3 horas antes de morir, don Ramón pesaba 47 kg y ya no podía sostener su propio cuerpo. Le susurró al oído de su hijo Esteban una frase de nueve palabras. Esas nueve palabras la familia las guardó 37 años. Cuando por fin las hicieron públicas en junio de 2025, destruyeron la versión oficial que la familia Chespirito repitió hasta el cansancio sobre los últimos meses del actor. Quédate hasta el final.
Vas a saber que dijo don Ramón en sus últimas horas y vas a entender por qué Cheespirito, el creador del Chavo, no se atrevió a poner un pie en el entierro del actor más querido de toda la vecindad. Pero para entender qué llevó a don Ramón a susurrar esa frase de nueve palabras en la cama del Hospital Mosel, hay que volver a un momento muy concreto.
1971, una casa de televisión en la avenida Chapultepec de Ciudad de México y un hombre de 47 años que estaba a punto de aceptar el trabajo, que iba a darle todo lo que llevaba esperando desde los 20 años y que también, sin que él lo supiera, iba a destrozarle todo lo demás. Ramón Valdés llegó al casting del Chavo del Ocho.
El 8 de junio de 1971 con un billete de 100 pesos en el bolsillo del pantalón y una citación del Servicio de Administración Tributaria por 32,000 pesos atrasados doblada dentro del mismo bolsillo. Tres semanas antes, su hermano mayor Germán, conocido en toda América Latina como Tin Tan, le había prestado 600 pesos para pagar la luz.
le dijo. Según el testimonio de la viuda de Tin Tan publicado en 1995, una sola frase, es la última vez, Ramón. 40 minutos. Eso fue lo que duró el casting que sacó a Ramón Valdés de la pobreza aquella mañana del 8 de junio y que también, sin que él pudiera verlo todavía, lo metió dentro de la jaula que lo destruiría 9 años después.
Roberto Gómez Bolaños, conocido en todo el medio como Chespirito, lo eligió en menos de esos 40 minutos. El papel era el padre de una niña insoportable de la vecindad, un hombre vago, eternamente perseguido por el dueño del edificio cada vez que llegaba el día primero del mes.
Ramón Valdés salió del estudio 2 de Televisa San Ángel aquella tarde con un contrato firmado de 600 pesos por capítulo. Dos meses después, la primera temporada del Chavo del 8 era el programa con más audiencia de la franja de las 8 de la noche en México y Ramón Valdés durante los próximos 8 años vivió el único periodo estable y próspero de su vida adulta.
8 años. Eso fue todo lo que duró la calma. Lo que el público recuerda como la edad de oro de la comedia mexicana. Dentro de la cocina interna del programa fue una cuenta atrás silenciosa y la primera persona que apretó el botón llegó al set por casualidad en julio de 1972. Tenía 26 años.
Se llamaba Florinda Mesa García. Existe una grabación de cassette de 15 minutos. Hecha en marzo de 1988, 5 meses antes de la muerte de don Ramón, dentro de la habitación del propio Ramón Valdés, en la casa de la colonia Nápoles, donde vivía con su tercera esposa. La grabación la hizo su hijo Esteban Valdés padre con una grabadora Sony portátil escondida dentro del cajón de la mesita de noche.
Su padre no supo que estaba siendo grabado. Y dentro de esos 15 minutos, Ramón Valdés menciona por primera vez en voz alta el nombre de la persona que, según él, decidió en 1978 que el Chavo del Ocho ya no tenía sitio para él. Esa grabación lleva 37 años guardada en una caja de zapatos en el closet de la nieta de don Ramón, Carmen Valdés.
La caja guarda también otras dos cosas. Una Biblia abierta en una página marcada con un papel doblado y una carta empezada a escribir con tinta azul sobre un papel cuadriculado nunca terminada. La grabación, la Biblia y la carta cuentan la misma historia desde tres ángulos distintos. Las tres se van a abrir antes de que termine este video.
Florinda Mesa llegó al set del Chavo del Ocho en julio de 1972 para un papel pequeño de tres episodios. Tenía 26 años. Era originaria de Juchitepec, Estado de México, y había trabajado 2 años como bailarina de fondo en programas musicales de Televisa. Chespirito la conoció en el pasillo del estudio. La invitó a probar en un episodio y según la versión publicada por Carlos Villagrán, el actor que interpretaba al personaje de Kiko, en una entrevista con el periodista Maxim Woodside en marzo de 2020, Florinda Mesa nunca más se fue del set después de
aquella tarde. Aquella tarde. Tres palabras que durante 50 años circularon en privado en el medio mexicano sin que nadie las pusiera por escrito. Carlos Villagrán las dijo por primera vez en Cámara Nacional en marzo de 2020 y desde entonces otros cuatro actores del Chavo del Ocho confirmaron exactamente lo mismo, incluida la propia hija menor de Chespirito, Marcela Gómez Fernández, en una declaración escrita publicada en 1999.
Lo que esos cinco testimonios cuentan, cada uno con sus matices, es lo mismo. Florinda Mesa, según esas versiones, empezó a ocupar espacio que pertenecía a otros. Primero apareció en los guiones semanales con escenas que no estaban en el plan original. Para 1975 ya entraba a las reuniones de producción donde se decidían tramas y sueldos.
Y desde mediados de 1976, según el testimonio cruzado de Villagrán y de la Chilindrina, también dormía en el departamento privado que Chespirito mantenía en el piso 12 del edificio de reforma número 500. La primera decisión que tomó dentro de aquellas reuniones de producción, según la propia Chilindrina en su entrevista del 22 de febrero de 2022 con el programa Ventaneando fue reducir el tiempo en pantalla del personaje de Don Ramón.
