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FEM1NIC1D10, 5 HOM1C1D10S Y HUACHICOL: ASÍ CAYÓ “EL V1RUS” LEJOS DE SU TERRITORIO

FEM1NIC1D10, 5 HOM1C1D10S Y HUACHICOL: ASÍ CAYÓ “EL V1RUS” LEJOS DE SU TERRITORIO

Última hora. Cayó el virus y no cayó en la Ciudad de México donde mataba. cayó escondido a más de 100 km de su territorio en un balneario de Hidalgo con dosis de droga en las manos y la mirada de quien ya sabía que se le había acabado el tiempo. 31 años, un feminicidio, al menos cinco homicidios, tiroteos a plena luz del día en una de las alcaldías más pobladas de la capital del país.

Eso es lo que cargaba sobre los hombros Alberto N cuando agentes lo rodearon dentro de un centro recreativo sobre la carretera Tulancingo Metepec. Y tú que vives en una colonia que crees tranquila, que sales a comprar pan, que dejas a tus hijos en la escuela sin pensarlo dos veces, necesitas escuchar esta historia completa.

Porque el hombre que cayó esta semana no era un don, nadie, era un objetivo prioritario. Y lo que hizo para ganarse ese título es justo lo que los noticieros no te van a contar con calma. Vamos por partes. Jueves 18 de junio de 2026. La operación se anuncia el viernes 19. El lugar, un centro recreativo, un balneario sobre la carretera Tulancingo Metepec en la comunidad de Santa Ana Hueitalpán, municipio de Tulancingo de Bravo, en el estado de Hidalgo.

Ahí estaba él, refugiado lejos de la Ciudad de México, lejos de Azcapotzalco, la alcaldía donde según las autoridades dejó un reguero de cuerpos en apenas unos meses. Alberto N, de 31 años, alias el virus, señalado como uno de los principales generadores de violencia en la zona poniente de la capital, presunto líder de una célula delictiva y desde hacía meses uno de los nombres en la lista de objetivos prioritarios de la Fiscalía capitalina.

No lo agarró un policía de a pie por casualidad. No fue un retén afortunado, fue una cacería. Una cacería que llevaba meses construyéndose en silencio. Y aquí es donde tengo que detenerte, porque la versión rápida, la que vas a ver en 30 segundos en la pantalla de tu sala, te va a decir simplemente, “Detienen a presunto líder criminal en Hidalgo.

Pasan al clima. Pasan al fútbol. Eso es lo que los noticieros te dijeron. Lo que no te dijeron es como un hombre buscado por un feminicidio y cinco homicidios logró moverse de un estado a otro, esconderse en un balneario y seguir libre durante meses mientras los muertos se acumulaban en las calles de Azcapotzalco.

Lo que no te dijeron es que este hombre ya había sido detenido antes. No una vez, dos veces. Y las dos veces volvió a la calle. Ojo a esto porque es la parte que duele. Vamos a regresar el tiempo. Para entender quién es el virus, hay que entender el terreno donde se hizo. Azcapotzalco, una alcaldía del norponiente de la Ciudad de México.

Calles cerradas, mercados, bodegas, talleres, gasolineras. Una zona de trabajo de gente que madruga y debajo de esa rutina una guerra silenciosa por el control del narcomenúdeo, del cobro de piso, del huachicol, la venta de la droga al menudeo en las esquinas, la extorsión a los comercios, el robo de combustible, porque eso es lo que casi nadie entiende de Azcapotzalco.

No es la imagen de violencia que pintan de otras zonas del país. No hay narcobloqueos cada semana. No hay convoyes de camionetas con torretas pasando por la avenida principal. La violencia aquí es otra. Es quirúrgica. Es la ejecución a media tarde frente a una tortillería. Es el comerciante que un día deja de abrir su local porque le pidieron una cuota.

Es la moto que se detiene a un costado de un auto en el alto, dispara cuatro veces y desaparece entre las calles cerradas antes de que llegue la primera patrulla. Esa es la guerra real, la que no se ve en una sola toma espectacular. sino en el goteo de cuerpos que la ciudad ya casi normalizó.

En ese tablero apareció una célula que se hizo de un nombre que ya conoces si sigues este canal, Los malportados. Espera, porque aquí hay que tener cuidado y yo no te voy a mentir como otros. A el virus lo han querido pintar de muchas formas. Algunos lo presentan como un simple exintegrante de los malportados, pero la versión que sostienen la mayoría de los reportes serios es otra.

Y es más interesante, el virus no era un soldado raso de ese grupo. Era el líder de su propia célula, una célula que en algún momento fue aliada de los malportados y que después rompió con ellos. Y cuando dos aliados rompen en el mundo del crimen organizado, no se mandan una carta de despedida, se matan. Esa ruptura, según las investigaciones, desató una disputa por el territorio, una disputa por Azcapotzalco y las disputas por territorio se pagan con cuerpos.

Ahora, ¿quiénes son los malados? Porque sin ellos no se entiende nada. Los malportados son una célula delictiva que opera en el norte de la Ciudad de México y zonas conurbadas, Azcapotzalco, Miguel Hidalgo, Istapalapa, Tlahuac y con presencia que se extiende al Estado de México, Morelos y Guerrero. Su catálogo de delitos es el catálogo completo del horror urbano, narcomenudeo, extorsión, secuestro, homicidio, feminicidio, robo de carga, robo con violencia.

Su líder histórico fue Gustavo Aldeir Arzate Vázquez, conocido como el malportado o simplemente el 19. Un nombre que cayó en agosto de 2025, capturado nada menos que en Acapulco, a cientos de kilómetros de su territorio. Fíjate en el patrón porque se va a repetir. El jefe que controla la Ciudad de México no cae en la Ciudad de México.

Cae lejos escondido en otro estado, creyendo que la distancia es un escudo. El virus en Hidalgo, la misma película, distinto final del mismo carrete. Y cuando un líder cae, el grupo no desaparece. Se fragmenta, se parte en pedazos y cada pedazo empieza a pelear contra los otros pedazos. La caída del 19 no trajo paz a Azcapotzalco, trajo guerra, porque de pronto el trono quedó vacío y todos los que estaban abajo levantaron la mano para sentarse en él.

Sobre el origen exacto de los malportados, te voy a ser honesto otra vez. Hay versiones encontradas. Algunos reportes los vinculan con el cártel Nuevo Imperio, otros lo relacionan con el cártel de Sinaloa. Incluso hay quien colocó a el virus directamente como presunto líder del cártel Nuevo Imperio. No voy a resolver por ti lo que las propias autoridades no han cerrado, pero quédate con esto.

Ya sea Nuevo Imperio o Sinaloa, hablamos de estructuras grandes, de cárteles que usan estas células [música] locales como brazos armados en la ciudad. Y el virus era uno de esos brazos. Pero espera, porque la historia de este hombre no empieza en 2025, empieza mucho antes, noviembre de 2019. Un nombre Gregorio Espinoza Vázquez, alias el Cachetes, un homicidio.

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