Posted in

Miroslava Stern: Eligió Dejar Todo por un Hombre… que Jamás la Mereció

Eso entra al cuerpo de una manera que no tiene cura completa. Se instala en algún lugar donde la razón no llega bien. La liberación llega por las conexiones del Padre, por dinero que todavía queda, por la posibilidad de sobornar a quien haya que sobornar para salir. Y después empieza la huida, norte primero, Escandinavia, Finlandia, Suecia.

No son destinos, son escalas mientras se consiguen documentos, visas, algo que convenza a algún país de recibirlos. México dice que sí, o más exactamente, México no dice que no, que es la forma más común en que los refugiados judíos europeos entraron a ese país en esa época. La política migratoria mexicana de los años 40 no es generosa con los judíos.

Los investigadores calculan que apenas unos pocos miles pudieron entrar al país en todo el periodo de la guerra. Frente a decenas de miles que solicitaban refugio, los que entraron lo hicieron sorteando papeles, cupos, funcionarios que a veces aceptaban sobornos y a veces simplemente rechazaban sin explicación. La familia Stern entra en Barco en 1941.

llegan al puerto de Mazatlán, Sinaloa. La ruta completa desde Praga hasta la costa del Pacífico Mexicano. Incluye el campo, los países escandinavos, el Atlántico, quizás escalas en otros puertos. No es un viaje, es una fuga. Emiroslava tiene 15 años, habla checo, algo de alemán, porque Praga era una ciudad de dos idiomas que convivían incómodamente. Habla muy poco español.

El mundo que la rodea en el puerto habla un idioma que no domina, tiene una historia que no conoce, come cosas que no reconoce, tiene un clima que no se parece a nada de lo que vivió antes. México en 1941 es para una adolescente checa que acaba de pasar por un campo de concentración y cruzar el Atlántico, un planeta diferente en todos los sentidos posibles.

Lo que carga, además de las cosas materiales que pudieron salvar, es una suma de pérdidas que no ha terminado de contabilizar. La abuela que se quedó en Europa y a la que no volverán a ver nunca más. La casa de Praga, el barrio, los compañeros de la escuela, el idioma como espacio íntimo, como el lugar donde los pensamientos se forman antes de necesitar palabras.

La certeza de pertenecer a algún lugar, esa certeza no regresa. Los primeros meses en Ciudad de México, los cronistas los recuerdan como un periodo de una timidez paralizante. Habla poco, escucha mucho, está aprendiendo un idioma entero desde cero mientras procesa todo lo que ocurrió en los últimos dos años.

La familia decide enviarla a Nueva York para que aprenda español e inglés más rápido. Es una decisión práctica. También es, aunque nadie lo piense en esos términos en ese momento, mandar a una adolescente que acaba de sobrevivir un campo de concentración a vivir sola en una ciudad extraña. En Nueva York, Miroslava conoce a un joven militar estadounidense.

Se enamoran con la certeza absoluta de los 16 o 17 años. Esa convicción de que el otro es la solución a la soledad, de que el amor es permanente por definición. El joven muere en la guerra. Es la primera vez que Miroslava pierde a alguien que la eligió específicamente a ella, que la miró, que la conoció y decidió quedarse.

El padre cruza el Atlántico, interviene. Miroslava regresa a México. El patrón empieza aquí y es importante entenderlo porque todo lo que viene después se construye sobre esta base. Cada vez que Miroslava pierde algo, el piso cede un poco más, no de manera dramática y visible, de manera silenciosa y acumulativa.

La muerte del novio no es solo la pérdida de un joven. Es la primera confirmación adulta de algo que el campo ya le había enseñado, que la permanencia no existe, de que lo que uno quiere se puede ir en cualquier momento y sin que uno haya hecho nada para merecerlo. Pero Miroslava regresa a México y algo en ella decide intentarlo. Estudia diseño, pintura.

Empieza a tomar clases de actuación con Sequisano, el maestro de teatro japonés, que tiene en la ciudad de México de los años 40 de los talleres más importantes de América Latina. Seiso trabaja con el método Stanislavski. Construir un personaje desde la verdad emocional, no desde la imitación externa. Miroslava aprende rápido.

Tiene algo que los actores que crecieron en lugares seguros no siempre tienen. Sabe exactamente cómo se siente una persona que está fingiendo que todo está bien. Y en ese taller, en 1945, conoce a Jesús Jaime Gómez Obregón. El siguiente capítulo empieza con ese encuentro, pero ese hombre no es el que ella cree que es.

Jesús Jaime Gómez Obregón tiene carrera, apellido, conexiones en la industria. Todo el mundo lo llama el Bambi, actor. Estudia dirección de escena, sobrino del expresidente Álvaro Obregón. Se casan el 2 de febrero de 1945. El matrimonio dura meses. Miroslava descubre que fue usada como fachada. El Bambi no está interesado en ella de la manera en que un esposo debería estarlo.

El matrimonio fue de conveniencia, una pantalla social para proteger algo que en la México de los años 40 no podía nombrarse en voz alta. Jesús Jaime es homosexual y en esa época eso requería cobertura. Miroslava, recién llegada del exilio, con el español todavía fresco en la boca, con la ingenuidad de quien ha aprendido a confiar en el primero que la eligió, no lo vio.

El divorcio llega rápido, la herida no. Es la primera vez que alguien que debería haberla amado la usa como objeto. La elige, no por lo que es, sino por lo que aparenta. Y ese mismo año su madre adoptiva muere de cáncer. dos pérdidas en 12 meses. El padre llega a tiempo como había llegado en Nueva York, como llegará otra vez después.

Pero Miroslava hace algo que nadie esperaba del todo. Sigue adelante. En 1946, el director Gilberto Martínez Solares la pone frente a una cámara por primera vez. La película se llama Bodas trágicas. Miroslava tiene 20 años. El título es involuntariamente preciso. En esa primera aparición, la prensa ya lo sabe. Esta mujer tiene algo.

Ojos azules muy claros, cabellera rubia, una presencia fría y magnética que el cine mexicano de esa época no tiene. Una belleza que no parece de aquí y eso es exactamente lo que la industria necesita para ciertos personajes. La mujer sofisticada, la extranjera que viene a alterar el orden del protagonista masculino, la figura misteriosa de otro mundo.

Read More