Fue la primera pérdida grande de Edit y no iba a ser la [música] última. una historia con peso. Pero entonces, justo cuando Edit estaba en el momento más alto de su carrera, en pleno reinado de los años 2000, apareció en su vida un hombre, un hombre casado, un hombre poderoso, uno de los hombres más poderosos de todo México en aquel momento.
Y aquella relación [música] que casi nadie supo del todo cómo empezó le iba a costar a Edit mucho más de lo que ella misma imaginaba. Suscríbete si crees, como yo, que hay [música] mujeres que aprendieron a no pedir perdón porque la vida nunca se los pidió a ellas. Aquí en el precio de ser cada semana contamos historias de mujeres que pagaron precios que la mayoría de la gente no llegó a ver. Era el año 2003.
Edit tenía 38 años y [música] sinceramente parecía que le iba bien en todo. Televisa la tenía arriba del todo, salía en revistas [música] constantemente y ya era una de las caras más famosas de México. Soltera, independiente, dueña de su carrera y entonces apareció Santiago [música] Crell. Santiago Krill en aquel momento era el secretario de Gobernación de México, es decir, el segundo hombre más poderoso del país, justo después del presidente Vicente Fox. Tenía 50 años.
Llevaba 21 casado con Beatriz Garza Ríos. Tenía tres hijos con ella y un proyecto político enorme por delante, porque Santiago Criel en aquel momento estaba preparando su candidatura a [música] la presidencia de México para las elecciones de 2006. era el favorito del PAN, era el candidato lógico para suceder a Fox y Edith entró, sin saberlo, en una relación que no podía contarse en voz alta.
Lo que pasó entre ellos durante los meses siguientes [música] casi nadie lo supo en su momento. Fue una relación discreta, llevada lejos de la prensa, en cenas privadas, [música] en escapadas cortas. Algunos amigos del círculo lo sabían. La prensa no. La esposa de Krill oficialmente tampoco. Y entonces Edith se quedó [música] embarazada y ahí empezó el silencio.
Edit en ese momento estaba grabando una telenovela llamada Mujer de Madera, [música] protagonizada con Jaime Camil y Gabriel Soto. Era el papel principal. Era una producción gigante de Televisa, de las más caras del año, con escenografía en Yucatán y un elenco lleno de estrellas, y se enteró del embarazo cuando llevaba pocas semanas grabando.
[música] Una actriz famosísima, embarazada, con el padre secretario de Gobernación del país y un set lleno [música] de cámaras. Edit no se escondió. le pidió cita al productor Emilio La [música] Rosa, uno de los productores más poderosos de Televisa en aquel momento, le contó la situación, le pidió que la dejara seguir, le dijo que se podía adaptar el guion, que [música] se podía esconder el embarazo durante unos meses, que podían hacer planos más cerrados o cambiar la ropa del personaje, que ella podía seguir trabajando hasta donde el cuerpo
aguantara. El productor le dijo que no. Edit lo contó así. Años después, en una entrevista, yo le pedí al productor que me dejara seguir en la [música] novela y él dijo que no me iba a faltar al respeto, que no iba a usar mi embarazo como algo así y entonces literalmente me corrieron. Esa es la realidad.
Y no solamente me corrieron de mujer de madera, sino también me corrieron de Televisa. Edit recogió las cosas de su camerino esa misma tarde. Edit, en aquella entrevista [música] lo dijo con una frase que se quedó. Me sentí de 14 años otra vez. A los 14 me corrieron del internado de monjas por una fotonovela.
[música] Ahora me corrían por estar embarazada igual, pero esta vez [música] había una diferencia muy grande. A los 14, lo único que tenía que ocultar Edit era una fotonovela. A los 40, lo que tenía que ocultar era el nombre del padre de su hija. Porque Santiago Krill le pidió una sola cosa, [música] que mantuviera el secreto por su candidatura.
Por su matrimonio, por su carrera entera, Edit guardó silencio. El 17 de agosto de 2004 nació [música] Constanza y Edit la registró el 13 de septiembre, casi un mes después, solo con sus dos apellidos. Constanza González González, sin padre legal y empezó lo que iba a hacer su vida durante 4 años. salir de un evento con la niña en brazos, meterse rápido en el coche, dejar a la prensa en la puerta, [música] llegar a casa sola, acostar a la niña y quedarse mirando el techo.
