Posted in

Dirigía la Caza de Espías del FBI… Mientras le Pasaba Todo a Rusia

¿Qué pasaría si el hombre encargado de cazar espías rusos en Estados Unidos fuera el mismo el espía más peligroso que la Unión Soviética jamás haya tenido? No estoy hablando de una película, no es una novela de John Lecarré, estoy hablando de un hombre real, un agente del FBI y con 25 años de servicio, un padre de familia, un católico devoto que iba a misa todos los días, un hombre que sus colegas describían como brillante, metódico, incluso arrogante.

Un hombre que durante 22 años consecutivos le vendió los secretos más clasificados de los Estados Unidos a la Unión Soviética. Y lo que es más perturbador aún, nunca fue descubierto por sus propios métodos, nunca cometió un error de manual. La única razón por la que fue atrapado fue porque los Estados Unidos le pagaron millones de dólares a un exagente del KGB para que los traicionara.

El Departamento de Justicia de los Estados Unidos lo llamó oficialmente el peor desastre de inteligencia en la historia del país. Y cuando finalmente los agentes del FBI lo esposaron en un parque de Virginia, lo primero que dijo fue, “¿Por qué tardaron tanto?” En este video vamos a responder exactamente eso.

Cómo un hombre vivió una doble vida perfecta durante más de dos décadas. ¿Qué secretos entregó? ¿A cuántos hombres condenó a muerte con su traición? ¿Y por qué lo hizo? Esto es Crónicas de Guerra y esta es la historia de Robert Philip Hansen, el enemigo dentro del FBI. ¿Quién era Robert Hansen? Para entender la traición, primero hay que entender al traidor.

Robert Philip Hansen nació el 18 de abril de 1944 en Chicago, Illinois. hijo único de un policía con fama de ser duro, frío y poco afectuoso. Desde pequeño, Hansen aprendió que el mundo se divide entre los que tienen poder y los que no. Y aprendió también a guardar secretos. Era inteligente, excepcionalmente inteligente.

Estudió química, luego contabilidad, luego obtuvo un MBA en administración de empresas. Pero lo que realmente lo fascinaba era la inteligencia, los servicios secretos, el mundo de las sombras donde muy pocos hombres operaban. ¿Por qué alguien con ese perfil entraría al FBI? Porque el FBI era el escenario perfecto para el personaje que Hansen quería ser.

Un hombre que sabía más que los demás, que veía más allá, que tenía acceso a información que el resto del mundo nunca vería. El 12 de enero de 1976, Robert Hansen juró su cargo como agente especial del FBI. Era un hombre de 31 años, meticuloso, frío, con un dominio del idioma ruso que rápidamente llamó la atención de sus superiores. Lo asignaron a contrainteligencia soviética.

Su trabajo, desde el primer día fue cazar espías rusos. La ironía es perfecta porque en menos de 3 años dentro del FBI, Hansen ya estaba pensando en el otro lado. El primer contacto, 1979. En 1979, Hansen llevaba solo 3 años en el FBI. Tenía 35 años. Estaba asignado a la unidad de contrainteligencia soviética en Nueva York y tomó una decisión que cambiaría la historia del espionaje mundial.

sin que nadie se lo pidiera, sin ser reclutado, sin que ningún agente soviético lo presionara o lo sedujera. Por su propia voluntad, Hansen se acercó a una oficina comercial en Nueva York, que era en realidad una fachada del GRU, la Agencia de Inteligencia Militar Soviética, y les entregó información clasificada.

Ese primer gesto fue deliberado y calculado. Le dijo a los soviéticos que no quería que lo contactaran directamente, que nunca revelarían su nombre real, que usarían un sistema de entregas muertas, los llamados de drops, pequeños intercambios de paquetes en lugares públicos, sin contacto directo, sin riesgo de que ninguna cámara los captara juntos.

Hansen no solo era espía, era el arquitecto de su propio sistema de espionaje. Esos primeros años de contacto son oscuros. El FBI nunca logró reconstruirlos completamente. Lo que sí se sabe es que en 1980 algo sucedió que puso todo en pausa. Su esposa, Bonnie, lo sorprendió en el sótano de su casa en Westchester, Nueva York.

hacía algo que no debería estar haciendo, algo que no encajaba con la imagen del agente federalo. Bonnie había descubierto a su marido. Hansen confesó, le dijo a su esposa que había entregado información a los soviéticos, pero que era poca cosa, que lo sentía, que nunca volvería a hacerlo. Juntos fueron a hablar con un sacerdote del Opus Day, la Organización Católica Conservadora a la que ambos pertenecían.

El sacerdote le aconsejó que donara el dinero recibido a una organización de caridad y seguir adelante. Y Hansen lo hizo. Donó el dinero, cerró los contactos, se comportó durante 5 años como el agente modelo que todos creían que era. Pero algo en su interior no se apagó. Solo esperó. 1985. El año que todo cambió.

El 1 de octubre de 1985 fue el día en que Robert Hansen se convirtió definitivamente en el enemigo más peligroso que Estados Unidos jamás haya tenido dentro de sus propias filas. Ese día envió una carta anónima a la calle B, sin nombre, sin firma, solo una propuesta fría, calculada, devastadora. Les pedía $100,000 en efectivo y a cambio les daba algo de valor incalculable.

En esa carta, Hansen reveló los nombres de tres agentes rusos que vivían en Estados Unidos y trabajaban en secreto para el FBI. Boris Yutin, Valerie Martinov y Sergei Motorin. Tres hombres, tres nombres, tres vidas. Los soviéticos recibieron la carta, la verificaron y actuaron de inmediato. Martinov y Motorin fueron arrestados en Moscú, sometidos a interrogatorio y ejecutados.

Y sobrevivió, fue enviado a un campo de trabajo soviético durante años. Eventualmente fue liberado cuando la Unión Soviética se desintegró. Tres hombres que habían arriesgado sus vidas para ayudar a los Estados Unidos. tres hombres que confiaron en el sistema y Robert Hansen los entregó como si fueran fichas en un tablero de ajedrez.

Pero lo más escalofriante es esto. En ese mismo año de 1985, otro espía americano, Aldrich Ames, agente de la CIA, también comenzó a vender secretos a los soviéticos. También entregó los nombres de agentes dobles, también causó muertes. Y durante años, cuando el FB investigó por qué estaban muriendo sus fuentes en la Unión Soviética, llegaron a una conclusión.

Era culpa de AES. Aes fue el escudo perfecto para Hansen. Sin quererlo, sin saberlo, otro traidor protegió al más peligroso de todos. Bloque 5, los secretos que destruyeron a Estados Unidos. Durante 22 años, Hansen entregó a los soviéticos aproximadamente 6000 páginas de documentos clasificados y docenas de discos de computadora.

Read More