En un giro de los acontecimientos que amenaza con desestabilizar por completo la ya frágil percepción de la política institucional en España, ha salido a la luz una de las tramas de espionaje, chantaje y control de poder más inquietantes de la historia reciente del país. Una entrevista exclusiva con el reconocido periodista y escritor Joaquín Abad ha revelado los oscuros cimientos sobre los que se habrían construido carreras políticas, sentencias judiciales y decisiones de Estado del más alto nivel. Todo ello estructurado a través de una densa red de saunas instaladas en pleno corazón de Madrid, que durante décadas habrían funcionado bajo la protección y vigilancia de los servicios secretos para extorsionar a algunas de las figuras más prominentes de la sociedad española. Esta inminente publicación periodística, elaborada en colaboración directa con el excomisario José Manuel Villarejo, promete desenmascarar el funcionamiento íntimo de las temidas “cloacas del Estado”.
Para comprender verdaderamente la magnitud de este mayúsculo escándalo, es sumamente esencial remontarse a los propios orígenes del entramado. La historia comienza de la mano de los hermanos Gómez, en particular con Sabiniano Gómez, un hombre que llegaba desde la provincia de León a la capital española respaldado por una gran ambición e importantes sumas de capital. La familia adquirió locales inmejorablemente situados en calles céntricas y muy exclusivas de Madrid, abriendo negocios iniciales de hostelería que, en poco tiempo, no tardaron en derivar hacia un modelo empresarial infinitamente más lucrativo: gimnasios que en realidad funcionaban como saunas. Estos establecimientos se transformaron en lugares de encuentro privado e íntimo en los que, bajo una cobertura de aparente normalidad y legalidad, se cruzaron fatalmente los destinos de la élite política, judicial y las fuerzas de seguridad del Estado.
El verdadero punto de inflexión en esta historia ocurrió cuando uno de los hermanos Gómez, que mantenía estrechos lazos y afinidad con grupos de extrema derecha como Fuerza Nueva, alertó a las autoridades policiales sobre la enorme relevancia pública de la clientela que frecuentaba asiduamente sus locales. La policía, que por aquel entonces, especialmente en los años posteriores al intento de golp
e de Estado de 1981, contaba con unidades especializadas dedicadas a infiltrarse exhaustivamente en ambientes radicales, advirtió al instante una oportunidad de oro irrepetible. Si políticos de renombre, magistrados ilustres, altos secretarios y empresarios acaudalados visitaban esos locales clandestinos, disponer de registros visuales y sonoros de esas visitas supondría tener en las manos la llave maestra para dominar y doblegar voluntades al más alto nivel. De este modo, lo que había comenzado como una iniciativa de negocio privado se transformó de manera vertiginosa en una sofisticada trampa de inteligencia gubernamental.
Bajo la supervisión directa de las fuerzas del orden y, más adelante, bajo el control férreo del propio Centro Nacional de Inteligencia (CNI), las instalaciones fueron minuciosamente equipadas con sistemas de grabación ocultos de altísima tecnología y extrema sofisticación. Cámaras diminutas ingeniosamente camufladas dentro de los detectores de humo y sistemas audiovisuales que se activaban de forma automática al detectar el menor movimiento comenzaron a archivar sin descanso los secretos más íntimos y comprometedores de la élite del país. Durante su testimonio, Joaquín Abad explica detalladamente que toda la información recabada se dividía y catalogaba estratégicamente en dos grandes ficheros de vital importancia. Por un lado, se encontraba el archivo general, un catálogo donde figuraban políticos de primera línea, influyentes directivos y periodistas de renombre; por otro lado, existía el temido y reverenciado “fichero de togas”, en el que quedaban inmortalizados los pasos de jueces, fiscales y altísimos cargos del Ministerio de Justicia. Esta abrumadora e inagotable base de datos otorgaba a sus poseedores un poder absoluto e indiscutible para solicitar favores, alterar el curso de procesos judiciales o manipular la política nacional sin la necesidad de formular amenazas directas: bastaba con que el objetivo supiera, de manera velada, que su respectiva grabación existía y estaba custodiada en una caja fuerte.
