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Gloria Swanson: La Mujer que Lo Tuvo Todo y Terminó Siendo su Propio Fantasma

 No es una niña especialmente hermosa, según ella misma contaría más tarde. Es bajita, tiene rasgos marcados, una nariz que no encaja con los cánones de belleza de la época, pero tiene otra cosa. tiene unos ojos enormes, expresivos, capaces de decir más que 1000 palabras y tiene una voluntad de hierro escondida detrás de esa carita de niña.

 Esa voluntad sería a lo largo de su vida su mayor arma y también su mayor condena. La empujaría hasta lo más alto y la sostendría en lo más bajo. Le permitiría conquistar un mundo que no le pertenecía por nacimiento, pero también la llevaría a sacrificar cosas que jamás recuperaría. Porque cuando alguien desea algo con tanta fuerza, suele estar dispuesto a pagar cualquier precio.

 Y Gloria, sin saberlo todavía, iba a pagar precios altísimos. El destino se cruza con ella de la forma más casual, imaginable. Tiene unos 14 años. Está de visita con una tía en Chicago y van a conocer un estudio de cine, uno de esos lugares nuevos y ruidos donde se fabrican las películas mudas que están empezando a conquistar el mundo.

 Es una simple visita turística, una curiosidad. Pero mientras recorre el estudio, Gloria pregunta medio en broma. si podría aparecer en una escena solo como parte de la multitud, solo por diversión. Le dicen que sí, la llevan a un rincón del estudio entre cables, focos enormes y gente que corre de un lado a otro.

 Todo es ruido, calor, caos. Los actores se mueven con gestos exagerados frente a una cámara de madera que alguien hace girar con una manivela. No hay sonido, no hay diálogo, solo cuerpos, luz y sombra. Gloria se coloca donde le indican entre la multitud y por unos segundos forma parte de esa magia nueva que está naciendo.

 Cuando termina, algo dentro de ella no es lo mismo. Ha probado una droga de la que no querrá curarse jamás. La sensación de estar frente a una cámara, de existir dentro de esa luz y algo en ese instante hace click dentro de ella. Las luces, las cámaras, la sensación de ser mirada. Por primera vez, esta niña que ha pasado su vida mudándose de ciudad en ciudad, siente que ha llegado a algún lado, que pertenece a ese mundo de focos y de sombras.

 Le pagan unos pocos dólares por esa primera aparición, una cantidad ridícula, pero para gloria no es dinero, es una puerta que se abre. Lo que viene después es un ascenso lento, paso a paso. De extra anónima pasa a tener pequeños papeles. De pequeños papeles a personajes con nombre. Su madre la acompaña, la apoya, se convierte en su sombra y su sostén en ese mundo de adultos donde una adolescente podía perderse con facilidad.

 Gloria trabaja sin descanso, llega temprano, se va tarde, observa a los actores veteranos, aprende los trucos del oficio, no tiene una formación, no tiene contactos, no tiene una belleza clásica que le abra puertas, tiene solo una cosa, una determinación feroz de no volver nunca al anonimato del que viene. se queda, empieza como extra, una cara más entre la multitud.

 Después le dan pequeños papeles en comedias cortas le ofrecen un sueldo semanal modesto pero estable. Y Gloria toma una decisión que marcará el resto de su vida. Deja la escuela, abandona la educación tradicional para entregarse por completo a este mundo nuevo. K. Sí. Tiene 15 años. y ya sabe lo que quiere ser. No quiere ser una más.

 Quiere ser alguien que el mundo entero. Recuerde, es una ambición enorme para una adolescente que viene de la nada. En aquellos años el cine era todavía un mundo improvisado, casi sin reglas, donde nadie sabía muy bien qué tenía entre manos. Nadie imaginaba que aquellas películas mudas y baratas iban a convertirse en la industria más poderosa del entretenimiento mundial, ni que algunas de aquellas caras anónimas se transformarían en los primeros dioses modernos.

 Gloria sí lo intuía o al menos intuía que ese era su lugar. Lo que no sabe todavía es lo caro que va a costarle ese deseo. ¿Desde dónde nos estás viendo? Cuéntanos. en los comentarios nos encanta saber desde qué país nos siguen. En 1915, en una de esas comedias cortas, Gloria conoce a un actor corpulento mayor que ella, de presencia imponente.

 Se llama Wallace Bey. Es ya una figura conocida en el mundo del cine que empieza a nacer y se fija en esta jovencita de ojos enormes y ambición desbordante. Poco después, Gloria y su madre se mudan a California, a ese pueblo polvoriento llamado Hollywood, que se está convirtiendo a toda velocidad en la capital mundial del cine.

 Allí Gloria trabaja en comedias para uno de los grandes estudios de la época, haciendo reír al público junto a otros cómicos. Era el reino de la comedia física, de los golpes, de las persecuciones, de los pastelazos en la cara. Un cine rápido, popular, hecho para arrancar carcajadas a un público sencillo.

 Gloria buena en eso, pero lo odiaba en secreto. No había soñado con que el mundo se riera de ella. Había soñado con que el mundo la admirara. Cada vez que la cubrían de harina o la hacían caer en un charco para provocar risas, sentía que estaba traicionando algo, que ella estaba hecha para otra cosa, para la elegancia, para el drama, para la belleza, para ser mirada con deseo, no con burla.

 Así que empujó. Con esa terquedad suya que no entendía de obstáculos, presionó para salir de la comedia y entrar en el drama. en el romance, en las grandes historias de pasión, quería vestidos, no pastelazos. Quería lágrimas del público, no carcajadas. Y poco a poco, película tras película, fue imponiendo su voluntad hasta que alguien con el poder suficiente se fijó por fin en ella y comprendió de qué estaba hecha realmente esa muchacha de ojos enormes.

 Pero Gloria no quiere hacer reír, quiere hacer soñar, quiere ser una gran dama de la pantalla, no la chica graciosa de las comedias. Y en 1916, con apenas 17 años, da dos pasos enormes. Uno hacia sueño profesional y otro, sin saberlo, hacia su primera gran herida. se casa con Wallis Bey, lo que para el público es la unión de dos jóvenes estrellas del cine en privado se convierte muy rápido en una pesadilla.

Según lo que la propia Gloria contaría décadas más tarde en sus memorias, el hombre encantador del que se había enamorado se transformó casi de inmediato. La primera noche de casados, el hombre tierno desapareció y dejó en su lugar a alguien brusco, frío, que no tenía en cuenta sus sentimientos. Gloria tenía 17 años.

 Estaba sola, lejos de todo, casada con un hombre que la asustaba. Y entonces vino lo peor. Gloria quedó embarazada. Estaba feliz, ilusionada con la idea de ser madre, pero según el relato que ella misma dejó escrito, ese embarazo terminó de la manera más cruel y deliberada posible por culpa del propio Beery, que no quería ataduras.

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