El mundo del espectáculo y la televisión mexicana se encuentra atravesando una de las tormentas mediáticas más severas y moralmente cuestionables de los últimos años. Lo que comenzó como una dolorosa tragedia familiar tras el repentino fallecimiento del joven cantante Julián Figueroa, se ha transformado rápidamente en un circo mediático impulsado por intereses personales, ambiciones desmedidas y un flagrante conflicto de intereses. En el centro de este huracán se encuentra la periodista y conductora de espectáculos Adis Tuñón, cuya reciente declaración en televisión nacional no solo ha destrozado los códigos de ética profesional, sino que ha puesto a temblar a los altos mandos de Imagen Televisión, obligándolos a tomar medidas drásticas y silenciar a una de sus figuras más representativas.

Imagen Televisión ha logrado consolidar su presencia en los medios de comunicación a base de apuestas arriesgadas. Sin embargo, la cadena de avenida Universidad ha atravesado por un desfile incesante de escándalos. Desde salidas abruptas de conductores emblemáticos hasta acaloradas discusiones en vivo, el canal no es ajeno a la polémica. Pero ninguna de estas controversias corporativas se compara con el desastre ético y legal en el que Adis Tuñón ha sumergido a la empresa.
ta-path-to-node="16">El conflicto estalló de manera definitiva cuando Tuñón, utilizando su plataforma en el programa “De Primera Mano”, anunció al aire con gran alarde que un juez civil la había nombrado como la tutriz definitiva del menor José Julián, hijo del fallecido Julián Figueroa y de Imelda Tuñón. Esta supuesta resolución judicial implicaba, en la práctica, la destitución fulminante de la queridísima actriz Maribel Guardia, abuela del niño, quien hasta ese momento ejercía una función protectora clave dentro de la complicada sucesión testamentaria.
El impacto de esta declaración fue verdaderamente devastador. La opinión pública y los expertos legales percibieron de inmediato un gravísimo conflicto de intereses. Resulta inaudito e inaceptable que una periodista utilice una plataforma de televisión abierta nacional para ventilar documentos legales de índole privada, anunciar acciones jurídicas personales y defender una postura íntima en un litigio familiar que involucra a un menor de edad. La credibilidad periodística de Tuñón y de la empresa quedó severamente comprometida. Las redes sociales no tardaron en estallar, acusando a la conductora de utilizar un drama familiar de altísimo perfil para obtener proyección, rating y un beneficio mediático deleznable.
Pero el escándalo no terminó frente a las cámaras de Imagen Televisión. La situación tras bambalinas es de una profunda tensión y un descontento generalizado por parte de la directiva. A los altos ejecutivos de la cadena no les pareció correcto, ni ético, y mucho menos estratégico, que Adis Tuñón comenzara a otorgar entrevistas exclusivas a cadenas de la competencia directa e internacional, tales como Univisión y Telemundo, para lucrarse con un nombramiento legal tan sensible. Para la cúpula televisiva, resulta una traición institucional imperdonable que una empleada activa use la información y el escándalo gestado en su propia casa para nutrir los contenidos de pantallas extranjeras, debilitando la exclusividad y violando los códigos de lealtad más básicos.
Este comportamiento errático encendió las alarmas legales de la televisora. Al exponer públicamente un caso judicial que involucra los derechos y la privacidad de un niño, la empresa entera se colocó en una posición de vulnerabilidad ante posibles demandas millonarias. Es aquí donde entra en juego la intervención de expertos en derecho y el presunto “bozal” o ley mordaza impuesta a la presentadora.
Consultada al respecto, la abogada Leo, una experta en la materia que ha seguido de cerca el caso, ofreció una perspectiva reveladora sobre la torpeza legal de Tuñón. Según la experta, anunciar un cargo legal de esta naturaleza en televisión antes de que sea oficial es un error garrafal. Hasta el día de hoy, ni a Maribel Guardia ni a su esposo, el abogado Marco Chacón, se les ha notificado oficialmente ninguna destitución. Un cargo de tutoría es equiparable a un cargo público; requiere rendición de cuentas, un proceso formal de notificación y, lo más importante, la aceptación y protesta del cargo frente a un juez.