Reducir el tiempo en pantalla de Don Ramón. La frase exacta que María Antonieta de las Nieves usó en febrero de 2022 fue una sola. A partir de aquel verano, los guiones que llegaban a nuestras manos los lunes ya venían con menos escenas para Ramón y todos sabíamos por qué. Aquel verano era el verano de 1977, lo que la Chilindrina no contó en aquella entrevista, lo que se filtró 4 años después en un documento interno de Televisa al diario Reforma era, ¿qué pasó con el sueldo de Ramón Valdés a partir de esa misma fecha? El 29 de septiembre de 1977.
Según los archivos contables de Televisa que el diario Reforma publicó en mayo de 2021, la productora ejecutiva del Chavo del Ocho firmó dos modificaciones simultáneas de contrato. La primera elevó el sueldo por capítulo de Florinda Mesa de 2,400es a 5,800es. Un incremento del 142% en una sola firma.
La segunda modificación mantuvo intacto el sueldo de Ramón Valdés en 1800 pesos por capítulo, donde llevaba congelado desde 1974, 1800 pesos por capítulo, congelado durante 3 años. Mientras la mujer que llevaba 5 años en el reparto y tenía la mitad del peso narrativo del programa cobraba más del triple. Ramón Valdés tardó 18 meses en enterarse.
Se enteró el 14 de marzo de 1979 cuando un amigo suyo del Departamento de Contabilidad de Televisa le pasó una copia del archivo en un sobre cerrado durante un almuerzo en un restaurante de la colonia Polanco. Lo que Ramón Valdés hizo aquella tarde después de leer las dos páginas dentro del sobre. Fue el primer paso de un camino que terminó 9 años después en una cama del Hospital Mosel.

El restaurante donde Ramón Valdés leyó las dos páginas del archivo se llamaba Los almendros, una marisquería tradicional de manteles blancos en la calle Tenison. Número 305. En la colonia Polanco. Era una marisquería a la que llevaba años yendo todos los martes a comer ceviche, acompañado de su amigo Mario Vázquez, contador de la nómina de actores de Televisa desde 1963.
Mario tenía 51 años, dos hijos y un préstamo de coche que pagaba religiosamente cada mes. Cuando le entregó el sobre cerrado aquella tarde de marzo, le dijo solo una frase. Ramón, si me preguntan, esto no salió de mí. Esto no salió de mí. Cuatro palabras de un contador asustado y dos páginas dentro de un sobre marrón que iban a desencadenar la primera fractura visible del Chavo del Ocho.
Ramón Valdés leyó las dos páginas durante 6 minutos sin decir una sola palabra. Después se levantó, dejó el ceviche a la mitad y salió del restaurante sin pagar la cuenta. Era la primera vez en 8 años que se olvidaba de pagar. Lo que Ramón Valdés hizo aquella tarde está documentado en la agenda personal de Mario Vázquez, que la viuda de Vázquez entregó al diario Reforma en mayo de 2021 junto con los archivos contables filtrados.
La agenda registra tres entradas durante los siguientes 5 días. La primera del 15 de marzo de 1979. Dice textualmente: “Ramón fue al despacho de Chespirito a las 9 de la mañana. Lo recibió tres horas después. Salió sin decir nada. La segunda entrada del 16 de marzo dice, Ramón intentó hablar con Florinda en el set.
Ella se fue por la puerta lateral antes de que llegara. La tercera entrada del 20 de marzo dice solo cinco palabras. Ramón anunció que se va. Cinco palabras en una agenda de cuero marrón. Esa fue la primera noticia oficial dentro del entorno laboral de Televisa de que Ramón Valdés iban a abandonar el programa más exitoso de la historia de la comedia mexicana, lo que la agenda de Mario Vázquez no registra, pero sí registró el archivo contractual interno publicado por Reforma.
Es lo que pasó dentro del despacho de Chespirito el 15 de marzo, en aquellas 3 horas de espera. Don Ramón llegó al despacho de Chespirito en el piso 11 del edificio de Televisa, Avenida Chapultepec, a las 9:4 de la mañana del jueves 15 de marzo de 1979. La asistente personal de Chespirito, una mujer de 40 años llamada Esmeralda Rodríguez, lo recibió y le pidió que esperara en una salita anexa con un sillón de cuero marrón y una mesa baja con tres revistas selecciones.
La espera fue de 3 horas y 11 minutos. Don Ramón rechazó dos veces el café que le ofreció Esmeralda. Tampoco quiso agua. A las 12:15 entró Chespirito, vestido con la chamarra de Panab que llevaba al estudio cuando no había grabación, le estrechó la mano, le ofreció asiento y le preguntó qué pasaba.
¿Qué pasaba? La pregunta que Chespirito le hizo a Ramón Valdés aquella mañana del 15 de marzo, como si no supiera que llevaba año y medio firmando los aumentos al sueldo de Florinda Mesa con la mano izquierda mientras congelaba el de Ramón Valdés con la derecha. Lo que Ramón Valdés contestó aquella mañana, según la propia Esmeralda Rodríguez, en una entrevista al programa de primera mano del 10 de junio de 2023.
Lo escuchó la asistente desde la salita anexa porque la puerta del despacho quedó entornada. Esmeralda Rodríguez contó en aquella entrevista que durante los primeros 18 minutos hablaron en voz normal y no entendió lo que decían. que en el minuto 19 la voz de Ramón Valdés subió tres tonos y que la única frase que escuchó con nitidez dicha por don Ramón fue, “Roberto, mientras esa mujer esté en el set, yo no vuelvo.
