1993 Porto Alegre, Brasil. Un partido de categorías inferiores que nadie recuerda, pero que nadie que estuvo ahí puede olvidar. Un niño de 13 años que juega descalso porque no tiene zapatos, acaba de meter 23 goles. 23. El marcador final, 23 a0. Ese niño perdió a su padre a los 8 años.
Creció en una favela y en unos años va a convertirse en el jugador más espectacular que el mundo haya visto. Hoy te cuento la historia de Ronaldinho. La historia nos lleva a la favela de Vilanova en Puerto Alegre, al sur de Brasil, casas de madera donde cuando llueve se moja todo por dentro. Acá vive la familia de Asís Moreira. El padre Joau trabaja como soldador en un astillero y los fines de semana como guardia en el estadio del gremio.
No le pagan bien, pero puede ver los partidos gratis porque antes de ser soldador, Yuau fue futbolista. Jugó para el crucero de Porto Alegre, pero tuvo que dejar las canchas para sacar adelante a su familia. La madre miguelina vende cosméticos de puerta en puerta mientras estudia para ser enfermera.
Entre los dos sacan adelante a sus hijos, Roberto el Mayor y Ronaldo, que nació el 21 de marzo de 1980. La vida es dura, pero el fútbol lo es todo en esta casa. Joa le dice al pequeño Ronaldo que juegue descalso para sentir mejor la pelota, pero Ronaldo sabe la verdad. Su padre no tiene dinero para comprarle zapatillas. Roberto, 9 años mayor que Ronaldo, tiene un talento enorme, tanto que a los 11 entra las inferiores del gremio y lo comparan con Maradona.
A los 16, un club italiano llamado Torino intenta llevárselo a escondidas. Lo suben a un avión sin que el gremio se entere. El escándalo es tan grande que en Porto Alegre lo llaman el secuestro de Asís. El gremio reacciona para que Roberto se quede le ofrecen un contrato que incluye algo que esta familia nunca había tenido.
Una casa de verdad con paredes de ladrillo con jardín y con piscina. La familia de Asís Moreira por fin sale de la favela. Por fin la vida le sonríe. Pero cuando crees que lo has conseguido, la vida puede tener otros planes. Enero de 1989, Roberto vuelve del entrenamiento. Es un día especial. Está por cumplir 18 años. Pero cuando llega a casa, su padre Joo está inconsciente en la piscina.
Lo sacan, lo llevan al hospital. Pero ya es tarde. Joo había sufrido un paro cardíaco. Tenía 41 años. Ronaldo tiene 8 años. El hombre que cada noche sacaba un balón y jugaba con él en la calle ya no está. El que lo obligaba a llorar de rabia porque solo lo dejaba tocar la pelota dos veces, dos toques y pasarla.
El niño quería driblar, quería ser lujos, quería jugar libre. Su padre no lo dejaba y ahora nunca va a saber por qué. Y viene un segundo golpe. Roberto sufre una lesión grave en la rodilla que termina con su carrera. La familia que acababa de salir de la pobreza pierde a su padre y al único que traía dinero.

El riesgo de volver a la favela es real. Roberto, con apenas 17 años deja sus propios sueños y se convierte en la figura paterna que su hermano necesita. Padre, entrenador, representante, todo. Años después, Ronaldinho lo resumió en tres palabras: hermano, padre, compañero. Roberto sabe que el talento de su hermano es superior al que él tuvo, así que lo entrena con una disciplina obsesiva.
Todas las tardes le dice lo mismo, 500 dominadas y nadie entra a la casa hasta que las termines. El niño tiene 7 años, llora, se frustra, pero las hace. Entre esas 500 dominadas y los partidos de fútbol salen canchas diminutas de la Fabela, Ronaldo desarrolla un control de balón que no se parece a nada.
El futsal le enseña a pensar rápido, a moverse en espacios pequeños, a tomar decisiones en fracciones de segundo. Él mismo lo dijo años después, muchas de las jugadas que hago vienen del futsal. Se juega en un espacio muy pequeño y el control del balón es completamente diferente. Como en Brasil ya hay un ídolo llamado Ronaldo Nazario.
