Le dejaba moretones en las piernas, en la espalda, en los brazos. Guarda eso. El cepillo de pelo va a aparecer en toda su historia. A los 5 años, Tonia ya competía. Eventos locales en Oregón, vestidos hechos por su madre, vestidos baratos. mal cocidos, colores chillones. Las otras niñas llegaban con vestidos de $200, diseñadores, encajes importados.
Tonia llegaba con vestidos de $ que su madre hacía en casa mientras fumaba y tomaba whisky. Los jueces lo notaban. Claro que lo notaban. El patinaje artístico no es solo técnica, es imagen, es clase, es dinero. Y Tonia no tenía nada de eso. Esa niña puede saltar, dijo un juez en una competencia de 1977. Pero nunca va a ser campeona.
No tiene la imagen correcta. Tonia tenía 7 años y ya sabían que no encajaba. A los 12 años, Tonia ejecutó su primer triple Axel en entrenamiento. 12 años. El triple Axel es el salto más difícil del patinaje artístico femenino. Tres rotaciones y media en el aire. Aterrizar en un filo de 3 mm de ancho a 25 km porh.
Solo un puñado de mujeres en la historia lo habían logrado. Midori, Ito de Japón, Mao Asada, casi nadie más. Y Tonia, una niña de 12 años de Portland, lo hizo. Cuando lo vi, me quedé helado, dijo Dodchman, su entrenador. Era perfecto, técnicamente perfecto, algo que chicas de 20 años no podían hacer. Pero había un problema.
Siempre había un problema. Para competir a nivel nacional necesitaban dinero, viajes, hoteles, vestidos mejores, entrenamiento de coreografía, clases de ballet. Todo eso costaba $30,000 al año, mínimo. La familia de Tonia ganaba 10.000 al año. Total, esta es la primera revelación que te prometí al inicio. El abuso.
¿Por qué? por todo, por no saltar suficientemente alto, por no sonreír suficientemente, por respirar de forma incorrecta. Tu padre hacía algo? Mi padre se fue cuando tenía 15 años. No aguantó más. Me dejó con ella. La entrevista fue de tres páginas. La enterraron en la sección de deportes locales.
Nadie prestó atención, pero había más, mucho más. En 1991, Tonia fue al hospital. Una herida de arma blanca, 3 cm de profundidad, justo debajo del ombligo. ¿Quién te hizo esto?, preguntó la enfermera. Tonia no respondió. Tienes que decirnos si fue violencia doméstica, podemos ayudarte.
Fue mi madre”, dijo finalmente me atacó con un cuchillo. El reporte médico existe. Está archivado en un hospital de Portland. Tonia Harding, edad 21, herida de arma blanca, agresor reportado. La Bona Golden, madre. ¿Se presentaron cargos? No. ¿Por qué? Porque Tonia retiró la denuncia al día siguiente.
No quiero arruinar su vida dijo. Es mi madre. A los 19 años Tonia conoció a Jeff Guiluli. 19 años. Un tipo de 23, sin trabajo estable, con un camaro viejo y una chaqueta de cuero. Era guapo, dijo Tonia después. Y era la primera persona que me decía que me amaba. Se casaron en 1990. Tonia tenía 20 años.
Estaba entrenando para el campeonato nacional. Los primeros meses fueron buenos. Yiluli la apoyaba. Iba a sus entrenamientos, le decía que era la mejor. Y entonces empezó. Agosto de 1990. Primera llamada al 911. Operador 911. ¿Cuál es su emergencia, Tonia? Mi esposo me está pegando. Necesito ayuda.
Operador, ¿dónde está él ahora? Tonia, afuera. Rompió la puerta. Te tengo miedo. Operador. ¿Tiene armas? Tonia. No, solo sus manos. Por favor, manden a alguien. La policía llegó. Jeff Gilully fue arrestado. Cargos, violencia doméstica agravada. Tonia tenía moretones en el cuello, en los brazos, un ojo hinchado.
Las fotos están en el reporte policial Tonia Harding, agosto 15, 1990. Evidencia fotográfica de agresión. Jeff pasó una noche en la cárcel, pagó fianza, salió al día siguiente y Tonia retiró los cargos. Lo amo le dijo a la policía. Fue un error. No va a volver a pasar. Pasó otra vez y otra y otra.
