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JULIAN QUIÑONES: Finalmente ROMPIO el SILENCIO y CONMOCIONO a TODO MEXICO

JULIAN QUIÑONES: Finalmente ROMPIO el SILENCIO y CONMOCIONO a TODO MEXICO

Julián fue la figura del debut mundialista mexicano, autor del primer gol que abrió el marcador del tri y del primer gol del Mundial 2026. Sin dudas fue el mejor de la cancha, corrió, [música] gambeteó y se convirtió en una pesadilla para la defensa sudafricana. El mundo entero hoy habla de él y ya varios gigantes del viejo continente han fijado sus ojos en Julián.

Hoy, a días de ese gran momento, Julián decidió salir a hablar y sus declaraciones están emocionando a todo México. Estas son las declaraciones de Julián Quiñones y lo que estás por escuchar te dejará conmocionado. Para entender la dimensión de lo que pasó aquella tarde en el Azteca, hay que viajar muy lejos del césped perfecto y los reflectores.

Hay que ir hasta Maguiayan, un rincón perdido del Pacífico colombiano donde la palabra futuro casi no se pronunciaba. Era una de las zonas más peligrosas del país, dominada por el narcotráfico y los grupos armados. Un lugar del que [carraspeo] se hablaba en las noticias por la violencia, nunca por sus talentos.

Ahí creció Julián sin padre, criado por su madre y sus hermanas en una casa donde cada día era una batalla por salir adelante. Jugaba descalzo porque no había para más y su mamá remendaba la poca ropa que tenía para que el niño pudiera seguir corriendo detrás de un balón. Jugábamos descalzos y esa era nuestra felicidad, confesaría años después.

En aquel pueblo, una pelota valía más que cualquier juguete y el potrero era el único lugar donde la pobreza se olvidaba durante 90 minutos. Con apenas 17 años, Julián hizo lo que muy pocos se atreven. Dejó atrás a su familia, su país y todo lo conocido para perseguir una idea que ni siquiera podía garantizarle un plato de comida.

México apareció en el horizonte, llegó a las fuerzas básicas de los Tigres de la UANL en Monterrey y de inmediato dejó claro que aquello no era casualidad. En la categoría sub20 se convirtió en una máquina de goles con 15 anotaciones en apenas 17 partidos. El pibe descalzo de Magui Payán empezaba a tener nombre en otro país.

Sin embargo, [resoplido] brillar en juveniles no garantiza absolutamente nada. Para foguearse de verdad, fue cedido a los venados de Mérida, donde dio sus primeros pasos en el fútbol profesional mexicano y aprendió a los golpes lo que significaba competir entre hombres hechos. De ahí pasó a Lobos Wap en Puebla y fue justo ahí donde el fútbol mexicano entero volteó a verlo.

Mientras otros delanteros peleaban por un par de minutos, Julián se soltó. Una cosecha que rondó la decena y media de goles lo transformó de promesa anónima en figura de la Liga MX. Los reflectores ya no lo soltarían. De pronto, el nombre de aquel colombiano que había llegado sin que nadie lo conociera, empezaba a aparecer en las portadas.

Los rivales lo marcaban de a dos. Los grandes clubes preguntaban por él. Justo cuando todo parecía encaminado, el destino le tenía preparada una prueba cruel. De regreso a Tigres, Julián tocó la gloria por primera vez. levantó la copa en uno de los clubes más poderosos del país, conoció el sabor de ser campeón y se ganó un lugar entre los grandes.

Y entonces, cuando su carrera despegaba, una grave lesión de rodilla lo derribó. Quirófano, rehabilitación y meses de dudas. Para muchos futbolistas, una lesión así marca el principio del fin. Para Julián fue apenas otra cancha de tierra que había que cruzar. Descalzo si hacía falta. Volvió y volvió con más hambre que nunca, pero la rodilla operada le había enseñado algo que ningún título enseña, que todo puede desaparecer en un segundo.

Ese miedo, lejos de frenarlo, lo volvió más feroz. Cada entrenamiento lo encaraba como si fuera el último. Cada partido como si tuviera que demostrarle al mundo que seguía vivo. Y fue justo esa mentalidad la que lo preparó para el capítulo más glorioso de su etapa en México. El Renacimiento tuvo nombre y colores: rojo y negro.

En 2021, Julián llegó al Atlas, un club encantador y maldito a partes iguales, porque arrastraba más de 70 años sin levantar un título de liga. 70 años de frustración, de aficionados que heredaban la espera de padres a hijos sin ver una sola corona. Y entonces apareció él. Quiñones se convirtió en el referente ofensivo de aquel equipo que rompió la maldición y conquistó no uno, sino dos campeonatos consecutivos.

El primer bicampeonato en la historia del club. El niño que jugaba descalzo acababa de romper una de las sequías más dolorosas del fútbol mexicano. En Guadalajara su nombre quedó tatuado para siempre. Para dimensionar lo que hizo en Atlas, hay que entender lo que significaba ese título para una afición entera.

Generaciones completas de aficionados rojinegros había nacido, crecido y envejecido sin ver a su equipo campeón. Era una espera convertida en folklore, en chiste cruel, en identidad. Y un muchacho nacido a miles de kilómetros en otro país fue quien por fin les devolvió la sonrisa. ¿Te imaginas la carga emocional de llevar eso sobre la espalda? Julián no solo metió goles, curó una herida de siete décadas y eso no se olvida.

Y aún así, lo [carraspeo] mejor todavía estaba por escribirse. Su rendimiento demoledor no pasó desapercibido. En 2023, el Club América tocó a su puerta. Para muchos jugadores, llegar al gigante de Coapa es una presión que aplasta. Para Julián fue otro escenario donde demostrar de que estaba hecho.

Fue un paso muy grande porque sabía que llegaba al equipo más grande de México. Reconocería. Había muchos reflectores sobre mi llegada y eso me llenaba más de querer seguir trabajando. Quería dar lo mejor de mí para que mi fichaje no fuera en vano. No lo fue. Con las Águilas volvió a ser bicampeón, repartió goles y asistencias a Granel y se consolidó como uno de los atacantes más determinantes que ha pisado la Liga MX en la última década.

Pude construir títulos en ese gran equipo, diría con orgullo. Es un equipo al cual le tengo mucho aprecio. Agradezco la confianza que siempre me dieron. Seis títulos de liga repartidos entre Tigres, Atlas y América. Un ganador serial, un hombre que se acostumbró a levantar trofeos en cada club por el que pasó.

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