Al pequeño le ponen un apodo Ronaldinho, el pequeño Ronaldo. Le agregan gaucho para diferenciarlo. Así nace el nombre que el mundo entero va a conocer. A los 13 años pasa algo que pone a todo Porto Alegre hablar de él. En un partido de categorías inferiores, Ronaldinho mete 23 goles. 23. El partido termina 23 a0.
A los 15 es convocado a la selección sub15 de Brasil. A los 17 gana el Mundial sub-17 en Egipto y es nombrado el mejor jugador del torneo. En 1998 debuta con el primer equipo del gremio en la Copa Libertadores. Con apenas 18 años compite contra hombres que le doblan la edad, pero en la cancha la edad no importa cuando tienes ese talento.
Al año siguiente explota 22 goles en 47 partidos. Es convocado a la selección absoluta para la Copa Confederaciones en México, donde gana el Balón de Oro como mejor jugador y la bota de Oro como máximo goleador. Tiene 19 años. El Arsenal de Inglaterra intenta ficharlo, pero el traspaso se cae por un problema con el permiso de trabajo.
Lo que parece una mala noticia termina siendo el primer giro del destino que lo lleva a la gloria. El mundo empieza a enterarse de quién es Ronaldinho Gaucho. En 2001, Ronaldinho cruza el océano. Destino: Paris Saint-Germain. Roberto negocia el traspaso. Dicen que en parte fue venganza contra el gremio, el club que años antes lo vendió a él sin consideración.
El gremio no vio un centavo, fue una salida polémica. O en París muestra destellos de lo que viene, regates imposibles, pases de fantasía, goles que parecen de videojuego. Gana la Copa Intertoto y se convierte en uno de los jugadores más queridos por la hinchada francesa, pero también muestra su amor por la noche.
Las fiestas empiezan a ser tema de conversación entre los directivos, sin embargo, dentro de la cancha nadie puede discutir lo que ven. Y es con la camiseta de Brasil donde Ronaldinho da el salto definitivo. Copa del Mundo 2002, cuartos de final. Brasil contra Inglaterra. Minuto 49, tiro libre a 35 m.
Ronaldinho ejecuta un disparo con el exterior del pie que describe una parábola imposible. La pelota pasa por encima de la barrera, se eleva y cuando parece que se va fuera cae justo dentro del arco. David Sean, el arquero inglés, no se mueve, no entiende qué pasó. Hasta hoy se debate si fue intencional o un centro fallido. Ronaldinho siempre dijo que fue intencional.
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fue expulsado en ese mismo partido, pero Brasil ganó igual y siguió adelante hasta coronarse campeón del mundo junto a Ronaldo, Nazario y Rivaldo, los famosos tres RS. Ronaldinho tiene 22 años y ya es campeón del mundo, pero lo mejor todavía no ha llegado. Manchester United y Barcelona se pelean por ficharlo. Alex Ferguson está convencido de que lo tiene, pero Ronaldinho elige Barcelona.
Ferguson dijo después que perder ese fichaje fue uno de los mayores arrepentimientos de su carrera. Ronaldinho llega en 2003 a un Barcelona que viene de años sin títulos importantes y lo cambia todo. Lo que hace durante los siguientes tres años es probablemente el periodo más brillante que un futbolista haya tenido en un club.
No solo juega bien, juega distinto, juega como si estuviera en la calle con sus amigos en Porto Alegre, la elástica donde el balón parece pegado a su pie mientras deja rivales tirados. el sombrero levantando la pelota por encima de la cabeza del defensor como si fuera lo más fácil del mundo.
El autopase tirándose el balón por un lado del rival y corriendo por el otro y todo lo hace sonriendo. Esa sonrisa se convierte en su marca. El fútbol siempre había sido un deporte de tensión y presión. Ronaldinho lo convierte en un espectáculo de alegría pura y no llega solo a Barcelona, llega con toda su familia.
