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La extraña revelación en Cartagena: ¿Por qué el presidente habló de tótems y el destino nacional? T

La extraña revelación en Cartagena: ¿Por qué el presidente habló de tótems y el destino nacional?

El Renacimiento Caribeño: ¿Hacia dónde camina nuestra historia?
La tarde en Cartagena no fue una tarde cualquiera. La atmósfera, cargada de una mezcla vibrante de brisa marina y una expectativa que se podía cortar en el aire, se transformó en algo mucho más profundo. Miles de personas se congregaron, no solo para escuchar, sino para ser testigos de una narrativa que desafía siglos de historia. En el centro de esta tormenta social, una figura central planteaba una pregunta que resonaba en cada esquina de la “Plaza de Todos”: ¿somos una manada que se dirige al abismo, o somos la vanguardia de una humanidad que busca su destino con sabiduría?

Para entender lo que sucedió en Cartagena, debemos alejarnos de la superficie. Debemos dejar de ver la política como un juego de ajedrez entre apellidos hereditarios y empezar a verla como lo que realmente es: una lucha entre dos visiones antagónicas del mundo. Una visión basada en la codicia, en el poder por el apellido y en la construcción de tabúes que nos han mantenido arrodillados durante décadas; y otra, la visión que intenta emerger, basada en la libertad, la tierra y la educación gratuita.

La arquitectura de los tabúes y los tótems

Históricamente, a las sociedades oprimidas se les ha enseñado a vivir bajo el peso de los tabúes. “No hables, no protestes, no bailes de esa manera, no aspira a gobernar”. Durante décadas, la palabra “libertad” en Colombia fue un tabú absoluto. Fue una palabra censurada, escondida bajo el miedo de quienes detentaban el poder. Pero el giro narrativo que se presenció en el Caribe nos invita a pensar en los “tótems”.

Los tótems, a diferencia de los tabúes, no son prohibiciones, sino guías. Son las piedras en el camino que señalan la ruta cuando no hay más señales. ¿Cuál es el tótem de la nación colombiana? ¿Es el tótem de la servidumbre, de aquel que se vende al mejor postor por un billete sucio y transitorio, o es el tótem de la libertad? La historia nos dice que hemos sido testigos de ambos.

Desde los ancestros indígenas que resistieron la llegada de los barcos de guerra, hasta los pueblos palenqueros que construyeron su libertad entre cadenas y celdas, la historia del Caribe es una historia de resistencia. Pero hoy, el llamado es a pasar de la resistencia a la construcción de un nuevo camino.

El peso de la tierra y la sangre

Cuando hablamos de reforma agraria, no estamos hablando simplemente de tecnicismos legales o de cifras en un presupuesto. Estamos hablando de la vida misma. Durante generaciones, la tierra fértil en Colombia ha estado en manos de quienes no la producen, mientras que, a pocos metros de las grandes haciendas, niños y niñas crecían sin esperanza y con las necesidades más básicas insatisfechas.

La propuesta de transformar esta realidad sin una gota de sangre es un desafío que nuestra historia no había visto antes. Es un experimento social que pretende devolver la dignidad a la mujer y al hombre campesino, permitiéndoles labrar la tierra que les pertenece. Es, en esencia, devolverle la nevera al hogar colombiano y el alimento a la mesa de todos.

Aquí surge una pregunta crucial: ¿Qué es lo que verdaderamente define el progreso de una nación: el crecimiento de las cuentas bancarias de unos pocos, o la calidad de vida de la mayoría que labra el suelo?

Es un dilema moral que nos obliga a mirar hacia adentro. A veces, la codicia se disfraza de progreso, y es ahí donde debemos ser más astutos. La codicia y la vida son antagónicas; no pueden coexistir. Si eliges la codicia, terminas quitándole la vida a los demás y, en última instancia, a ti mismo.

El desafío de la educación y el acceso al conocimiento

Otro de los pilares que se discutieron en Cartagena fue el acceso a la educación superior y a la medicina. Durante demasiado tiempo, estudiar medicina en Colombia fue un privilegio de élite. ¿Cómo podíamos esperar médicos comprometidos con las regiones más apartadas si la formación estaba concentrada en los barrios más ricos de las grandes ciudades?

La descentralización del conocimiento, la creación de facultades de medicina cerca de los hogares de los más necesitados, es una forma de romper el ciclo de la desigualdad. Un joven que tiene la oportunidad de estudiar sin pagar matrículas astronómicas es un joven que puede decidir servir a su comunidad, investigar las enfermedades que afectan a su pueblo y devolverle a la sociedad lo que el estado le ha brindado.

Pero este camino está lleno de obstáculos. Hay quienes preferirían volver al pasado, donde el poder público se veía como un negocio privado y donde la salud y la educación eran bienes de lujo. La batalla no es solo política, es una batalla cultural.

El espejo de la historia

Quizás el punto más revelador del evento fue la mención a ciertos retratos que aún cuelgan en las casas de algunos sectores de la élite. Cuadros donde la representación del poder es clara: una figura blanca sobre un esclavo. ¿Por qué exhibir esto hoy? ¿Es arte o es un recordatorio de un deseo profundo de volver a una era de esclavitud?

Esta es la pregunta que nos mantiene enganchados. Si el sueño de los sectores que se oponen al cambio es volver a esa Colombia de siervos y amos, entonces el holocausto social es inevitable. La tierra será arrebatada de nuevo por la fuerza, y las oportunidades de los jóvenes se evaporarán como humo en el horizonte.

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