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HUGO SANCHEZ: CONFESSED WHAT AZCÁRRAGA AND TELEVISA DID TO HIM

Televisa llamó a Hugo. Estás causando problemas. Los dueños están molestos. Todo lo que digo es verdad. Puede ser verdad, pero no tienes que decirlo en público. ¿Por [música] qué no? Porque eres jugador del América y el América es de Televisa. Hugo entendió el mensaje y hizo exactamente lo contrario. 1993, un año después de su regreso, Hugo empezó a reunirse con jugadores en privado, no en el [música] América.

Eso hubiera sido demasiado obvio en casas, en restaurantes cerrados al público. [música] Los primeros en llegar Luis García del Atlante, Carlos Hermosillo del Monterrey, el otro máximo goleador de la selección. Alberto García Aspe, Jorge Campos, Ramón Ramírez, Claudio Suárez, los mejores jugadores de México, todos con las mismas quejas.

Uno, [música] mi club me debe tr meses de salario. No puedo irme porque soy su propiedad. Otro, me prometieron una prima por clasificar a liguilla. Nunca me la pagaron. Otro más. Me [música] multaron 50,000 pesos por llegar 5 minutos tarde. Ni siquiera está en mi contrato. Hugo tomaba notas, documentaba todo.

Vamos a crear la Asociación de Futbolistas Profesionales de México, un sindicato reconocido legalmente. No es una huelga. No vamos a dejar de jugar, solo vamos a organizarnos. La propuesta era razonable. En cualquier liga seria del mundo hubiera sido completamente normal, pero alguien habló. Uno de los jugadores de las reuniones le contó todo a [música] su directivo, no por traición, por miedo. El directivo lo había amenazado.

Si sigues en esto, te corto [música] y me aseguro de que ningún equipo te contrate. La noticia llegó a oídos de Emilio Azcárraga Milmo. El tigre convocó una reunión de emergencia. con los dueños de los equipos grandes de la liga. América, Guadalajara, Cruz Azul, Pumas, Monterrey, Atlante, [música] Necaxa, todos ahí, todos nerviosos.

Si permitimos que los jugadores se organicen, perdemos [música] el control. Van a exigir salarios más altos, contratos protegidos. El pacto de caballero se acaba y con él nuestro negocio. Silencio. ¿Y qué hacemos con Hugo? No podemos cortarlo directamente. Es demasiado famoso, demasiado querido. La gente se voltearía contra nosotros.

Entonces, Azcárraga encendió un puro. Lo aislamos. Presionamos a los otros jugadores para que se alejen de él y esperamos la oportunidad perfecta. para mandarle un mensaje que nunca olvide. Esa oportunidad llegó un año después en Estados Unidos, en el partido más importante del fútbol mexicano en una década.

El Mundial junio de 1994, Copa del Mundo, Estados Unidos, México llegaba con esperanza real. Miguel Mejía, varón como técnico, una generación buena y Hugo Sánchez, 36 años en la convocatoria como el referente histórico. Desde el primer día de concentración algo estaba raro. Hugo entrenaba, Hugo corría, Hugo llegaba primero, pero Mejía varón casi no le hablaba, no le daba indicaciones específicas, no lo incluía en las charlas tácticas.

importantes. [música] Primer partido, México contra Noruega. 11 titular sin Hugo. México ganó 1 a0. Hugo entró al minuto 70. Seis toques al balón. Segundo partido, México contra Irlanda. 11 titular sin Hugo otra vez. México ganó 2 a 1. Hugo entró al minuto 80. 10 minutos de partido. Los periodistas preguntaban cada día.

¿Por qué no juega Hugo? ¿Está lesionado? ¿Hay un problema? Decisiones técnicas, respondía Mejía Varón. Siempre lo mismo. Decisiones técnicas. Tercer partido, México contra Italia. Campeones del mundo en ese momento. Hugo, 0 minutos. México empató 1 a un y clasificó a octavos. Esa noche, según personas que cubrían de cerca la concentración mexicana, Hugo [música] golpeó la pared de su habitación.

Al día siguiente fue a buscar a Mejía varón. ¿Por qué no me pusiste ni un minuto contra [música] Italia? Hugo, todavía hay tiempo. En octavos vas a jugar. ¿Me estás guardando [música] para octavos? Confía en mí. Hugo no confiaba y tenía razón en no confiar. 5 de julio de 1994, octavos de final. Estadio Giants en Nueva Jersey.

México contra Bulgaria. México salió bien al partido. Gol de García Aspe de penal al minuto 6. 1 a0. Todo bien. Hugo seguía en la banca calentando, [música] mirando, esperando. Bulgaria reaccionó. Stof empezó a dominar. El empate llegó 1 a un y las tribunas empezaron a cantar. Hugo, Hugo, Hugo. Mejía varón hizo cambios mediocampista por mediocampista.

Hugo, Hugo, Hugo. Los minutos pasaban 60, 70, 80. Hugo seguía sentado. El partido terminó 1 a un en tiempo extra. Llegaron los penales. [música] García Aspe mandó su remate a las nubes. Jorge Rodríguez pateó directo a las manos del portero Mik Loveov. Marcelino Bernal también falló. México eliminado. Hugo Sánchez, el máximo goleador de la historia de la selección en ese momento, no tocó el balón ni un segundo en el partido más importante del torneo.

Esa noche fue a buscar a Mejía Varón una última vez. ¿Por qué no me pusiste? El equipo que estaba jugando era el mejor para ese momento. Alguien te dijo que no me pusieras, ¿verdad? Nadie me dijo nada. Yo tomo mis propias decisiones. No te creo. Mejía varón no respondió. Años después, Jorge Campos declaró en una entrevista para Fox Sports.

Todos sabíamos que Hugo debía jugar. era nuestro mejor delantero, pero el profesor Mejía tenía sus razones, las que no se dicen en público. Hugo entendió esa noche que su carrera en la selección había terminado, no por decisión propia, por decisión de alguien más, de alguien con más poder que el técnico, de alguien que nunca pisó esa cancha.

El castigo. Hugo regresó al América para la temporada 1994 a 95, pero ya nada era igual. Los directivos del club, siguiendo instrucciones desde arriba, empezaron a presionarlo de maneras sutiles. Horarios de entrenamiento cambiados sin explicación, privilegios de viaje eliminados, recortes presupuestarios y lo más importante, quisieron adueñarse de los derechos de su imagen para campañas comerciales del mundial 94.

Hugo se negó. Eso estaba en su contrato original. Él aprobaba el uso de su imagen. Eso era innegociable. Al final de la temporada el América lo dejó ir. Razones deportivas, dijo el club. Hugo declaró después. Me fui porque no iba a permitir que me humillaran. Querían absorber lo que yo ganaba con mi imagen para vender productos.

Me fui al Rayo Vallecano, no por gusto, sino por no aceptar que me doblaran. Después del rayo vino el Atlante. Después el Lincer de Austria. En 1997, con 39 años, Hugo se retiró sin homenaje oficial del América, sin partido de despedida, sin reconocimiento de la Federación Mexicana de Fútbol, el mejor futbolista mexicano de la historia.

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