Su madre miguelina lo supervisa todo. Roberto es su representante. Su hermana Daisy maneja la prensa. Su primo es su preparador físico. Todo queda en casa. Así fue siempre con Ronaldinho. En 2004 gana la Liga. En 2005 le dan el Balón de Oro y el FIFA World Player. Y entonces pasa algo que el fútbol no había visto nunca.
19 de noviembre de 2005, Santiago Bernabéu. La casa del Real Madrid. 80,000 fanáticos vestidos de blanco. Ronaldinho recibe el balón en la izquierda, se lleva un defensor con una finta, luego a otro con velocidad pura. Entra al área como si los rivales fueran conos de entrenamiento y define con un toque suave que deja sin reacción al portero.
¡Gol! Silencio en el Bernabeu. Y entonces pasa lo impensable. 80,000 fanáticos del Real Madrid se ponen de pie y aplauden al jugador del Barcelona. Una ovación del rival en su propia casa. Eso no había pasado antes y no ha vuelto a pasar. Eso es Ronaldinho en 2006 completa su obra maestra ganando la Champions League.
Es el rey del fútbol, lo tiene absolutamente todo, pero algo empieza a cambiar. Después de ganar el Balón de Oro y la Champions, Ronaldinho no sube otro escalón, cae y cae rápido. Las fiestas, que antes eran rumor, se convierten en problema. Llega tarde a entrenamientos. Se le ve en discotecas hasta la madrugada. Su rendimiento baja de forma notable.
El Barcelona que le había puesto el mundo a sus pies empieza a cansarse y justo en ese momento, un joven argentino que Ronaldinho había tomado bajo su protección empieza a brillar. Ese joven es Lionel Messi. Ronaldinho lo arropó cuando llegó al primer equipo, le dio su primer pase de gol y fue Messi quien poco a poco empezó a ocupar el lugar que Ronaldinho estaba abandonando, no porque Messi lo empujara, sino porque Ronaldinho dejó de pelear por ese lugar.

En 2008, el Barcelona lo vende al AC Milan. Tiene 28 años. En su mejor momento debería estar, pero ya no es el mismo. Su primera temporada en Milán es decepcionante. En la segunda tiene destellos del jugador que fue terminando como máximo asistente de la Serie A italiana, pero los destellos son cada vez más cortos y los apagones más largos. El Milán lo deja ir.
Irónicamente ganan el título esa temporada sin él. Ronaldinho vuelve a Brasil con un objetivo claro, jugar el Mundial 2014 en su propio país. Es su última oportunidad de hacer algo grande con la camiseta de Brasil en casa. Firma con Flamengo uno de los equipos más populares del mundo. Empieza bien, gana el campeonato Carioca, pero la relación con el club se rompe y resciende su contrato alegando 4 meses de sueldo impago.
Pasa al Atlético Mineiro y tiene un renacimiento que nadie esperaba. En 2013 ayuda al equipo a ganar la Copa Libertadores, la primera en la historia del club. Lo eligen mejor jugador del torneo. Gana la Recopa Sudamericana al año siguiente. La sonrisa vuelve. Los fanáticos lo adoran. El mundo habla de él otra vez. Parece que el viejo Ronaldinho ha regresado, pero la convocatoria al mundial nunca llega.
El técnico de la selección decide no llevarlo. Ronaldinho ve el Mundial de 2014 en su propio país desde su casa. El sueño se termina. Su carrera se apaga. Querétaro en México, Fluminense unos meses, un torneo de futsal en la India, cada parada más pequeña. En enero de 2018, a los 37 años, anuncia su retiro. El mago cuelga los botines.
Pero la historia no termina ahí. Marzo de 2020, Ronaldinho y Roberto viajan a Paraguay para un evento benéfico. En el aeropuerto presentan sus pasaportes. Las autoridades lo revisan. Son falsos. Pasaportes paraguayos fraudulentos. Ronaldinho es enviado a prisión en Asunción. El hombre que jugó en los mejores estadios del mundo está durmiendo en una celda 32 días preso antes de pasar arresto domiciliario en un hotel.
