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¡HARFUCH DETUVO a “EL 24” S1C4RIO del CHAPO ISIDRO en SINALOA; CAEN 11 DELINCUENTES EN OPERATIVO!

El protocolo era silencio absoluto, porque cuando el cerco está bien diseñado, el ruido solo sirve para darte tiempo de huír y esta vez no iba a haber tiempo. Elementos de cinco instituciones se movieron en coordinación simultánea sobre nueve municipios distintos: Secretaría de la Defensa Nacional, Secretaría de Marina, Guardia Nacional, Fiscalía General de la República y Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana.

No es común ver a las cinco instituciones del gabinete de seguridad operando al mismo tiempo sobre el mismo objetivo. Cuando eso ocurre significa que el blanco no es un operador menor, significa que el blanco es estructural. Sobre Culiacán y Moorito, los vectores principales del operativo, dos drones de reconocimiento llevaban 47 minutos sobrevolando el punto de reunión identificado antes de que el primer vehículo federal se pusiera en movimiento.

Sus cámaras de visión térmica registraban cuatro firmas de calor en el interior de una estructura de block a las afueras de Mocorito. Cuatro cuerpos, cuatro objetivos, exactamente los que la inteligencia había anticipado. Los equipos de tierra avanzaron en formación táctica de contención, sin luces, sin comunicación por radio convencional, usando comunicación encriptada en frecuencias militares que el cártel de Guasabe no tenía capacidad de interceptar.

Los vehículos se desplegaron en arco, cortando cada vía de salida posible. Caminos de terracería, brechas, veredas que solo los locales conocen, todas bloqueadas antes de las 3 de la mañana. Simultáneamente en los otros ocho municipios, El Rosario, Concordia, Mazatlán, San Ignacio, Escuinapa, Elota y las zonas serranas de Culiacán y Coszalá, equipos separados se posicionaban sobre cada uno de los objetivos secundarios identificados durante las semanas de vigilancia previa.

Los laboratorios en la sierra, los campamentos de gatilleros, los puntos de almacenamiento de armas, todo al mismo tiempo, todo en silencio, todo coordinado desde un centro de mando que procesaba en tiempo real la imagen de los drones, la señal interceptada del teléfono satelital y la posición GPS de cada equipo desplegado sobre el terreno.

A las 3:4, el dron sobre Mocorito confirmó que las cuatro firmas de calor seguían en posición. El 24 no se había movido. Sus tres colaboradores tampoco. El cerco estaba cerrado, pero había algo que el 24 no sabía todavía. Adentro de esa estructura de blog, Iván Raimundo Olivas Reyes seguía creyendo que era invisible, que la reunión en persona lo protegía, que el silencio de radio era su escudo.

Afuera 100 m en cada dirección. Los elementos federales esperaban la señal sin moverse, sin hacer ruido, con la paciencia de quien ya ganó y solo está esperando el momento de cobrar. Afuera todo parecía normal. Adentro ya era demasiado tarde. Lo que encontraron después no estaba en ningún reporte previo.

La señal llegó a las 3:11 de la madrugada. No fue una explosión, no fue un grito, fue una palabra en el canal de comunicación encriptado del equipo de mando. Ejecuten. Los primeros 4 minutos fueron de contención total. Los elementos federales avanzaron en formación desde los cuatro puntos cardinales. Simultáneamente las puertas del perímetro externo se sellaron en segundos.

Los vehículos de los cuatro objetivos, dos camionetas estacionadas a 20 m de la estructura, fueron inmovilizados con cuñas de bloqueo. Antes de que nadie adentro tuviera tiempo de reaccionar, el equipo de entrada principal se posicionó en la puerta frontal. El equipo de contención cubrió ventanas, acceso lateral y techo. No había salida.

Matemáticamente no existía ninguna configuración en la que alguien saliera de esa estructura sin pasar por un elemento federal. Adentro. El 24 y sus tres hombres escucharon el movimiento, ese sonido específico, bota sobre tierra seca, el click metálico de seguros liberándose, el silencio repentino de los grillos que cualquier hombre que ha vivido suficiente tiempo en el narco reconoce inmediatamente como lo que es, no como peligro, como final.

Los siguientes 3 minutos fueron de confrontación. Según el parte operativo reconstruido por fuentes de inteligencia, hubo resistencia inicial. No fue un enfrentamiento prolongado. Cuatro hombres contra un cerco federal de múltiples equipos no produce un tiroteo de película, produce exactamente lo que ocurrió, un intento desesperado y breve de evaluar opciones que ya no existían.

Las armas que portaban, cuatro largas, una corta, nunca llegaron a definir el resultado. El resultado ya estaba definido desde tres semanas antes, cuando Iván Raimundo encendió ese teléfono satelital por última vez. Los elementos federales mantuvieron la formación. La voz de mando repitió la instrucción con la frialdad de quien tiene el control absoluto de la situación.

Bajen las armas, están rodeados. Los últimos 2 minutos fueron de colapso. Iván Raimundo Olivas Reyes, el 24, jefe de zona del cártel de Guasabe, operador de los laboratorios de metanfetamina en la sierra sinaloense, hombre de confianza de Fausto Isidro Mesa Flores, cayó al suelo con las manos detrás de la cabeza.

No hubo palabras, no hubo negociación, no hubo el gesto de dignidad que los operadores del narco a veces intentan mantener en el momento de su captura. Solo el suelo de tierra, las esposas de plástico negro cerrándose sobre sus muñecas y la certeza de que su mundo, el territorio que controlaba, los hombres que le obedecían, los laboratorios que protegía, dejó de existir en el momento en que sus rodillas tocaron el suelo.

A su lado cayeron el Pato, Ezequiel Bueno Madero y Jorge Aruanjo Madriles, los cuatro en el suelo, los cuatro esposados, los cuatro mirando hacia abajo mientras los elementos federales aseguraban el perímetro. y comenzaban el inventario de lo que el 24 había llevado a su última reunión. Cuatro armas largas, un arma corta, ocho cargadores abastecidos y un chaleco táctico que esa noche no sirvió para nada.

El parte operativo llegó al centro de mando a las 3:22 de la madrugada, 9 minutos después de la señal de ejecución. Nueve palabras, alto al fuego, amenaza neutralizada, cero bajas federales. En algún lugar de la Ciudad de México, Omar García Harfuch leyó esas nueve palabras y la siguiente fase del operativo, la que ya estaba en marcha en ocho municipios más de Sinaloa, continuó sin detenerse.

Daily di que si llegaste hasta aquí porque esto apenas comienza, porque el 24 era solo el centro. Lo que los equipos encontraron en los otros ocho municipios esa misma madrugada es lo que convierte este operativo en algo que va mucho más allá de una captura. Eso explica el error. Lo que sigue explica la magnitud.

Mientras el 24 era trasladado con las manos esposadas hacia los vehículos federales, los equipos desplegados en los otros ocho municipios de Sinaloa comenzaban a enviar sus reportes al centro de mando, uno por uno, municipio por municipio, y cada reporte que llegaba sumaba una capa más a la magnitud de lo que Harfuch había desmantelado en una sola noche.

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