Cada vez que aparecía en público, había al menos una cámara [música] esperándola con la misma pregunta. Edit, ¿quién es el padre? Y ella siempre [música] la misma respuesta dicha con esa media sonrisa que tenía. Es mi hija. Es lo único que importa. Eso lo decía. Lo que pensaba, no. Aquellos 4 años fueron rarísimos. Edith salía con Constanza a comer a un parque y había paparazzi escondidos detrás [música] de los árboles.
La llevaba al pediatra y había una cámara en la puerta de la clínica. La sacaba al cumpleaños de una amiguita y al día siguiente la foto estaba en una revista con titulares enormes. Edit González y su misteriosa hija, la niña sin padre del cine mexicano, quién es el padre de Constanza. Y Edit no podía explicar nada porque explicar era nombrar y nombrar [música] era exactamente lo único que no podía hacer.
Una de las amigas de Edit de aquella época contó después que la había llamado una noche al teléfono hacia las 11. [música] Edith llevaba 2 horas intentando dormir a Constanza, que tenía cólicos. [música] Y al cogerle el teléfono, la amiga la oyó respirar al otro lado en silencio durante medio minuto, hasta que Ditjo una sola [música] frase, “Esto pesa mucho.” Y colgó, “Esto pesa mucho.
” Mientras tanto, Santiago Creel salía cada semana en los noticieros [música] hablando de valores familiares, hablando de su candidatura a la presidencia, hablando de cualquier cosa, menos de la niña [música] que Edit llevaba en brazos. Y Edit lo aguantó 4 años. Y mucha gente en México empezó a verla así [música] como la mujer que aguantaba todo, que no se quejaba, que sonreía, aunque por dentro se estuviera deshaciendo.
Pero la candidatura de CLAL no salió. En 2005 perdió las primarias del PAN contra Felipe Calderón [música] y 3 años después, cuando el coste político ya era otro, Santiago Krill reconoció finalmente a Constanza como su hija. Le dio su apellido 4 años después de su nacimiento y Edid en ese momento no salió a la prensa a hablar mal de él.
No dio entrevistas vengativas, no contó nada, aceptó el reconocimiento legal, le puso a su hija Constanza Crel González y al día siguiente la llevó al colegio igual que cualquier otra mañana, 4 años. Y aquí viene lo raro de esta historia, porque al año siguiente Edith volvió a ponerse delante de una cámara.
En 2006 hizo mundo de fieras. En 2007 Palabra de Mujer, [música] en 2009, Camaleones. Cada año una telenovela. Cada año un protagónico. Cada año la agüera de los ojos azules en horario estelar [música] sonriendo en cámara mientras en casa criaba sola a una niña pequeña que se [música] llamaba Constanza. Y en 2010 dos cosas pasaron casi a la vez.
La primera, Televisa definitivamente dejó de llamarla. Ella misma lo contó años después. Hice mundo de fieras. [música] Hice bailando por un sueño, como haciendo puntos para ver si me recontrataban. y no me recontrataron. [música] Yo no me fui, me corrieron. Y la segunda cosa que pasó ese mismo año, ese mismo año 2010, fue que Edith conoció a un hombre, un hombre que no necesitaba aparecer más que ella.
Se llamaba Lorenzo Lasomargain. Era economista, era viudo. Su primera esposa, Concha de la Mora, había muerto de cáncer un año [música] antes, en 2009. Y aquí está el detalle que me dejó pensando, porque Lorenzo, cuando conoció [música] a Edit, le contó desde el principio lo que había vivido con su primera esposa durante todos esos meses largos.
[música] La enfermedad, la pérdida, el duelo, no le ocultó absolutamente [música] nada. Edit lo escuchó con calma, sin decir nada durante un rato largo, y al final le dijo que sí, que aún así ella quería intentarlo. Se casaron [música] el 24 de septiembre de 2010 en una ceremonia íntima en Ciudad de México. Constanza tenía 6 años.
