata controlaba Morelos con el Ejército Libertador del Sur. Félix Díaz operaba en Veracruz con el ejército reorganizador nacional. Y en Oaxaca, grupos conservadores, conocidos como los soberanistas se habían levantado en armas.

Carranza necesitaba armas, muchas armas cada día. Sus agentes en el extranjero recibían telegramas urgentes que repetían la misma súplica desesperada. Faltan armas. Tenemos muchas gentes. ¿Cuándo será la próxima remisión? No era retórica, era supervivencia, porque cada fusil que portaban sus soldados venía de Estados Unidos.

Cada cartucho que disparaban había sido fabricado en Springfield, Massachusetts o en Hardford, Connecticut. Cada canana de cuero llegaba desde talleres europeos. México dependía completamente del mercado internacional para defender su propia revolución y ese mercado no era confiable. En las batallas del Bajío, donde se definió el destino del constitucionalismo contra las fuerzas de la convención, Carranza descubrió que todo el armamento comprado en el extranjero resultaba insuficiente.

Sus tropas peleaban con fusiles Remington obsoletos, con ametralladoras hochis que se trababan en medio del combate, con cartuchos de calibres mezclados que no siempre encajaban en las armas disponibles. Una canana costaba 30 pesos en el mercado controlado por intermediarios. 30 pesos por un cinturón de cuero con bolsillos para balas.

En el mercado internacional ese mismo artículo costaba una fracción, pero México no tenía acceso directo. Dependía de comerciantes que inflaban precios, entregaban material defectuoso y desaparecían cuando más se les necesitaba. Francisco Villa lo supo por experiencia propia. A finales de 1915, después de ser derrotado en la batalla de Agua Prieta, Villa pagó miles de dólares en efectivo por un cargamento de municiones.

El comerciante se negó a entregarlas a menos que se le pagara en oro. Villa aceptó. Cuando abrió las cajas, descubrió que las balas estaban rellenas con corcho en vez de plomo. Munición completamente inútil. munición que no servía para nada, excepto para confirmar que México era un cliente de segunda clase en el mercado global de armamento.

Ese comerciante operaba desde Columbus, Nuevo México. Su nombre era Samuel Rabel. El 9 de marzo de 1916, a las 4 de la madrugada aproximadamente 485 hombres comandados por Francisco Villa cruzaron la frontera internacional y atacaron el pueblo de Columbus. No era una operación militar estratégica, era una expedición de venganza y necesidad.

Vila buscaba tres cosas: recuperar el dinero que le habían congelado en bancos estadounidenses, ajustar cuentas con Samuel Rabel por las municiones falsificadas y conseguir armas robándolas directamente de la guarnición militar de Fort Furlong. El ataque duró menos de 2 horas. Cuando terminó, 18 personas habían muerto, 10 civiles estadounidenses y ocho soldados del ejército de Estados Unidos.

Villa perdió 73 hombres, pero regresó a México con 80 caballos, 30 mulas, armas y municiones reales. También dejó Columbus en llamas. La casa de Samuel Rabel fue arrasada, su tienda destruida, su hotel convertido en cenizas. Samuel Rabel no estaba en Columbus esa noche. Se había ido el día anterior a El Paso, Texas, porque le dolía una muela.

Pero su hermano mayor fue capturado por los villistas, llevado a Chihuahua y fusilado. La respuesta del gobierno estadounidense fue inmediata y contundente. El presidente Woodro Wilson ordenó lo que oficialmente se llamó expedición punitiva. El objetivo declarado, capturar a Francisco Villa y destruir su ejército. El objetivo no declarado, demostrar que México era incapaz de controlar su propio territorio y que Estados Unidos tenía derecho a intervenir militarmente cuando lo considerara necesario.

El 15 de marzo de 1916, 6 días después del ataque a Columbus, más de 5000 soldados estadounidenses comandados por el general John Joseph Perching cruzaron la frontera mexicana en dos columnas desde Columbus y Culberson’s Ranch. Era la invasión militar extranjera más grande que México enfrentaba desde la retirada francesa en 1867.

Pershing organizó una división provisional compuesta por cuatro regimientos de caballería, dos de infantería, artillería montada y un escuadrón aéreo con ocho aviones Curtis Sim N3. Sus tropas estaban armadas con fusiles Springfield Mil 90, ametralladoras Benet Mercier Mil 90 y pistolas semiautomáticas Colt M9AT 211.

Tecnología militar de punta para 1916. Equipo que superaba por completo lo que el ejército constitucionalista podía oponer. Persing estableció su base principal de operaciones en colonia Dublán, Chihuahua. Desde ahí, sus columnas se adentraron cientos de kilómetros hacia el sur. Ocuparon pueblos, requisaron alimentos, interrogaron a pobladores, buscaron a villa en cada ranchería, en cada cañón.

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