La abogada plantea una teoría contundente sobre la actual ausencia de Adis Tuñón en el tema: los abogados corporativos de Imagen Televisión intervinieron de emergencia. La estrategia de rescate habría consistido en prohibirle terminantemente a Tuñón aceptar o protestar formalmente el cargo de tutriz ante el juez. ¿La razón? Si ella no asume el cargo oficialmente, la empresa se deslinda de la responsabilidad legal de haber expuesto a un menor por parte de una tutora legal en funciones. Al quedarse únicamente en palabras al aire, la televisora evita un pleito legal de proporciones catastróficas. En resumen, la orden fue clara: “Te callas, no vuelves a hablar del niño y no firmas ese documento”. Esta ley mordaza no es una cuestión de censura periodística, sino de pura supervivencia corporativa ante la imprudencia de una empleada.
Mientras tanto, el trasfondo económico de esta triste historia revela la verdadera naturaleza de los involucrados. Imelda, la madre del menor, y la propia Adis han intentado ensuciar la imagen de Marco Chacón, acusándolo de no cumplir con sus obligaciones como albacea y de no proporcionar dinero para la manutención del niño, llegando a afirmar falsamente que este abandono financiero lleva años.
La realidad legal y financiera es muy distinta y desenmascara estas calumnias. El testamento dejado por Julián Figueroa—una práctica común y recomendada por los abogados de Joan Sebastian para proteger el patrimonio—consiste en bienes inmuebles, no en cuentas bancarias rebosantes de dinero líquido. Existe un principio legal fundamental: nadie está obligado a lo imposible. Marco Chacón no puede disponer libremente de la masa hereditaria ni vender propiedades para obtener efectivo sin la autorización expresa de un juez. Por lo tanto, afirmar que él se niega a entregar un dinero que físicamente no está disponible es una manipulación maliciosa de la información.
Aún más desgarrador es el papel de Maribel Guardia en esta ecuación financiera. Ante la falta de liquidez temporal de la herencia, la reconocida actriz, demostrando un amor incondicional por su nieto, se ofreció formalmente ante los tribunales a cubrir todos los gastos de manutención del menor de por vida, o al menos hasta que cumpliera la mayoría de edad. La respuesta de Imelda fue un rechazo rotundo. ¿Por qué una madre rechazaría el sustento asegurado para su hijo? La respuesta radica en la estrategia legal: aceptar el dinero de Maribel Guardia debilitaría su demanda en curso para impugnar el testamento de su propio hijo fallecido. Prefirió sacrificar la estabilidad económica inmediata de su pequeño con tal de mantener viva una guerra judicial por el control total de los bienes.
Maribel Guardia ha enfrentado este proceso con una dignidad admirable. Ha aclarado que, si bien su esposo la sabe mantener y ella misma cuenta con los recursos, no tiene por qué soportar faltas de respeto, traiciones ni mentiras públicas por parte de la familia de su nuera. Su enfoque siempre ha sido el bienestar del niño, ofreciendo amor y soporte económico real, elementos que han sido fríamente calculados y rechazados por quienes hoy se ostentan como las “víctimas” en televisión.

El caso de Adis Tuñón pasará a la historia de la televisión mexicana como un caso de estudio sobre lo que nunca debe hacer un periodista de espectáculos. Cruzar la línea entre informar sobre una nota y convertirse en el ejecutor legal de la misma destruye cualquier semblanza de objetividad. La ambición por ganar una batalla familiar utilizando un micrófono nacional ha resultado en una derrota aplastante. Hoy, Tuñón enfrenta el silencio impuesto por sus jefes, el repudio de un público que apoya incondicionalmente a Maribel Guardia y la cruda realidad de que, en el ámbito legal, las palabras vacías dichas en un foro de televisión no tienen ningún valor, pero sí graves consecuencias. La lección es clara: con la familia, la ética y los niños, no se juega por unos puntos de rating.