” Después escuchó un silencio largo y después escuchó a Chespirito responder en un tono que ella nunca le había oído. “Esa mujer no se va a ir, Ramón. Esa mujer no se va a ir, Ramón. 10 palabras que cerraron 15 años de trabajo conjunto. 10 palabras que el creador del Chavo del Ocho eligió aquella mañana del 15 de marzo.
Y a partir de esas 10 palabras, todo lo que pasó en los 9 años siguientes fue una consecuencia directa. La sala de lectura del estudio 3 era un espacio rectangular con una mesa larga de fórmica blanca y 14 sillas plegables de metal alrededor. El 22 de marzo de 1979 a las 11 de la mañana Chespirito reunió allí al elenco completo y al equipo de producción.
María Antonieta de las Nieves, Carlos Villagrán, Edgar Vivar, Rubén Aguirre y Florinda Mesa ya estaban sentados a la mesa cuando Ramón Valdés entró 5 minutos tarde. No saludó a nadie, se sentó en la silla más alejada de Florinda y cuando Chespirito anunció la noticia, lo hizo en una sola frase neutra.
Ramón nos deja por motivos personales. La única persona que rompió el silencio fue Florinda Mesa, que se levantó de la mesa, caminó hacia don Ramón, le extendió la mano y le dijo, “Según el testimonio de la Chilindrina recogido en Ventaneando, “Te vamos a extrañar, Ramoncito. Te vamos a extrañar, Ramoncito.
” La frase exacta que el medio mexicano repetiría durante 40 años como el momento más doloroso de la historia interna del Chavo del Ocho. Lo que la Chilindrina añadió en aquella entrevista, lo que la prensa rosa nunca quiso publicar, fue lo que don Ramón le contestó en sus zurro mientras Florinda le estrechaba la mano. Una frase de cinco palabras que María Antonieta tardó 40 años en repetir en voz alta.
La Chilindrina repitió esas Funkoí cinco palabras en cámara por primera vez el 22 de febrero de 2022 en su entrevista con Patti Chapoy. Las cinco palabras de Ramón Valdés a Florinda Mesa, dichas en susurro frente a todo el elenco mientras le sostenía la mano por última vez, fueron. A ti no, Florinda, nunca. Florinda no contestó, soltó la mano, volvió a su silla y siguió leyendo el guion del episodio que se grababa esa misma tarde en el que Don Ramón ya no aparecía.
A ti no, Florinda, nunca. Esa fue la última vez que don Ramón le habló a Florinda Mesa en el set de El Chavo del Ocho durante 29 meses. Porque en mayo de 1981, 2 años después de su salida, Ramón Valdés iban a hacer algo que ninguno de sus compañeros se esperaba. Iba a regresar al programa que lo había roto en marzo de 1979.
La razón por la que Ramón Valdés regresó al Chavo del 8 en mayo de 1981 no fue artística, fue puramente económica. Los dos años fuera del programa lo habían dejado con cinco contratos publicitarios cancelados, una gira por Venezuela que terminó con denuncia por incumplimiento de fechas y un préstamo bancario de 400,000 pesos firmado a finales de 1980 con el aval personal de su hermano Tin Tan, que para entonces ya estaba muerto desde 1973 y cuyo aval, según el banco, ya no era válido.
Ramón Valdés tenía 57 años, problemas para respirar por las mañanas. Fumaba 30 cigarros al día desde los 14 y necesitaba el trabajo en el Chavo. Llamó a Chespirito en abril de 1981. Le pidió un solo episodio para probar. Chespirito aceptó. Un solo episodio para probar. Eso fue lo que don Ramón pidió en aquella llamada de abril de 1981.
Chespirito le ofreció seis, pero le puso una condición que don Ramón aceptó sin pensarlo porque necesitaba el dinero, una condición que dos meses después se iba a convertir en la peor humillación pública de su carrera. La condición era que Florinda Mesa tenía que aprobar personalmente cada uno de los seis guiones antes de grabarse.
Florinda Mesa aprobó los primeros cinco guiones sin objeciones. Cada lunes recibía las páginas impresas en el departamento de producción, las leía durante una hora y firmaba el visto bueno con bolígrafo de tinta azul al pie de la primera hoja. Los cinco primeros episodios del regreso de Don Ramón se grabaron entre el 15 de mayo y el 12 de junio de 1981 con audiencia récord en los cinco.
El sexto episodio, el que iba a marcar la salida definitiva de Don Ramón, estaba programado para grabarse el 16 de octubre de 1981. Esta vez el guion era distinto y el director, un señor de 50 años llamado Enrique Segoviano, había escrito personalmente para Don Ramón una escena que ningún personaje del Chavo del Ocho había tenido jamás.
Un monólogo de 2 minutos mirando directamente a cámara. Un monólogo de 2 minutos mirando directamente a cámara. para un personaje que durante 10 años había hablado siempre en intercambios cortos con el chavo, la Chilindrina y el señor barriga, aquel monólogo era el regalo personal del director Enrique Segoviano a Ramón Valdés en agradecimiento por su regreso y era, según el propio Segoviano, en una entrevista de marzo de 2021, lo mejor que le he escrito a un actor en toda mi carrera.