5 meses retenido en total. Ronaldinho siempre dijo que no sabía que los pasaportes eran falsos. Pagó $90,000 de multa. Roberto pagó 110,000. Pero incluso ahí el mago no dejó de ser el mago. Organizó partidos con los internos. Su equipo ganó la final de un torneo 11 a do, cinco goles y seis asistencias de Ronaldinho.
Hasta en la cárcel era el mejor y la vida le guardaba un golpe más. En febrero de 2021, su madre miguelina falleció por complicaciones del COVID. La mujer que vendía cosméticos en la favela, la que se hizo enfermera, la que celebró cada gol desde la tribuna. El niño que perdió a su padre a los 8, ahora perdía a su madre a los 40.
Hoy Ronaldinho tiene 46 años. Vive entre Porto Alegre y Río de Janeiro. Netflix estrenó la serie documental Ronaldinho de One and Only, con material nunca antes visto y entrevistas de Messi, Neymar, Cristiano Ronaldo y Roberto Carlos. Se convirtió en una de las más vistas de la plataforma en su primera semana.
La serie muestra lo que todos los que lo conocen siempre han dicho. Ronaldinho no era solo un futbolista, era un artista, un tipo que jugaba el fútbol como quien toca un instrumento. Con improvisación, con ritmo, con alegría. Ronaldinho es el único jugador en la historia que ganó un mundial, una Copa América, una Copa Confederaciones, una Champions League, una Copa Libertadores y un Balón de Oro.
Nadie más, ni Pelé, ni Maradona, ni Messi, ni Cristiano, solo él. Y en 2005, Nike publicó un video de Ronaldinho pegándole al travesaño cuatro veces seguidas sin que la pelota tocara el piso. Se convirtió en el primer clip viral del fútbol en internet. Hasta hoy se debate si era real. Eso era Ronaldinho.
Tan bueno que la gente no podía creer que fuera real. Vidina de Nieblon que la trenta. El talento te lleva a la cima, pero no te mantiene ahí. Ronaldinho tenía más talento natural que casi cualquier jugador que haya existido. Pero cuando las fiestas pesaron más que los entrenamientos, todo se empezó a apagar, como una vela que se consume poco a poco.

¿Qué habría pasado si Ronaldinho hubiera tenido la disciplina de Cristiano? Si hubiera cuidado su cuerpo como Messi, ¿cuántos balones de oro más tendría? Si con tres años brillantes en Barcelona hizo lo que hizo con 10 años al máximo nivel habría sido algo que el fútbol nunca ha visto. Hay quienes dicen que en su mejor momento fue el mejor jugador de la historia, no el más ganador, no el más constante, pero sí el mejor.
Aunque también se puede ver de otra forma, Ronaldinho no vino a ser el más ganador, vino a ser el más alegre, a recordarnos porque empezamos a jugar al fútbol cuando éramos niños, porque era divertido. Antes de las tácticas, antes de los contratos, antes de los millones, el fútbol era un juego y Ronaldinho nunca dejó de jugarlo como un juego.
Un niño que nació en una favela, que perdió a su padre a los ocho, que metió 23 goles a los 13, que hizo aplaudir de pie a sus peores rivales, que cayó más bajo de lo que nadie esperaba, que durmió en una cárcel, que perdió a su madre y que a pesar de todo, cada vez que alguien busca los mejores regates de la historia, ahí está él con la misma sonrisa, con el balón pegado al pie, como si el tiempo no hubiera pasado.
Eso es Ronaldinho, la sonrisa más famosa del fútbol. Si esta historia te hizo sentir algo, suscríbete. Cada semana cuento historias reales que te van a dejar pensando. Comenta. Ronaldinho en su mejor momento fue mejor que Messi. Nos vemos en el próximo vídeo.