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Nadie imaginó el horror que su esposa soportó durante siete horas antes de morir.

Nadie imaginó el horror que su esposa soportó durante siete horas antes de morir.

La noche del 8 de noviembre de 2023, una mujer de 31 años entró a un restaurante en Haná, convencida de que esa sería la última noche de su pesadilla. Horas después, su cuerpo presentaba lesiones tan extensas y severas que los forenses aseguraron nunca haber visto algo igual. Su verdugo era un hombre de 44 años, exministro de economía de Kazistán, que intentó borrar cada prueba y hacer pasar aquella atrocidad por un absurdo accidente.

Pero lo que hace estremecer no es solo la brutalidad del crimen, es saber que años antes ese mismo hombre ya había estado tras las rejas. fue condenado a 10 años de prisión por corrupción por recibir sobornos en cantidades enormes una y otra vez y sin embargo salió en solo 12 meses. La mayoría pensó que esta vez también usaría su dinero y sus contactos para esquivar el castigo.

La verdadera pregunta nunca fue si era culpable, era cuánto pagaría. Para entender cómo se llega a un punto tan salvaje, hay que mirar de cerca a dos personas que jamás deberían haberse cruzado. El exministro nació en 1980 en la ciudad de Hill Lorda, dentro de la República Socialista Soviética de Kazistán.

Era el mayor de dos hijos. Su padre era diputado del parlamento y su madre una empresaria que en los años 90 levantó un pequeño imperio. Cuando su hijo enfrentó su primer gran escándalo por corrupción en 2018, ella salió a defenderlo en público. Los fiscales pedían 12 años de cárcel. Ella dijo que esa condena destruiría la personalidad de su hijo.

Para 2024, cuando la sombra de un asesinato cayó sobre él, la madre ya se había deshecho rápidamente de la mayoría de sus empresas, pero las había reescrito a nombre de familiares. Nada salió de la familia. El exministro no era un hombre sin formación, todo lo contrario. Tenía tres títulos universitarios, uno en la academia de gestión de Kazistán, otro en la Universidad Tas y una beca estudiar en la Universidad George Washington en Estados Unidos.

A los 26 años ya tenía su doctorado en Ciencias Económicas. Comenzó como gerente en un banco. Hizo pasantías en el Ministerio de Economía. Ocupó puestos altos en grandes empresas hasta que en 2016 él mismo se convirtió en ministro de Economía. Fue el más joven en la historia reciente de su país, pero solo 8 meses después lo despidieron en medio de un escándalo enorme y terminó en prisión.

Dos matrimonios rotos quedaron atrás antes de que conociera a su víctima. El primero fue en 1999, cuando aún era estudiante. De esa unión nació un hijo en el año 2000. Se separaron en 2004. El segundo matrimonio llegó en 2006 cuando ya era asesor del ministro de economía. Duró 14 años.

Tuvieron tres hijos, pero fue la propia mujer quien pidió el divorcio en 2020. Y esa mujer, tiempo después sería la víctima. Ella nació el 15 de mayo de 1992 en Pablo Dar, al norte de Kazistán. Era la menor de dos hijos. Su padre era empresario y su madre economista. Su tío paterno hizo carrera en la política. Fue jefe de departamento de comercio y también líder de dos ciudades.

De niña, la astrología la atrapó como un hechizo. No era una aficionada más. Estudiaba libros enteros, hacía cartas natales para sus amigas del colegio y predecía el futuro con una precisión que dejaba a todos boquia abiertos. La mayoría de sus pronósticos se cumplían, así que convirtió aquello en su vida. Promocionaba sus servicios en redes sociales, daba consultas personales y en línea, ayudaba a otras mujeres a encontrar propósito, amor, trabajo y desarrollo espiritual.

Solo atendía a mujeres y le iba muy bien. Tenía citas reservadas con meses de anticipación. Era dueña de su tiempo, de su dinero y de su vida. Soñaba con eso y lo había logrado hasta que un hombre apareció en su pantalla. Fue en la primavera de 2022. El exministro topó con su perfil en una red social.

Le gustó lo que vio y se le ocurrió una estrategia, pedirle una consulta astrológica. Ella lo rechazó porque solo atendía a mujeres, pero eso, lejos de desanimarlo, encendió algo en él. Insistió, le mandó a Lagos, intentó dar lástima, le dijo que solo ella podía ayudarlo y que confiaba ciegamente en ella como especialista. A la astróloga la halagó, pero no se dio.

Le ofreció una consulta virtual, pero él dijo que no. quería verla en persona. Durante meses, él investigó todo sobre ella, dónde vivía, con quién salía, a dónde iba, qué le gustaba. Ella seguía negándose, pero les contaba a sus amigas que tenía un pretendiente muy persistente hasta que finalmente aceptó una reunión de negocios cara a cara.

Él se portó perfecto, educado, atento, caballeroso, pero ella le confesó a su hermano que ese hombre no era su tipo y que jamás funcionaría entre ellos. Ella creía que podía mantener la distancia, era fuerte. independiente y segura de sí misma. Nadie la obligaba a hacer nada que no quisiera, pero él encontró la grieta en su armadura y no fue por ella, fue por su abuela.

El exministro pidió hablar con la anciana para pedir su bendición. Su argumento era que si algún día ella aceptaba casarse con él, aún tendría tiempo de conocer a sus padres, pero la abuela podría no estar. Aquel gesto tan cuidadosamente calculado la tocó, a pesar de que ella seguía sin querer una relación, a pesar de que la diferencia de edad de 12 años le incomodaba y a pesar de que sus propias cartas astrales les mostraban incompatibles.

Menos de un mes después de aquella visita a sus padres, donde juró que nada serio pasaba, su hermano vio una publicación en redes sociales. Él le había propuesto matrimonio y ella había aceptado. La familia quedó en shock, las amigas también. ¿Qué había cambiado? En diciembre de 2022, apenas unos meses después de conocerse, celebraron una boda lujosa en uno de los restaurantes más exclusivos de Astana.

Pero había un detalle. No se casaron por docivil, solo hicieron un rito musulmán en una mezquita. Eran esposos ante Dios, no ante la ley. Ella entonces hablaba maravillas de él, inteligente, culto, educado, capaz de conversar de cualquier tema y además, según ella, era inocente del escándalo de corrupción que lo había llevado a prisión.

Lo habían incriminado, decía. Pagó por un crimen que no cometió. Desde fuera parecían felices. Él la colmaba de regalos y ella lo llamaba el esposo más maravilloso. Sus amigas envidiaban su suerte. Pero la felicidad duró menos de un mes. Se mudaron a casa de los padres de él. La mamá de él ocupaba la primera planta y ellos la segunda.

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