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HECTOR ”MACHO“ CAMACHO: POR ESTO ACABARON CON SU VIDA Y 5 HOMBRES SIGUEN LIBRES

Y dos años después, el 13 de septiembre del 1980,  el macho Camacho hizo su debut profesional en el Madison Square Garden de Nueva York contra un boxeador llamado David Brown. La pelea duró un asalto y 18 segundos. El macho ganó por knockout  técnico y entre el público de aquella primera función profesional había una mujer puertorriqueña de 40 años sentada en la cuarta fila llorando en silencio mientras veía a su hijo levantar el primer cinturón  profesional de su carrera.

Era María Matías Pizarro, la madre que 17 años antes había salido de Bayamón con  una bolsa de plástico negra. Durante los siguientes 3 años, Héctor Luis Camacho ganó 18 peleas consecutivas,  todas por knockout, y en agosto del 1983, a los 21 años de edad,  se convirtió en campeón mundial del boxeo.

Pero esa misma noche,  en el camerino del Madison Square Garden, el campeón puertorriqueño tomó por primera vez algo que iba a destruirlo durante las siguientes tres décadas. Era el 7 de agosto del 1983,  Madison Square Garden de Nueva York. El macho Camacho enfrentaba al mexicano Rafael Bazuca Limón por el campeonato super  pluma del Consejo Mundial de Boxeo.

La pelea fue una guerra de 12 asaltos.  El macho lo derribó en el octavo, lo cortó en el décimo y le ganó por decisión dividida cuando la última campana sonó. A las 11:40 de la noche, Héctor Luis Camacho levantó su  primer cinturón mundial. María Matías lo abrazó dentro del cuadrilátero. Bobby Leles lloró delante de las cámaras y a la 1 de la madrugada,  ya solo en el camerino del Madison Square Garden, según contó él mismo años después, en una entrevista con HBO, el campeón puertorriqueño  aceptó por primera vez una raya de cocaína que

le ofreció un conocido del entorno. No era una decisión planeada, tampoco era una decisión informada,  era una raya, pequeña, discreta, servida en el dorso del marco de un espejo del baño.  El campeón mundial superpluma del Consejo Mundial de Boxeo se acercó al espejo, se inclinó. Número  contar. Número capa.

Aspiró por la fosa nasal derecha y se enderezó con los ojos cerrados. Esa noche durmió 3  horas. Y al día siguiente, en la conferencia de prensa post pelea del Madison Square Garden, ningún periodista pudo notar nada raro en el campeón. La sonrisa estaba ahí, las respuestas estaban ahí. El cinturón verde del Consejo Mundial estaba colgado del hombro derecho.

Lo único que había cambiado esa madrugada del 8 de agosto del 83 era que el muchacho de Spanish, Harlem, que había prometido a su madre no caer nunca en lo que vio  en los portales de la calle 118, había caído y nadie iba a saberlo durante los siguientes 8 años. Esa primera raya del Madison Square Garden, ofrecida en el dorso de un espejo del baño por un conocido del entorno, marcó el inicio de la  doble vida del macho Camacho.

una doble vida que iba a sostenerse en secreto absoluto  durante toda la década del 80, mientras el campeón puertorriqueño se convertía en el boxeador  más famoso del mundo hasta el día en que un policía de Nueva York lo detuvo en una autopista en 1991 con una bolsa de cocaína en el bolsillo del pantalón.

Entre el 1983 y el 1990, el macho Camacho se convirtió en uno de los tres boxeadores más famosos del planeta. Defendió el título  super pluma seis veces. subió a peso ligero en el 85  y le arrebató el cinturón al puertorriqueño Edwin Rosario por knockout en  el quinto asalto, en una pelea que sigue considerada hasta hoy una de las cinco mejores de la historia del boxeo puertorriqueño.

Subió a peso superligero en el 89 y se llevó el cinturón mundial de la Organización Mundial de Boxeo. Y para finales de la década del 80,  Héctor Luis Camacho Matíaz era el tercer boxeador mejor pagado del mundo después de Mike Tyson y Sugar Ray Leonard. Ingresaba más de 12 millones de dólares al año en bolsas profesionales, contratos con HBO y patrocinios con marcas como Everlast  y Nike.

Vivía en una mansión de seis habitaciones en Clifton, Nueva Jersey. Tenía tres carros de lujo en la entrada. Mantenía a su madre María Matías Pizarro  en un apartamento de tres recámaras frente a Central Park y debajo de toda esa fachada de éxito millonario, la doble vida del macho seguía creciendo.

Los conocidos del entorno pasaban de ofrecerle rayas pequeñas a llevarle bolsas completas a los hoteles donde se hospedaba antes de las peleas. La cocaína se mezclaba con el alcohol. El alcohol se mezclaba con las mujeres. Las mujeres se mezclaban con las peleas, con las giras, con los entrenamientos, con la prensa, con los patrocinios, con todo.

Para 1990, el macho Camacho ya gastaba más de medio millón de dólares al año solo en su consumo personal de cocaína y ninguna persona del entorno familiar lo sabía, hasta el primer arresto. El 14 de marzo del 1991, en una autopista del estado de Nueva Jersey, un policía detuvo el carro del macho Camacho por un control de velocidad rutinario.

El policía pidió la licencia de conducir. El campeón mundial la entregó y mientras el policía le hacía las preguntas de rigor, vio dentro del bolsillo derecho de la chaqueta del boxeador una bolsa transparente con polvo blanco adentro. La bolsa contenía 42 g de cocaína y esa detención de carretera dicha en silencio entre dos hombres en la cuneta de la autopista interestatal 95 fue el primer paso hacia la noche del barquita de Bayamón, 21 años después.

Era martes 20 de noviembre del 2012, 7:45 de la noche. Estacionamiento del bar Azuquita, en la carretera 167, a la altura del kilómetro 3 en el municipio de Bayamón, Puerto Rico. Un Ford Mustang convertible color rojo estaba estacionado en la zona lateral del bar desde las 7:16 de la noche. Según las cámaras de seguridad del establecimiento, el conductor del vehículo era Adrián Mojica Moreno, un puertorriqueño de 49 años, amigo de infancia del macho Camacho desde los años de Spanish Harlem en Nueva York.

El copiloto era Héctor Luis Camacho Matíaz, el campeón mundial, la leyenda del boxeo, el muchacho que había levantado tres títulos mundiales en tres divisiones distintas durante su carrera profesional de 30 años. Ese martes a las 7:45 de la noche, según el expediente oficial del Departamento de Justicia de Puerto Rico, una camioneta tipo Jeep color oscuro  se acercó por el lado del copiloto del Mustang.

Las ventanillas del Mustang estaban bajas. Los dos hombres conversaban dentro del coche. Desde la camioneta se efectuaron varios disparos. Una sola bala calibre 45  entró por el lado izquierdo de la mandíbula del macho camacho. La bala atravesó el rostro del campeón mundial. Fracturó las vértebras cervicales número cinco y número seis.

dañó la arteria carótida del lado derecho y se alojó en el hombro derecho del boxeador. El conductor del coche, Adrián Mojica Moreno, recibió otro disparo y murió en el acto. Cuando la policía llegó al estacionamiento del bar a Suquita, a las 7:52 de la noche encontró dos cuerpos dentro del Mustang, uno muerto, el otro con muerte cerebral inminente.

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