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Verónica Castro: TORTURADA por su Hijo hasta “Romperle la Columna” y el DESEO de “YA NO QUERER VIVIR

A los 52 años, un elefante de 5 toneladas le rompió el cuello en vivo frente a millones de personas que la veían en televisión. A los 56, su propio hijo la agarró del cabello, le dio cuatro cachetadas y la dejó hospitalizada, diciendo que había sido un asalto. A los 68, su madre falleció sola en plena pandemia y ella no pudo acompañarla, ni despedirse, ni cerrar nada. Hoy tiene 72 años.

Vive sola en Acapulco con la columna de titanio y le habla a su madre muerta pidiéndole que la espere. porque ya no desea vivir. Su nombre era Verónica Castro. La mujer que hizo llorar a más de 100 países con los ricos también lloran. Y lo que su propia familia le hizo, lo que la industria permitió y lo que ella misma se obligó a soportar durante 53 años fue un crimen que nadie pagó.

Esta es la investigación que su familia, su hijo y la propia Verónica guardaron durante décadas. Hoy vas a descubrir cuatro  cosas que cambian todo lo que creías saber sobre la mujer más famosa de la televisión mexicana. Primero, las palabras exactas que Manuel, el loco Valdés, le dijo cuando le contó que estaba embarazada.

Una propuesta tan humillante que Verónica decidió criar sola a su hijo durante  33 años, 12,000 días, 4 380 noches sin recibir un solo peso de pensión. Las palabras que el padre de Cristian  Castro pronunció esa noche revelan por qué ella aprendió que las mujeres cargan solas, siempre solas.

Segundo, el documento médico que Verónica ocultó durante  20 años sobre lo que realmente pasó con el elefante en 2004 no fue solo un cuello roto, fueron todas las cervicales postizas, toda la columna de titanio, la pérdida casi completa de la médula espinal y la razón por la que nunca demandó a Televisa ni pidió un peso, aunque su cuerpo quedó destrozado para siempre.

Tercero, el testimonio de Yolanda Andrade sobre lo que vio en 2008  cuando llevó a Verónica al hospital después de que Cristian la golpeara. No fueron cuatro cachetadas, fueron patadas, ahorcamiento, una cirugía de emergencia de 6 horas y la frase exacta que Verónica les dijo a los doctores para proteger a su hijo, mintiendo sobre quién la había dejado así.

Y cuarto, el testimonio de una amiga cercana publicado en TV Notas en octubre de 2022, revelando el estado actual de Verónica: depresión severa, abuso de antidepresivos, paranoia, aislamiento total en Acapulco y la confesión más devastadora de todas, que ya no desea vivir, que le habla a su madre muerta diciéndole, “Gorda, aguántame.

Te voy a avisar cuando llegue cada una. Si te vas antes del final, te pierdes la parte que Cristian Castro, que Televisa, que la industria del espectáculo y que la propia Verónica han intentado borrar durante casi tres décadas. Pero antes de contarte cómo  terminó hablándole a su madre muerta, necesitas entender cómo empezó, porque el infierno de Verónica Castro no  comenzó con el elefante ni con las cachetadas de Cristian.

El infierno comenzó el día exacto en que su padre decidió que otra mujer era más importante que sus cuatro hijos y se largó sin mirar atrás. 1960, Ciudad de México, colonia San Rafael. La familia Sainz Castro  es una familia normal. Fausto Sainz es ingeniero. Socorro Castro  es ama de casa. Tienen cuatro hijos.

Viven en la colonia San Rafael. un barrio de clase media. Verónica tiene 8 años. Hasta que ese año Socorro descubre que Fausto tiene otra mujer. Hubo gritos, hubo lágrimas, hubo reclamos. Y Fausto, en lugar de pedir perdón, en lugar de quedarse por sus hijos, tomó una decisión, agarró sus cosas y se largó con la otra, sin mirar atrás, sin pensar en los cuatro niños que dejaba.

sin importarle que Socorro no trabajaba, que no tenía dinero, que no tenía con qué mantenerlos. Y de un día para otro, cinco personas que vivían en una casa con jardín terminaron amontonadas en un cuarto de servicio. Un cuarto, cinco personas. Imagínate eso. Cinco seres humanos viviendo en un espacio diseñado para guardar escobas y trapeadores sin privacidad.

Sin espacio para jugar, sin lugar donde hacer la tarea, sin nada. Verónica lo contó décadas después en Ventaneando con Patti Chapoy. No teníamos dinero y vivíamos en un cuarto de servicio. Mi mamá nos dejaba encerrados hasta con llave para que no se le fuera a salir ningún escule.  encerrados con llave como prisioneros, como animales,  porque Socorro no tenía con quién dejarlos.

Socorro tuvo que aprender taquigrafía. Consiguió trabajo como secretaria en la UNAM. Salía cuando los niños dormían. Volvía cuando ya era de noche. Trabajaba 12 horas al día.  ¿Y la comida? Verónica lo resumió en una frase que duele. Una mamila de café con leche de chinos y un bisquet. Esa era nuestra cena.

Diario la esperábamos ansiosamente  porque de comida ni hablamos. Piensa en eso un momento. Café con leche, un bisquet. Eso cenaban cuatro niños en crecimiento todos los días durante años. ¿Y quién cuidaba a los hermanos menores? Mientras Socorro trabajaba 12 horas. Verónica, mi mamá trabajaba y yo tenía que hacerla prácticamente de mamá de mis hermanos.

A los 8 años, Verónica cocinaba lo poco que había, cambiaba pañales, bañaba a sus hermanos, los vestía, los peinaba, los llevaba a la escuela, les hacía la tarea, los acostaba. A los 8 años, Verónica  Castro dejó de ser niña, se convirtió en madre de sus propios hermanos y aprendió algo que la destruiría después, que las mujeres cargan, que las mujeres aguantan, que las mujeres no piden ayuda, que las mujeres sacan adelante a todos, aunque ellas se  estén hundiendo, que las mujeres cargan solas, siempre solas.

Quizá tú también creciste así. Quizá tú también tuviste que madurar antes de tiempo porque alguien se fue. Y si es así, entonces sabes exactamente  lo que le pasó a Verónica. Pero algo más pasó en ese cuarto de  servicio. Verónica descubrió que tenía una voz, no solo una voz bonita, una voz que cuando cantaba hacía que sus hermanos dejaran de llorar.

Su abuela paterna, Socorro Astol era dueña de una compañía artística. Su tío Fernando Soto, era el famoso comediante Mantequilla. Los hermanos Valdés Germán Tintán, Ramón, Manuel eran leyendas de la época de oro.  El talento corría en su sangre. Cuando Verónica tenía 14 años, alguien la escuchó cantar y le consiguió una beca para estudiar actuación en la academia de Andrés Soler, 14 años.

Todavía vivía en el cuarto de servicio. Todavía cuidaba a sus hermanos. Todavía cenaba café con leche y bisquet, pero ahora tenía una salida. Socorro se lo dijo una noche. Esto es lo único que te puede sacar de aquí, mija. Tu voz, tu talento. Eso es lo único que tienes. Lo único que tienes.

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