Este escándalo histórico toma una dimensión institucional inmensa y abrumadora al revelar la conexión familiar directa de esta red clandestina con la mismísima cúspide del actual Gobierno de España. Sabiniano Gómez no era otro que el suegro de Pedro Sánchez, el actual presidente del Gobierno. Joaquín Abad asegura de manera tajante que, en la época en la que Sánchez todavía no ostentaba su actual posición de liderazgo indiscutible, tanto él como su esposa se habrían encargado activamente de gestionar y llevar la contabilidad financiera de estos lucrativos y sombríos locales. La gestión de estas finanzas, que generaban de forma constante inmensas cantidades de dinero opaco y no declarado a las arcas públicas, habría proporcionado el músculo económico indispensable para que un joven y ambicioso Pedro Sánchez iniciara su meteórico, agotador y sumamente costoso ascenso hacia la anhelada secretaría general del Partido Socialista Obrero Español. Según el testimonio vertido en la extensa entrevista, movilizar toda la inmensa infraestructura necesaria para recorrer España en autobús, alquilar locales y ganarse el apoyo incondicional de las bases hubiera sido una tarea completamente imposible de financiar sin una inyección masiva de fondos provenientes de la vasta herencia y los negocios paralelos de su acaudalada familia política.
Sin embargo, el asfixiante control ejercido gracias a los cintas de vídeo de las saunas no se circunscribe de manera exclusiva al beneficio o enriquecimiento económico. Abad detalla con asombrosa precisión la existencia en las sombras de un grupo de poder interno, forjado y blindado inicialmente durante la administración del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. Este dirigente, según relata el escritor y periodista de investigación, habría logrado colocar de manera milimétricamente estratégica a diversas figuras de su absoluta y entera confianza en altos e influyentes cargos ministeriales, tejiendo pacientemente una extensa red que le ha permitido seguir manejando los hilos del partido incluso muchos años después de haber abandonado oficialmente el Palacio de la Moncloa. Es a través de esta misma e inquebrantable estructura, combinada con el conocimiento exacto de las profundas debilidades y secretos inconfesables de cada miembro destacado de la formación política, que Zapatero habría ejercido una influencia férrea, constante e invisible sobre las decisiones del actual presidente del Gobierno.
El relato ofrecido por Abad resulta particularmente clarificador al describir las cruentas y silenciosas batallas de poder que se libran en el núcleo duro del gobierno español. Un ejemplo mencionado de manera específica es el convulso episodio político protagonizado por el exministro José Luis Ábalos y la actual responsable de Defensa, Margarita Robles. Cuando presuntamente Pedro Sánchez tenía planeado ascender a Ábalos y entregarle en bandeja la estratégica cartera del Ministerio de Defensa, fue la contundente intervención en la sombra de Rodríguez Zapatero la que frenó la inminente operación en seco. Valido de la poderosa información privilegiada que emanaba de los ficheros construidos durante largos lustros de espionaje en los ministerios y en las saunas, se hicieron valer documentos y datos que terminaron por precipitar la fulminante destitución, el aislamiento y la caída en absoluta desgracia pública de Ábalos. El mensaje que se extrae de esta maniobra es claro y, sobre todo, profundamente alarmante para la salud democrática de la nación: los líderes oficiales pueden poner la cara ante los medios y la ciudadanía, pero son los implacables custodios de los secretos quienes verdaderamente deciden el rumbo y la composición del Consejo de Ministros.
La situación política llegó a un nivel de tensión y alerta institucional máxima en el mes de noviembre del año 2014, fecha en la que el comisario José Manuel Villarejo redactó y entregó un informe estrictamente confidencial de apenas cinco folios al gobierno entonces presidido por Mariano Rajoy. En dicho y explosivo documento, la inteligencia policial advertía sin medias tintas sobre la extrema peligrosidad del creciente y silencioso poder que estaba amasando Pedro Sánchez gracias a su conexión y acceso indirecto a todo este valioso material extorsivo, heredado en gran parte por la privilegiada posición de su suegro. En un claro y calculadísimo movimiento de ajedrez político, el Ministerio del Interior del Partido Popular decidió no utilizar directamente esta munición contra su oponente, optando en su lugar por una estrategia más sutil: filtrar el incendiario documento al sector crítico del propio Partido Socialista, entonces encabezado de manera visible por líderes regionales de gran peso como la andaluza Susana Díaz. Este revelador informe de inteligencia se convirtió rápidamente en el arma destructiva empleada en la célebre y desgarradora revuelta interna que acabó destituyendo temporalmente a Sánchez como máximo responsable y secretario general. Sin embargo, demostrando una resiliencia inaudita y un control férreo de sus apoyos, Sánchez sobrevivió a la ofensiva, movilizó a las bases de forma contundente y recuperó en tiempo récord el control total y absoluto de la inmensa maquinaria de su partido, neutralizando a todos sus adversarios internos.
