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🚨Sheinbaum LOGRA 320 votos contra Alito Moreno: APROBADO DESAFUERO del lider del PRI

bien en el número, 320 votos. Porque ese número no es casual, ese número es un mensaje. Es el Senado de la República diciéndole a Alito Moreno y a todos los que son como Alito Moreno que la época de la impunidad tiene los días contados en este país. Pero eso no es todo, porque resulta que para llegar hasta aquí, para que este día llegara, México tuvo que atravesar años de intentos fallidos, de procesos congelados, de dilaciones inexplicables, de negociaciones oscuras que en su momento protegieron a este hombre. Y eso también

lo vamos a contar hoy, porque la historia completa de cómo Alito Moreno logró esquivar la justicia durante tanto tiempo es en sí misma un escándalo que ustedes necesitan conocer. Y aquí es donde se pone grave, porque la Fiscalía de Campeche no llegó con acusaciones inventadas, llegó con expedientes, llegó con nombres, llegó con prestanombres que ya colaboraron con las autoridades, que ya dijeron bajo qué condiciones participaron en el esquema.

Llegó con más de 83 millones de pesos de recursos federales, dinero destinado a la seguridad pública del Estado, que según las investigaciones, no llegó a donde tenía que llegar. Dinero del pueblo. Dinero que se esfumó mientras Alito gobernaba Campeche entre 2015 y 2019. Y hoy, finalmente, el Senado dijo que ese hombre tiene que responder ante la justicia ordinaria como cualquier ciudadano mexicano.

¿Ustedes creen que esto es coincidencia? ¿Creen que el hecho de que Alito Moreno haya sobrevivido tanto tiempo con el fuero intacto no tiene explicación? Porque hay algo que me parece fundamental contarles antes de entrar a los detalles de la votación de hoy, algo que explica por qué este momento tardó tanto en llegar. En 2022, cuando Alito todavía era diputado federal, ya existía una primera solicitud de desafuero en su contra y esa solicitud murió, quedó congelada.

¿Por qué? Según lo que está documentado y ha salido a la luz en distintos medios, en aquel entonces el PRI respaldó una reforma que a Morena le urgía aprobar, la que extendía la presencia de las fuerzas armadas en tareas de seguridad pública hasta 2028. El PRI votó a favor y la solicitud de desafuero misteriosamente se archivó.

Así de simple, así de burdo. Un intercambio político que le costó a México años de impunidad. ¿Por qué justo ahora sale esto a la luz con toda su fuerza? ¿Por qué el proceso que se había vuelto a activar en julio de 2025, que llevaba meses siendo aplazado, que estuvo pausado por la reforma electoral, que sobrevivió el receso de Semana Santa? De pronto llega a este punto histórico? ¿Quién está detrás de que esto se resuelva precisamente hoy? Y déjenme presentarles a los personajes que orbitan este escándalo, porque Alito

Moreno no actúa solo, nunca lo ha hecho. Está Laida Sansores, gobernadora de Campeche, quien desde su administración impulsó y respaldó el proceso legal que hoy culmina. Una mujer que no se quedó callada cuando otros preferían mirar hacia otro lado. Están los dos exfuncionarios campechanos que ya fueron detenidos, acusados de peculado relacionado con el mismo esquema de desvíos.

personas que según las investigaciones participaron en la simulación de servicios, en el mecanismo por el que ese dinero salía del presupuesto oficial para no regresar jamás. Y están los prestanombres, dos personas que según los expedientes recibieron apenas 4000 pesos cada una a cambio de prestar sus documentos de identidad para que el esquema funcionara. 4000.

Eso es lo que valió la complicidad en un fraude de decenas de millones. ¿Alguien se pregunta quién se quedó con la diferencia? Hay algo más que todavía no les he contado. Algo sobre cómo Alito Moreno reaccionó cada vez que el proceso avanzaba. Algo sobre las palabras que usó para defenderse, sobre los argumentos que construyó frente a audiencias en el extranjero.

Sobre cómo intentó convertir su proceso legal en una narrativa de víctima política. Y eso importa porque para entender la magnitud de lo que pasó hoy en el Senado, hay que entender el tamaño del personaje que acaba de perder su escudo. Alejandro Moreno Cárdenas llegó a la gubernatura de Campeche en 2015.

Para quienes no lo recuerdan en ese contexto, era el PRI todavía en uno de sus últimos bastiones de poder real. El partido que había gobernado México durante décadas seguía controlando estados, seguía manejando presupuestos, seguía operando con la lógica de siempre, el dinero público como recurso político, como herramienta de control, como botín a repartir entre los de confianza y Campeche no fue la excepción.

Según la Fiscalía Anticorrupción del Estado, durante su gestión como gobernador se habrían desviado más de 83.5 los 5 millones de pesos de recursos federales que estaban destinados específicamente a la Secretaría de Seguridad Pública, dinero para seguridad. Dinero que en teoría tendría que haber servido para proteger a las familias campechanas, para equipar corporaciones policiales, para garantizar que la gente de ese estado viviera con menos miedo.

Ese dinero, según las acusaciones formales, no llegó a ese destino. ¿Cómo operaba el esquema? Las investigaciones describen la creación de contratos con prestanombres, personas comunes que prestaron sus documentos a cambio de cantidades ridículas de dinero, sin saber muchas veces el alcance real de lo que estaban firmando.

Servicios que se facturaron, pero que nunca se prestaron. Obras que aparecen en papel pero que no existen en la realidad. Las autoridades sostienen que no hay respaldo documental de esos servicios. Los propios involucrados, quienes aceptaron colaborar con la fiscalía a cambio de beneficios legales, afirmaron no reconocer las facturas ni los supuestos trabajos realizados bajo sus nombres.

Así funcionaba la maquinaria, así se movía el dinero y Alito Moreno era el gobernador, el responsable máximo, el que firmaba, el que autorizaba, el que, según la fiscalía, tenía que saber exactamente a dónde iban esos recursos. Pero cuando el proceso comenzó a apretarse, cuando las denuncias formales llegaron a la Cámara de Diputados, cuando el nombre de Alito Moreno empezó a aparecer en expedientes oficiales, algo curioso pasó.

El hombre que durante años había hablado con la arrogancia característica de los intocables del PRI, ese mismo hombre comenzó a construir una narrativa de persecución. Es un distractor del narcogobierno de Morena. llegó a decir, utilizó esa palabra, esa palabra que está prohibida, esa acusación gravísima frente a audiencias internacionales, frente a gobiernos extranjeros, frente a cualquier micrófono que le pusieran enfrente.

Llamó a Claudia Shainbound con epítetos que no vale la pena repetir aquí. Se presentó a sí mismo como víctima de un régimen autoritario, como un demócrata perseguido, como alguien a quien simplemente le molestaba al gobierno en turno. Eso sí que es cínico porque mientras Alito daba discursos sobre democracia, los expedientes seguían creciendo.

Mientras él hablaba de persecución política, los exfuncionarios de su propio gobierno ya estaban detenidos. Mientras él viajaba y daba entrevistas, dos personas que apenas recibieron 4000 pesos por prestar su nombre estaban enfrentando las consecuencias de haber participado en su esquema. ¿A quién le creemos? Detengámonos un momento aquí porque quiero que dimensionen algo.

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