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Le dijo a Juan Gabriel: “No Puedes Pagar este Disco Autografiado” —Pero la Firma era del Propio Juan

Le dijo a Juan Gabriel: “No Puedes Pagar este Disco Autografiado” —Pero la Firma era del Propio Juan

El dueño de la tienda de discos miró al hombre de lentes oscuros y le dijo con desprecio que jamás podría pagar por ese álbum autografiado de Juan Gabriel que costaba 8,000 pes. Lo que don Esteban Ramírez no sabía era que la firma en ese disco había sido escrita por la misma mano del hombre que tenía enfrente.

Era septiembre de 1928 en la colonia Condesa y Juan Gabriel había entrado a discos clásicos Ramírez buscando refugio de la lluvia que acababa de empezar. vestía ropa sencilla completamente empapada y lentes oscuros que se habían salpicado de gotas. Don Esteban, de 75 años, estaba organizando una caja de discos nuevos cuando escuchó entrar a alguien, pero no levantó la vista inmediatamente.

Cuando finalmente miró, solo vio una silueta borrosa y mojada, porque había olvidado sus lentes de lectura en el baño de su casa esa mañana. Su vista sin ellos era prácticamente inútil y su audición tampoco ayudaba después de 40 años rodeado de música a volumen alto, [música] la tienda olía a papel viejo y polvo acumulado en décadas.

Don Esteban había pasado toda su vida adulta entre esas cuatro paredes comprando y vendiendo discos de vinilo, cuando el mundo entero decía que los vinilos iban a morir. Pero él nunca perdió la fe. Ahora en 1998, su pequeña tienda era un santuario para coleccionistas que buscaban joyas imposibles de encontrar en otro lugar.

Tenía álbum originales firmados por leyendas muertas, primeras ediciones que valían fortunas, piezas que los museos le habían ofrecido comprar. Don Esteban cobraba precios altísimos, no solo por necesidad, sino por orgullo. Quería que su tienda fuera vista como exclusiva, como un lugar donde solo entraban los que realmente entendían el valor de la música.

[música] Miraba con desdén a los turistas y curiosos que entraban solo para mirar sin intención de comprar. Para él, la música no era entretenimiento barato, sino arte que merecía respeto y dinero. Juan Gabriel no había salido de su casa esa tarde con intención de ir a ninguna tienda. Había salido de las lomas solo para manejar sin rumbo, tratando de aclarar su mente después de una discusión con su manager sobre fechas de conciertos.

Los lentes oscuros eran tanto por el sol como para no ser reconocido en cada semáforo. La lluvia lo sorprendió en la condesa y entró corriendo a la primera tienda que vio para no empaparse más. Solo cuando estuvo adentro sacudiéndose el agua de la ropa, se dio cuenta de que era una tienda de discos.

Ya que estaba ahí, decidió aprovechar para mirar un poco. Hacía años que no entraba a un lugar así, a una tienda antigua donde la música todavía existía, como objeto físico que se podía tocar y sostener. Vio portadas de artistas con los que había compartido escenarios, canciones que había escuchado mil veces, épocas de la música mexicana que había ayudado a definir.

La nostalgia lo invadió y empezó a caminar entre los pasillos con curiosidad genuina, olvidándose completamente de la lluvia afuera. Don Esteban finalmente dejó su caja de discos y caminó hacia el cliente que estaba dejando gotas de agua en su piso. Se acercó entornando los ojos tratando de enfocar, pero solo veía una mancha borrosa de ropa mojada y lentes oscuros.

Disculpe, está mojando el piso. Dijo con tono molesto. Si solo entró por la lluvia, hay una cafetería en la esquina. Juan Gabriel volteó sorprendido por la brusquedad. No, señor. Vine a ver discos. Me gustan las tiendas como esta. Sharing. Su voz salió amable y sin pretensiones. Don Esteban frunció el ceño.

La voz sonaba extrañamente familiar, pero no lograba ubicarla. Su audición deteriorada distorsionaba los sonidos haciendo que todo sonara igual. “¿Busca algo específico?”, preguntó don Esteban sin mucho interés. “O solo está mirando.” El tono dejaba claro que esperaba lo segundo. Juan Gabriel sonrió detrás de sus lentes oscuros.

Estaba acostumbrado a todo tipo de trato, pero esto era nuevo. Ser tratado como un cliente molesto en lugar de una celebridad. “Estoy buscando discos de Juan Gabriel”, dijo con voz tranquila. Los primeros álbumes, sí los tiene. Don Esteban resopló. Juan Gabriel, claro que tengo, pero son piezas de colección muy costosas, no son para cualquiera.

Caminó hacia una vitrina especial en la esquina de la tienda, donde guardaba sus tesoros más valiosos. Abrió el candado y sacó un álbum con cuidado, casi religioso. El alma joven de 1971, primera edición firmada por el mismo Juan Gabriel. vale 8,000 pes. Puso el disco sobre el mostrador y se cruzó de brazos esperando que el hombre se asustara con el precio.

Juan Gabriel se acercó y miró el álbum. Era realmente de 1971. Recordaba ese día en Guadalajara cuando lo firmó después de un show pequeño en un teatro que ya ni existía. ¿Puedo verlo más de cerca?, preguntó don Esteban. Dudó. Puede verlo, pero no lo toque mucho. Es extremadamente valioso. Juan Gabriel tomó el álbum con cuidado y lo acercó a sus ojos tratando de ver a través de los lentes oscuros mojados.

Ahí estaba su firma de hace 27 años. Escrita con tinta azul en la esquina inferior derecha de la portada. recordaba perfectamente ese momento. Un chico de unos 15 años había esperado 3 horas después del show para pedirle un autógrafo. Algún día esto va a valer mucho dinero le había dicho Juan Gabriel bromeando.

El chico se había reído sin creerle. Ahora ese disco estaba valuado en 8000 pesos. Juan Gabriel pasó sus dedos suavemente sobre la firma, sintiendo una mezcla extraña de orgullo y melancolía. [música] Don Esteban observaba nervioso cada movimiento. “Tenga cuidado, por favor”, dijo con voz tensa. “Esa pieza es única. Es una de las pocas primeras ediciones firmadas que existen en buen estado.

Juan Gabriel asintió sin dejar de mirar el disco. Es hermoso dijo simplemente. Don Esteban interpretó el silencio de Juan Gabriel como una señal de que el precio lo había asustado. “Mire, señor”, dijo con tono condescendiente. “Entiendo que quizás esperaba algo más económico. Tengo otros discos de Juan Gabriel sin firma que cuestan 150 o 200 pes.

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