¿Qué puede llevar a un amigo a acabar con una familia entera? La trágica historia de Christie, Sean y Joseph Cox sigue siendo una de las más escalofriantes jamás contadas. En el pueblo de Lear Carolina del Norte, un caso de esos que dejan huellas sacudió a toda la comunidad en 2015. Pero lo más perturbador no fue solo la violencia del crimen, sino la identidad del responsable.
alguien en quien la pareja confiaba ciegamente, alguien a quien llamaban amigo. Y como si fuera poco, ese mismo individuo ya había estado vinculado a otra desaparición años atrás. Christi Maria Shan Cox nació en Madrid, España, un 3 de septiembre de 1976. Era hija única de un militar estadounidense destinado en Europa. La familia se mudaba constantemente.
Vivieron en varios países del continente antes de regresar a Estados Unidos. Tristy comenzó la escuela en Nueva Ordeans, pero pronto se trasladaron a Texas, luego a Illinois y después pasó varios años en naciones de Latinoamérica. Esa vida nómada le permitió hablar varios idiomas desde pequeña y absorber tradiciones de medio mundo.
Sin embargo, durante la adolescencia, cada vez que empezaba a ser amigos, llegaba una nueva mudanza. A pesar de eso, Cristi desarrolló una habilidad increíble para conectar con los demás. Era dulce, sociable y encantadora. Además, practicaba gimnasia, natación y hasta kickboxing. Al terminar el colegio, su padre se retiró del ejército y la familia se instaló en Baloi, Mississippi.
Allí, por fin, pudo echar raíces y descubrió su pasión por la cocina. Experimentaba sin parar y sus platos llamaban la atención. Hizo cursos culinarios y aunque sus padres imaginaban que sería chef, Cristi también mostró un talento inesperado para la interpretación. Así que se mudó a Los Ángeles, se matriculó en una academia de actores y empezó a abrirse camino.
Participó en anuncios, obras de teatro e incluso hizo escenas de riesgo en producciones importantes como la franquicia de Terminator. En 2000 se graduó, pero los papeles importantes no llegaron. Entonces decidió combinar sus dos grandes pasiones, la cocina y el deporte. Concursó en varios programas de televisión muy vistos e incluso llegó a la final de The Next Food Network Star.
Aunque no ganó, se hizo muy popular. Miles de personas la seguían en redes sociales donde daba consejos sobre vida saludable, nutrición y rutinas de ejercicio. Poco después creó su propia empresa de catering centrada en comida sana y recetas originales. También soñaba con montar un huerto ecológico para abastecer su negocio mientras daba cursos online de alimentación.
El destino quiso que en 2012 conociera a Joseph Timothy Cox, al que todos llamaban JT. Él trabajaba como director de casting en televisión. Se vieron por primera vez en un estudio de Los Ángeles durante el casting de un programa culinario. La conexión fue inmediata. Joseph era casi 7 años mayor. Estaba divorciándose, pero quedó prendado de la belleza y el carisma de Cristi.
Pronto empezaron a salir. Compartían los mismos sueños, especialmente el de tener su propia granja. vendieron el negocio de catering de ella y la casa de él en Hollywood y con todo el dinero compraron un terreno enorme en Lester, Carolina del Norte. Adquirieron una casa espaciosa y casi una hectárea de tierra. Él siguió trabajando en televisión, pero de forma remota.
Ella desarrollaba su blog de vida saludable. Eran la pareja ideal. En agosto de 2014 celebraron una boda lujosa con cientos de invitados, familiares, amigos, vecinos y hasta seguidores. Estaban felices y llenos de planes. Tres meses después supieron que iban a ser padres. La alegría era inmensa. En una ecografía de rutina les dijeron que sería una niña.
Cristi le contó a su madre que la llamarían Skyler. El embarazo iba sobre ruedas, pero esa dicha duraría muy poco. Cristi tenía 5 meses de gestación y llamaba a sus padres a diario. Sin embargo, el 13 de marzo de 2015, su madre no pudo contactar con ella. Al principio no le dio importancia, pero al día siguiente lo mismo.
Las llamadas pasaban, pero nadie respondía. El teléfono de su yerno también estaba en comunicado. Para el 15 de marzo, ambos móviles estaban apagados. Los padres vivían en otros estados. Así que no podían acercarse a comprobar. Entonces, la madre de Cristi pidió ayuda a una amiga cercana de su hija llamada Cecilie, que vivía cerca. Cuando Cecily llegó a la casa de los Coxs, vio los dos coches aparcados.
La puerta principal estaba cerrada con llave y nadie contestaba a los golpes. Los perros de la pareja, a los que adoraban, estaban encerrados en una habitación. Al rodear la casa, Cecily notó que la cerradura de la puerta trasera había sido forzada. Avisó a la madre de Cristi y esta llamó a la policía.
