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“LA REACCIÓN DE IRÁN HACIA MÉXICO QUE ESTÁ CONMOVIENDO AL MUNDO ENTERO”

 

Eres futbolista, eres profesional, has entrenado toda tu vida para un solo momento, jugar un mundial. Y cuando por fin llega ese día, el país que organiza el torneo te dice que no eres bienvenido, que no puedes quedarte a dormir en su territorio, que tu presidente de federación no puede entrar, que 14 miembros de tu equipo técnico, médicos, preparadores, entrenadores, la gente que te ayuda a competir, se les niega la visa.

 que cada vez que juegas un partido tienes que entrar al país por la mañana y salir ese mismo día como si fueras un fantasma, como si tu presencia contaminara la tierra que pisas. Eso le pasó a la selección de Irán en el Mundial 2026. Pero esta historia no trata sobre el rechazo. Esta historia trata sobre lo que pasó cuando un avión iraní aterrizó en una ciudad fronteriza mexicana llamada Tijuana.

 sobre lo que hicieron los mexicanos sin que nadie se los pidiera. Sobre un niño de 10 años llamado Fausto, que se aferró a una reja con su álbum de estampas Panini sobre un joven trabajador de pizzería que esperó horas bajo el sol nada más para obtener un autógrafo sobre una mujer de 40 años que gritó con toda su alma, “que sientan todo nuestro cariño, todo nuestro amor.

” Y sobre una frase que hoy millones de iraníes en Terán, en Isfahán, en Shiraz, en Tabríz, repiten en un idioma que jamás habían estudiado. Irán, hermano, ya eres mexicano, quédate hasta el final porque lo que vas a escuchar no es un cuento de hadas, es real. Sucedió. Y para cuando termine esta historia vas a entender por qué medio mundo dice que México tiene el corazón más grande del planeta.

 Antes de llegar a México, necesito que entiendas algo fundamental. Necesito que borres de tu mente todo lo que crees saber sobre Irán. Todo. Las noticias, los titulares, las palabras que los medios repiten una y otra vez. nuclear, terrorismo, amenaza, régimen. Borra todo eso porque lo que te voy a mostrar no es un país, es un pueblo, un pueblo de personas.

Irán es una civilización con más de 5000 años de historia. 5000. Cuando los persas ya construían imperios, escribían poesía y desarrollaban sistemas de riego, la mayoría de las capitales europeas ni siquiera existían. La ciudad de Persépolis, construida hace 2500 años, tenía inscripciones que proclamaban los derechos de los pueblos conquistados.

 El cilindro de Ciro el Grande, escrito en el año 539 anes de Cristo, es considerado por muchos como la primera declaración de derechos humanos de la historia. Persia le dio al mundo la poesía de Rumi, de Jafés, de Omar Kayam, le dio el álgebra. La propia palabra álgebra viene del matemático persa a al Juarismi.

 Le dio el ajedrez, le dio el jardín. La palabra paraíso proviene del persa antiguo pairidaesa, que significa jardín amurallado. Le dio los tulipanes, el azafrán, las alfombras más exquisitas jamás tejidas por manos humanas. Pero hoy cuando el mundo escucha Irán no piensa en poesía, no piensa en jardines, no piensa en familias sentadas alrededor de una mesa compartiendo tadig, ese arroz crujiente con papa dorada que es para cualquier iraní el sabor de la casa, el sabor de la madre, el sabor de la infancia.

 El mundo piensa en lo que la televisión le dice que piense y eso, amigos, es una tragedia silenciosa, porque los iraníes son ante todo gente de familia. La familia en Irán no es una institución, es el centro del universo. En Persa hay una expresión hanevade hamachi ast. Significa la familia es todo. No es una metáfora, es una forma de vivir.

 Los abuelos viven con los hijos, los hijos cuidan a los padres. Las reuniones familiares no se planean, simplemente suceden todos los viernes sin falta, con ollas enormes de gorme absí y tazas interminables de té. ¿Te suena familiar? Si eres mexicano, debería, porque acabas de describir un domingo en cualquier casa de Guadalajara, de Oaxaca, de Puebla, de Tijuana.

 Pero hay algo más que conecta a estos dos pueblos y es algo que pocos se atreven a decir en voz alta, la herida. Irán y México son dos naciones que el mundo ha etiquetado injustamente. México carga con el estereotipo de narcos criminales. Irán carga con el de terroristas. y extremistas. Y ambos pueblos saben en lo más profundo de su ser, que esas etiquetas no los definen, que detrás de cada titular sensacionalista hay un padre que trabaja 12 horas al día para que su hijo estudie.

 Hay una madre que cocina con amor lo poco que tiene. Hay un joven que sueña con ver a su selección en un mundial. Y es justo aquí donde empieza nuestra historia. Porque en febrero del año 2026 el mundo de esos jóvenes iraníes se derrumbó. El 28 de febrero, Estados Unidos e Israel lanzaron un ataque conjunto contra Irán. Casi 900 bombardeos en 12 horas.

 Bases militares destruidas, defensas aéreas eliminadas. El líder supremo de Irán, el Ayatolá Jamenei, murió en los ataques. El país entró en caos. Las comunicaciones se cortaron, las familias pasaron días sin saber si sus seres queridos estaban vivos y en medio de todo eso, el mundial seguía en pie. La Copa del Mundo 2026, organizada conjuntamente por Estados Unidos, México y Canadá, estaba programada para junio y a la selección de Irán, a Tim, como la llaman con cariño, le tocaba jugar en suelo estadounidense, en el país que

estaba en guerra contra ellos. Déjalo que se asiente un momento porque lo que estás escuchando no tiene precedente. En casi 100 años de historia del mundial, desde 1930, jamás un país anfitrión había recibido a un equipo de una nación con la que estaba en guerra. Nunca. Ni en el mundial del 38 con el fascismo europeo, ni en el del 78 en Argentina, nunca hasta ahora.

 Los problemas empezaron mucho antes del primer partido. El plan original era simple. Irán establecería su campamento base en Tucon, Arizona, en un complejo deportivo profesional llamado Kino Sports Complex. Ahí entrenarían, descansarían y se prepararían entre partido y partido. Es lo que hacen todas las elecciones en un mundial.

 Pero después de los bombardeos de febrero, todo cambió. El gobierno de Donald Trump dejó claro que no quería al equipo iraní pisando suelo estadounidense más de lo estrictamente necesario. Trump llegó a decir, y cito textualmente, “He stated explicitly that he cannot ensure the security of the Iranian national team.” Afirmó explícitamente que no puede garantizar la seguridad de la selección iraní.

Eso suena casi protector, ¿verdad? Como si estuviera preocupado por ellos. Pero la realidad era otra. Estados Unidos simplemente no los quería ahí. Las visas se convirtieron en un campo de batalla. La selección iraní pasó semanas en un campamento de entrenamiento en Turquía esperando, esperando que les aprobaran las visas, esperando que alguien les dijera si podían o no ir al torneo al que se habían clasificado legítimamente.

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