Lorenzo se hizo cargo de ella como si fuera suya. [música] Y mira, ahí pasó una cosa que no se ha contado mucho, porque Lorenzo, sin hacer ruido, sin reclamar [música] nada, sin pedir nunca un reconocimiento, fue el padre que Constanza necesitaba durante toda su infancia. La llevaba al colegio cuando Edit estaba rodando. La iba a buscar a las funciones de teatro, le ayudaba con la tarea, la acompañaba al pediatra, le contaba cuentos por la noche, mientras [música] Santiago Creel, el padre legal, vivía su vida política con su otra familia. Y Edit, en esa
boda, según contaron amigos cercanos, le dijo a Lorenzo una frase que él iba a recordar el resto de [música] su vida. Tú ya sabes lo que es perderme, por eso a ti te tengo que cuidar más. Yo no sé exactamente qué quería decir Edit con esa frase, pero 6 años después, cuando los médicos le dieran a Edit el diagnóstico que iba a cambiarlo todo, esa frase iba a tener todo el sentido del mundo. A ti te tengo que cuidar más.
Pero la [música] noticia llegó y cuando llegó, Edit hizo lo que ninguna otra mujer mexicana en su situación había hecho [música] antes. Lo subió a Instagram. Aquí hago una pausa para darte las gracias por [música] llegar hasta aquí. Significa que compartes conmigo esta pasión por recordar a una mujer que el tiempo no quiso entender.
En el precio de ser, tenemos muchas historias que merecen ser contadas y solo tienen sentido si tú nos acompañas. [música] Suscríbete y quédate. Era agosto de 2016. Edit tenía 51 años. Desde hacía unas semanas sentía dolores fuertes en la parte baja del abdomen. Su médico le había pedido que se hiciera unos estudios.
[música] Edit fue al hospital, le hicieron las pruebas y le pidieron que volviera al día siguiente. Cuando Edit llegó al hospital esa segunda mañana, los médicos le pidieron a Lorenzo que saliera del consultorio. Querían hablar a solas con ella. Edit lo contó después así en una entrevista.
El médico la miró, le agarró la mano y le dijo, “Huera, esto salió positivo. Era [música] cáncer. Carcinoma ceroso papilar de ovario. Etapa cuatro, la etapa más avanzada y la más agresiva de las que existen. [música] Una de las formas más mortales de cáncer en mujeres, porque casi siempre se detecta cuando ya está muy extendido por el cuerpo.
Y la mayoría de las personas cuando reciben una noticia así lloran, se quedan en [música] blanco, se les caen las cosas de las manos. Edit, según contaron después los médicos que estaban en esa habitación, no lloró. miró al médico, se quedó pensando un segundo y le dijo, “Tengo cáncer. [música] ¿Y ahora qué vamos a hacer? Somos un equipo y todos debemos atacarlo.
” Los médicos, según contaron después, [música] se miraron entre ellos. Pensaron que Edit no había entendido la gravedad. Le explicaron otra vez, [música] despacio, casi con paciencia, que era etapa cuatro, que era muy agresivo y que las posibilidades de supervivencia a 5 años eran complicadas. [música] Edit les contestó con una sonrisa y les dijo, “Entendí perfectamente, por eso digo que somos un equipo.
” Y entonces Edid hizo algo que pocas mujeres [música] famosas mexicanas habían hecho antes. La operaron de urgencia, una hiserectomía de 6 horas. Le quitaron el útero, los ovarios, 10 ganglios linfáticos, el apéndice y parte del tejido graso. Una intervención brutal. Y a los pocos días, desde la cama del hospital, [música] Edit hizo lo que ninguna actriz mexicana había hecho antes.
Subió una foto a [música] Instagram, una foto suya en bata de hospital sonriendo con el pulgar hacia arriba y escribió un mensaje. En días pasados [música] fui intervenida porque padecía unos fuertes dolores en la base abdominal y efectivamente encontraron tejidos cancerosos que fueron removidos en su totalidad.
Como es parte del proceso, tendré que recibir tratamiento por unos meses. Estoy fuerte, llena de vida y trabajando. Estoy fuerte, llena [música] de vida y trabajando. Y aquí está la parte que más me llamó la atención, porque la foto no era una de esas fotos que suben las famosas con un filtro, [música] peinadas, maquilladas, después de tres tomas.
Era una foto desde la cama con bata de hospital con el suero pegado al brazo y aún así ahí estaba Edit con el pulgar hacia arriba, como si le estuviera diciendo al cáncer, “A ver quién aguanta más, tú o yo.” Y a los pocos meses, cuando todavía tenía el pelo corto por la [música] quimioterapia, Edit aceptó un papel, un protagónico nuevo, una telenovela para Telemundo en Estados Unidos llamada Eva la trailera.