Entre 1990 y 1993 hubo siete llamadas al 911 desde el apartamento de Tonia y Jeff. Siete veces. Siete veces Tonia pidió ayuda. Siete veces retiró los cargos. ¿Por qué? Porque no tenía a nadie más. Su madre la había destruido. Su padre se había ido. Jeff era todo lo que tenía. aunque Jeff la destruyera también.
Pero mientras su vida personal se desmoronaba, su carrera despegaba. 1991, Campeonato Nacional de Estados Unidos, Minneapolis. Tonia ejecutó un triple Axel perfecto en competencia, la primera mujer americana en la historia. El estadio explotó. 20,000 personas de pie aplaudiendo, gritando su nombre.
Tonia ganó, campeona nacional a los 20 años. Este es el momento más feliz de mi vida”, dijo en la rueda de prensa. Tenía un ojo maquillado para tapar un moretón. Nadie preguntó de dónde venía el moretón. 1992, Juegos Olímpicos de Albertville, Francia. Tonia llegó como favorita, la chica que hacía saltos que nadie más podía hacer.
Pero había un problema. Los jueces del patinaje artístico no solo califican técnica, califican presentación artística. Presentación artística. Traducción. ¿Qué tan elegante te ves? ¿Qué tan rica te ves? ¿Qué tan encajas en el molde? Tonia no encajaba. Vestidos baratos, sin coreografía refinada, sin clase.
Nancy Kerrigan, su compañera de equipo, era todo lo contrario. Vestidos de ,000, familia de clase media, sonrisa perfecta, la imagen correcta. Tonia terminó cuarta. Nancy ganó el bronce. Los jueces me odiaban, dijo Tonia después. No importaba que tan alto saltara. nunca iba a ser suficiente para ellos y tenía razón.
Después de las olimpiadas, todo empeoró. Tonia ya no podía pagar el entrenamiento. Los patrocinadores no la querían. No tiene la imagen que buscamos, decían las marcas. Trabajaba medio tiempo en un restaurante. Servía mesas. Por la noche entrenaba. 4 horas después de limpiar mesas. Jeff también trabajaba. trabajos ocasionales.
Nunca duraba más de tres meses. Tomaba, llegaba borracho, discutían. Él la golpeaba, ella llamaba a la policía, retiraba los cargos. El ciclo se repetía una y otra vez. ¿Por qué no lo dejabas? Le preguntaron años después. ¿Y a dónde iba a ir? Respondió. No tenía dinero, no tenía familia, no tenía nada. 1993, Tonia volvió a ganar el Nacional, otra vez campeona.
Pero Nancy Kerrigan quedó segunda y Nancy tenía todos los contratos publicitarios, las portadas de revistas, los patrocinadores. Es injusto le dijo Jeff a Tonia. Tú saltas el triple Axel, ella no. Tú ganas. Ella gana más dinero. Es porque ella es bonita, dijo Tonia. Y yo no. No, dijo Jeff, es porque ella tiene suerte y nosotros no.
Guarda esa conversación, es importante. La conspiración octubre de 1993. Jeff Gilly tenía una idea, una idea terrible. Llamó a un amigo, Sean Edard, un tipo de 300 libras que se hacía llamar experto en contraterrorismo. Sean no era experto en nada. Vivía en el sótano de sus padres. Veía películas de acción.
Pretendía ser importante. “Necesito que me ayudes con algo”, le dijo Jeff. “¿Qué necesitas? Necesito que alguien asuste a Nancy Kerrigan que no pueda competir.” Asustarla como no sé. Una carta amenazante, una llamada, algo que la asuste lo suficiente para que se retire. Sean dijo que sí, porque Sean siempre decía que sí, porque Sean quería sentirse importante.
Lo que pasó después fue una cadena de idiotez, de incompetencia tan grande que parece ficción. Sean contactó a otro tipo, Derrick Smith, un tipo que conocía del gimnasio. Derrick contactó a otro, Shane Stunt. Un tipo sin trabajo, sin dinero, sin nada que perder. $500. le dijo Derrick.
$500 por asustar a una patinadora. Asustarla cómo? No sé. Dale un susto que no pueda competir. Le pego sí. No sé figura algo. Esta era la planificación. Esto era el plan maestro. Cuatro idiotas en un bar decidiendo cómo arruinar la carrera de alguien. Diciembre de 1993. Shane Stant voló a Boston. Nancy Kerrigan entrenaba allí.