Los agentes confirmaron el allanamiento y encontraron desorden. Alguien había estado rebuscando. Faltaban objetos de valor, como una joya, y la caja fuerte del dormitorio estaba violada. Pero no había rastros de sangre ni señales de lucha. El intruso había actuado con mucho cuidado, ni huellas dactilares ni ADN. Los familiares aún esperaban encontrar con vida a Joseph de 45 años y a Cristi de 38 y embarazada.
Pero los investigadores no eran tan optimistas. Al principio el caso no avanzaba. No tenían pistas. La pareja no tenía enemigos. Los móviles estaban en casa. El último uso fue el 12 de marzo y al día siguiente solo hubo llamadas entrantes antes de apagarse. Los agentes interrogaron a los vecinos y ahí surgió un dato curioso.

Alguien que vivía al otro lado de la calle vio a otro residente local tirando un bulto grande en un contenedor de basura cerca de la casa de los Coxs en la mañana del 15 de marzo. En ese momento no le dio importancia. Pero al enterarse de la desaparición avisó. Cuando quisieron revisar el contenedor, la basura ya había sido llevada al vertedero.
El sospechoso que había tirado el bulto se llamaba Robert Jason Owens, de 36 años. Vivía en la misma calle. Se llevaba bien con la pareja, era un amigo cercano de la familia. Robert era manitas y les había ayudado cuando se mudaron. Incluso no invitaron a la boda. A simple vista nada raro, aunque algunos vecinos lo describían como alguien extraño e impredecible.
El 16 de marzo citaron a Robert para interrogarlo. Él negó todo. Dijo que no sabía nada de ningún bulto. No tenían pruebas suficientes para acusarlo. Pero esa misma noche la situación cambió por completo. Encontraron aquel bulto enorme en el vertedero. Dentro había objetos de la casa de los cocs y lo peor, sobre unas prendas de ropa parcialmente quemadas.
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una manta y un tapiz manchados de sangre. Aparecieron las huellas dactilares de Robert y restos de su ADN. Entonces registraron su casa y hallaron restos humanos calcinados dentro de su estufa de leña. Robert Owens se convirtió en el principal sospechoso de haber eliminado a su vecino y a su vecina embarazada.
Tras varias horas de interrogatorio, confesó, pero su versión fue espeluznante. Dijo que todo fue un accidente. Según él, la noche del 12 de marzo fue a visitar a sus amigos, pero para no atropellar a un perro, salió de la carretera y se quedó atascado en el barro. Fue a casa de los cocs y les pidió ayuda para empujar el coche.
Ellos, amables, aceptaron. Mientras empujaban, Robert al volante confundió el acelerador con el freno y los atropelló. Aerrado, pensó que lo acusarían de matarlos, así que no llamó a emergencias. Decidió ocultarlo todo. Regresó a la casa de la pareja, forzó la puerta trasera, cogió unas mantas del dormitorio y envolvió los cuerpos que aún no sabía si estaban muertos.
Los subió a su camioneta y los llevó a su casa. Allí en el baño los descuartizó con una sierra y un hacha pequeña. Después encendió la estufa y fue echando los restos al fuego poco a poco, esperando que se consumieran por completo. La ropa empapada en sangre, las mantas y el calzado, por algún motivo, no los quemó.
Los metió en una bolsa de basura y los tiró en un contenedor, convencido de que en el vertedero nadie encontraría nada. Finalmente simuló un robo en casa de sus amigos, aunque en realidad fue él quien les robó dinero y joyas que empeñó al día siguiente. La frialdad con la que relató todo esto dejó helados hasta a los policías más veteranos.
En su casa encontraron la sierra y el hacha manchadas con sangre, piel y fragmentos de hueso. Ni siquiera se había molestado en limpiarlas. Confiaba en que nunca lo descubrirían porque no había dejado rastros en la casa de los cocs. Los análisis forenses confirmaron que los restos de su estufa pertenecían a la pareja. Entonces, la policía empezó a investigar el pasado de Robert.
Era soltero, sin hijos, apenas se relacionaba con su familia. Había vivido en Ashville, también en Carolina del Norte, pero en el año 2000 compró el terreno en Lester y construyó su casa. Y resultó que su nombre ya había aparecido en un crimen sin resolver de 15 años atrás. El caso de su amigo Seben, que desapareció cuando solo tenía 18 años.
Seb y Robert eran amigos desde la escuela, vecinos inseparables. Seb estaba en entrenamiento militar y trabajaba a tiempo parcial en Walmart. El 2 de enero del 2000, tras su turno, quedó con Robert para ir a Ler a comprar un coche nuevo. Nunca volvió a casa. Días después encontraron su Mazda Protegé estacionado en otra zona con las luces encendidas.
Alguien había dibujado un corazón con pintalabios rojo en el cristal. El coche tenía arañazos y restos de pintura de otro vehículo. La última persona que vio a Seb fue Robert, cuyo coche también presentaba daños. La pintura incrustada en los arañazos coincidía con la del Mazda.
