¿Qué tal, amigos? Bienvenidos sean a un nuevo video de Tutoriales Herberí. Es un perfecto caballero. Díganme una cosa, ¿ustedes sabían que detrás de uno de los rostros más conocidos de la comedia mexicana también hay una vida llena de éxitos, enfermedades, tragedias familiares, amores intensos, pleitos de alto voltaje y acusaciones que durante años han dado mucho de qué hablar? mi hermana que fueron secuestradas y fueron muertas.
Era un atentado que fueron el avión fue secuestrado por un grupo de Abunidal eh palestinos y y pasan los años y vemos que sigue igual, que ahí está. Hoy vamos a meternos en la historia de Jorge Ortiz de Pinedo, un hombre que para muchos es sinónimo de teatro, televisión, comedia y programas que marcaron época.
Pero no se vayan con la finta, amigos, porque esta historia no es solamente la del actor que hizo reír a millones, ni la del productor que llenó foros y escenarios durante décadas. No, señores, la vida de Jorge Ortiz de Pinedo también tiene capítulos bastante fuertes. Aquí hay fama, sí hay aplausos, talento y una carrera que no cualquiera construye.
vida le metió un golpe brutal de esos que no se arreglan con aplausos ni con éxito en taquilla. Y fue en noviembre de
1985 cuando una decisión que nació como un gesto bonito terminó convertida en una tragedia espantosa. Según se cuenta, Jorge quiso consentir a su mamá, doña Lupita Payaz. y a su hermana Laila. Les pagó unas vacaciones a Europa. Un viaje que debía ser descanso, paseo, ilusión familiar.
Uno de esos regalos que se hacen pensando, se lo merecen, que disfruten. Pero la vida cuando se pone torcida agarra hasta los actos de amor y los convierte en pesadilla. Entonces fuimos a una agencia de viajes y contratamos un viaje de dos meses en Europa con mi hermana que había ido dos veces, que mi papá había hecho el esfuerzo para mandarla.
Se llevó a mi abuelita. Un mes estuvo mi abuelita también con ellos y compramos todo. El avión en el que viajaban en la ruta de Atenas a El Cairo fue secuestrado por extristas árabes y desviado a la isla de Malta y ahí empezó el horror. No fue una tragedia limpia ni rápida, fue una situación llena de miedo, violencia, incertidumbre y desesperación.
Los secuestradores comenzaron a disparar contra pasajeros al azar como si la vida humana no valiera nada, como si cada persona dentro de ese avión fuera solo una ficha de presión política. En medio de ese infierno fallecieron doña Lupita y Laila, dos de las mujeres más importantes en la vida de Jorge. Imagínense el tamaño del golpe.
No las perdió por enfermedad, no por edad, no por algo que pudiera procesarse poco a poco. Las perdió de una forma violenta, absurda, internacional, en un hecho que terminó convertido en noticia, pero que para él fue simplemente una herida familiar imposible de cerrar. Mi madre y mi hermana son las primeras ciudadanas mexicanas que mueren en un conflicto bélico internacional, o sea, es un acto terrorista.
Eh, y lo que sucede es que cuando se secuestra este avión, Y aquí viene la parte más dura, amigos. A Jorge le dieron la noticia en pleno teatro, justo cuando estaba por salir a escena. Tercera llamada. El público esperando, las luces listas, la función a punto de comenzar y en ese momento le avisan que su madre y su hermana habían perdido la vida en aquella tragedia.
Cualquiera se habría derrumbado, cualquiera habría cancelado. Pero Jorge, con esa idea vieja y durísima de que el teatro no se detiene por nada, se tragó el dolor, se acomodó la cara y salió a dar la función. ¿Sabe cómo ayudaba yo? ¿Cómo podía ayudar? Porque cuando sucedió y yo me enteré gracias al nocieno de Jacobo Sabrudowski, me llaman por teléfono, estaba yo en una función de teatro y entre el primero y segundo acto llama a una amiga.
Y miren, amigos, yo opino que sí, muchos lo ven como profesionalismo, pero también hay que decirlo, eso suena casi inhumano, porque el espectáculo a veces exige cosas terribles. Te pide sonreír cuando te estás rompiendo, hacer reír cuando por dentro estás destruido, cumplir con el público, aunque acabes de recibir la peor noticia de tu vida.
