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HUGO SANCHEZ: FINALLY REVEALED HIS SON’S DISGUSTING SECRET

Lo había conocido en México y se había enamorado del muchacho de la Mixqu antes de que [música] fuera nadie. Cuando Hugo le dijo que se iba a la España, Ema no lo pensó. Hizo las maletas, dejó a su familia, dejó su país, dejó todo. Y aquí vas a sentir esto. Si tú alguna vez te fuiste a otro país siguiendo a alguien, si tu mujer dejó su casa por ti, si tú dejaste la tuya por ella.

Esa sensación de subirte a un avión sin saber bien a qué vas, solo porque la persona que amas te dijo, “Ven, vámonos.” Ema se subió a ese avión y a los pocos meses estaba sola en un departamento de Madrid. Hugo entrenando, Hugo en concentraciones, Hugo en eventos, Hugo en cenas con directivos, Hugo en todos lados [música] menos en casa.

¿Sabes lo más oscuro de esta primera etapa? Hugo ya estaba mintiéndole a Ema y el primer engaño no fue con una mujer, fue con un grabador. En el Atlético [música] de Madrid, los primeros meses fueron un infierno. Los aficionados rivales le gritaban, “Indio, Sudaka, [música] regrésate a tu país.” El racismo de los 80 no era el de hoy.

No había redes para denunciarlo. [música] No había sanciones. Si te tocaba, te aguantabas. Y Hugo se aguantó. [música] Apretó los dientes y se aguantó, pero hizo algo más. Se quedaba después de los entrenamientos, [música] una hora, 2 horas, solo en el campo, pateando contra el muro, estudiando defensas, memorizando movimientos de porteros.

Sus compañeros se iban a comer. Él se quedaba. En la temporada 1983 a 84 explotó 19 goles Pichichi. El primer mexicano en ganar el título de máximo goleador de España. Copa del Rey contra el Athletic de Bilbao. Dos goles campeón. [música] Los mismos aficionados que lo insultaban un año antes, ahora coreaban su nombre.

Y entonces Hugo hizo lo que hacen los obsesivos. Quiso más. Pidió al Real Madrid, pero el Atlético [música] y el Real Madrid son enemigos a muerte. Pasarte de uno al otro era traición. Los aficionados rojiblancos no lo iban a perdonar. [música] Entonces se montó una triangulación que casi nadie te ha contado.

El Atlético vendió a Hugo a Pumas por un [música] solo día. Pumas lo fichó y al día siguiente Pumas lo vendió al Real Madrid. Oficialmente Hugo no pasó del Atlético al Madrid, pasó de Pumas al Madrid. Los aficionados del Atlético igual quemaron sus camisetas, lo llamaron traidor, pero el contrato ya estaba firmado y Hugo se fue al club más grande del mundo.

15 de julio de 1985, Real Madrid, camiseta nueve, la más pesada del fútbol europeo. Aquí es donde todo cambia, porque en ese mismo año, en ese mismo Madrid, en ese mismo edificio donde Hugo y Ema vivían como una pareja feliz delante de las cámaras, ya estaba pasando algo que iba a destruirlos. Y no era una mujer, todavía no, era algo peor.

En la cancha [música] Hugo era un dios. En la casa era un fantasma. Llegaba tarde, se iba temprano, cenaba en silencio. Cuando hablaba era para quejarse del defensor que lo había marcado, del entrenador que no lo había felicitado. Ema escuchaba, asentía, [música] le servía la cena y se iba a dormir sola muchas noches porque Hugo se quedaba viendo videos de partidos hasta las 3 de la mañana.

En 1984 nació Hugo Sánchez Portugal. El primer [música] hijo, el que llevaba el nombre, el heredero. Hugo padre lo cargó en brazos en el hospital, [música] sonrió para las fotos y a las 48 horas estaba otra vez en el campo de entrenamiento. Emma se quedó en el departamento con un bebé que lloraba y un teléfono que casi nunca sonaba.

Imagínate a Ema, ve 20 pocos [música] años, sin familia cerca, sin amigas, con un recién nacido y un marido que entrenaba, viajaba, ganaba títulos, salía en revistas y casi no estaba en casa. Esa es la primera grieta, la grieta de la que después salió todo. Después vino Ema, la segunda hija, y la situación empeoró, porque para entonces Hugo ya había empezado a hacer algo que Ema tardó años en descubrir, algo que dejaría a México con la boca abierta cuando ella lo contara muchos años después.

Hugo le grababa conversaciones, llamadas, discusiones de la cocina, todo registrado en cintas pequeñas [música] guardadas en un cajón cerrado con llave en su despacho. Emma encontró las cintas por casualidad, buscando un papel del seguro médico del bebé. Vio las etiquetas con fechas. Le preguntó a Hugo que eran. Hugo se enojó.

No te metas, son mías. Ema sospechó [música] lo que sospecharías tú, que las estaba guardando como munición por si algún día se separaban, por si algún día ella hablaba mal de él. Y Ema, esa mujer callada de la Mixcoac, que se había subido a un avión enamorada. Esa noche entendió por primera vez que el hombre con el que vivía no era el que había conocido en México.

Y aquí guarda esto, porque esas cintas, esas grabaciones que Hugo escondía en su despacho no son una anécdota, son una pista. La primera pista de algo que 30 años después, en una mesa de una fiscalía mexicana, alguien iba a poner sobre la mesa para explicar por qué Hugo Junior terminó como terminó en la cancha. Mientras tanto, Hugo era imparable, cuatro pichichis seguidos.

Algo que solo Telmozarra había conseguido en los años 40, algo que después solo Messi igualaría. Y en 1990, [música] la bota de oro, 38 goles en una temporada. Máximo goleador de toda [música] Europa. Los 38 los metió todos a un solo toque. Llegaba, [música] golpeaba, gol. Sincronización pura. Reflejos de animal.

El 10 de abril de 1988, Real Madrid contra Logroñez, Santiago Bernabeu. Centro desde la derecha, Hugo de espaldas a la portería. Salta, arquea el cuerpo. El pie conecta con la pelota como un latigazo. La pelota entra al ángulo. 5 minutos de ovación. 90,000 personas de pie, pañuelos blancos al aire. El Bernabéu llorando por una chilena.

por un mexicano. Esa noche Hugo Sánchez tocó la gloria con la mano y esa misma noche, mientras el estadio lo lloraba, en un departamento de Madrid, una mujer cargaba a una niña recién nacida y a un niño de 4 años y veía el partido sola en la televisión, sin invitados, sin familia, sin nadie.

Esa mujer era Ema y en ese sillón con sus dos hijos pequeños ella ya había tomado una decisión, solo que todavía no la había dicho en voz alta. La decisión tardó 4 años en convertirse en maletas, pero se cumplió. En 1992, mientras Hugo todavía levantaba títulos con el Real Madrid, Ema Portugal regresó a México sola con dos niños pequeños, Hugo Junior de 8 años y Ema de seis, sin avisarle a la prensa, sin pedirle nada al marido.

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