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PIPINO CUEVAS : CONFESÓ QUE SU PROPIO ENTRENADOR LE DESTROZO LA VIDA

una sabiduría que su madre había aprendido a base de pobreza, de turnos dobles en la tortillería, de hijos que no tuvieron juguetes nuevos, de navidades sin árbol y que el muchacho, que tenía 14 años recién cumplidos, con $50 en la bolsa  y un puño izquierdo que pegaba como martillo, iba a tirar a la basura antes de cumplir los 19.

Entre el 5 de diciembre del 1971 y el 17 de julio del 1976 pasaron exactamente  4 años, 7 meses y 12 días. En ese periodo, José Isabel Cuevas Bueno hizo 22 peleas profesionales, ganó 21, perdió una sola  en San Antonio, Texas, en el segundo combate fuera de México, por decisión dividida muy discutida contra un boxeador local llamado  Andy Price.

15 de las 21 victorias fueron por knockout. A los 15 años, el muchacho ya era el welter profesional más prometedor del Distrito  Federal. A los 16 ya peleaba en plazas de toros y en arenas profesionales de Monterrey, Guadalajara y Tijuana. A los 17, Lupe Sánchez consiguió lo que ningún apoderado mexicano había conseguido para un boxeador tan joven en la historia del peso welter.

Una pelea por el cinturón mundial de la Asociación Mundial de Boxeo. El contrincante sería el campeón vigente, el puertorriqueño Ángel  el caballero Espada, de 26 años de edad, con un récord profesional de 29 victorias  y dos derrotas y una experiencia de 12 años seguidos en el boxeo profesional.  El lugar de la pelea.

El coliseo Roberto Clemente de San Juan,  Puerto Rico. La fecha, 17 de julio del 1976.  La bolsa para el retador mexicano de 17 años, $150,000. Era  hasta esa fecha la bolsa más alta que un boxeador adolescente latinoamericano había  firmado en toda la historia del boxeo profesional moderno.

Y de esos $150,000,  según el contrato firmado 5 años antes en  la vecindad de Tlatelolco, 60,000 iban a parar directamente al bolsillo de Lupe Sánchez García, el muchacho de Tlatelolco, que 4 años antes había entregado a su madre los primeros $30 de su carrera profesional. viajaba ahora a San Juan, Puerto Rico, con la posibilidad de convertirse en el campeón mundial más joven de toda la historia del peso welter del boxeo profesional.

Lo que iba a pasar en ese cuadrilátero la noche del 17 de julio del 1976  iba a cambiar para siempre la historia del boxeo mexicano, pero también iba a marcar el inicio de la espiral  descendente más asquerosa que ningún campeón mundial mexicano había vivido en los siguientes 40  años.

Era sábado 17 de julio del 1976. Coliseo Roberto Clemente de San Juan, Puerto Rico. 11,400 personas pagaron entrada para ver la pelea estelar de la noche entre el campeón mundial welter de la Asociación Mundial de Boxeo,  Ángel Espada, y el retador mexicano de 17 años de edad, José Isabel Pipino Cuevas.

Bueno, a las 10:23 de la noche, el referí Tony Pérez  bajó el brazo derecho para iniciar el primer asalto. Espada salió del rincón rojo con el plan táctico que su equipo había diseñado durante seis semanas de entrenamiento. El plan consistía en utilizar su mayor alcance, su mayor experiencia y su mayor velocidad de pies para mantener al muchacho mexicano a distancia durante los primeros seis asaltos, cansarlo, frustrarlo y aprovechar los últimos seis asaltos para destrozarlo por puntos cuando el adolescente bajara el ritmo. El plan

funcionó durante el primer asalto. funcionó durante el primer minuto del segundo asalto  y dejó de funcionar exactamente a 1 minuto y 37 segundos del segundo asalto, cuando el campeón puertorriqueño cometió el error más caro de toda su carrera profesional.  Espada lanzó un jubo con la mano derecha.

El muchacho mexicano de 17 años bajó el cuerpo lateralmente, esquivó el japargó al mismo tiempo el gancho de izquierda que había aprendido a tirar a los 8 años de edad en el gimnasio de Tlatelolco. El gancho impactó la mandíbula derecha del campeón puertorriqueño.  Espada cayó hacia atrás como si lo hubieran fusilado desde la primera fila.

La cabeza del puertorriqueño rebotó dos veces contra la lona y a las 10:27 de la noche del 17 de julio del 1976, el referid  Tony Pérez levantó el brazo izquierdo del muchacho mexicano de 17 años recién cumplidos. José Isabel Pipino Cuevas. Bueno, acababa de convertirse en el campeón welter, más joven de toda la historia del boxeo profesional mundial.

Lupe Sánchez subió al cuadrilátero llorando. El muchacho llevó el cinturón verde de la Asociación Mundial Rincón Rojo. Lo besó y según contó él mismo años después en una entrevista con la cadena Telemundo, lo primero que hizo en el camerino después de la pelea fue tomar el teléfono y llamar a la vecindad de Tlatelolco. Quería contarle a su madre Concepción, bueno, que ya era campeón mundial.

Pero al otro lado de la línea, después de tres timbres, no contestó su madre, contestó su hermano mayor Rolando, el Pony Cuevas. Y Rolando le dijo al campeón mundial recién coronado una sola frase que iba a marcar el resto de su vida adulta. Le dijo, “Pipino, mamá está internada en el hospital general. Esta mañana se desmayó en la tortillería.

Vente cuanto antes. Esa llamada hecha desde el camerino del coliseo Roberto Clemente de San Juan, Puerto Rico. Exactamente 47 minutos después del knockout más importante de su carrera profesional, marcó el inicio de los 4 años más asquerosos de la vida secreta del pipino Cuevas. 4 años que el equipo del campeón ocultó de la prensa mexicana durante toda la década de los 70.

4 años que ni la madre Concepción, ni el padre Isabel, ni el hermano Pony Cuevas iban a poder controlar y que 49 meses después iban a terminar de la peor manera posible en el cuadrilátero del Joe Luis Arena de Detroit. Porque lo que pasó en los 4 años que tuvo el cinturón mundial el muchacho de Tlatelolco, según los testimonios que han ido apareciendo en distintas entrevistas, libros de boxeo y reportajes especializados durante las últimas cuatro décadas, no se parece en nada a la imagen pública que el equipo de Lupe Sánchez vendió

durante toda esa época a los medios mexicanos. La asquerosa verdad de la vida del pipino Cuevas entre los 17 y los 22 años de edad la vamos a contar a continuación. Entre el 17 de julio del 1976 y el 2 de agosto del 1980 pasaron exactamente 4 años y 16 días. En ese periodo, el Pipino Cuevas hizo 11 defensas exitosas del cinturón mundial welter  de la Asociación Mundial de Boxeo.

10 de esas 11 defensas fueron por knockout. Cobró bolsas profesionales por un total acumulado de poco más de $2,200,000. aparecía en revistas de boxeo de los Estados Unidos y México con la imagen del muchacho disciplinado, sonriente y católico que el equipo Sánchez había construido para él. Pero la realidad documentada de aquellos 4 años, según los testimonios que han aparecido en libros de boxeo mexicano de la época y entrevistas posteriores con personas del entorno del campeón, era otra completamente distinta.

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