Esa noche Jorge hizo la función, pero algo en él seguramente ya no volvió a ser igual, porque una tragedia así no solo te marca, te parte. Y aunque después siguió trabajando, produciendo, dirigiendo y apareciendo en televisión, esa pérdida quedó como una sombra permanente detrás del personaje público. Una sombra que recordaba que detrás del comediante, del productor y del hombre de teatro también había un hijo y un hermano al que la vida le cobró carísimo un gesto de amor.
Mariposa. Ay, qué gente tan babosa. Y miren amigos, a pesar de esa tragedia que lo dejó marcado, Jorge Ortiz de Pinedo no se quedó tirado, siguió trabajando, siguió empujando y en 1987 dio uno de los saltos más importantes de su carrera con Dr. Cándido Pérez, una serie basada en una historia argentina de Abel Santa Cruz.
Pero aquí hay que decir algo. Jorge no solamente se paró frente a la cámara a hacer su papel y ya, no. Él actuó, produjo y dirigió. O sea, agarró el proyecto como si fuera suyo de principio a fin y además se aferró a una idea muy de teatro. Quería hacer el programa en el Foro 2 de Televisa con público en vivo, como si cada grabación fuera una función.
Eso le daba ritmo, reacción inmediata, aplauso real y también esa presión de que si el chiste no pegaba, ahí mismo se sentía el silencio. Teatro de festividad como Cándido Pérez. Como Cándido Pérez, alegre, fuerte, este vivo y además los escritores que tenemos son muy buenos. Uno de ellos es mi hijo Óscar.
Y entonces es un trancazo esta tercera temporada. Y sí, hay que reconocerlo, el programa fue un trancazo. Televisa lo vendía como un éxito rotundo. Duró casi 6 años al aire. Llegó a más de 250 emisiones. Sacaron películas y hasta giras teatrales por Estados Unidos y Europa. Para Jorge fue una mina de oro artística y comercial.
Lo puso en el centro de la comedia televisiva y lo consolidó como productor conmigillo. Pero tampoco nos hagamos los inocentes amigos. Que algo tenga rating no significa que sea perfecto ni que haya envejecido bien. Ya no es una telenovela. Entonces, Candido Pérez, dos mujeres en mi casa, que lo con este trío hasta que la muerte no se pare.
Eh, entonces estas series son historias que la gente va siguiendo. Entonces, yo sabía que iba a ser un éxito y nos dio mucha tristeza. Yo opino, amigos, que el doctor Cándido Pérez funcionó en su momento, sí, pero también tenía una fórmula bastante gastable. El doctor coqueto, las mujeres entrando y saliendo, los malentendidos, el pastelazo, los gritos, las caras exageradas y el chiste que a veces parecía anunciado desde tres escenas antes.
Y aquí lo digo claro, para muchos, y me incluyo, el programa terminó cayendo en una comedia demasiado repetitiva. Al principio podía dar risa porque tenía ritmo y personajes reconocibles, pero con el paso de los años se sentía como si estuvieran exprimiendo el mismo limón hasta dejarlo seco. El propio Jorge ha reconocido que el programa terminó porque las ideas se agotaron y, pues sí, se notaba.
Las últimas temporadas ya se sentían forzadas como si la maquinaria siguiera caminando más por inercia que por verdadera frescura. Además, esa comedia de pastelazo y sobreactuación tenía sus defensores, claro, pero también muchos críticos. Había público que la veía como entretenimiento ligero de esos programas para apagar el cerebro un rato, pero otros la sentían exagerada, inverosímil, llena de chistes reciclados y situaciones que dependían demasiado de la pose, el grito y la entrada inesperada.
El primer lugar de la barra, o sea, nadie nos podía este competir. Lo que tú dices, ¿a qué genio se le ocurrió tal barbaridad? Fue fue una fue fue un acto verdaderamente agresivo contra el humor del mexicano, porque los mexicanos somos gente que nos gusta reír. Y ahí está el punto interesante con Jorge Ortiz de Pinedo.