[música] El papel era el de una mujer que conducía un tráiler por las carreteras de Estados Unidos, físicamente exigente. Largas jornadas de rodaje, calor, tierra, polvo. Mira, lo de Eva, la trailera, no se entiende del todo si no piensas en cómo estaba Edit en aquel momento. Acababa de salir de 6 meses de quimioterapia.
Pesaba menos de lo que había pesado nunca. Tenía el pelo cortísimo, casi a rape, porque se le había caído entero y le acababa de salir de nuevo. Y había días en que le dolían los huesos solo de estar [música] de pie. Pero subió un avión, voló a Estados Unidos y se puso al volante de un tráiler de 18 ruedas. [música] En serio, Edith aprendió a conducir un tráiler a los 52 años, con un cáncer de ovario, etapa 4, recién operado, aprendió a conducir un tráiler para una telenovela. [música] La grabó entera.
con el pelo corto, con los ojos cansados, con la fuerza menguada por la quimio, sin pedir tratos especiales, sin pedir días libres extras, sin pedir nada que la diferenciara del resto del elenco. Una de sus compañeras de rodaje, la actriz mexicana Katy Barbery, lo contó después en una entrevista a Univisión.
Decía que en los descansos Edit se acostaba un rato en el suelo del set con una [música] almohada pequeña debajo de la cabeza, recuperaba aire durante 10 minutos y luego se levantaba a escena. [música] Y los compañeros, decía Katie, miraban para otro lado por respeto, porque ninguno quería ser la persona que se quedaba mirando a Edit González, [música] tirada en el suelo del set, recuperando aire, y siguió.
Después de Eva, la trailera, hizo otra obra de teatro. [música] hizo apariciones en programas de televisión. Hizo un viaje a Bolivia para visitar a unos amigos a los que les había prometido ir. Hizo planes. Le organizó a Constanza, su hija, una fiesta para sus 14 años en agosto de 2018. Y para esa fiesta de 14 [música] años, Edith hizo algo que no había hecho nunca antes.
Le escribió una carta a su hija [música] y aquella tarde de agosto, Edit se sentó delante de unas hojas en blanco, cogió un bolígrafo y empezó a escribir despacio sin prisas. Como quien sabe que está escribiendo algo que va a importar, la carta empezaba así. Un día anunciaste tu llegada dominando mi cuerpo, transformándolo.
Sin falsos sentimentalismos sentí tu crecimiento. Tu llegada fue fuerte, [música] delicada, esperada, hermosa. Al surgir de mi vientre me hiciste entrañable, [música] me hiciste madre. Hasta ahí podría ser una carta de cumpleaños cualquiera, una de las muchas que las madres escriben cuando los hijos cumplen 14 años. Bonita, tierna, [música] normal.
Pero después, sigue tú leyendo, Edit añadió esto. Este mar que amas [música] y del cual te ha tocado surfear grandes olas y de cada reto sales con gracia e inteligencia. [música] No, amor, la vida no es fácil, más es cabronamente hermosa. Tú tienes un corazón muy determinado, [música] una inteligencia aguda y un espíritu generoso.
La vida no es fácil, más es cabronamente hermosa. Y al [música] final de las tres páginas, Edit escribió una frase que solo se escribe cuando ya sabes que el tiempo se está acabando. Cons, tomadas de la mano, recorramos el mundo. Al fin y al cabo somos polvo de estrellas. Cuando terminó, dobló las páginas, apoyó el bolígrafo en la mesa, [música] las metió en un sobre y se quedó un rato mirando el sobre antes de guardarlo en el cajón.
[música] Y honestamente, si lo piensas, esa carta no parecía de cumpleaños, parecía de despedida. Aunque Edit aquella tarde no lo dijera con esas palabras. Polvo de estrellas. 8 meses después todo cambió. En abril de 2019, una revista mexicana publicó algo. Decían que Edit había tenido fuertes dolores y vómitos durante la grabación de un programa de televisión [música] que había sido vista en el hospital, que el cáncer había vuelto. Editth lo desmintió.
Dijo que había estado de viaje en Guatemala, [música] que estaba perfectamente, pero la verdad era otra. El cáncer había vuelto y esta vez no había nada que hacer. [música] Los ganglios linfáticos se habían adherido al intestino. La oclusión intestinal no le permitía metabolizar. Y cuando el médico le dijo a Edit en una habitación del Hospital Ángeles que ya no había nada que hacer, Edit no lloró, no se quebró, no pidió segundas opiniones.
