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HARFUCH CATEA Los Tres Potrillos, el hijo de Chente SOSPECHA de su propio hermano, Descubrieron Que…

Dos dedos cortados, 121 días encadenado y la sospecha más perturbadora de toda esta historia no apunta hacia afuera, sino hacia adentro, hacia alguien de la misma sangre, alguien que conocía cada rincón de esa propiedad, cada cuenta, cada rutina, cada punto ciego. El hijo del artista más grande de México, cree hasta hoy que su propio hermano lo entregó.
70,0000 de discos vendidos, una fortuna declarada de 2 $5,000000es en más de medio siglo de carrera. Alguien se quedó con la diferencia y ese alguien nunca cantó una sola canción, nunca apareció en una portada, nunca dio una sola entrevista pública en toda su vida. Son las 4:12 de la madrugada de un jueves. Carretera Guadalajara Chapala, kilómetro 20.
3, Tlajomulco de Zúñiga, Jalisco. Tres camionetas oscuras sin placas frenan en la caseta de entrada de una hacienda que todo México conoce por su nombre, pero que muy pocos han visto por dentro. El motor de la primera todavía vibra cuando la portesuela se abre. El funcionario baja primero botas negras sobre grava mojada.
Detrás de él nueve elementos de unidad forense con guantes de nitrilo y lámparas tácticas, un perito financiero, una contadora con credencial del organismo fiscal y un especialista en análisis documental. La puerta principal de la hacienda huele a madera vieja y a cuero de silla de montar. El funcionario la empuja con la palma abierta.
Lo primero que ve son decenas de discos de oro y platino colgados en la pared del recibidor, brillando con la luz de las lámparas como monedas en el fondo de una fuente y al fondo del pasillo, una puerta cerrada con llave que da a la oficina administrativa. Nadie en esa casa sabe que están ahí. Cuando lo sepan, ya será tarde.
El detonante fue una denuncia anónima, movimientos financieros vinculados a esa propiedad que no coincidían con ninguna declaración fiscal registrada en los últimos 25 años. Lo primero que encuentra el perito financiero no está en una caja fuerte, está en un archivero de madera detrás de la oficina que usaba el hijo del medio, el que nunca cantó, el que nunca actuó, el que nunca apareció en público, el hijo invisible.
Dentro del archivero hay seis carpetas con estados de cuenta bancarios que cubren los años 97 al 2002. Los números no cuadran. Hay depósitos mensuales que superan los ingresos declarados del rancho por un factor de cuatro y retiros masivos concentrados en un periodo muy específico de 4 meses, mayo, junio, julio y agosto de 1998. Los mismos cuatro meses en que el hijo mayor estuvo secuestrado, el perito levanta la vista, mira al funcionario, no dice nada, no tiene que decirlo, los números hablan solos.