Supo hacer negocio con una fórmula simple, popular y muy televisiva. No necesariamente refinada, no necesariamente inteligente en todos sus momentos, pero sí efectiva para la época. Y eso también habla del tipo de productor que era. No buscaba quedar bien con los críticos, buscaba que el público se sentara, se riera y volviera la siguiente semana. Dr.
Cándido Pérez, fue un éxito, sí, pero también fue uno de esos éxitos que con el tiempo se miran distinto. Lo que antes parecía carcajada segura, hoy para muchos puede sonar a chiste viejo, a comedia repetida y a una televisión que funcionaba porque tenía el monopolio de la atención del público.
Aún así, hay que decirlo, amigos. Jorge supo leer su momento, exprimirlo y convertirlo en una marca. Y en la televisión mexicana eso muchas veces vale más que la elegancia. Y por si fuera poco, amigos, años después todavía se les ocurrió revivir la fórmula con un remake protagonizado por Arat de la Torre. Pero hay que decirlo como es.
Para muchos, esa nueva versión terminó quedando todavía por debajo de la de Jorge Ortiz de Pinedo y eso ya es decir bastante. La idea era clara, jugar con la nostalgia, despertar el recuerdo de quienes crecieron viendo al drctor coqueto de Televisa y vendernos la ilusión de que aquel estilo podía funcionar otra vez.
Pero una cosa es tener nostalgia y otra muy distinta es tragarse un producto que se siente reciclado, forzado y sin la chispa que, por lo menos en su momento, tuvo la versión original. En redes sociales, los usuarios no tuvieron mucha piedad. Entre comentarios burlones, críticas a las actuaciones y reclamos por revivir una comedia que muchos ya sienten caducada, el estreno quedó bastante ensombrecido.
Para algunos críticos de entretenimiento, el problema no fue solo comparar a Arat con Jorge, sino intentar revivir una fórmula que quizá pertenecía a otra televisión, a otro público y a una época donde ese tipo de humor todavía pasaba sin tanto cuestionamiento. Así que el remake, más que regresar como homenaje, terminó sirviendo para confirmar algo.
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No todo lo que fue popular merece ser revivido y mucho menos cuando la nueva versión llega sin frescura, sin fuerza y con olor a nostalgia exprimida. ¿A poco no, amigos? Los leo en los comentarios. Ahora me siento feliz y muy satisfecho, pues esta nueva producción con Pedro Ortiz de Pinedo como productor. Los libretos de Óscar Ortiz de Pinedo y su grupo de escritores, que son talentosísimos y con mucho ingenio, me han permitido revivir esta historia familiar. Después de Dr.
Cándido Pérez, Jorge Ortiz de Pinedo siguió ordeñando bastante bien el terreno de la comedia televisiva. Produjo Al ritmo de la risa en 1998 y después llegó uno de sus proyectos más famosos, Humores los comediantes, entre 1999 y 2001. Ahí le abrió la puerta grande de la televisión a varios comediantes que venían de otro circuito como Teo González, Jojo, Jorge Falcón y La Chupitos.
Y hay que decirlo, ese programa sí tuvo peso porque llevó a la pantalla abierta a comediantes populares que ya traían tablas, colmillo y público propio. Pero amigos, creo que también era una televisión muy de su época. Chistes largos, rutinas recicladas, humor de doble sentido y una fórmula donde muchas veces se confundía lo pícaro con lo fácil.
Funcionaba, claro, porque Televisa todavía tenía una fuerza enorme y porque el público estaba acostumbrado a ese tipo de comedia de escenario. Luego vino Cero en conducta en 1999, donde Jorge actuaba, escribía y dirigía. Ahí interpretaba al niño con bigote por cierto, Jorgito del Mazo o Heis dentro de la famosa escuelita del profesor Virolo. Y otra vez la fórmula era clara.
Adultos haciendo de niños, albures disfrazados de travesura escolar, gritos, apodos, personajes exagerados y humor de sketch. Para muchos fue divertidísimo, para otros era una comedia bastante elemental, repetitiva y sostenida más por la nostalgia que por verdadera frescura. ¿Fueras tan amable de callarte? No, no, no se exalten.
Después siguieron La Casa de la Risa en 2003 y la escuelita VIP en 2004. O sea, Jorge ya tenía bien agarrado el caminito, juntar comediantes, ponerlos en situaciones exageradas, repetir personajes reconocibles y dejar que la televisión hiciera el resto. No era una propuesta muy fina ni revolucionaria ni demasiado arriesgada.