Edit miró al médico, le hizo un gesto con la mano como un saludo y pronunció una frase que está documentada en el programa Expediente Final, dicha por la periodista colombiana Tania Charry, [música] que entrevistó a la familia y a las amigas íntimas de Edit después de su muerte. Adiós cuerpo. Muchas gracias por haberme tenido. [música] Adiós cuerpo.
Muchas gracias por haberme tenido. Y desde ese momento Edit hizo lo que sabía hacer. Empezó a organizar. [música] Una de las últimas amigas que la vio en el hospital fue Katie Barberry, su compañera de Eva, la trailera. Katie lo contó después en una entrevista. Fue el martes [música] 11 de junio. Dos días antes de morir.
Edit ya casi no podía hablar. Llevaba semanas en el hospital [música] y los médicos habían avisado que era cuestión de días. Katie entró en la habitación, se sentó junto a la cama y se pasó un rato hablando con su amiga sobre tonterías, intentando hacerla reír. [música] Y antes de irse, Katie le dijo a Edit una frase que ella misma repitió después en una entrevista.
Solo le pido a la vida que pueda llegarte un solo día a los talones de la mujer, de la actriz, de la esposa, [música] de la madre que eres tú. Edith, según contó Katie, le sonrió, le apretó la [música] mano y Katie salió de la habitación pensando que iba a volver al día siguiente. No volvió. Esa fue la última vez que la vio.
Y entonces Edit dejó por escrito lo que ya no iba a poder decir. Después escribió las cuatro cartas en las semanas que le quedaron. Una para Lorenzo, una para Constanza, una para su hermano Víctor Manuel y una para Okume, su sobrina. Planeó su propio funeral. [música] Eligió la iglesia, eligió la música, eligió quién iba a hablar.
Dejó pagados y organizados los 15 años de Constanza que se iban a celebrar dos meses después de que ella ya no estuviera. La fiesta, los regalos, [música] el viaje, todo. Y le dio a Lorenzo las últimas instrucciones, cómo iba a hacer todo decir a la prensa cómo cuidar a Constanza [música] con las cosas de la casa.
Lorenzo, según contaron amigos cercanos, escuchaba todo eso conteniendo el llanto. Era la segunda vez. 10 años antes había hecho lo mismo con Concha de la Mora, ahora con Edit, las dos [música] mujeres de su vida, las dos del cáncer. Y Edit, durante esas conversaciones, le tocaba la mano a Lorenzo cuando él se quebraba. Pero ella no se quebraba.
No lloraba delante de Constanza. No se quejó ni una sola vez, ni una sola vez. Pero antes de que Edith se quedara dormida por última vez, [música] había todavía una historia que cerrar. Una historia con una mujer con la que Edit llevaba 30 años peleada por una invitación olvidada. [música] Una mujer que casualidades de la vida, también acababa de morir 4 meses antes.
Te cuento, Edith y Cristian Bach se conocieron en 1978 [música] en el rodaje de los ricos también lloran junto a Verónica Castro. Edit tenía 14 años. [música] era una adolescente nerviosa que ya llevaba 10 años delante de las cámaras. Cristian, la Argentina recién llegada a México, tenía 20 años y un acento [música] porteño que el público mexicano todavía no sabía bien dónde colocar.
Y desde el primer día, [música] fíjate, las dos se hicieron amigas profundas. Edit lo contó después con una frase que se quedó. Éramos las hermanas que la vida no nos pudo dar. Eran las dos rubias del cine mexicano, tan inseparables [música] que cuando compartían escena se reían tanto entre las tomas que no había manera de grabar, tanto que los productores acabaron prohibiéndoles trabajar juntas.
Y mira, lo de aquellos años entre Edith y Cristian fue de las [música] amistades de verdad, de las que se llaman dos veces al día para tonterías, de las que se mandan notitas por el mensajero del estudio cuando ruedan en sitios distintos, de las que se regalan cosas baratas pero pensadas. un colgante de mercadillo, una foto enmarcada, un disco de boleros que sabes que a la otra le gusta.
Cristian, que había llegado a México sin familia, se quedaba a dormir muchas noches en casa de [música] la madre de Edit, doña Ofelia. Y doña Ofelia, que era una señora de las antiguas, le cocinaba caldo de pollo y le [música] decía, “Mi hijita,” como si fuera de la casa. Cristian, 30 años después lo recordaría con lágrimas en los ojos.