En ese periodo de 4 meses, las cuentas vinculadas al rancho movieron más de 5 millones de dólares. El rescate oficial que se pagó fue de 3,800,000. ¿Dónde fue el 1200,000 restante? ¿Esa cifra equivale a 13 caballos de pura sangre o a la construcción completa de una arena para 11,000 personas? Pero eso no era lo más perturbador.
En la segunda carpeta debajo de los estados de cuenta, el especialista en documentos encuentra un cuaderno de pasta negra, tamaño media carta, gastado en los bordes, en la esquina inferior derecha grabadas con golpe seco, tres iniciales. Lo abre con pinzas. En la primera página, una lista de nombres escritos a mano con tinta azul.
Junto a cada nombre, una cifra en dólares y una fecha. Algunos nombres están tachados con una línea roja, otros tienen una marca de confirmación. Y al margen de la tercera página, en letra más pequeña, casi como si el autor no quisiera que nadie lo leyera, aparece un apodo. Un apodo que el funcionario reconoce de inmediato.
Un apodo que pertenece a un hombre que fue abatido por el ejército mexicano en julio de 2010 en Zapopan, a 7 km exactos de donde están parados en este momento. Hoy vas a saber cuatro cosas que nunca te contaron sobre esta familia. Primero, ¿cuánto dinero pasó realmente por este rancho? ¿Y por qué la cifra oficial es una fracción de lo que había? Segundo, ¿qué relación tenía el hijo invisible con un líder del cártel de Sinaloa que vivía a unos kilómetros de esta propiedad? Tercero, ¿qué pasó realmente durante esos 121 días? ¿Quién sabía dónde estaba
el secuestrado y por qué tardaron 4 meses en liberarlo si el dinero estaba disponible desde el primer día? Y cuarto, esto no te lo esperas. ¿Qué firmaron en el hospital de Guadalajara el día antes de que el patriarca muriera? Te voy a avisar cuando llegue cada una. El charro más grande de México dijo una vez en una entrevista, “Yo ya les di todo en vida.
Suena a generosidad. Hoy vas a entender que era miedo. El 11 de septiembre de 1998, un hombre llegó caminando a ese rancho. Pesaba 20 kg menos que cuando se lo llevaron. Le faltaban dos dedos de la mano izquierda. Tenía la barba de 4 meses y los ojos hundidos de alguien que pasó 121 días encadenado en la oscuridad.
Los trabajadores del rancho no lo reconocieron. Uno de ellos pensó que era un indigente y fue a buscar a los guardias. El hombre se detuvo frente a la entrada de la caballeriza principal y dijo su nombre. Tenía 34 años y acababa de sobrevivir al episodio más brutal en la historia de las familias del espectáculo mexicano. Esa imagen te la dejo ahí.
un hombre de 34 años que salió de su casa una tarde de mayo y volvió 4 meses después convertido en alguien que su propia familia no reconocía, con dos dedos menos y una sospecha que lleva cargando más de 20 años. Para entender cómo llegó a ese punto, hay que volver al principio. Al niño que vendía productos de maguei en un pueblo del estado de Jalisco.
Al hombre que construyó un imperio con la voz y lo perdió todo sin darse cuenta. El patriarca nació el 17 de febrero de 1940 en una comunidad del municipio de Ameca en el estado de Jalisco. Su padre era ranchero, adicto al tequila y golpeaba a su hijo con brutalidad. Hay una diferencia entre crecer pobre y crecer golpeado.
El niño creció las dos cosas. De pequeño ayudaba a mantener a la familia. A los 14 ganó un concurso de aficionados en Guadalajara. A los 16 ya cantaba en bodas y fiestas por unas monedas. A los 24 trabajaba en un cabaret donde le pagaban un sueldo miserable por cantar toda la noche. No era una estrella, era un hombre con hambre que cantaba para comer, que lustraba botas de día y cantaba de noche, que cuando le preguntaban de dónde sacaba la fuerza para seguir, contestaba que del estómago vacío.
que el hambre no se olvida ni cuando ya tienes 500 hectáreas y una alberca en forma de guitarra. Recuerda ese dato, un hombre con hambre, porque 60 años después, el hombre que más hambre pasó, construyó un imperio que hoy controla alguien que nunca pasó hambre ni un solo día de su vida. A mediados de los años 60 se mudó a la ciudad de México y tocó puertas en todas las disqueras.
Todas le dijeron que no hasta que murió un ídolo ranchero muy popular en abril del 66. Tercera muerte de ese tipo de artista en 13 años. O días después de ese fallecimiento, las mismas disqueras que lo habían rechazado empezaron a llamarlo. Le dieron contrato, lo apodaron el cuarto gallo. La carrera del patriarca no nació de un premio ni de un descubrimiento.
Nació de un hueco que dejaron tres muertos. Tú ya sabes lo que vino después. las rancheras, las películas, los palenques, pero lo que no sabes es la velocidad con la que acumuló. Mientras otros cantantes grababan un disco al año, él grababa tres, cientos de palenques anuales, se subía a un escenario, cantaba 3 horas, se bajaba, se subía a un avión, llegaba a otro palenque y volvía a cantar.
Cada noche, cada fin de semana, cada feria nacional, la voz del charro sonaba en cada rincón de México, donde hubiera un hombre con una cerveza y un corazón roto. Y ahí está la trampa, porque mientras él estaba arriba del escenario cantándole al país, alguien tenía que estar abajo contando el dinero que entraba por la puerta.
Aquí hay

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