Era comedia popular, directa, de consumo rápido, de esa que funcionaba porque no pedía mucho esfuerzo, pero que si deja la cartera muy gorda. Y luego llegó una familia de 10, quizá su proyecto más familiar de los últimos años. Arrancó en 2007 con Jorge interpretando a Plácido López, un hombre que vive apretado en un departamento chiquito tratando de mantener a toda su bola de parientes.
Me pisó el único que tenía bueno. Ahora sí ya me fregó todos mis deditos, hija de pesca. La idea pegó, se quedó en la memoria del público y después de una pausa larga regresó con más temporadas. Incluso se ha dicho que Jorge tuvo que pelear fuerte y hasta demandar a Televisa para recuperar el proyecto y lograr que volviera al aire.
Llevamos 500 funciones agotadas en toda la República. Los en medio lo este no con con la familia de 10. Entonces, la familia de 10 seguía gustando y la gente de Televisa, no entiendo por qué no nos llamaba y no había barra, no nos llamaba ni para el dominio. Ahora, aquí viene la parte donde no hay que hacernoslos muy emocionados.
Sí, una familia de 10 ha sido exitosa. Sí, tiene público. Sí, lleva muchas temporadas. Pero como ya les dije, que algo dure mucho no significa necesariamente que sea bueno. También puede significar que la televisión mexicana a veces prefiere reciclar lo que ya medio funciona antes que arriesgarse con algo nuevo.
Muchos han comparado la serie con los Beverly de Peralvillo, aquella comedia setentera protagonizada por Guillermo Rivas, el Borras y Leonorilda Ochoa. Y la comparación no me sale de la nada. Otra familia popular, apretada, ruidosa, con personajes caricaturescos y situaciones de pobreza convertidas en chiste. Plutarco, regrésate por donde venías para ver si encuentras las arcollas.
También tiene ecos comedias familiares estadounidenses. El papá sufrido, la familia disfuncional, los parientes metiches, la casa como campo de batalla y el chiste anunciado desde antes de que llegue. Y si amigos, aquí sí va mi opinión. A mí una familia de 10 me parece una comedia muy floja. Mi casa de las lomas, ya sabes, ahí tengo hasta caballerizas.
No digo que no tenga momentos o que no haya gente que la disfrute, porque público tiene y eso no se puede negar. Pero en términos de escritura, personajes y humor, muchas veces se siente como una caricatura gastada. Los personajes son estereotipos muy marcados, los chistes suelen ser obvios, los remates no siempre tienen gracia y la actuación muchas veces se va al grito, al gesto exagerado y a la repetición.
Cinco cosas que un padre debe enseñarle a su vástago para que llegue a ser un gran hijo. Plácido López, interpretado por Jorge, representa ese tipo de personaje sufridor que debería provocar empatía, pero muchas veces termina atrapado en una dinámica de gritos, quejas y situaciones forzadas.
Y aunque Eduardo Manzano, recordado por los polibos junto a Enrique Cuenca, le dio cierto peso nostálgico al elenco interpretando al padre de Plácido, ni siquiera eso salva siempre a la serie de sentirse como un producto demasiado calculado, demasiado televisivo y poco fresco. ¿Qué, hijo? Haz algo. Para mí, una familia de 10 funciona más como marca que como gran comedia.
Es de esos programas que Televisa mantiene porque tiene reconocimiento, porque llena espacios, porque la gente lo identifica y porque todavía hay público que busca una comedia sencilla para no pensar mucho. Pero si uno la mira con ojo crítico, se nota el desgaste, la fórmula vieja y esa costumbre de creer que con personajes gritones y situaciones absurdas ya se hizo humor.
Entonces sí, Jorge Ortiz de Pinedo ha sido hábil, persistente y muy bueno para mantenerse dentro del negocio. Pero también hay que decirlo sin miedo. Varios de sus proyectos han vivido más de la fórmula, la nostalgia y el aparato televisivo que de una comedia realmente brillante. En efecto, abuelito, yo ya era de conocerlo a usted y a su folklón.