Pero en 1986, cuando Cristian se casó con Humberto Surita, pasó algo. La boda fue una de las más esperadas del año en México. Llegaron [música] todas las amigas de Cristian. Todas, todas menos una. Edit González. Cristian se había olvidado de [música] invitarla sin querer, por despiste, por las prisas de organizar una boda de las grandes.
[música] Edit, cuando se enteró, se enojó muchísimo, tanto que dejó de hablarle. [música] Años después, cuando Cristian le preguntó por qué no le había recordado lo de la invitación, [música] Edit le contestó con una frase que se quedó, “Es que yo no te tengo que recordar mi nombre.” “Es que yo no te tengo que recordar mi nombre.
” y colgó el teléfono. Y se pasaron casi 30 años sin hablarse. 30 [música] años. Fíjate qué cosa. Las dos seguían trabajando en el mismo medio. Coincidían en estrenos, en premios, en eventos y se [música] evitaban. Cristian miraba para otro lado. Edit pasaba sin saludar. Y mira, lo más raro de aquellos 30 años es que cada una sabía perfectamente todo lo que le pasaba a la otra.
Si una estrenaba telenovela, la otra [música] la veía. Si una tenía un hijo, la otra lo sabía a los dos días. Si una se separaba, la [música] otra se enteraba antes que la prensa. Pero ninguna llamaba, ni una sola vez. 30 años. 30. [música] Pero ahora viene lo curioso, porque en 2016, justo cuando a Edit le diagnosticaron el cáncer, algo cambió.
Christian Bach, su amiga argentina, también estaba enferma. una enfermedad rara que paralizaba el cuerpo que nunca llegaron a confirmar oficialmente. Y Edit, [música] según contó ella misma en una entrevista, tomó un avión y voló a Miami, donde Cristian estaba viviendo en aquel momento. Las dos se encontraron en casa de Cristian, [música] sin testigos, sin cámaras, sin nadie del medio.
[música] Solo ellas dos en un salón de Miami, 30 años después de la última vez. Pasaron madrugadas hablando, 30 años de no hablarse, recuperándose en unas pocas noches, riendo, llorando, [música] contándose lo que cada una había guardado todo ese tiempo. Los hijos, los matrimonios, las películas [música] y también las dos enfermedades, las dos cosas que ninguna de las dos quería decir en voz alta, pero [música] las dos sabían que aquella iba a ser una de las últimas veces.
Y cuando Cristian se fue en febrero de 2019, Edit escribió un mensaje en Instagram y entre todas las cosas que dijo, había una frase que se quedó. Tienes siempre un lugar importante en mi corazón. Me enseñaste cosas prácticas de la vida, del medio artístico y en varias ocasiones luchamos juntas contra la adversidad.
[música] Besos hasta el cielo. Besos hasta el cielo. 4 meses después, Edit también se iba. La última noche no tuvo nada de espectáculo. La del 12 al 13 de junio de 2019 en el Hospital Ángeles de Interlomas. Había luces bajas, una cama de hospital, edit ya muy débil, casi sin poder hablar y cuatro sobres en la mesilla.

Las cuatro cartas con cuatro nombres. A su lado, los cuatro que iban a quedarse hasta el final. Lorenzo, su marido, Constanza, su hija de 14 años, Víctor Manuel, su hermano, y Okume, la sobrina. [música] Una lamparita encendida en la mesilla, el ruido de las máquinas bajito, la respiración de Edit despacio [música] y los cuatro alrededor de la cama, sin hablarse entre ellos, sin [música] atreverse a romper el silencio.
Esperando, Edit, durante esa noche se despidió de cada uno con tiempo y con calma. habló con Lorenzo de las últimas [música] cosas prácticas, esas que solo se hablan cuando todo está a punto de acabarse. Le dijo dónde estaban los papeles de la casa, qué hacer con sus joyas, a quién dejarle qué vestido, cosas pequeñas, pero todas pensadas.
Después llamó a su hermano Víctor Manuel. Hablaron de doña Ofelia, la madre de los dos, que ya era muy mayor, de las cosas de la familia, de los recuerdos compartidos, de aquellos años en que los dos eran pequeños y vivían en una casa cualquiera de la [música] ciudad de México, sin saber que la hermana Gerüera iba a ser quien iba a ser.
