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Narriman: Se Casó con el Rey de Egipto… y Huyó 14 Meses Después

Es oficialmente la última reina de Egipto. Y esa noche, mirando a su propio hijo dormir, está tomando la decisión que va a cambiar su destino para siempre. va a abandonar a su hijo, va a abandonar a su esposo, va a abandonar el título de reina, va a abandonar el yate, las joyas, los palacios, las cuentas bancarias suizas, todo lo que el cuento de hadas le había prometido 3 años antes.

va a volver a el Cairo en barco con su madre, va a renunciar a la custodia del niño y va a aceptar, porque no le queda otra opción, que no va a volver a abrazar a su hijo durante años enteros. ¿Por qué? ¿Por qué una madre de 20 años decide abandonar al hijo único que acaba de traer al mundo? ¿Por qué la novia más fotografiada del mundo árabe, la mujer que había sido apodada, la cenicienta del Nilo por toda la prensa? internacional decide huir del cuento de hadas que cada chica egipcia había soñado.

¿Por qué? Esta es la pregunta que nunca va a contestar públicamente. Durante los siguientes 51 años, el silencio total se convierte en la única defensa posible de una mujer que ha sido transformada en un símbolo nacional sin que nadie le hubiera preguntado nunca si ella quería hacerlo. Para entender lo que pasó esa noche en aquella villa de Capri, hay que volver mucho más atrás.

Hay que volver a un departamento del centro de El Cairo, a un 31 de octubre del año 1933, al grito de una mujer joven que está dando a luz a su única hija después de un parto difícil de 10 horas. Y a la promesa que el Padre, un funcionario respetable del ministerio de transportes egipcio, llamado Husin Fami Sadik, le susurra a la recién nacida al oído antes de que la enfermera se la lleve a lavar.

Hija mía, te voy a cuidar para que nada malo te pase nunca. Lo juro por Dios. Esa promesa, sin que él lo sepa todavía, va a resultar imposible de cumplir. Era una promesa pronunciada con todo el amor del mundo en una noche de octubre de El Cairo, en un cuarto de hospital iluminado solamente por una pequeña lámpara de aceite.

Pero la historia, esa fuerza ciega y cruel, ya tenía planes muy distintos para esa recién nacida. 31 de octubre de 1933, el Cairo, Egipto. Una niña de 3, y acaba de nacer en un departamento del barrio de Bulac, cerca de la orilla este del Nilo. Sus padres son Hussein Fami Sadik Bay y Asila Camil. Hussein es subsecretario de transportes en el gobierno egipcio del momento, un cargo importante en la administración del rey Fuad.

Primero, asila es ama de casa, mujer culta, descendiente de familia turca con conexiones lejanas con la corte de Estambul. Son lo que en la Sociedad Cairota de los años 30 se llama una familia de la clase media alta. No aristócratas, pero respetados, con sueldo estable, con casa propia, con cocinero, con sirvienta, con coche. La pequeña recibe el nombre de Narryman.

Es un nombre de origen turco persa, que significa, según las traducciones más comunes, la fascinante de espíritu vivo. Es hija única. Va a ser hija única durante toda su vida. Sus padres, después del parto difícil deciden no tener más hijos. Y la pequeña Narryman crece en el centro absoluto del afecto familiar, mimada hasta el exceso, vestida con vestidos cocidos por las mejores modistas francesas.

de la calle Suleimán Pasha, llevada cada domingo al Cairo Sporting Club, donde aprende a nadar a los 5 años, a montar a caballo a los siete, a jugar al tenis a los nueve, pero detrás del lujo aparente hay una niña tímida, callada, casi melancólica. Sus compañeras del colegio inglés del Cairo, una institución mixta de las hijas de la élite urbana egipcia, la describirán años después como una niña que nunca levantaba la mano en clase, pero que cuando le hacías una pregunta directa contestaba con una sabiduría que parecía no corresponder a su edad. Una

de sus maestras, una mujer británica llamada Miss Margaret Sullivan, anotaba en sus reportes anuales una frase que iba a resultar profética. Nariman es una niña que parece estar siempre lejos, como si su cuerpo estuviera en el Cairo, pero su mente estuviera en otro lugar. A los 12 años ya es una de las niñas más bellas de la capital egipcia.

Tiene ojos grandes color avellana, cabello castaño oscuro ondulado, piel clara, una piel inusualmente clara para una egipcia, herencia probable de sus antepasados turcos. Su madre Asila, orgullosa de la belleza de su hija, empieza a llevarla a las fiestas de cumpleaños de las hijas de funcionarios y militares de alto rango.

Y poco a poco las familias del Cairo empiezan a hablar de la hijita de Sadik Bay como una de las jóvenes mejor situadas para casarse algún día con un partido excelente. Hay un episodio de aquella infancia que Nariman misma confesaría años después en una de las raras conversaciones privadas que tuvo con su sobrina favorita a finales de los años 70 y que ayuda a comprender mejor el carácter que iba a marcarla toda su vida. Tenía 11 años.

Su madre a Sila le había comprado un vestido de seda rosa para una fiesta importante en el Cairo Sporting Club. Pero la noche anterior a la fiesta, una de sus compañeras del colegio, una niña aristócrata, que despreciaba el origen modesto de los sadic, se burló de ella delante de las otras alumnas, diciendo que la hija del funcionario no era nadie comparada con las hijas de las verdaderas familias del Cairo.

Harryman no contestó, no se defendió, pero esa misma noche, al volver a casa, rasgó el vestido de seda rosa con unas tijeras de costura, lo escondió debajo de la cama y le dijo a su madre al día siguiente que ya no quería ir a la fiesta. Así la castigó. Narryman aguantó el castigo en silencio y según ella misma le contaría a su sobrina 40 años después.

Fue desde aquel episodio que aprendió la lección más profunda de su vida, que el silencio es siempre, en última instancia, la única arma real que tiene una mujer que no tiene poder ni recursos propios. A los 14 años, Narryiman empieza a recibir las primeras propuestas indirectas de matrimonio. Su padre, hombre prudente, las rechaza todas con firmeza.

Quiere que su hija termine la educación secundaria. Quiere que ella elija a su esposo, quiere que no se case demasiado joven. Y durante esos años de adolescencia, Narriman vive una vida sorprendentemente normal. Va al cine los sábados a los cinemas, Metro y Ríboli del centro. Lee revistas francesas que su padre compra en la librería del hotel Shepherd.

Escucha la radio escondida bajo la almohada por las noches. Sueña con un futuro tranquilo de esposa de un médico o de un abogado o de un diplomático. A los 16 años, en el verano de 1950, conoce al hombre del que se enamora por primera vez. Se llama Mohamed Zaki Hashim. Tiene 28 años. Es un abogado prometedor de un bufete prestigioso del Cairo.

Es alto, delgado, con bigote fino y modales perfectos. Hablan en la fiesta de cumpleaños de una prima común. Bailan dos veces y a los 6 meses Sakiashim se presenta formalmente en la casa de Sadikq Bay con un anillo en el bolsillo y una petición de matrimonio en los labios. El padre Husain consulta a su hija en privado.

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