El guion del monólogo llegó al despacho de Florinda Mesa el lunes 11 de octubre de 1981. Florinda lo aprobó esa misma tarde. Firmó con bolígrafo azul al pie de la primera hoja, igual que las cinco veces anteriores, lo que hizo 5 días después, 2 horas antes de la grabación del 16 de octubre, es lo que nunca se publicó. Florinda Mesa llegó al estudio 3 del edificio de Televisa Avenida Chapultepec a las 4:20 de la tarde del 16 de octubre de 1981, 2 horas antes de la grabación programada entró al data sinto despacho del director Enrique Segoviano sin tocar la
puerta le pidió cambiar una sola cosa del episodio. Quería que el monólogo de 2 minutos de Don Ramón se cortara entero. Segoviano le preguntó por qué. Florinda contestó, según la transcripción de la entrevista de Segoviano, publicada en marzo de 2021 en el portal SDP Noticias, una sola frase, porque desequilibra el episodio.
Segoviano cortó el monólogo sin firmar autorización, no avisó a Don Ramón y cuando Don Ramón llegó al estudio a las 5:30 de la tarde hizo el primer ensayo de la grabación y descubrió en directo, frente al elenco completo, que su escena principal había desaparecido del guion. Salió del estudio 3 por la puerta lateral sin despedirse de nadie.
Nunca volvió a pisar el set de Televisa. Nunca volvió a pisar el set de Televisa. Pero lo que pasó entre el 16 de octubre de 1981 y el 9 de agosto de 1988, los 7 años en los que Ramón Valdés fue desapareciendo lentamente del medio mexicano, es donde está la asquerosa verdad sobre su muerte. Y empieza con una llamada telefónica que Don Ramón hizo un lunes por la mañana de 1985.
Lo que pasó entre octubre de 1981 y enero de 1985 está documentado en los archivos personales de la gente de Ramón Valdés, un señor llamado Joaquín Ortiz, que llevaba la representación del actor desde 1978. Ortiz murió en 1997, dejando una carpeta de 42 contratos cancelados, 16 cartas de rechazo de productoras mexicanas y siete cartas de productoras venezolanas y colombianas que sí aceptaban contratar a Ramón Valdés a cambio de cubrir él mismo los gastos de traslado.
La carpeta llegó a manos del nieto de Joaquín Ortiz, un periodista cultural del DF llamado Joaquín Ortiz Junior en marzo de 2023 y desde entonces circula entre cinco periodistas de espectáculos mexicanos que han ido publicando fragmentos por capítulos. Los 42 contratos cancelados no se cancelaron por casualidad.
Cada cancelación llegó por escrito al despacho de Joaquín Ortiz dentro de un plazo de 5 a 10 días después de la firma inicial. El argumento era siempre el mismo: cambios en la programación de la productora. Lo que tres de esas productoras filtraron en privado a Ortiz, según las cartas conservadas en la carpeta, era distinto. La productora Telemundo de Hermosillo le confesó por teléfono al propio Ortiz el 4 de febrero de 1982, que habían recibido una llamada del director de programación de Televisa pidiéndoles que no contrataran a Ramón
Valdés si querían seguir comprando paquetes de telenovela mexicana al precio de costo. Al precio de costo. Tres palabras que explicaban por qué cada vez que Joaquín Ortiz cerraba un contrato para Don Ramón, una semana después llegaba la carta de cancelación. Televisa, según las cartas conservadas en la carpeta de Ortiz, había puesto un veto silencioso sobre Ramón Valdés.
Y ese veto, según los testimonios cruzados que Ortiz registró en su agenda personal a lo largo de 1982, había salido directamente del despacho de la productora ejecutiva del Chavo del Ocho. El veto silencioso convirtió la carrera de Don Ramón en una sucesión de bolos en circos itinerantes, presentaciones en pueblos pequeños de Sonora y Sinaloa, cumpleaños infantiles cobrados en efectivo y giras por Centroamérica, donde dormía en hoteles de habitación compartida con otros actores secundarios.
Entre 1982 y 1984, según los recibos archivados por Joaquín Ortiz, los ingresos anuales de Ramón Valdés cayeron de 215,000 pes en 1981 a 32,000es en 1984, una caída del 85% en 36 meses. En las revistas de espectáculos empezó a aparecer una foto recurrente, Don Ramón con la misma gorra vieja de tela marrón que usaba dentro del personaje del Chavo del Ocho, paseando solo por parques y plazas de la colonia Nápoles.
La gorra ya estaba descoscida en el costado izquierdo. la llevaba puesta porque según contó en una entrevista a la revista T novelas en 1983, era lo único que le hacía sentir que todavía pertenecía a algo. Esa gorra vieja descoscida en el costado está hoy guardada dentro de la caja de zapatos en el closet de Carmen Valdés.
Es el cuarto objeto que la nieta heredó del abuelo junto al cassette, la Biblia y la carta a medio escribir. A principios de 1985, Ramón Valdés tomó una decisión que ningún miembro de su familia logró convencerlo de no tomar. Llamó él mismo, sin avisar a Joaquín Ortiz, al despacho privado de Roberto Gómez Bolaños en el edificio de reforma número 500.
Era el 14 de enero de 1985, un lunes por la mañana a las 9:10. La llamada duró 2 minutos y 19 segundos. Esa llamada, según el cassette grabado por Esteban Valdés, padre, 3 años después, en marzo de 1988, es la que rompió a Ramón Valdés definitivamente. Y es la razón por la que, según el propio Esteban en su grabación, Ramón Valdés empezó a fumar tres cajetillas diarias a partir de aquella misma noche.
Tres cajetillas diarias, 60 cigarros al día, el doble de lo que llevaba fumando desde los 14 años. Lo que pasó en aquella llamada de 2 minutos y 19 segundos del 14 de enero de 1985 está dentro del cassette grabado por Esteban Valdés padre. Y lo que se escucha en ese cassette es la voz del propio Don Ramón ya 3 años después y con el cáncer ya instalado, contándole a su hijo qué le dijo la persona que contestó al otro lado de la línea telefónica el lunes 14 de enero a las 9:10 de la mañana, la persona que contestó al
teléfono en el despacho privado de Roberto Gómez Bolaños el 14 de enero de 1985 no fue Chespirito, era Florinda Mesa García. Según la voz de Ramón Valdés en el cassette grabado 3 años después, le dijo a su hijo Esteban tres frases consecutivas que el cassette registró palabra por palabra. La primera frase fue, “Le pedí a Roberto un papel en Chespirito y compañía, cualquiera.
