La televisión argentina, que venía transitando aguas relativamente calmas en términos de confrontación directa, sufrió un sismo de alta magnitud con el regreso de Viviana Canosa. No hubo protocolos, ni tibieza, ni frases de cortesía. Canosa volvió al Prime Time de Canal 9 con un estilo que muchos calificaron como “directo al hueso”, transformando lo que debería haber sido un debut convencional en un bombazo mediático que mezcló política, denuncias de corrupción y una emocionalidad a flor de piel.
Desde el primer minuto, la conductora marcó el terreno. Con la voz quebrada por la emoción de volver a la televisión abierta pero con la mirada fija en el objetivo, Canosa no tardó en disparar contra la administración de Javier Milei. Su regreso no fue solo un evento de entretenimiento; fue un posicionamiento editorial agresivo que busca, según sus propias palabras, “vinculaciones con estafas y negocios millonarios” que involucrarían a la cúpula del poder ejecutivo.
l arranque del programa fue una declaración de guerra. Canosa inició pidiendo “permiso para trabajar”, una frase cargada de subtexto político. “Le pido al gobierno, al presidente y a todos sus séquitos que me dejen trabajar tranquila, que no llamen a las autoridades del canal, que aflojen con las guillotinas y con las persecuciones”, sentenció frente a cámara. Con estas palabras, la periodista instaló la idea de un gobierno que intenta silenciar voces críticas mediante presiones directas a los dueños de los medios.

Pero el ataque no se quedó en la defensa corporativa del gremio periodístico. Canosa subió la apuesta al cuestionar la transparencia del mandatario: “¿A qué le tiene miedo, presidente? ¿A responder sobre Libra, sobre Andis, sobre Adorni?”. La mención de estos nombres y empresas sugiere una investigación en curso o, al menos, una agenda de temas que la conductora está dispuesta a ventilar noche tras noche. Para Canosa, el rol del periodismo es “cuestionar al poder” y advirtió con firmeza: “Inicien los juicios que quieran, nosotros somos los dueños de la casa de gobierno, ustedes son solo los inquilinos”.
La “Buena Noticia”: El cronómetro de la cuenta regresiva
Uno de los momentos más polémicos y comentados en redes sociales fue el segmento que Canosa denominó “la buena noticia del día”. Con una música festiva de fondo, la conductora anunció: “Faltan exactamente 589 días para que se vayan”. Con una precisión matemática y un tono cargado de sarcasmo, inició una cuenta regresiva para el fin del mandato actual, al que describió como “el gobierno de Karina Milei, administrado por los Menem y con el títere del Jabo como presidente”.
El uso del término “títere” para referirse al Jefe de Estado y la mención de una administración paralela liderada por la hermana del presidente, Karina Milei, junto a la estructura política de la familia Menem, busca desarticular el discurso de “lo nuevo” que propone La Libertad Avanza. Canosa, que en algún momento compartió ciertos lineamientos ideológicos con el sector, ahora se posiciona como su némesis más encarnizada, utilizando el mismo estilo disruptivo que llevó a Milei a la presidencia para ahora combatirlo.
Entre el impacto mediático y la realidad del rating
En la industria televisiva, el ruido no siempre es sinónimo de éxito masivo, pero en este caso, los números cuentan una historia de nicho consolidado. El debut de Canosa en Canal 9 promedió números que, si bien para los gigantes de la televisión podrían parecer modestos, dentro de la liga en la que compite la emisora, fueron estratégicamente positivos. Logró quedarse con el tercer puesto en su franja horaria, superando con claridad a su competencia directa y demostrando que existe un público ávido de escuchar un discurso opositor frontal y sin filtros.

Fuentes cercanas a la producción aseguran que la línea editorial no bajará la intensidad. El vértigo que genera este tipo de contenidos en las autoridades del canal es compensado por la relevancia que gana la pantalla. Canosa no ha vuelto para hacer televisión liviana; ha vuelto para incomodar. Y esa incomodidad es precisamente su capital más valioso.
El desafío de la transparencia y los “vuelos privados”
Uno de los puntos más espinosos del editorial fue cuando Canosa puso en duda los ingresos del presidente. Sugirió que, más allá del sueldo oficial, existirían ingresos por conferencias, premios y viajes que no estarían debidamente aclarados. “Qué nerviosos que están, tómese un tranquinal y deje el teléfono”, le espetó a Milei, haciendo alusión a la frenética actividad del mandatario en la red social X (anteriormente Twitter).
La conductora planteó un escenario donde el poder político estaría siendo utilizado como plataforma para beneficios económicos personales, una acusación que, de sostenerse con pruebas, podría escalar a niveles judiciales. Por ahora, es una batalla de narrativas donde Canosa intenta romper el “cerco mediático” que ella denuncia.
Conclusión: ¿Un nuevo capítulo o una guerra sin fin?
El regreso de Viviana Canosa ha dejado algo en claro: la grieta no se ha cerrado, solo ha cambiado de protagonistas. La periodista ha decidido ocupar un espacio de confrontación total, presentándose como una defensora de la libertad de expresión frente a lo que ella denomina un “gobierno autoritario”.
La pregunta que queda flotando en el aire es si este estilo podrá sostenerse en el tiempo sin desgastar al espectador. Por ahora, el impacto está logrado. Canosa ha vuelto a marcar agenda, ha puesto a temblar los pasillos de la Casa Rosada con sus editoriales y ha demostrado que, en la televisión argentina, el show y la política son dos caras de la misma moneda. La pelota ahora está del lado del público y, por supuesto, de la respuesta que pueda llegar desde el entorno presidencial. La guerra recién comienza y Viviana Canosa parece tener munición de sobra.