Y amigos, si hablamos de la vida sentimental de Jorge Ortiz de Pinedo, ahí también hay tela de dónde cortar. Porque don Jorge, por lo que se ve, nunca ha sido precisamente hombre de quedarse solo mucho tiempo. Entre romances, matrimonios, separaciones y pleitos bastante pesados, su vida amorosa también terminó pareciendo capítulo aparte de telenovela, pero de esas donde nadie sale completamente limpio.
En los años 70 tuvo a su primer gran amor, Claudia Lidia Orozco, con quien tuvo a su primogénito, Jesús. Aquella relación no duró para siempre y después vino otra etapa importante en su vida. C de romper con el cuento, pero la mensa de Claudia donde sí. En 1975 formó familia con María Ester Gutiérrez Puerta y de esa unión nacieron Óscar y Pedro, este último convertido con los años en uno de sus grandes aliados dentro del trabajo, su socio y productor.
Pero claro, en el mundo del espectáculo, donde los camerinos, las grabaciones y las giras mezclan trabajo con convivencia diaria, los romances casi siempre encuentran por dónde colarse. Durante la época de Dr. Cándido Pérez. Se supo que Jorge mantuvo una relación de unos 3 años con la actriz Nuria Vájez, quien formaba parte del elenco. Eso hacía.
¿Tuviste alguna relación un romance con Jorge? Pues sí, hubo un romance. Pues sí, sí hubo, pero este eh yo creo que ya pasó hace mucho tiempo. Pasó hace mucho tiempo y no fue tan profundo. Fue un romancillo. Ella era guapa, talentosa y con presencia. Y el romance llamó la atención porque otra vez la vida personal de Jorge quedaba ligada a su propio entorno laboral.
Al final la relación terminó como tantas historias del medio, mucho comentario, mucha mirada de pasillo y cada quien por su lado. Pero el verdadero relajo llegó con Luigina Tuchcio, hija de la famosa actriz peruana Sabiam Malich. Luigina no era una improvisada ni una muchacha ajena al ambiente. Trabajaba como ejecutiva en Televisa, así que conocía bien el medio, las jerarquías y los juegos de poder.
Jorge y Luigina se casaron en 1990 y aquí empieza una parte bastante incómoda porque según se ha contado, él le pidió que dejara su trabajo. Yo no lo veía como muy normal y además, bueno, era encantadora, era una mujer muy simpática, muy bonita, muy guapa y este y se dio la, o sea, nos casamos, este tuvimos un hijo, es el hijo más chipo que tiene.
La razón, según esa versión era que no quería conflictos por trabajar en la misma empresa y porque él tenía esa idea de que el hombre debía ser el proveedor. Y pues ahí amigos ya empieza a oler raro, porque una cosa es querer evitar roces laborales y otra muy distinta es pedirle a una mujer que deje su carrera para acomodarse al modelo de pareja que uno trae en la cabeza.
Tuvieron a su hijo Santiago, pero para 2005 la relación ya estaba hecha a pedazos y el divorcio explotó de una manera durísima. Aquí no vamos a maquillarlo. Sabi Kamalic salió a los medios con todo contra Jorge. No salió a decir, “Ay, qué pena, no funcionaron las cosas.” no lo acusó públicamente de ser machista, violento, de tener celse enfermizos y patológicos y de mantener a Luigina bajo amenaza con quitarle a su hijo.
Fueron señalamientos fuertes, de esos que no se sueltan así no más si no hay una guerra familiar detrás. Jorge lo negó todo rotundamente, como era de esperarse, y el pleito legal no fue cualquier trámite tranquilo de divorcio. Se habló de disputas por dinero, acuerdos, derechos y una separación que dejó claro que ahí ya no quedaba ni tantita cordialidad.
Era un pleito frontal, de esos donde la familia política también entra a repartir golpes en los medios. hace un escrito y va a haber un juez, le dice, “Señor, nos queremos divorciar, estamos los dos de acuerdo y todo iba muy bien.” Y algo pasó que le presentaron algún abogado que dijo, “No, no, vamos a meterle bronca y vamos a sacarle l a este señor.