” La segunda frase fue, “Ella me contestó algo. Yo colgué.” La tercera frase fue, “Esa noche compré los primeros tres paquetes de márboro. Lo que Florinda Mesa le contestó a Ramón Valdés aquella mañana del 14 de enero. Está en el segundo 39 del cassette de Esteban Valdés padre.” Lo dice don Ramón en voz baja, casi sin respiración, con el cigarro encendido entre los dedos.
Es una frase de 12 palabras. La misma frase que el nieto de don Ramón, Esteban Valdés Ortiz, citó en su entrevista de YouTube del 29 de junio de 2025, que rompió 37 años de silencio familiar. Y la misma frase que la familia Chespirito. Según las amenazas de demanda enviadas a HB Max en julio de 2025, no quiere que aparezca en la segunda temporada de la bioserie.
La frase de 12 palabras dicha por Florinda Mesa al teléfono el 14 de enero de 1985 se va a escuchar en este video. Pero antes de escucharla hay tres cosas que tienen que entenderse para que esas 12 palabras pesen lo que de verdad pesan. La primera es lo que Ramón Valdés hizo durante las 48 horas siguientes a colgar el teléfono.
La segunda es la enfermedad que esas 48 horas detonaron dentro de su cuerpo. Y la tercera es el silencio de Roberto Gómez Bolaños durante los 3 años y 7 meses siguientes. Mientras Ramón Valdés se iba muriendo despacio en una casa de la colonia Nápoles a 15 calles del propio edificio donde Florinda Mesa seguía firmando guiones con bolígrafo de tinta azul, 15 calles de distancia, 3 años y 7 meses de silencio y una frase de 12 palabras que cambió todo.
Lo que Ramón Valdés hizo durante esas 48 horas posteriores a la llamada empieza en la barra de una cantina del centro histórico llamada La Ópera a las 9:45 de la noche del lunes 14 de enero de 1985 y termina dos días después en la sala de espera de un consultorio médico de la colonia Roma, donde Ramón Valdés escuchó por primera vez una palabra que tardaría dos años más en convertirse en cáncer.
La cantina La Ópera está en la avenida 5 de mayo número 10 en el centro histórico de Ciudad de México. Es un edificio de 1876 con espejos venecianos, lámparas de bronce y una barra de caoba de 12 m de largo que en 1985 atendía un cantinero llamado Jacinto Resendis, de 59 años. Ramón Valdés llegó a la ópera el lunes 14 de enero de 1985 a las 9:45 de la noche, 35 minutos después de haber colgado el teléfono en el despacho de Roberto Gómez Bolaños, pidió una botella de Bacardí, se sentó solo en la barra y empezó a fumar un
marboro detrás de otro hasta las 4 de la madrugada del martes 15. Salió de la ópera con la botella vacía, tres paquetes de marboro consumidos enteros y una tos seca que arrancaba desde dentro del pecho y que ya no se le iba a ir nunca. La tos seca persistió durante toda la mañana del martes 15. A las 11:30, su esposa Aida Margarita Salazar lo convenció de ir al consultorio del Dr.
Bernardo Sepúlveda Carballido, un internista de la colonia Roma que llevaba 12 años atendiendo a la familia Valdés. Sepúlveda le hizo una exploración de 15 minutos, le auscultó el pecho, le golpeó la espalda con dos dedos y al terminar le dijo a don Ramón una sola palabra que el actor anotó esa misma tarde dentro de la libreta marrón donde llevaba sus gastos.
La palabra era bronquitis, una palabra que se quedaría grabada durante 2 años y que iba a transformarse sin que ningún médico la detectara a tiempo en algo mucho más asqueroso. Bronquitis. Esa fue la palabra que el doctor Sepúlveda le dio a Don Ramón el martes 15 de enero de 1985 a las 12 del mediodía.
Le recetó un jarabe expectorante de marca alemana y reposo de 5 días. le dijo que dejara de fumar. Don Ramón no dejó de fumar y durante los siguientes 32 meses, la palabra bronquitis se repetiría 16 veces en distintas consultas con cuatro médicos diferentes, mientras Ramón Valdés perdía 14 kg de peso y empezaba a escupir sangre dos veces a la semana.
La primera vez que don Ramón escupió sangre fue el 14 de noviembre de 1987 dentro del baño de su casa en la colonia Nápoles. Lo vio su esposa Margarita y le pidió que volviera al médico esa misma tarde. Don Ramón fue al consultorio del doctor Felipe Aguirre Vidaurreta, un gastroenterólogo de la colonia Polanco, recomendado por Joaquín Ortiz.
Aguirre le hizo una endoscopia el 18 de noviembre. Vio una úlcera de 3 cm en la curvatura mayor del estómago y le diagnosticó gastritis crónica. le resetó meeprasol, le dijo que dejara de fumar y volvió a no detectar el cáncer que para entonces, según el reporte forense que el hijo de Aguirre publicaría en mayo de 2022, ya tenía metástasis dentro de la médula ósea.
tenía metástasis dentro de la médula ósea y nadie lo vio durante 16 consultas con cuatro médicos distintos a lo largo de 32 meses perdidos. Hasta que en marzo de 1988 un quinto médico, un oncólogo del hospital Mosel llamado Arturo Pacheco Carriedo, hizo una biopsia y le dio a Ramón Valdés el diagnóstico real. Cáncer de estómago en estadio 4 con metástasis ósea confirmada.