Para ilustrar de forma gráfica hasta qué punto este perverso tipo de extorsión institucional puede condicionar y definir el futuro de toda una nación, el periodista establece durante su intervención un inquietante paralelismo con una de las figuras históricas más poderosas, temidas y controvertidas de la historia reciente de España: el expresidente de la Generalitat de Cataluña, Jordi Pujol. Al igual que la trama de las saunas mantenía cautivos e intimidados a innumerables altos cargos, ministros y magistrados en las calles de Madrid, el líder catalán consolidó su inmenso poder político y económico bajo la constante amenaza velada de hacer “caer todas las ramas del árbol” si el Estado osaba investigar en profundidad el origen de sus negocios, su patrimonio internacional o la famosa y sistemática mordida de las comisiones del 3 por ciento. De este modo, se creó y cimentó un sólido ecosistema de impunidad total, donde mandatarios nacionales de enorme calibre prefirieron mirar deliberadamente hacia otro lado, atados de pies y manos por el pavoroso conocimiento que Pujol afirmaba poseer sobre las más altas esferas del Estado y por el rastreo de las inmensas fortunas ilícitas que presuntamente operaban en connivencia a través de oscuras cuentas bancarias alojadas en paraísos fiscales como el principado de Andorra.
Este tipo de siniestras operaciones encubiertas y chantajes de Estado, según recalca con vehemencia la investigación del periodista, no representan en modo alguno una anomalía política exclusiva de la península ibérica. A nivel internacional, es bien sabido que potentes y temidas agencias de espionaje como el antiguo KGB en Rusia o los actuales servicios de inteligencia en países de nuestro propio entorno, como Francia o Alemania, han recurrido de forma histórica a tácticas idénticas para someter, asfixiar o asegurar el servilismo de oponentes y de líderes políticos que pudieran resultar incómodos para los verdaderos intereses de las élites dominantes. El empleo sistemático de métodos de infiltración, como la colocación de micrófonos ocultos implantados subrepticiamente en vehículos privados o el rastreo y hackeo constante de teléfonos móviles para leer comunicaciones privadas, es una práctica extendida entre aquellos servicios secretos que operan de manera impune y totalmente al margen de cualquier legalidad vigente.

Sin embargo, lo que convierte este caso de las saunas madrileñas en algo excepcionalmente grave y escandaloso es su altísima proximidad directa y familiar con el máximo representante en activo del poder ejecutivo en el país. El hecho de que un entramado privado asociado de manera innegable a prácticas clandestinas de extorsión actuara simultáneamente como una vital plataforma de lanzamiento político y como un presunto centro de operaciones financieras no declaradas para apuntalar el liderazgo del presidente actual, añade una capa de gravedad que excede con creces cualquier simple filtración de corrupción convencional.
Con un libro a punto de ver la luz en el que se promete la inminente publicación sin censura de aproximadamente cincuenta nombres pertenecientes a las figuras más relevantes de España y que estuvieron profundamente involucrados en esta insondable espiral de favores oscuros, Abad y Villarejo están abriendo de par en par las puertas a una crisis política e institucional de proporciones históricas incalculables. Si la cruda verdad descrita minuciosamente en las páginas de esta obra logra abrirse camino y alcanzar el conocimiento mayoritario de los ciudadanos sin ser previamente silenciada, enterrada o desacreditada por las estructuras mediáticas afines al poder, España estará enfrentándose por primera vez a su realidad más sombría e incómoda. Una oscura verdad que confirmaría que la manipulación, los chantajes sistemáticos, las debilidades humanas más profundas y el miedo a la exposición pública fueron, en última instancia, los verdaderos e indiscutibles forjadores de la historia contemporánea de la nación en el presente siglo. La gran incógnita que permanece flotando y resonando en el aire no es si esta siniestra maquinaria existió realmente, sino hasta qué escalofriante punto sigue, a día de hoy, determinando nuestro presente y dictando las reglas de nuestro futuro.