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Lázaro Cárdenas: El único Presidente Mexicano que Enfrentó a los Gringos por el Petróleo — Y Ganó

19 de marzo de 1938, 6 de la mañana, Palacio Nacional. Un mensajero entra corriendo al despacho presidencial, trae un cable urgente del Departamento de Estado de Estados Unidos. Lázaro Cárdenas lo abre. Lee en voz alta para sus ministros. A nombre de Standard Oil Company y sus subsidiarias, el secretario de Estado, Cordel Hall, exige compensación inmediata por 400 millones dó.
México debe devolver instalaciones petroleras o enfrentar consecuencias económicas severas. Silencio total en la habitación, 400 millones de dólares. El presupuesto anual completo de México es de 200 m000ones. Están pidiendo el doble de lo que el país entero puede generar en un año.
Es imposible de pagar y lo saben. Uno de los ministros se atreve a hablar. Señor presidente, ahí podemos negociar tal vez un pago parcial, una compensación gradual. Cárdenas lo interrumpe. No. Afuera, en los campos petroleros de Tampico, ingenieros estadounidenses y británicos están vaciando las oficinas, queman documentos, algunos abren válvulas para que el petróleo se derrame en los ríos.
Si no pueden tenerlo, nadie lo tendrá. En Londres, Royal Dutch Shell convoca una reunión de emergencia. El directorio vota decisión unánime, bloqueo económico total contra México. Ni un banco europeo podrá prestarle un centavo, ni un puerto permitirá descargar petróleo mexicano. En Washington, Cordel Hall presiona al presidente Franklin Roosevelt.
México ha violado el derecho internacional. Las compañías estadounidenses exigen intervención inmediata. En la embajada británica en Ciudad de México, el embajador Owen Saint o Clero Maliy redacta un mensaje urgente para Londres. El presidente Cárdenas ha cometido un acto de guerra económica. Gran Bretaña debe responder con firmeza.
24 horas después, Gran Bretaña rompe relaciones diplomáticas con México, retira a su embajador, congela todas las cuentas bancarias mexicanas en territorio británico. Es el primer golpe. Standard Oil y Shell no están dispuestas a perder México. Llevan 30 años extrayendo millones de barriles sin pagar impuestos justos, sin respetar leyes laborales, tratando a los trabajadores mexicanos como esclavos en su propia tierra.


Y ahora un presidente de un país pobre, sin ejército fuerte, sin reservas económicas, les acaba de decir que se vayan. Standard Oil controla medio mundo. Shell tiene el respaldo del imperio británico. Juntas avalen más que todo el presupuesto de México multiplicado por 10. Si Cárdenas no devuelve el petróleo, pueden destruir la economía mexicana sin disparar un solo tiro.
Bloquear puertos, congelar cuentas, sabotear exportaciones o convencer a Estados Unidos de que invada no sería la primera vez. En los pasillos de Palacio Nacional, algunos ministros hablan en voz baja. Nos van a aplastar, como hicieron en Nicaragua, como hicieron en Honduras. Tienen razón para tener miedo. Estados Unidos invadió México en 1847 y le quitó la mitad del territorio.
Ocupó Veracruz en 1914 durante 6 meses. Hacerlo de nuevo sería fácil, pero Cárdenas tiene un aliado inesperado. Josefus Daniels, el embajador estadounidense en México, veterano de la Marina, amigo personal de Roosevelt. Art Daniels no está de acuerdo con Standard Oil. cree que México tiene derecho a defender su soberanía.
En privado, Daniels le dice a Cárdenas, “Haré todo lo posible para que Washington no intervenga militarmente, pero las compañías petroleras tienen mucho poder. No puedo garantizar nada.” Cárdenas lo sabe. Sabe que está jugando con fuego. Sabe que México puede terminar invadido, bloqueado, destruido económicamente, pero también sabe algo que los gringos no esperan.
sabe que el pueblo mexicano está de su lado. Porque esta no es la historia de un presidente que tomó una decisión impulsiva. Es la historia del único presidente mexicano que enfrentó a las potencias mundiales por el petróleo y ganó. Como un general de origen humilde le arrebató la industria más poderosa del país a Standard Oil y Shell, las compañías más ricas del planeta.
y cómo el pueblo mexicano, el mismo pueblo que no tenía casi nada, donó sus anillos de boda, sus joyas de familia, hasta sus gallinas para pagarles a las compañías extranjeras y demostrarles que México no estaba en venta. Lázaro Cárdenas del Río nació en 1895 en Jiquilpán, Michoacán. Familia campesina, sin privilegios, sin herencias, creció viendo como los ascendados explotaban a los peones.
A los 16 años vio los campos petroleros de Veracruz. Trabajadores mexicanos ganando centavos, ingenieros extranjeros ganando fortunas, petróleo mexicano enriqueciendo a compañías de Nueva York y Londres. Ese día aprendió que el petróleo era de México, pero no estaba en manos mexicanas. se unió a la revolución a los 18 años.
Luchó junto a campesinos y obreros, general a los 25. Siempre defendió a los trabajadores, siempre creyó que la riqueza de México debía quedarse en México. En 1934 llegó a la presidencia. Plutarco Elías Calles, el hombre que había controlado México durante 8 años desde las sombras, lo eligió pensando que sería obediente.
Error fatal. En 1936, Cárdenas expulsó a calles del país, lo despertó en medio de la noche, lo subió a un avión militar y lo mandó a Estados Unidos. El maximato terminó. El poder real comenzó y ahora, en marzo de 1938, Cárdenas enfrenta su prueba definitiva. Standard Oil y Shell exigen 400 millones de dólares.
Cordel Hall amenaza con sanciones. Gran Bretaña ya rompió relaciones. Los bancos internacionales cierran las puertas. México está solo contra el mundo. Ah, pero Cárdenas no va a ceder porque sabe que si cede ahora, México nunca será soberano, nunca será dueño de su propia riqueza, siempre será el patio trasero de Estados Unidos, donde las compañías extranjeras hacen lo que quieren y eso para él es peor que la guerra.
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