Y habló con Okume, su sobrina, de cosas íntimas que solo se dicen entre tía y sobrina. Y al final [música] pidió un momento a solas con constancia. Solo ellas dos saben lo que se contaron. Cuando Constanza salió de la habitación, [música] ya casi al amanecer, las dos primas, ella y Okume, sacaron una guitarra y empezaron a cantar bajito junto a la cama de Edit, que ya dormía.
Le cantaron canciones que Edit les había enseñado de pequeñas, canciones de cuna, boleros mexicanos, cosas que llenaban el silencio del hospital [música] al amanecer. Y Edit, en la cama, ya dormida, respiraba despacio, tranquila. Sin dolor, a las 10:47 [música] de la mañana del jueves 13 de junio, Edith González dejó este mundo.
Tenía 54 años. Su hermano, Víctor Manuel lo contó después en el programa Ventaneando. Se quedó dormida, se fue con la tranquilidad. Sus hijas, porque incluyo a mi hija, [música] le cantaron una canción, le tocaron la guitarra, ambas le cantaron y ella fue plácidamente quedándose dormida. se fue dormida con las niñas cantando bajito al lado de la cama.
Tres días después, [música] en su misa de despedida, Lorenzo Lazo, su marido, leyó en voz alta las palabras que Edit le había pedido que leyera. [música] Eran sencillas, eran como ella. Yo soy Edit, hija de doña Ofelia, mamá de Constanza, hermana de Víctor, [música] tía de Ocume, esposa de Lorenzo. Hoy con esas palabras la [música] dejamos descansar.
Esa fue la despedida que Edit escribió para sí misma. Y dos meses después, en agosto de 2019, Constanza cumplió 15 años y la fiesta que Edit había dejado pagada y organizada se celebró sin ella. Lorenzo, ¿te puedes imaginar lo que fue ese día? Fue el que la organizó. Siguiendo al pie de la letra las instrucciones que Edit había dejado en el hospital.
Hubo viaje, [música] hubo regalos, hubo todo lo que Edit había planeado. Y al final del año Constanza, la hija de Edit González [música] y de Santiago Creel, se fue a vivir con su padre, con el hombre que durante 4 años no había podido reconocerla, con el hombre al que Edit había aguantado el silencio. Hoy, 6 años después, Constanza vive con Santiago Creel y con la nueva esposa de Creel, [música] Paulina.
Es una joven discreta, alejada de las cámaras. [música] que prefiere no salir en la prensa. Y Lorenzo, el marido de Edit, sigue subiendo cada mes una foto a redes sociales, una foto de su esposa, una foto distinta cada mes con tres [música] palabras escritas debajo. Edit, 7 años, siempre conmigo. Siempre conmigo. Hay algo que 6 años después de su muerte sigue sin encajar.
Edith pasó 54 años sin pedir perdón por nada, ni por la fotonovela del internado, [música] ni por el embarazo de Televisa, ni por aguantar 4 años con una hija sin apellido legal, ni por su amistad con Cristian, ni por su enfermedad. Y al final, cuando le tocó irse, tampoco pidió perdón por irse. Le dio las gracias [música] a su cuerpo, escribió cuatro cartas, planeó la fiesta de 15 años de su hija, se despidió de los suyos uno a uno y se quedó dormida mientras las dos niñas le cantaban.
Y quizá por eso, 6 años después de que se fuera, sigue costando tanto hablar de Edit González sin emocionarse. Y este fue el precio que pagó Edit González por ser quien fue. Gracias de verdad [música] por quedarte conmigo hasta el final. Y ahora cuéntame tú, ¿cómo recuerdas a Edit? Porque yo tengo la sensación de que muchos la conocimos igual en el horario estelar, desde algún sofá, mientras una madre o una abuela o alguien de la familia veía una de sus telenovelas o leía en una revista que Edit había vuelto a sonreír desde el
hospital. Y si todavía no estás suscrito, suscríbete ahora, [música] porque aquí en el precio de ser seguimos haciendo algo que cada vez hace menos gente. Pararnos un rato para recordar a mujeres que marcaron a millones de personas, aunque muchas veces nadie llegara a entender del todo lo que estaban viviendo por dentro.
Nos vemos en la próxima. Cuídate mucho.