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HARFUCH CATEA el RANCHO SECRETO de los Quintanilla… La TRAICIÓN que SELENA grabó antes de morir

 Mármol blanco con betas grises bajo una capa uniforme de polvo. En el centro una mesa redonda con un cenicero de cristal cortado. Dentro del cenicero hay una colilla reseca de márboro rojo. 30  años de antigüedad. Alguien apagó ese cigarro y se fue. Nunca volvió. A la derecha se abre una sala.

 Sobre el piano hay una fotografía enmarcada boca abajo. Harfuch la levanta. Es una foto familiar de 1992. aparecen ocho personas. Selena Quintanilla está en el centro. A su lado derecho, con la mano apoyada en su hombro, hay un hombre de unos 50 años. Bigote canoso, sonrisa amplia. La foto está volteada hacia abajo como si alguien no quisiera verla o como si alguien no quisiera ser visto en ella.

Harfug sube las escaleras. Cuatro habitaciones, tres vacías. La cuarta tiene una cama matrimonial con un cubrecamas tejido a mano. Sobre la mesa de noche, un vaso con sedimento marrón seco y un par de gafas de lectura con armazón de karey. En el closet, detrás de la ropa colgada, una grieta vertical que no es accidental.

Es la juntura de un panel falso. Un agente lo empuja. Detrás hay  una caja fuerte empotrada de 40 por 40 cm. Pintada del mismo color que la pared para que nadie la note. La caja tiene un teclado digital apagado sin batería. Los peritos trabajan con destornillador eléctrico y tenazas durante 40 minutos.

La caja finalmente se abre. Dentro de la caja fuerte hay tres cosas. Una carpeta de cartón negro con etiqueta a mano que dice Bices 1994. Anexo B. Un fajo de pesos mexicanos atados con una liga de ule seco. Billetes  de la antigua emisión. 100,000 pesos por fajo, 21 fajos, 2,100,000 pesos en efectivo, 30 años sin tocarse y en el fondo de la caja, envuelto en un trapo amarillento, un cassete de audio marca Maxel.

 Cinta de 90  minutos. La etiqueta blanca está escrita con plumón negro, caligrafía redonda, letra de mujer joven, tinta corrida en una esquina por la humedad. La etiqueta dice tres palabras para Suset. Urgente. Suset es la hermana de Selena. Harf toma el cassete con guantes. Los fotógrafos lo documentan en seis ángulos diferentes.

 La notaria asienta el hallazgo en el acta. Los peritos extraen la carpeta negra y comienzan a ojearla bajo la luz de un foco LED  portátil. Lo que está dentro de la carpeta cambia el caso. Recibos de transferencias bancarias, Bancomer, Banamex, Citybank, México. Fechas entre julio de 1992 y marzo de 1995. 36 meses consecutivos, montos en pesos y en dólares.

 Destinatarios con nombres que nadie del equipo reconoce. Manuel Quintanilla, Francisco Quintanilla, Eduardo Solís Quintanilla, tres nombres, tres beneficiarios y un total que aparece sumado al final de  la última hoja, escrito a mano con caligrafía firme de mujer joven. 4,800,000 $,800,000 enviados desde las cuentas de las boutiques Selena, etcétera, entre 1992 y 1995, mientras Selena Quintanilla vivía en Corpus Cristi, mientras Yolanda Saldíar trabajaba como gerente, mientras Elena pensaba que las boutiques eran su sueño y su retiro,

800,000. Y cuando Selena fue asesinada el 31 de marzo de 1995, la herencia oficial declarada por la familia fue de 326,000. Las cifras no cuadran, 326,000, 4,800,000. La diferencia es 4,474,000. Con esa cifra se compraban en aquel marzo del 9549 casas promedio en México. Era dinero para tres generaciones de una familia, para vivir sin trabajar el resto de la vida y desapareció.

Hacienda en Estados Unidos nunca vio un peso de ese dinero. El juzgado de sucesiones de Texas tampoco. Abraham Quintanilla, el padre jamás lo mencionó. Cris Pérez, el viudo, firmó papeles donde renunciaba a algo que ni siquiera sabía que existía. La prensa nunca preguntó, desapareció completo. 474,000 borrados del mapa.

Y la mujer que firmó cada uno de los recibos no era Yolanda Saldíar. Yolanda Saldíar nunca tuvo firma autorizada en las cuentas de Monterrey, tampoco acceso a las cuentas mexicanas. En 1995 la acusaron de robar $30,000 con cheques falsificados. 30,000 no 4 millones. Yolanda Saldívar fue la pistola, el dedo era otro y Selena lo grabó en ese cassete tres semanas antes de morir.

 Lo que vas a escuchar en los próximos 80 minutos no aparece en ningún documental sobre Selena, ni en la película de Jennifer López, ni en la serie de Netflix, ni en ningún libro que se haya escrito sobre ella, porque la familia Quintanilla  controla el legado desde el primer día y porque el dedo que apretó el dedo de Yolanda nunca quiso que se supiera.

Te voy a contar cuatro cosas que ese casete y esa caja fuerte revelaron y te voy a avisar cuando llegue cada una. La primera, ¿quién es esa persona dentro del círculo de Los Quintanilla que se benefició con 4,800000 mientras Selina tocaba en estadios? Una persona que aparece en cada foto familiar, pero que nadie nombra en los homenajes.

Una persona que sigue viva, una persona que vive en una casa que Selena pagó sin saberlo. La segunda, lo que pasó dentro de esta misma sala donde Harfuch está parado ahora mismo, el 15 de marzo de 1995. Selena estuvo aquí 14  horas sola con una persona que la esperaba y se fue de Monterrey con un secreto que no le contó ni a Cris, ni a su padre,  ni a su hermana. La tercera.

Lo que dice ese casete que Harfuch acaba de sacar de la caja fuerte. La voz de Selena hablándole por nombre a alguien, confrontándolo, dándole una fecha límite, una fecha que va a explicar por qué Yolanda apretó el gatillo exactamente cuando lo apretó. La cuarta, ¿por qué Yolanda Saldíar fue el chivo expiatorio perfecto? ¿Por qué nadie quiso que el caso pasara de ella? Y qué persona del círculo familiar pidió personalmente  que la investigación se cerrara después de la condena. Selena Quintanilla Pérez nació

en Lake Jackson, Texas, el 16 de abril de 1971. Lake Jackson es un pueblo de 15000 habitantes a una hora al sur de Houston. Casas de un piso, calles rectas, refinería de petróleo en el horizonte. El padre Abraham Quintanilla Junior tenía un restaurante de comida Texmex llamado papagayos. El restaurante quebró cuando Selena tenía 8 años.

La familia perdió la casa. Tuvieron que mudarse a un departamento de dos cuartos. Cinco personas durmiendo en dos camas. La madre Marcela vendía empanadas en la calle para llenarla a la cena. El padre buscaba trabajo y no lo encontraba. La quiebra fue tan profunda que Abraham nunca volvió a confiar en una caja registradora ajena.

 Una noche de 1980, sentado en la mesa pegada al refrigerador, Abraham reunió a sus tres hijos. Abé tenía 14 años. Suset tenía  11, Selena tenía nueve. les dijo una sola cosa. A partir de mañana ustedes tres me van a sacar  de esto. Tienen voz, tienen talento, yo los voy a entrenar.

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