Shane la siguió durante 3 días como un acosador, pero tan mal que la seguridad del centro lo notó dos veces. Ese tipo está actuando raro”, le dijeron a Nancy. “Ten cuidado.” Pero no hicieron nada más porque Shane era blanco y parecía inofensivo. El plan original que era atacarla en su apartamento, pero Shane no pudo entrar.
La seguridad era demasiada, así que cambió el plan. La atacaría después del entrenamiento. 6 de enero de 1994. Campeonato nacional de patinaje. Detroit, Michigan. Nancy terminó su práctica. Salió del hielo, caminó por un pasillo. Shane Stunt la esperaba. Con un tubo de metal, una especie de bastón telescópico.
Nancy pasó. Shane salió de las sombras, levantó el tubo y le dio un golpe brutal en la rodilla derecha. Nancy cayó, gritó, un grito que se escuchó en todo el estadio. ¿Por qué? ¿Por qué yo? Shane corrió, tiró el tubo, salió por una puerta de emergencia, se subió a un carro, se fue. Todo el ataque duró 10 segundos, pero cambió la historia del deporte americano.
Nancy estaba en el suelo llorando, agarrándose la rodilla. Las cámaras llegaron porque siempre hay cámaras. Grabaron todo, el llanto, el dolor, la repetición una y otra vez. ¿Por qué yo? ¿Por qué yo? Esa imagen, esa frase se convirtió en icónica. Nancy Kerrigan, la víctima perfecta, hermosa, blanca, de clase media, llorando en el suelo.
Estados Unidos tenía su heroína. Ahora solo necesitaba un villano. La investigación comenzó inmediatamente. FBI, policía local, todos. Y Shane Stant era tan idiota que dejó evidencia por todas partes. Pagó el hotel con su tarjeta de crédito, su tarjeta, su nombre real. Llamó a Derrick Smith desde el teléfono del hotel sin tarjeta prepagada, sin nada.
Derrick llamó a Sean Edard. Sean llamó a Jeff Guilully. Todo en teléfonos normales, sin precauciones. El FBI rastreó las llamadas en dos días. Dos días. 12 de enero, el FBI tocó la puerta de Jeff Gilully. Necesitamos hablar sobre Nancy Carrigan. No sé nada, dijo Jeff. Tenemos llamadas telefónicas, tenemos registros de hotel, tenemos todo.
Jeff dijo nada más. ¿Dónde está Tonia? En entrenamiento. Necesitamos hablar con ella también. Esta es la segunda revelación que te prometí. La verdad sobre lo que Tonia sabía. Hubo tres versiones, tres historias diferentes. Versión del FBI. Tonia planeó todo con Jeff. Ella quería eliminar a Nancy.
Ella pagó. Versión de Jeff. Tonia sabía, no planeó, pero sabía y no hizo nada. Versión de Tonia. No sabía nada. se enteró después del ataque. Jeff lo hizo solo. La verdad, probablemente algo en medio. Hay una grabación, una llamada entre Jeff y Tonia, tres días después del ataque. Jeff, ¿viste lo que pasó? Tonia, sí, es terrible, Jeff. Sí, terrible.
Silencio, Tonia, fuiste tú, Jeff. ¿Qué? Tonia, fuiste tú. Dime la verdad, Jeff. No, yo no. Eh, fue Tonia. Oh, Dios. Oh, Dios. ¿Qué hiciste? Esa grabación existe. El FBI la tiene. Nunca se hizo completamente pública. Pero sugiere algo. Tonia sospechaba. Quizás no planeó, pero sospechaba. 14 de enero, el FBI arrestó a Sean Edard. Sean confesó todo.
Todo en dos horas. Los nombres, las llamadas, el plan, todo. Jeff Giluli me contrató. Dijo que Tonia quería que Nancy no pudiera competir. Tonia lo dijo directamente. No, Jeff lo dijo. Dijo que venía de ella. 18 de enero, arrestaron a Derrick Smith. 20 de enero arrestaron a Shane Stand. Todos confesaron. Todos dijeron lo mismo.