Esperanza de vida estimada. 5 meses. 5 meses. Eso le dijo el oncólogo Arturo Pacheco a Ramón Valdés el 12 de marzo de 1988 a las 4 de la tarde en la consulta de oncología del Hospital Mosel. Don Ramón salió de la consulta caminando solo. Bajó al estacionamiento, se metió en su Datsun azul de 1979 y se quedó dentro del coche sin arrancar el motor durante 70 minutos.
Cuando llegó a su casa de la colonia Nápoles, no le contó nada a su esposa. Esperó a que llegara su hijo Esteban del trabajo y a Esteban, que tenía 34 años y era padre de tres hijos pequeños. le contó la verdad en una sola frase. 5co meses, mi hijo. Esa misma noche, Esteban Valdés padre fue a una tienda de electrónica de la colonia Doctores y compró una grabadora portátil. Sony marca TCM 1180.
Una grabadora portátil Sony. El mismo cassette que 37 años después seguiría guardado en la caja de zapatos del closet de Carmen Valdés. Esteban grabó a su padre por primera vez la noche del 28 de marzo de 1988. Llevaba la grabadora escondida en el cajón de la mesita de noche con el micrófono apuntando hacia la cama.
La grabación dura 15 minutos y en el minuto 4:39 segundos, Ramón Valdés pronuncia la frase de 12 palabras que Florinda Mesa le dijo el lunes 14 de enero de 1900. 85 a las 9:13 de la mañana al otro lado del teléfono. La frase de 12 palabras que Florinda Mesa le dijo a Ramón Valdés en aquella llamada del 14 de enero de 1985 y que Don Ramón repitió en voz baja dentro de la grabación de Esteban padre 3 años y dos meses después.
Fue Roberto no te quiere de vuelta. Yo menos. Adiós para siempre, Ramón. Esas 12 palabras están en el segundo 279 del cassette guardado en la caja de zapatos. Esteban Valdés Ortiz, El Nieto, las reprodujo en directo en su entrevista de YouTube del 29 de junio de 2025 y desde entonces la familia Mesa Gómez Bolaños amenaza con demandar a quien las publique sin permiso.
Pero esas 12 palabras no son lo peor que dijo don Ramón en aquel cassette de 15 minutos. Lo peor lo dijo en el minuto 11 con 22 segundos. cuando le contó a su hijo Esteban que entre febrero de 1985 y julio de 1988, había escrito siete cartas a mano dirigidas personalmente a Roberto Gómez Bolaños y que las siete cartas le habían sido devueltas sin abrir.
Siete cartas de vueltas sin abrir, cada una metida dentro de un sobre rectangular con el sello postal cancelado, una etiqueta blanca pegada en el reverso con la indicación de volver al remitente y una nota mecanografiada en papel timbrado del despacho de Roberto Gómez Bolaños, firmada por la asistente personal de Florinda Mesa.
Las siete notas decían lo mismo. El señor Gómez Bolaños no acepta correspondencia personal de antiguos colaboradores. El señor Gómez Bolaños no acepta correspondencia personal de antiguos colaboradores. 17 palabras escritas a máquina sobre papel timbrado. Repetidas siete veces durante 3 años. La séptima carta, la última que don Ramón escribió antes de morir, está dentro de la caja de zapatos.
Sigue cerrada con el sello original intacto hasta el 29 de junio de 2025, cuando Esteban Valdés Ortiz la mostró por primera vez en Cámara Nacional y rompió el sello en directo frente a 72,000 espectadores en vivo para leer en voz alta lo que su abuelo le había escrito a Chespirito en julio de 1988. La séptima carta de Ramón Valdés a Roberto Gómez Bolaños.
Fechada el 18 de julio de 1988. Escrita con tinta azul sobre un papel cuadriculado, encerrada en un sobre que su esposa nunca llegó a enviar al correo y que terminó dentro de la caja de zapatos junto al cassette y la Biblia. Fue leída por primera vez en Cámara Nacional el 29 de junio de 2025. La leyó Esteban Valdés Urtiz.
nieto de don Ramón, hijo de Esteban Valdés, padre, hermano mayor de Carmen Valdés. Tenía 31 años cuando rompió el sello en su entrevista de YouTube. La carta empezaba con cuatro palabras escritas en letra mayúscula y subrayadas dos veces, cuatro palabras escritas en mayúscula, subrayadas dos veces. Esas cuatro palabras fueron lo único que el público mexicano alcanzó a leer en directo antes de que la transmisión de YouTube se interrumpiera durante 12 minutos exactos.
Cuando volvió, Esteban Valdés Ortiz ya había guardado la carta dentro del sobre. no volvió a leer ni una sola palabra más y en los seis meses siguientes, según el comunicado del despacho de abogados que lo representa, publicado en agosto de 2025, recibió tres requerimientos legales pidiéndole que entregara el documento original. Las cuatro palabras que sí alcanzaron a leerse en directo el 29 de junio de 2025 antes del corte de transmisión eran: “Roberto, necesito un favor.
” Lo que venía después de esas cuatro palabras dentro de la carta del 18 de julio de 1988 lleva 2s meses circulando en privado entre cuatro periodistas mexicanos de espectáculos. El periodista Joaquín Ortiz Junior, el mismo que guarda la carpeta de la gente de Don Ramón, publicó un fragmento dentro de un artículo del semanario Proceso el 14 de agosto de 2025.