” Con el tiempo hubo un giro que muchos usaron a favor de Jorge. Cuando Santiago cumplió 16 años, decidió por su propia cuenta irse a vivir con su papá. Y claro, eso alimentó otra lectura del conflicto, porque unos lo vieron como prueba de que la historia no era tan simple como la contaba Sabi Kamalich, mientras otros dijeron que en estos pleitos familiares nunca se sabe todo lo que pasa detrás de la puerta.
Y como si el divorcio no fuera suficiente, en esa misma época empezó a circular el rumor de que Jorge andaba con Lucelena González, quien trabajaba con él en sus programas. Y hay que decirlo, amigos. Lucelena era una mujer despampanante, así que el chisme prendió rápido. Pero Jorge salió a negarlo diciendo que ella era solamente una compañera muy guapa.
O sea, el clásico no pasa nada, solo trabaja conmigo. Saludos, abrazos, besos. Frase que en la farándula casi siempre deja más dudas que tranquilidad. Actualmente, Jorge mantiene una relación con Gabriela Sánchez Inojosa, quien además es su pareja y socia de negocios. Y eso también dice mucho de su forma de moverse.
Para él, el amor, el trabajo y los proyectos suelen mezclarse. A veces le ha funcionado, a veces le ha salido carísimo, pero queda claro que en su vida sentimental ha habido de todo menos calma absoluta. Jorge Ortiz de Pinedo no solo ha sabido manejar escenarios y programas, también ha vivido relaciones llenas de poder, control, versiones cruzadas y pleitos donde el amor terminó convertido en batalla legal y mediática.
Y amigos, si ustedes creen que los dramas de Jorge Ortiz de Pinedo se quedaron solamente en sus matrimonios, agárrense, porque este hombre también ha tenido fama de broncudo, explosivo y de no quedarse callado cuando siente que alguien le pisa el terreno. Porque Jorge podrá tener cara de señor de teatro, de productor serio y de comediante familiar, pero cuando se enoja no es precisamente de los que respiran profundo y cuentan hasta 10. No, amigos.
Él ha tenido pleitos bastante sabrosos con otros famosos y algunos terminaron a grito abierto con indirectas en televisión y hasta con el público metido en el relajo. Uno de los pleitos más recordados fue con María Luisa Alcalá, la inolvidable Claudia de Drctor Cándido Pérez. Y aquí la cosa se puso buena porque según se cuenta, el personaje de la empleada empezó a volverse más querido por el público que el propio doctor.
Historia muy larga, pero te la voy a contar muy a y eso en una comedia donde el protagonista, productor y jefe era Jorge, pues no debió caerle nada bonito. Dicen las versiones que a María Luisa se le subió la fama, que empezó a tratar mal aparte de la producción y a exigir trato de reina.
Pero también está la otra lectura, que Jorge no soportó que una actriz secundaria le robara cámara y cariño popular dentro de su propio programa. El caso, amigos, es que él como jefe empezó a quitarle líneas en los libretos y cuando una actriz nota que le están recortando el personaje, pues el pleito ya está cantado. Con permiso, se me queman los frijoles.
La cosa terminó en una discusión a gritos en la oficina. María Luisa renunció al programa y según se cuenta, la relación quedó rota para siempre. Durante años se aventaron pedradas en entrevistas. Ella llegó a insinuar que Jorge le tenía envidia porque el público la prefería a ella. Y ahí, amigos, queda clarito que en la comedia también hay egos, celos, protagonismos y cuchillitos bien afilados detrás de las risas.
Otro pleito sabroso fue con Eugenio Dervz. Por ahí de 2002, Eugenio se burló en televisión de Jorge, Chabelo y Chespirito, diciendo que se sentían muy chistosos nada más por vestirse de niños. Y hablando de alguien que dicen con Eugenio Dervz justamente que había en su momento una fuerte rivalidad porque ambos producían, ambos hacían comedia en la misma televisora, estamos hablando de Jorge Ortiz de Pinedo.
Él realmente pues responde y miren ahí tocó una fibra delicada porque Jorge llevaba años explotando ese recurso del adulto interpretando niño, así que no se iba a quedar cruzado de brazos. Su respuesta fue bastante directa y bastante infantil. Irónicamente, en la escuelita VIP llevó un muñeco de peluche horrible al que bautizó como egogenio derb y desde ahí empezó a agarrarlo de bajada en cadena nacional con burlas e insultos disfrazados de chiste.