Jeff nos contrató. Jeff dijo que Tonia lo quería, pero ninguno había hablado directamente con Tonia, ninguno. 19 de enero, Jeff hizo un trato. Les doy todo. Testific contra todos a cambio de dos años de cárcel máximo. El fiscal aceptó. Jeff declaró. Tonia lo sabía. Le conté el plan antes del ataque. Ella dijo que estaba bien. Era verdad.
No hay forma de saberlo. Tonia negó todo. Jeff miente. Miente para reducir su condena. Yo no sabía nada, pero el público ya había decidido. No necesitaban evidencia, no necesitaban pruebas. Tenían una historia perfecta. La heroína Nancy y la villana Tonia Nancy. Hermosa, elegante, víctima perfecta, Tonia, ruda, pobre, white trash, villana perfecta.
Las revistas, los periódicos, la televisión, todos la crucificaron. Tonia Harding, la patinadora malvada, el monstruo del hielo, la mujer más odiada de Estados Unidos. Pero había algo que nadie mencionaba, algo que nadie quería decir. Tonia también era víctima. víctima de su madre, víctima de Jeff, víctima de un sistema que nunca la quiso, pero esa narrativa no vendía.
Estados Unidos no quería una villana complicada, querían un monstruo simple. Y Tonia era el monstruo perfecto. Febrero de 1994, Juegos Olímpicos de Lile Hammer, Noruega. Nancy Kerrigan se recuperó, su rodilla sanó, fue a las olimpiadas y Tonia también, porque todavía no había sido formalmente acusada.
La Federación de Patinaje intentó expulsarla. Tonia los demandó. Ganó por tecnicismo legal, así que ambas fueron la víctima y la supuesta atacante en el mismo equipo. 23 de febrero, noche de competencia. 120 millones de personas viendo el evento más visto en la historia de la televisión americana hasta ese momento.
No venían a ver patinaje artístico, venían a ver el drama, la villana contra la heroína. Nancy patinó primero. Perfecto, elegante, como siempre. Tonia patinó después y entonces pasó algo que nadie esperaba. Se le rompió el cordón de la bota en medio de su rutina se detuvo. Lloró.
Tengo un problema con mi bota. Necesito tiempo. Los jueces discutieron. Le dieron 2 minutos para arreglarla. Tonia salió del hielo llorando con toda la presión del mundo sobre ella. Millones viéndola, millones odiándola. Arregló la bota, volvió al hielo e intentó su triple Axel. Falló. Cayó. Se levantó, terminó la rutina, Sato mediocre, terminó octava, Nancy ganó la plata y esa fue la última vez que Tonia Harding patinó profesionalmente.
La caída y el castigo. Marzo de 1994. Tonia volvió a Portland a enfrentar los cargos. El fiscal le ofreció un trato. Declárante culpable de obstrucción de la justicia. Admite que sabías después del hecho y no dijiste nada. Te damos libertad condicional. Pero yo no sabía nada, dijo Tonia.
No importa, dijo su abogado. Si esto va a juicio, te van a destruir. Los medios te odian. El público te odia. Un jurado te va a mandar a prisión. ¿Por cuánto tiempo? 5 años, quizás 10. Tonia lloró porque no tenía opción. 16 de marzo de 1994, Tonia se declaró culpable. Me declaro culpable de conspirar para obstruir el procesamiento del ataque contra Nancy Kerrigan.
Esa frase, “Conspirar para obstruir”, no significa que planeó el ataque, significa que sabía algo después y no lo reportó. Era verdad, quizás, quizás no, pero Tonia la dijo porque esa era la única forma de no ir a prisión, la sentencia. 160,000 en multas, 500 horas de servicio comunitario, 3 años de libertad condicional y lo peor, prohibición de por vida de competir en patinaje artístico profesional por vida.
A los 23 años su carrera terminó. ¿Tiene algo que decir?, preguntó el juez. Solo que lo siento dijo Tonia y que desearía poder volver el tiempo atrás. Esta es la tercera revelación que te prometí. Las transcripciones del FBI. Años después, documentos desclasificados mostraron algo interesante. El FBI nunca encontró evidencia directa de que Tonia planeó el ataque.
Las llamadas telefónicas, los registros bancarios, los testimonios, todo apuntaba a Jeff. Secart declaró, “Jeff me dijo que Tonia lo quería, pero nunca hablé con ella directamente.” Shane Stant declaró, “Derrick me dijo que Jeff lo quería. Nunca supe nada de Tonia.” Derrick Smith declaró, “Sean me dijo que Jeff lo ordenó.
