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RENÉ HIGUITA : Salió A La Luz

La verdad salió a la luz un portero que salía hasta el medio campo, que hacía chilenas en su propia área, que regaba delanteros como si fuera Maradona y un hombre sentado en una celda de la catedral, la cárcel más famosa de Colombia. Rodeado de sicarios, narcotraficantes y asesinos. 7 meses encerrado. Su carrera destruida.

Su nombre asociado para siempre con Pablo Escobar. Lo que nadie te contó es por qué el portero más revolucionario de la historia terminó siendo intermediario entre el narco más poderoso del mundo y el gobierno colombiano. Su nombre era José René y Guita Zapata, el loco, el escorpión y lo que hizo esa tarde en Wembley. Una jugada imposible que desafió todas las leyes del fútbol.

No fue lo más peligroso que hizo en su vida. Ni siquiera estuvo cerca. En los próximos 120 minutos vas a conocer cuatro cosas que nunca te contaron. Primera, la conexión real entre Iguita y Pablo Escobar. No rumores, no especulaciones, los hechos, los nombres, las fechas, los documentos que prueban que Iguita fue mucho más que un futbolista ingenuo.

Segunda, ¿por qué un portero decidió revolucionar su posición cuando hacerlo podía costarle la carrera? el momento exacto donde eligió ser diferente, sabiendo que Colombia no perdonaba a los diferentes. Tercera, lo que pasó realmente en la catedral, las conversaciones con Escobar, las amenazas de muerte, las decisiones que tuvo que tomar para salir vivo, lo que sus compañeros de Zelda contaron años después.

Y la cuarta, ¿por qué Iguita Iita sigue defendiendo lo que hizo? ¿Qué hay detrás de esa actitud desafiante que nunca se doblegó? El principio que explica toda su vida. Te voy a avisar cuando llegue cada una. Si te vas antes del final, te pierdes lo más importante. La respuesta a por qué un hombre arriesgó todo por ser libre cuando la libertad en Colombia de los 80 podía matarte.

1966, Medellín, Colombia. Un barrio que no aparecía en los mapas. Casas de ladrillo sin terminar, calles de tierra, agua que llegaba dos veces por semana. Allí nació René y Guita, el sexto de siete hermanos. Su padre, René y Guita Cuesta, trabajaba como celador nocturno, 12 horas vigilando edificios en el centro de Medellín.

Ganaba lo justo para el arroz y los frijoles, nada más. Los domingos su padre jugaba fútbol en Ligas Amateur. No era portero, era delantero. Le gustaba atacar, gambetear, hacer goles. Y Guita con 4 años, 5 años lo veía jugar y cuando terminaba el partido, su padre le pasaba el balón. “Juega”, le decía.

Y el niño jugaba, pero no como portero, como delantero, como su padre. Y Guita tenía 8 años cuando llegó por primera vez a una prueba en un equipo de barrio. Los entrenadores le preguntaron, “¿Qué posición juegas?” Delantero. “Ya tenemos delanteros. ¿Puedes ir al arco?” Y Guita miró al arco. Una portería desvencijada, dos postes de metal oxidado, ninguna red.

Bueno, entró al arco. Pero hay algo que tienes que entender, algo que marcó toda su carrera. Y Guita nunca quiso ser portero. Lo obligaron a hacerlo y decidió ser portero a su manera. Con 8, 9, 10 años, Jigita ya hacía cosas que ningún portero hacía. Salía del área, regateaba atacantes, les hacía caños, se iba hasta el medio campo si había que ir.

Los entrenadores lo regañaban. Quédate en el arco. ¿Por qué? Porque eres portero. Pero puedo ayudar más afuera. A los 11 años, en un partido de barrio, Higuita salió del área, regateó a tres jugadores, llegó hasta el área rival y metió gol. Su entrenador lo sacó del partido. ¿Estás loco? Los porteros no hacen eso.

¿Por qué no? El entrenador no supo que responder. Esa pregunta por qué no. Jigita la haría toda su vida. ¿Por qué no salir del área? ¿Por qué no regatear? ¿Por qué no hacer una chilena si puedo hacerla? ¿Por qué no en Colombia, en los 70, en los 80? Hacer preguntas era peligroso, ser diferente era peligroso. Desafiar las reglas era peligroso.

Pero Iguita nunca aprendió a tener miedo. Medellín en los 70 y 80 no era solo una ciudad, era un campo de batalla. Pablo Escobar estaba construyendo su imperio. El cartel de Medellín controlaba el 80% de la cocaína que entraba a Estados Unidos. dinero, poder, violencia. Los barrios donde creció y guita estaban en medio de todo eso.

Sicarios que no llegaban a los 20 años, niños que preferían morir jóvenes y ricos que viejos y pobres. Plata o plomo, decían, dinero o muerte. No había tercera opción. Igita vio morir a amigos, a vecinos, a compañeros de escuela, algunos por estar en el lugar equivocado, otros por decir no cuando tenían que decir sí.

En Medellín aprendías rápido dijo Iguita Iita años después en una entrevista. O te adaptabas o te morías. No había de otra. Ares, pero hay algo que nadie te cuenta sobre crecer en medio de la guerra. Aprendes que las reglas no importan porque las reglas no te protegen, porque las reglas las hacen personas que no viven donde tú vives.

Y Guita entendió eso a los 12 años y decidió que si las reglas no importaban en la vida, tampoco importarían en el fútbol. A los 13 años, Higuita llegó a las inferiores de Atlético Nacional. Su primer entrenador lo vio entrenar y llamó al director deportivo. Tenemos un problema. ¿Qué problema? El portero nuevo no se queda en el arco.

Sale, gambetea, casi mete gol en un entrenamiento. Es bueno. Es el mejor portero que he visto en mi vida. Pero está loco. Loco cómo loco loco. Hace cosas que ningún portero debería hacer y le salen bien. El director deportivo bajó a ver y Guita tenía 13 años, medía 1,65, pesaba 50 kg. Parecía un niño jugando entre hombres, pero hacía cosas que ningún hombre hacía.

En un entrenamiento, un delantero de 20 años, profesional arrancó solo contra él. Uno contra uno, gol cantado. Y Guita no se quedó en el arco esperando. Salió corriendo fuera del área, le robó el balón limpito se lo llevó regateando. El delantero se quedó parado sin entender qué había pasado. Los entrenadores se miraron entre ellos. ¿Viste eso? Lo vi.

Pero no me lo creo. Igita se quedó en Nacional, pero con una advertencia. Si sigues haciendo esas locuras, te vas. Entiendo, dijo Iguita. No entendió nada o entendió perfectamente. Dependía de cómo lo miraras. A los 16 años, Higita debutó en el primer equipo de Atlético Nacional, 1982, un partido contra Millonarios en Bogotá.

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