Posted in

Lucero: They loved her like no one else… and turned their backs on her in a single day

Y yo, que soy de esa generación, te lo digo. En aquellos años a una niña así la tachaban de floja o de tonta, sin más, no se sabía. A saber cuántas niñas listísimas crecieron creyéndose torpes solo porque nadie sabía todavía lo que les pasaba. A mí eso me da una pena tremenda. Y esa misma niña con esa traba decide que lo que quiere en la vida es salir a una pantalla a cantar delante de millones de personas. No a leer, a cantar.

Como si hubiera encontrado, sin saberlo, la única puerta donde su dificultad no contaba. Y entonces entra ella, la otra protagonista de esta historia, la que casi nunca vas a ver en las fotos de la boda, pero que está detrás de cada decisión. Su madre, Lucero le insistió durante años. que la llevara, que la dejara probar.

La niña montaba sus pequeños shows delante de los invitados, delante de la familia, cantando lo que fuera a quien fuera. Su madre al principio no lo veía. Le decía que primero la escuela, que si quería dedicarse a eso, las calificaciones tenían que ir bien, que lo uno no quitaba lo otro. Pero la niña insistía y aprendió a tocar la guitarra con una vecina cuando podía para llegar preparada el día que su madre dijera que sí hasta que la madre se dio.

Y fíjate, a que conoces a alguna así, esa niña que quiere una cosa con toda el alma y no para de dar la lata hasta que la madre, entre el cansancio y el orgullo acaba diciendo, “Está bien, vamos.” Pues eso fue y la llevó. Un 17 de febrero de 1980, madre e hija entraron a las instalaciones de Televisa en Chapultepec para una audición.

Imagínate ese pasillo. Niños peinados demasiado bien para hacer un día normal. Zapatos limpios. Vestiditos escogidos con cuidado, planchados la noche antes. Madres acomodando cuellos, revisando el cabello, dando instrucciones en voz baja. No te muevas. Sonríe. Cuando te pregunten, contestas fuerte y claro. Y en medio de todo eso, lucero, 10 años.

Con esa mezcla de miedo y ganas que tienen los niños cuando todavía no saben distinguir una oportunidad de una exigencia, la niña canta, la madre espera, la empresa mira, porque detrás de aquella puerta había hombres con un cuaderno decidiendo cuál de esos niños valía la pena, cuál vendía y ninguno lo sabía.

Ellos solo querían cantar y que su mamá estuviera orgullosa. Y ella sin saberlo, ya estaba en una fila. 10 años compitiendo contra decenas de niños por un lugar en una pantalla. La eligieron. Claro que la eligieron. Empezó en programas de variedades como Alegrías de mediodía. Salió a cantar y gustó muchísimo. Luego vino Chiquilladas y la pusieron a conducir concursos de canto infantil cuando todavía era casi una cría ella misma.

Una niña presentando a otros niños. Una niña que ya trabajaba. A los 13 grabó su primer disco. Se llamaba Te prometo y poco después su primera telenovela. Y mira qué cosa más rara tiene esta historia. Fíjate bien, porque este detalle no lo vas a poder olvidar. Su primera telenovela importante se llamaba Chispita. ¿Y sabes de qué iba? De una niña huérfana.

Una niña que busca a su madre, que crece sin un lugar fijo y que sonríe por fuera mientras por dentro carga con algo que nadie ve. Y te lo digo y se me queda el dato dando vueltas. Porque ese papel no fue solo un papel, fue la instrucción de toda una vida. Sonríe. Pase lo que pase. A Lucero no solo la hicieron famosa, la hicieron familiar, porque a una famosa se le permite cambiar.

Pero a alguien que la gente siente como de su propia casa se le pide que sea siempre igual. Lucerito tenía que ser siempre lucerito. Y eso cuando eres una niña parece cariño. Hasta que un día te das cuenta de que ya nadie te está dejando crecer. Esa era la instrucción y no la escribió ella. Y aquí está la primera de las cuatro cosas que te prometí.

¿Te acuerdas? ¿Quién convirtió todo esto en un negocio? Pues empieza aquí, mucho antes de la boda, porque desde los 10 años cada sonrisa de esa niña tenía un dueño que no era ella, una empresa. Sonríe. Le pusieron un nombre, Lucerito. Y el país entero la adoptó. Hizo cine siendo casi una adolescente. Cantó, vendió discos a millones año tras año y la gente la veía crecer en la pantalla, domingo tras domingo, como si fuera de la familia, como una sobrina que sale en la tele.

¿Notas la diferencia? A un artista la admiras, compras su disco y sigues con tu vida. Pero a una niña que ves crecer en tu sala año tras año, a esa la quieres distinto. La sientes un poco tuya. En muchas casas mexicanas había mujeres que hablaban de ella como si la conocieran de siempre. Esta niña, decían señalando la pantalla, mira esta niña cómo ha crecido.

Como si la conocieran. Y no la conocían. Conocían a Lucerito, que es un personaje. Pero esa confusión, creer que conoces a alguien que solo has visto en una pantalla. Guárdala porque va a pesar más de lo que parece, mucho más. Esta niña, si a ti también te pasa que a algunas mujeres las quisimos sin preguntarnos nunca qué les costaba a ellas, suscríbete porque de eso va esta historia. Sigamos.

Pasaron los años. Lucerito dejó de ser Lucerito. La niña de los concursos se convirtió en una de las mujeres más deseadas del país. Protagonista de telenovelas, cantante con llenos y la llamaron de una manera muy concreta, no la actriz, no la cantante, la novia, la novia de América. Fíjate qué palabra tan peligrosa cuando se la pones a una mujer, porque una novia no puede cansarse, no puede decepcionar y mucho menos delante de millones de personas.

Una diva puede ser difícil, una cantante puede ser rebelde, pero a una novia se la mira esperando ilusión para siempre. Y eso Lucero lo cargó durante años. La mujer real podía cansarse, enfadarse, equivocarse, pero el personaje no. El personaje tenía que seguir siendo luminoso, pasara lo que pasara.

Por eso su boda no podía ser una boda cualquiera. Tenía que parecer el final feliz que el público llevaba años esperando. Y entonces en su vida real llega él, Manuel Mijares, se conocen rodando una película juntos. Escápate conmigo en el 87. Ella era muy joven, 17 o 18 años. Él 12 años mayor, uno de los galanes más deseados del país en ese momento. Y a ella le gustó.

Lo ha contado ella misma años después, sin que nadie la obligara. Le gustó desde aquella película, pero él en aquel momento no le hizo caso. Ella era casi una niña todavía. Pasó el tiempo, cada uno hizo su vida y años después, ya siendo dos adultos, coincidieron de nuevo. Y esta vez sí, hay un detalle aquí que parece tierno hasta que lo miras de cerca.

Y mira, te voy a confesar una cosa. A mí las pedidas de mano en público nunca me han acabado de gustar. Lo digo de verdad. Me parece que ponen a la otra persona en un compromiso. Y ahora verás por qué viene esto a cuento. Un 14 de febrero, día de los enamorados, en un concierto de él, en pleno escenario delante del público, Mijares le entregó un anillo de compromiso para quédate con eso un segundo.

Read More