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Sara García: After this, everything changed

Las dos estaban empezando ya un vínculo que iba a durar más de seis décadas, [música] pero esa no era todavía la parte más dura. Sara creció en ese colegio, estudió, pintaba muy bien, le gustaban los versos, las comedias, montar pequeñas obras con sus compañeras. [música] Algunas testigos contaron que cuando llegaba el santo de alguna maestra era Sara la que organizaba todo, la que se ponía delante, la que hacía reír y llorar a los demás.

[música] Y ahí, sin darse cuenta, ya estaba pasando algo importante. Aquella niña huérfana había encontrado un lugar donde sentirse viva. El escenario. Después fue maestra. Sí. Antes de actriz fue maestra. [música] Daba dibujo, daba clases a niñas más pequeñas que ella. Y como premio, cuando se portaban bien, les dejaba hacer comedia, como si ya tuviera claro, sin saberlo, que el teatro era su salvación.

Hasta aquí esta podría ser la historia de cualquier mujer fuerte de aquella época. Una niña que perdió a sus padres, que aguantó, que estudió, que se hizo trabajadora honrada. Hay miles de mujeres así en México. Probablemente has conocido alguna, quizá tu abuela, quizá tu madre, [música] quizá una vecina que siempre vestía igual y que nunca se quejaba.

Pero la vida de Sara dio un giro cuando, ya joven, [música] descubrió que sí podía dedicarse a lo suyo, que sí había sitios donde pagaban a la gente por subirse a un escenario y que tenía algo que muy pocas mujeres tenían, una voz potente, una adicción clarísima [música] y un instinto para meterse en personajes que no eran ella. Porque lo que iba a hacer años después no nació de la nada, nació aquí.

[música] En 1917 entró por primera vez a un set de cine. Eran los principios del cine en México. Todo estaba por hacerse. Todo era pequeño, casi familiar. Una amiga del colegio, que ya se dedicaba al cine, la metió como extra. Y luego, poco a poco, Sara empezó a conseguir papelitos en el teatro.

Eran tiempos de compañías que viajaban por todo el país montando obras en pueblos y en ciudades. Sara se iba con ellas, se subía a los trenes, dormía en pensiones, comía cuando podía [música] y aprendía. En una de esas giras conoció a un hombre, se llamaba Fernando Iváñez, actor también, guapo, [música] le hablaba bonito. Sara se enamoró. Tenía 20in pocos años.

Era una mujer joven, hambrienta de cariño, sin padre, sin madre, [música] sin más familia que sus amigas. Se casaron y aquí empieza otra parte de su vida que duele mucho. En 1920, [música] en una parada de gira en Tepiic, Nayarit, Sara dio a luz a una niña. Le pusieron Fernanda, María Fernanda Iváñez García. [música] Sara la quiso con todo.

Era su hija, sí, pero era también por fin alguien suyo. Después de tantas pérdidas, tantos entierros, tantas habitaciones vacías, Sara por fin tenía una persona en el mundo a la que podía decir, “Tú eres mía.” Pero el matrimonio se rompió pronto. Fernando le era infiel. Le era infiel descaradamente. La engañaba con compañeras de la propia compañía donde trabajaban.

Y Sara, que ya había aprendido a no rogar, se separó. A los 25 años, Sara ya lo había confirmado, que en esta vida los hombres que te hacen promesas no siempre las cumplen. Y que cuando una mujer se queda sola con una niña en brazos, el mundo entero te mira distinto. ¿Sabes lo que era ser madre soltera en México en los años 20? [música] Era casi un escándalo.

Una mujer separada con una niña intentando trabajar en compañías de teatro donde casi todos los que mandaban eran hombres. Era una mujer marcada. La miraban distinto. Las puertas se cerraban más rápido, los papeles se daban a otras. La gente murmuraba y Sara aguantó. Aguantó porque tenía una niña que dependía de ella.

Aguantó porque no había otra opción. Si alguna vez te tocó ser fuerte porque no había otra. Si alguna [música] vez tuviste que aceptar trabajos que no querías porque tenías que pagar la luz o darle de comer a un hijo. [música] Si alguna vez sentiste que no tenías derecho a hundirte porque alguien dependía de ti, entonces conoces, aunque sea un poco, lo que Sara estaba viviendo en aquellos años.

No estás sola, no fuiste la primera. No vas a ser la última. Y todavía no estamos en el momento clave, pero ya estamos más cerca de lo que parece. Y aquí es donde la historia empieza a cambiar, porque un día, casi por casualidad, [música] Sara entró en una corsetería del centro de la Ciudad de México.

Iba a buscar [música] vestuario para un papel y detrás del mostrador había una mujer que la miró fijo, una mujer que se quedó sin palabras al verla, una mujer a la que ella conocía, a la que conocía desde antes de tener uso de razón. Era Rosario, la misma Rosario del colegio, la misma Rosario del barco. Las dos estaban divorciadas, las dos llevaban a la espalda un montón de cosas que no se habían contado a casi nadie.

Las dos sabían lo que era estar solas en una sociedad que no era amable con las mujeres solas. Se abrazaron, lloraron, se rieron. Y según cuentan quienes recogieron esa historia, ese día decidieron no separarse nunca más. A partir de ahí, la vida de Sara se construyó alrededor de Rosario. Se fueron a vivir juntas.

Rosario ayudaba a criar a la niña, llevaba la casa, se encargaba de las cuentas, organizaba lo que Sara no tenía cabeza ni tiempo para organizar. [música] Sara salía a trabajar y volvía sabiendo que había alguien esperándola, alguien que la cuidaba, alguien que la conocía de verdad. ¿Eran amigas? Sí, lo [música] eran. eran familia elegida, sin duda.

Pero en muchas biografías, en muchas voces de personas que las trataron, [música] también se cuenta que fueron mucho más que eso, que fueron compañeras de vida, [música] pareja, que ese pacto de honor, amor, fraternidad y hermandad indisoluble del que escribió uno de sus biógrafos, Fernando Muñoz Castillo, no era solamente un voto de amistad, era un voto de vida.

[música] Y aquí hay que tener mucho cuidado al contarlo, porque Sara nunca lo dijo en voz alta. No podía decirlo. En aquella época una mujer no podía y menos una mujer que estaba a punto de convertirse en el símbolo número uno de la familia tradicional mexicana. [música] Si Sara hubiera dicho públicamente, “Esta mujer es el amor de mi vida”, le habrían quitado todo.

Sara hablaba poco de su vida más íntima y no porque no tuviera vida, sino porque había cosas que en aquella época una mujer como ella no podía permitirse decir. Lo que sí sabemos es que vivieron juntas más de 60 años. Lo que sí sabemos es que cuando Sara murió, dejó como heredera única a Rosario.

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