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Chespirito NO pudo despedirse de Don Ramón… por la mujer que él llamó “veneno”

3 horas antes de morir, don Ramón pesaba 47 kg y ya no podía sostener su propio cuerpo. Le susurró al oído de su hijo Esteban una frase de nueve palabras. Esas nueve palabras la familia las guardó 37 años. Cuando por fin las hicieron públicas en junio de 2025, destruyeron la versión oficial que la familia Chespirito repitió hasta el cansancio sobre los últimos meses del actor. Quédate hasta el final.

Vas a saber que dijo don Ramón en sus últimas horas y vas a entender por qué Cheespirito, el creador del Chavo, no se atrevió a poner un pie en el entierro del actor más querido de toda la vecindad. Pero para entender qué llevó a don Ramón a susurrar esa frase de nueve palabras en la cama del Hospital Mosel, hay que volver a un momento muy concreto.

1971, una casa de televisión en la avenida Chapultepec de Ciudad de México y un hombre de 47 años que estaba a punto de aceptar el trabajo, que iba a darle todo lo que llevaba esperando desde los 20 años y que también, sin que él lo supiera, iba a destrozarle todo lo demás. Ramón Valdés llegó al casting del Chavo del Ocho.

El 8 de junio de 1971 con un billete de 100 pesos en el bolsillo del pantalón y una citación del Servicio de Administración Tributaria por 32,000 pesos atrasados doblada dentro del mismo bolsillo. Tres semanas antes, su hermano mayor Germán, conocido en toda América Latina como Tin Tan, le había prestado 600 pesos para pagar la luz.

le dijo. Según el testimonio de la viuda de Tin Tan publicado en 1995, una sola frase, es la última vez, Ramón. 40 minutos. Eso fue lo que duró el casting que sacó a Ramón Valdés de la pobreza aquella mañana del 8 de junio y que también, sin que él pudiera verlo todavía, lo metió dentro de la jaula que lo destruiría 9 años después.

Roberto Gómez Bolaños, conocido en todo el medio como Chespirito, lo eligió en menos de esos 40 minutos. El papel era el padre de una niña insoportable de la vecindad, un hombre vago, eternamente perseguido por el dueño del edificio cada vez que llegaba el día primero del mes.

Ramón Valdés salió del estudio 2 de Televisa San Ángel aquella tarde con un contrato firmado de 600 pesos por capítulo. Dos meses después, la primera temporada del Chavo del 8 era el programa con más audiencia de la franja de las 8 de la noche en México y Ramón Valdés durante los próximos 8 años vivió el único periodo estable y próspero de su vida adulta.

8 años. Eso fue todo lo que duró la calma. Lo que el público recuerda como la edad de oro de la comedia mexicana. Dentro de la cocina interna del programa fue una cuenta atrás silenciosa y la primera persona que apretó el botón llegó al set por casualidad en julio de 1972. Tenía 26 años.

Se llamaba Florinda Mesa García. Existe una grabación de cassette de 15 minutos. Hecha en marzo de 1988, 5 meses antes de la muerte de don Ramón, dentro de la habitación del propio Ramón Valdés, en la casa de la colonia Nápoles, donde vivía con su tercera esposa. La grabación la hizo su hijo Esteban Valdés padre con una grabadora Sony portátil escondida dentro del cajón de la mesita de noche.

Su padre no supo que estaba siendo grabado. Y dentro de esos 15 minutos, Ramón Valdés menciona por primera vez en voz alta el nombre de la persona que, según él, decidió en 1978 que el Chavo del Ocho ya no tenía sitio para él. Esa grabación lleva 37 años guardada en una caja de zapatos en el closet de la nieta de don Ramón, Carmen Valdés.

La caja guarda también otras dos cosas. Una Biblia abierta en una página marcada con un papel doblado y una carta empezada a escribir con tinta azul sobre un papel cuadriculado nunca terminada. La grabación, la Biblia y la carta cuentan la misma historia desde tres ángulos distintos. Las tres se van a abrir antes de que termine este video.

Florinda Mesa llegó al set del Chavo del Ocho en julio de 1972 para un papel pequeño de tres episodios. Tenía 26 años. Era originaria de Juchitepec, Estado de México, y había trabajado 2 años como bailarina de fondo en programas musicales de Televisa. Chespirito la conoció en el pasillo del estudio. La invitó a probar en un episodio y según la versión publicada por Carlos Villagrán, el actor que interpretaba al personaje de Kiko, en una entrevista con el periodista Maxim Woodside en marzo de 2020, Florinda Mesa nunca más se fue del set después de

aquella tarde. Aquella tarde. Tres palabras que durante 50 años circularon en privado en el medio mexicano sin que nadie las pusiera por escrito. Carlos Villagrán las dijo por primera vez en Cámara Nacional en marzo de 2020 y desde entonces otros cuatro actores del Chavo del Ocho confirmaron exactamente lo mismo, incluida la propia hija menor de Chespirito, Marcela Gómez Fernández, en una declaración escrita publicada en 1999.

Lo que esos cinco testimonios cuentan, cada uno con sus matices, es lo mismo. Florinda Mesa, según esas versiones, empezó a ocupar espacio que pertenecía a otros. Primero apareció en los guiones semanales con escenas que no estaban en el plan original. Para 1975 ya entraba a las reuniones de producción donde se decidían tramas y sueldos.

Y desde mediados de 1976, según el testimonio cruzado de Villagrán y de la Chilindrina, también dormía en el departamento privado que Chespirito mantenía en el piso 12 del edificio de reforma número 500. La primera decisión que tomó dentro de aquellas reuniones de producción, según la propia Chilindrina en su entrevista del 22 de febrero de 2022 con el programa Ventaneando fue reducir el tiempo en pantalla del personaje de Don Ramón.

Reducir el tiempo en pantalla de Don Ramón. La frase exacta que María Antonieta de las Nieves usó en febrero de 2022 fue una sola. A partir de aquel verano, los guiones que llegaban a nuestras manos los lunes ya venían con menos escenas para Ramón y todos sabíamos por qué. Aquel verano era el verano de 1977, lo que la Chilindrina no contó en aquella entrevista, lo que se filtró 4 años después en un documento interno de Televisa al diario Reforma era, ¿qué pasó con el sueldo de Ramón Valdés a partir de esa misma fecha? El 29 de septiembre de 1977.

Según los archivos contables de Televisa que el diario Reforma publicó en mayo de 2021, la productora ejecutiva del Chavo del Ocho firmó dos modificaciones simultáneas de contrato. La primera elevó el sueldo por capítulo de Florinda Mesa de 2,400es a 5,800es. Un incremento del 142% en una sola firma.

La segunda modificación mantuvo intacto el sueldo de Ramón Valdés en 1800 pesos por capítulo, donde llevaba congelado desde 1974, 1800 pesos por capítulo, congelado durante 3 años. Mientras la mujer que llevaba 5 años en el reparto y tenía la mitad del peso narrativo del programa cobraba más del triple. Ramón Valdés tardó 18 meses en enterarse.

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