Robert dio una explicación muy extraña. Dijo que mientras conducían hacia el Ler, Seb le hizo señas para parar. recibió un mensaje en su buscapersonas y necesitaba usar una cabina urgente. Le pidió que esperara, se fue a una gasolinera. Volvió 10 minutos después, muy alterado. Dijo que los planes habían cambiado y se marchó a toda velocidad, rozando el coche de Robert en el proceso.
También se supo que Seb tenía una relación con una tal Misty Taylor, cuyo exnovio, Wesley Smith lo había amenazado si no dejaba de verla. Interrogaron a Smith y a Owens, pero lo soltaron por falta de pruebas. Misteriosamente, el dinero que Seb llevaba para comprar el coche y su buscapersonas desaparecieron del Mazda. Nunca se supo qué mensaje había recibido.
Lo más inquietante, al día siguiente la desaparición, alguien llamó a Walmart haciéndose pasar por Seb, diciendo que no iría a trabajar por unos días porque estaba enfermo. La compañera que atendió la llamada dijo que la voz no se parecía en nada a la de CF. La llamada se rastreó hasta la fábrica de Volvo donde trabajaba Robert.
Él declaró que había llamado por petición de Seb la noche antes de que se fuera a toda velocidad. El caso quedó sin resolver. Sebenid, al reabrir la investigación por la conexión con los Coxs, la policía registró a fondo la propiedad de Owens y hallaron algo muy extraño. Debajo de una losa de hormigón separada había una cavidad tapeada con fragmentos de hueso humano calcinados.
Lástima que estaban demasiado dañados para extraer ADN. No pudieron confirmar si eran de Cev, pero un vecino anciano recordó algo de enero del 2000. Cuando el joven Owens acababa de comprar el terreno y construía su casa, una noche encendió una hoguera que despedía un olor empalagoso y nauseabundo. El viento llevaba el edor hacia su casa y el vecino tuvo que recriminarle.
Poco después, el agujero de la hoguera se cubrió con hormigón. Robert dijo que iba a hacer una fuente, pero nunca lo hizo. El vecino olvidó el incidente hasta que 15 años después apareció la policía. Entonces Owens cambió su versión. Ahora confesaba que su tío Walter Owens había matado a Seb. Supuestamente Wesley Smith contrató al tío para eliminar al novio de Misty.
Robert aseguró que él solo ayudó a atraer a Sebado. En una zona boscosa, el tío ordenó parar. hizo señas a CF para que también se detuviera y cuando el chico bajó del coche, Walter le disparó en silencio. Luego obligó a su sobrino a descuartizar el cuerpo. Lo quemaron aquella misma noche en la propiedad de Robert y lo enterraron bajo hormigón.
Pero el tío Walter ya había muerto años antes y no encontraron ninguna prueba que respaldara esa historia. En los tribunales, Robert se enfrentaba a cadena perpetua o incluso la pena de muerte por asesinato en primer grado de los dos esposos y del feto, además de profanación de cadáveres, robo y allanamiento.
Sin embargo, se descubrió que sufría depresión y trastornos mentales y tomaba medicación muy potente. Su abogado usó eso para construir una defensa. Podrían declararlo insano y enviarlo a un psiquiátrico, algo que ni la fiscalía ni las familias de las víctimas querían. Por eso, en 2017, Robert aceptó un acuerdo.
Se declaraba culpable del asesinato de los Coxs a cambio de que retiraran la pena de muerte. Lo condenaron por homicidio en segundo grado, descuartizamiento, quema de cuerpos, robo y allanamiento. Sumó 59 años de prisión. En 2022 llegó a otro acuerdo por el caso de Seben. Esta vez solo admitió complicidad en el asesinato y ayudar a ocultar las pruebas.
Le añadieron 12 años más, prácticamente una cadena perpetua. Antes de dictarse la sentencia, pidió perdón a las familias. Volvió a decir que fue un accidente, que no era culpable, que sus problemas mentales y la medicación nublaron su juicio. Pero los padres de Cristi, Joseph y Sef, no le creyeron.
Jamás aceptaron la versión del homicidio involuntario. Están convencidos de que en ambos casos Robert Jason Owens actuó con total deliberación y por motivos egoístas. En mi opinión, este caso demuestra que las apariencias pueden ser engañosas y que incluso las personas más cercanas pueden ocultar secretos difíciles de imaginar. También pone de manifiesto la importancia de la investigación forense y de no abandonar la búsqueda de respuestas, ya que con el tiempo la verdad puede salir a la luz.
Historias como esta se analizan con fines educativos para comprender mejor el comportamiento humano y la importancia de la justicia. Gracias por acompañarnos hasta el final. Si te interesan las historias reales de crimen, suscríbete.