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La Historia Más Triste De La Música Latina Que Rocío Dúrcal Cantó Como Si La Hubiera Vivido

 A los 15 años, María de los Ángeles apareció en primer aplauso de Televisión Española y cuando cantó, el productor Luis Sans supo inmediatamente que tenía algo extraordinario delante.  La contrató en exclusiva, le buscó un nombre artístico. El nombre lo eligieron señalando al azar en un mapa de España, Durcal, un pueblo de Granada, Rocío Durcal.

Así nació el nombre de una de las artistas más grandes de la música en español. A los 16 años rodó su primera película Canción de juventud cobrando 75,000 pesetas. Una fortuna para una chica de 16 años del barrio de Cuatro Caminos en la España de 1962. Y lo que pasó después fue algo que en la historia del cine y la música española no tiene precedentes.

Rocío Durcal se convirtió en la novia de toda España. No es una expresión figurada. En los años 60, Rocío Durcal era la cara más querida de España,  la chica con quien todos los padres querían que sus hijos se casaran, la actriz que llenaba los cines, la cantante que sonaba en todas las radios. Rodó 14 películas en una década. 14.

Tengo 17 años. Más bonita que ninguna. Acompáñame, amor en el aire. Buenos días, concita. Los títulos solos dicen todo sobre la imagen que España proyectaba en ella. La jovencita inocente, la chica buena, la novia ideal. Viajó a México por primera vez en los años 60 e causó sensación. Fue al programa de Ed Sullivan en Estados Unidos.

 Fue a Venezuela, a Puerto Rico, a Argentina. El mundo de habla española la adoraba. Pero llegaron los años 70 y algo cambió. Las películas que habían funcionado también en los 60 empezaban a parecer viejas. El mundo cambiaba, el público quería otras cosas y Rocío, que tenía ya 30 años y tres hijos con su marido, Antonio Morales Jor,  que había renunciado a su propia carrera para quedarse en casa cuidando a los niños, necesitaba reinventarse.

 En 1977 tomó la decisión más importante de su vida. cruzó el Atlántico y en México, en una comida organizada por su discográfica, conoció a un joven compositor que le ofreció sus canciones. Canciones de ranchera. Rocío dijo que no. No sabía nada de rancheras. No era su género, no era su mundo. Y entonces Junior la convenció.

 Le dijo que lo  intentara, que le diera una oportunidad a algo nuevo y Rocío escuchó. grabó 10 canciones de ese joven compositor llamado Juan Gabriel. Sin publicidad, sin expectativas, la discografica no esperaba nada. Más de medio millón de copias vendidas. Número uno en México y así empezó la época más exitosa de su carrera.

 4 años de rancheras con Juan Gabriel. 4 años en que México la adoptó como suya. 4 años siendo la española más mexicana. Pero en 1981, con todo ese éxito encima, Rocío sabía algo que el público no veía, que llevar 4 años siendo conocida principalmente como la intérprete de Juan Gabriel tiene un coste.

 coste de que el mundo empiece a verte como parte de otro, como la voz que da vida a sus canciones, como la persona que hace grande lo que él escribe y no como tú misma, la artista que había empezado a los 15 años en televisión, la que había rodado 14 películas, la que había sido la novia de toda España, la que había cruzado el Atlántico y se había reinventado cuando nadie lo esperaba.

 Esa Rocío, la que existía independientemente de Juan Gabriel, necesitaba demostrarse a sí misma y al mundo que seguía siendo grande por derecho propio. Y en 1981 llegó el momento de hacerlo. El nuevo disco no iba a ser de rancheras de Juan Gabriel, iba a ser de baladas, iba a ser de otro compositor. Iba a hacer la demostración de que Rocío Durcal era extraordinaria sin importar quién escribiera las canciones que cantaba.

 El álbum se llamó Confidencias y hay algo en la historia de Rocío en esos años que me parece importante contar porque explica mucho de quién era ella. Mientras Rocío viajaba, mientras grababa discos en México, mientras se convertía en la española más mexicana, mientras llenaba teatros en Argentina y Colombia y Venezuela, Junior se quedaba en casa.

Antonio Morales, que había sido cantante, que había tenido su propio éxito con el dúo Juan Junior, que era conocido en España y América Latina, había tomado una decisión que en los años 70 era casi imposible de imaginar. renunció a su carrera para quedarse en casa con sus hijos, para que Rocío pudiera trabajar, para que los niños tuvieran siempre a alguien en casa cuando mamá estaba de gira en el otro lado del mundo.

 Una decisión que nadie le pidió, que él tomó solo porque amaba a Rocío y porque entendía que lo que ella tenía era demasiado grande para que el mundo no lo viera. Y Rocío lo sabía. Lo echaba de menos en cada viaje. Lo pensaba en cada noche de hotel lejos de casa. Llevaba esa deuda emocional con ella en cada actuación.

 La deuda de saber que alguien había sacrificado algo muy grande para que ella pudiera estar ahí. Ese amor, el de Junior, esperándola en casa el de los niños creciendo sin verla durante semanas es parte de lo que hay en la voz de Rocío cuando canta sobre el amor y la ausencia. No la gata bajo la lluvia abandonada, sino la mujer que sabe lo que cuesta el amor de verdad, lo que significa que alguien te quiera de esa manera y la responsabilidad que eso conlleva.

 Y en 1981, cuando Rocío grabó confidencias, llevaba esa vida encima. Los viajes, los hoteles, los años en México, junior en casa, los niños creciendo, el éxito enorme. Y esa pregunta que a veces se hacía en silencio, ¿soy yo misma o soy la intérprete de Juan Gabriel? Confidencias era la respuesta a  esa pregunta.

Ella misma, sin Juan Gabriel, sin rancheras, con baladas, con otro compositor, con canciones que demostraran que Rocío Durcal era grande por sí sola. Y para ese disco eligió trabajar con Rafael Pérez Botija. Madrid, 1949. Hay algo en la historia de Rafael Pérez Botija que es casi imposible de creer cuando lo descubres.

 Su padre era el compositor Germán Álvarez Beeder, el mismo padre de Manuel Alejandro. Sí, Rafael Pérez Botija y Manuel Alejandro eran hermanos. Los dos compositores más importantes de la música española de su generación eran hermanos de sangre. El que escribió para Rafael, “Yo soy aquel, digan lo que digan, en carne viva.

” y el que escribió para Rocío Durcal y José José. dos hermanos, dos universos musicales completamente diferentes, dos maneras distintas de entender cómo se escribe una canción, porque Manuel Alejandro y Rafael Pérez Botija tenían algo en común, la maestría técnica, la capacidad de construir letras que llegaban directo al corazón, pero eran muy diferentes en su proceso creativo.

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