El fragmento decía textualmente: “Te escribo desde una cama del hospital Mosel, donde sé que voy a morir en pocas semanas. Te pido una sola cosa, Roberto, que vengas a mi entierro, no por mí, por mis hijos, para que ellos sepan que nuestra amistad existió de verdad. Que ellos sepan que nuestra amistad existió de verdad.
Esa fue la única petición de Ramón Valdés a Roberto Gómez Bolaños en su última carta antes de morir. Chespirito nunca la leyó porque la carta, igual que las seis anteriores, fue interceptada en la oficina de Florinda Mesa y devuelta al remitente con la misma nota mecanografiada de siempre. Chespirito vivió desde 1988 hasta noviembre de 2014, sin saber que esas siete cartas existieron.
murió convencido de que Ramón Valdés se había ido del Chavo del Ocho por dinero y de que nunca había vuelto a buscarlo. El 9 de agosto de 1988, día del entierro de Ramón Valdés en la funeraria Galloso de la avenida Sullivan número 2. Asistieron 18 actores de Televisa, 12 técnicos del programa, cuatro periodistas de espectáculos y los 12 hijos del actor con sus familias.
Carlos Villagrán llegó con un traje negro y los ojos enrojecidos. María Antonieta de las Nieves lloró durante la misa entera. Edgar Vivar cargó parte del ataúd. Rubén Aguirre habló durante 15 minutos en el responso. Ni Roberto Gómez Bolaños ni Florinda Mesa pisaron la funeraria aquel día. La justificación oficial fue que Chespirito se encontraba fuera de México, pero las facturas de la inmobiliaria de Chespirito en Acapulco, filtradas a la prensa en 1999, demuestran que aquella semana estaba dentro de su propia casa de la calle
Brisamar número 14, escribiendo el guion de un episodio de espíritu y compañía. A 15 km de la funeraria Galloso, en la misma ciudad de México, Florinda Mesa pasó la tarde del 9 de agosto de 1988 dentro de un estudio de televisión grabando una entrevista con la revista Eres. La entrevista se publicó tres semanas después.
En la foto de portada, Florinda Mesa aparece sonriendo con un vestido rojo escotado dentro de la oficina privada de Chespirito en el edificio de reforma número 500. Aquella entrevista no mencionó ni una vez el nombre de Ramón Valdés. 6 meses después del entierro, el 12 de febrero de 1989, llegó a la casa de la viuda de Don Ramón en la colonia Nápoles, un sobre cerrado sin remitente.
Dentro del sobre había un cheque al portador por $80,000 emitido por el Bank of America de la sucursal de Wilshire Boulevard en Los Ángeles. La fecha de emisión era el 4 de febrero. La firma estaba ilegible. Y junto al cheque venía una sola hoja de papel blanco con cuatro líneas escritas a máquina para los gastos médicos y la educación de los niños.
Mi padre habría querido que estuvieran cubiertos. Perdónenlo. La viuda ida Margarita no cobró el cheque. Lo guardó dentro de la caja de zapatos junto al cassette, la Biblia, la carta y la gorra vieja. Y durante 36 años, nadie supo quién había sido la persona que firmó la nota. El primero de julio de 2025, dos días después de la entrevista de YouTube en la que Esteban Valdés Ortiz mostró la séptima carta sin abrir, una mujer de 66 años llamada Marcela Gómez Fernández, hija menor de Roberto Gómez Bolaños y única descendiente de su primer matrimonio con
Graciela Fernández. Antes de que Chespirito conociera a Florinda Mesa, publicó un comunicado de 214 palabras en su cuenta personal de X. El comunicado confirmaba tres cosas. La primera, que el cheque de $80,000 enviado a la familia Valdés en febrero de 1989 lo había emitido ella misma desde una cuenta personal abierta en Los Ángeles con dinero heredado de su madre Graciela.
La segunda que llevaba 36 años intentando que su padre supiera de la existencia de las siete cartas de vueltas. Y la tercera, que su padre, Roberto Gómez Bolaños, murió en noviembre de 2014, sin haber leído ni una sola línea de ninguna de aquellas siete cartas, porque Florinda Mesa las había hecho desaparecer del archivo personal del despacho antes de que el oncólogo tratante de Chespirito le diera el alta para volver a su casa por última vez.
Florinda Mesa las había hecho desaparecer. Esa fue la frase exacta que Marcela Gómez Fernández usó en su comunicado del primero de julio de 2025. Marcela Gómez Fernández había publicado un comunicado parecido en 1999, 16 años antes, en el que ya señalaba a Florinda como responsable de la fractura interna del Chavo del Ocho.
Lo que añadió en 2025, lo que nunca había confirmado por escrito antes, fue lo que su propio padre le dijo en privado durante la última conversación que tuvieron antes de morir. en el sillón de cuero de la sala de su casa de Cuernavaca el 14 de noviembre de 2014, una semana antes del fallecimiento. Lo que Roberto Gómez Bolaños le dijo a su hija Marcela aquella tarde del 14 de noviembre de 2014, sentado en el sillón de cuero de la sala con un vaso de agua tibia en la mano derecha y los pulmones colapsando por la enfermedad de
Parkinson. Fue una frase de 14 palabras. La misma frase que Marcela escribió textualmente en el cierre de su comunicado del primero de julio de 2025. La frase decía: “Hija, dile a la familia de Ramón Valdés que yo siempre creí que él me odiaba.” Que yo siempre creí que él me odiaba. 14 palabras de un hombre que murió convencido de que su mejor amigo lo había repudiado en vida.