O sea, no fue una indirecta elegante ni un comentario fino. Fue pleito de patio escolar, pero transmitido por Televisa. El asunto escaló tanto que los altos maldos de la empresa tuvieron que sentarlos y darle su jalón de orejas. Porque una cosa era que se tiraran carrilla y otra que la pantalla se convirtiera en ring de egos entre comediantes.
No lograron tampoco que nos enemistáramos para toda la vida. En un momento determinado, sí se creó una gran rivalidad, pero era rivalidad más que nada artística. Sí. No, o sea, no, no hay. Pero donde Jorge sí se puso verdaderamente bravo fue con Jesús Ochoa. En 2018 la cosa explotó por el tema de la casa del actor.
Jorge estaba furioso porque la anda dirigida entonces por Ochoa, llevaba meses sin entregar dinero para el sostenimiento de los actores retirados. Se hablaba de una deuda millonaria cercana a los 9 millones de pesos y el asunto era delicado porque no se trataba de lujos, sino de personas mayores que dependían de ese apoyo.
Jorge armó una rueda de prensa y Jesús Ochoa llegó a interrumpir con supuestas facturas para justificarse, pero le salió el tiro por la culata. Jorge, con ese bozarrón suyo, lo encaró, le exigió respeto y le gritó que no lo retara. La escena se puso pesadísima. El público terminó abucheando a Ochoa y algunos le gritaron ratero.
Aquello ya no fue comedia, amigos, fue pleito sindical, dinero, acusaciones y una exhibida pública bastante incómoda. A ver, Jesús Ochoa, aquí no vas a hacer lo que haces en la siéntate, por favor. Es eres eres nuestro invitado. ¿De acuerdo? por favor. Invitó el a todos los actores. También está la arrastrada que le dio a Sergio Mayer cuando murió José José.
Mayer quiso pararse el cuello diciendo que estaba ayudando con las gestiones para repatriar el cuerpo del cantante, pero Jorge salió a tundirlo públicamente. Lo tachó de hablador, chismoso, metiche y básicamente lo pintó como un funcionario bueno para nada que solo quería colgarse una medallita con alguien que ya no podía defenderse.
Y ahí Jorge no se mordió la lengua, fue directo al punto. Según él, Sergio se estaba metiendo donde no le correspondía y usando una tragedia ajena para hacerse publicidad. Y guste o no guste Jorge, esa crítica pegó porque mucha gente también veía a Mayer como alguien demasiado ansioso por aparecer en la foto.
Ojo, por ahí una un dicho, ¿no? Entonces, la gente que está de que es muy habladora, pues se merece a veces esos de que los desenmascaren. Lo que sí ya nos dijo Joel a nosotros, a ustedes, a los medios que ha ido ese señor. Y para cerrar este borlote de pleitos, también está el asunto del teatro López Tarso.
Jorge fue acusado de monopolizar ese espacio, de tratarlo casi como si fuera suyo, pero desde su versión él había invertido dinero en remodelarlo. Tenía obras programadas y de pronto le dieron un ultimátum para sacar sus cosas casi de un día para otro. Ahí la pregunta queda en el aire. ¿Era un productor defendiendo su inversión o un hombre demasiado acostumbrado a manejar espacios como si fueran de su propiedad? Porque con Jorge Ortiz de Pinedo casi siempre pasa eso.
Depende de quién cuente la historia. Puede ser el defensor del teatro mexicano o el señor que se aferra al control y no quiere soltar. Lo cierto es que su carrera no solo está hecha de programas, obras y personajes, también está llena de pleitos, egos, gritos, enemistades y encontronazos que muestran a un Jorge bastante menos simpático que el de la pantalla.
Un hombre inteligente para los negocios de comedia, sí, pero también duro, explosivo y con una lengua que cuando se suelta no anda pidiendo permiso. Esta es la mega sorda del año. Hoy y menos. Y amigos, todo ese ritmo de trabajo, todos esos pleitos, todo ese estrés acumulado y sobre todo su adicción al tabaco, terminaron pasándole una factura carísima a Jorge Ortiz de Pinedo.