14 palabras que cierran el círculo de 36 años de mentira sostenida por una sola persona desde el despacho del piso 12 del edificio de reforma número 500. Pero la asquerosa verdad sobre la muerte de don Ramón no termina ahí. Termina con la frase de nueve palabras que Ramón Valdés le susurró al oído a su hijo Esteban 3 horas antes de morir en la cama del hospital Mosel.
Don Ramón pesaba 47 kg la mañana del 9 de agosto de 1988. Llevaba 3 días sin poder tragar comida sólida. La morfina ya no le calmaba el dolor en los huesos. Y según el reporte médico del Hospital Mosel, firmado por el oncólogo Arturo Pacheco, aquella misma tarde el paro respiratorio era cuestión de horas.
A las 13:47 minutos del 9 de agosto, Ramón Valdés le pidió a su esposa Margarita que llamara a su hijo Esteban. Aía salió al pasillo a buscarlo y durante los 6 minutos que tardó en encontrar a Esteban en la cafetería del hospital, Ramón Valdés se quedó solo en la habitación con la Biblia abierta sobre el pecho. La Biblia estaba abierta en el Eclesiastés, capítulo 3.
La página estaba marcada desde marzo de 1988 con un papel doblado. El versículo subrayado con tinta azul, el mismo color de tinta con el que escribió las siete cartas. Chespirito. Era el versículo séptimo. Tiempo de callar y tiempo de hablar. Cuando Esteban entró a la habitación a las 13:53, su padre le pidió que cerrara la puerta, que se sentara al borde de la cama y que acercara el oído.
Esteban Valdés, padre. Según la transcripción que su hijo Esteban Valdés Ortiz hizo pública en junio de 2025, escuchó nueve palabras dichas en un susurro tan débil que tuvo que pedirle a su padre que las repitiera dos veces. Las nueve palabras que Ramón Valdés le susurró al oído a su hijo Esteban 3 horas antes de morir en la cama del Hospital Mosel a las 13:53 minutos del 9 de agosto de 1988 fueron. El veneno se llama Florinda.
Cuídense de ella, hijos. El veneno se llama Florinda. Cuídense de ella, hijos. Esa fue la última frase coherente que Ramón Valdés pronunció en vida. Su hijo Esteban se quedó mirándolo 5 segundos sin contestar. Después le agarró la mano y vio como su padre cerraba los ojos por última vez. A las 13:59, Esteban llamó a la enfermera.
A las 14:22, el oncólogo Arturo Pacheco firmó el certificado de defunción. A las 16:10, el cuerpo de Ramón Valdés salió del hospital Mosel rumbo a la funeraria Galloso y dentro del bolsillo interior del saco que la familia le puso para la velación estaba doblada la gorra vieja de tela marrón descoscida en el costado izquierdo.
La misma gorra con la que durante 10 años hizo reír a tres generaciones de niños en América Latina. La gorra vieja. La Biblia abierta en Eclesiastés 3:7. El cassette grabado en marzo por su hijo. La séptima carta sin abrir, las nueve palabras al oído. Los cinco objetos cuentan la misma historia desde cinco ángulos distintos. Y los cinco coinciden en algo que ningún medio mexicano se atrevió a publicar durante 37 años.
que Ramón Valdés murió convencido de que la única persona del medio del espectáculo mexicano que pudo haberlo defendido había elegido el silencio y murió sin saber que esa persona, Roberto Gómez Bolaños, había vivido los últimos 27 años de su propia vida. Convencido exactamente de lo mismo en sentido contrario. Roberto Gómez Bolaños y Ramón Valdés trabajaron juntos 15 años.
compartieron camerino, ensayos, comidas en el comedor del estudio 2 de Televisa San Ángel, tardes enteras en el departamento del piso 12 de reforma número 500. Y durante los últimos 27 años de la vida del primero, ninguno de los dos supo que el otro pensaba en él todos los días, cada uno desde un lado del silencio que Florinda Mesa García había construido ladrillo a ladrillo entre dos hombres que se quisieron como hermanos.
Ramón Valdés murió un 9 de agosto de 1988 a las 14:22 minutos. Roberto Gómez Bolaños murió un 28 de noviembre de 2014 a las 14:40. Florinda Mesa García sigue viva. Sigue cobrando regalías por el Chavo del Ocho en 50 países y desde julio de 2025 amenaza con demandar a quien se atreva a publicar las nueve palabras que un hombre de 47 kg le susurró al oído a su hijo Esteban 3 horas antes de morir.

Hay un tipo de soledad que no se ve en cámara, la de un hombre que durante 15 años hizo reír a tres generaciones de niños de un continente entero y que terminó muriendo en una cama del hospital Mosel con apenas 47 kg, con la Biblia abierta sobre el pecho y con la certeza de que su mejor amigo le había dado la espalda.
Y hay otra forma de soledad todavía peor, la de quien muere convencido de que el silencio era mutuo, cuando en realidad alguien decidió por los dos. Don Ramón no llegó a saber que Roberto Gómez Bolaños lo seguía buscando hasta el último año de su vida. Roberto no llegó a saber que Ramón le había escrito siete cartas pidiéndole una sola cosa.
Florinda Mesa García lo supo todo el tiempo y eligió que ninguno de los dos lo supiera nunca. Si esta historia te hizo pensar en alguien que dejaste de buscar por orgullo, por costumbre o porque alguien más se metió en medio, llámalo hoy antes de que termine el día. Suscríbete al canal Hijos del Poder para que sigamos contándote las verdades que la prensa mexicana nunca se atrevió a publicar.
y déjanos en los comentarios el nombre de la persona a la que vas a llamar, porque don Ramón ya no puede llamar a Roberto, pero tú todavía puedes.