Porque aquí no estamos hablando de alguien que fumó tantito por moda, no. Jorge fumó puros y cigarros desde los 20 años, durante más de cuatro décadas. Y claro, el cuerpo aguanta, aguanta, aguanta hasta que un día cobra todo junto y sin descuentos. En 2010 empezó a bajar de peso de una manera alarmante. Algo no estaba bien y cuando finalmente llegaron los estudios vino el golpe. Cáncer de pulmón.
Tuvieron que operarlo y quitarle una parte del pulmón. Pero la pesadilla no terminó ahí, porque en 2016 el cáncer regresó como esas sombras que uno cree haber dejado atrás, pero vuelven a tocar la puerta cuando menos espera. Hoy, ya cerca de los 80 años, Jorge vive con epoc, hipertensión y diabetes. O sea, no es cualquier cuadro médico, es un cuerpo muy trabajado, muy golpeado y bastante limitado.
Es la enfermedad que tengo es enfermedad pulmonar obstructiva crónica. Me dijeron más o menos, está usted como al 40% del 100% de destrucción pulmonar, entonces tiene usted todavía mucha reserva. Tiene que estar conectado a un concentrador de oxígeno las 24 horas del día. Y aunque en pantalla todavía intenta sostener esa imagen de hombre activo, la realidad es que su salud es delicadísima.
De hecho, hace tiempo estuvo listo para recibir un trasplante doble de pulmón. Imagínense el tamaño del asunto. Llegar a ese punto donde la opción ya no es una pastilla, ni una terapia, ni una recomendación médica, sino cambiarle los pulmones. Pero la cirugía se canceló de último minuto. Los doctores descubrieron que las quimioterapias le habían provocado una mutación celular y operarlo podía ponerlo en altísimo riesgo de desarrollar leucemia.
O sea, por un lado necesitaba el trasplante para respirar mejor, pero por el otro la operación podía abrirle otra puerta todavía más peligrosa. Ante ese panorama, Jorge tomó una decisión bastante fuerte. Fue con un notario y firmó su voluntad anticipada. Dejó establecido que si llega a un estado terminal, no quiere que le hagan traqueotomías ni que intenten revivirlo artificialmente.
No quiere terminar prolongando el sufrimiento a la fuerza. Y como su salud ha sido tan delicada, a cada rato corren rumores de que ya falleció. En mayo de 2026 pasó algo bastante absurdo. Jorge publicó un mensaje de pésame por la muerte de su abogado Javier Coello y en TikTok y WhatsApp la gente se hizo bolas creyendo que el muerto era él.
Así de rápido se corre el chisme. Tuvo que salir a grabar un video para desmentirlo y con ese humor negro que todavía le queda, dijo algo como, “Todavía sigo aquí en el plano terrenal. Por favor, no me manden flores. Para respirar mejor, tuvo que mudarse al nivel del mar en Acapulco. Ahí vive y desde ahí ha seguido grabando temporadas de una familia de 10.
Y aquí viene lo curioso, porque aunque carga con su oxígeno, aunque su respiración depende de aparatos y aunque cualquier descuido puede ponerlo en una situación grave, él se niega a retirarse. Dice que el trabajo es su terapia ocupacional y quizás sí, quizá para alguien como él dejar de trabajar sería como aceptar que ya se acabó la función.
Actualmente también está produciendo una obra llamada No te vayas sin decir adiós junto a su excuñado Juan Ferrara. Y miren, el título hasta parece indirecta del destino porque Jorge lleva años viviendo con esa sensación de despedida rondándole cerca, pero sin terminar de irse del escenario. Así es Jorge Ortiz de Pinedo, un hombre polémico, difícil, de carácter fuerte, con una carrera larguísima y con una salud que claramente ya le está cobrando los excesos.
sobrevivió al cáncer, a tragedias familiares, a pleitos públicos, a divorcios pesados y a 1000 escándalos. Pero también hay que decirlo como es. Sigue aferrado al trabajo, al control y al reflector, como si bajarse del escenario fuera para él una derrota peor que la enfermedad. Y ahora, díganme ustedes, ¿qué opinan de Jorge Ortiz de Pinedo? ¿Lo ven como un trabajador incansable del teatro y la televisión o como un personaje difícil que también ha sabido aferrarse al poder, al control y al reflector? Los leo en los comentarios y si esta historia los atrapó, no
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