Asumí que Tonia estaba involucrada. Todos asumieron, nadie tenía pruebas. Y entonces está esto. Jeff Giluli cambió su testimonio tres veces. Tres veces. Primera versión. Tonia planeó todo conmigo. Segunda versión. Tonia lo sabía, pero no planeó. Tercera versión. Le conté después del hecho.
Se enojó, pero no dijo nada. ¿Cuál era verdad? Probablemente ninguna. Jeff mentía para reducir su condena, pero el daño ya estaba hecho. Tonia ya era culpable. En la corte de la opinión pública ya estaba condenada. Los años después fueron brutales. Tonia no podía patinar, no podía conseguir trabajo. Su nombre era tóxico.
“Solicité cientos de trabajos”, dijo en una entrevista de 2000. En cuanto veían mi nombre me rechazaban. Trabajó en un vivero cortando césped, plantando árboles por 8 la hora. Se divorció de Jeff en 1993, antes del juicio, pero el daño ya estaba hecho. Se volvió a casar. Michael Smith, un tipo que conoció en una tienda de pinturas, se divorciaron dos años después y entonces llegó lo peor.
- Tonia grabó una cinta de video sexual con su entonces novio Jeff Giloli. Sí, el mismo Jeff. Volvieron por un tiempo. La cinta se filtró. Alguien la vendió. Terminó en Penhouse Magazine. Tonia demandó. Perdió. El juez dijo que era figura pública y que no tenía expectativa de privacidad.
Me violaron otra vez, dijo Tonia. Primero los medios, ahora esto. La cinta se vendió. Tonia Harding Wedding Night. Cientos de miles de copias. Tonia ganó $30,000. Una miseria. La compañía de producción ganó millones. 2000. Tonia intentó la música. Grabó un álbum Bad Girl. Fue terrible.
Las críticas fueron despiadadas. Tonia Harding debería quedarse fuera del hielo y fuera del estudio”, escribió Rolling Stone. El álbum vendió 2000 copias. 2000. 2002. El boxeo. Tonia comenzó a boxear. Peleas profesionales. No exhibitions. Peleas reales. ¿Por qué boxeo? Le preguntaron.

¿Porque puedo golpear? ¿Y porque finalmente puedo pegarle de vuelta a alguien? Peleó ocho veces. Ganó tres, perdió cuatro, una fue empate, no era buena, pero peleaba con rabia, con todo lo que tenía dentro. En una pelea contra Paula Jones, sí, esa Paula Jones, la de Bill Clinton, Tonia ganó por knockout en el tercer round. Esto es por todas las veces que me golpearon y no pude responder, dijo después.
- Tonia conoció a Joseph James Price, un electricista de Oregon. Se casaron en 2010, tuvieron un hijo. Gordon en 2011. Joe es la primera persona que me trata bien, dijo Tonia. La primera persona que no me golpea. La primera persona que me ama de verdad. Finalmente, a los 40 años encontró algo de paz.
Pero Estados Unidos no la perdonaba. No podía perdonarla, porque perdonar a Tonia significaba admitir algo incómodo, que quizás no era la villana, que quizás era víctima, que quizás el sistema que la crió era el verdadero monstruo y Estados Unidos no quería enfrentar eso. La redención imposible. Esta es la cuarta revelación que te prometí.
Lo que pasó después del escándalo. 2008. Un periodista de ESPN investigó la historia completa. Entrevistó a todos. Tonia, Jeff, los atacantes, los jueces, los entrenadores. Lo que encontró fue perturbador. 57 reportes policiales de abuso doméstico entre Tonia y Jeff, entre Tonia y su madre. Documentos médicos, huesos rotos, moretones, quemaduras. Testimonio de maestros.
Tonia llegaba a la escuela con moretones. Siempre decía que se había caído patinando. Testimonio de vecinos. Escuchábamos gritos de su casa todas las noches. La madre gritando, Tonia llorando. Todo estaba allí. Desde 1975. Desde que era una niña, pero nadie quiso verlo porque la narrativa ya estaba escrita.
Si Tonia hubiera sido rica dijo el periodista en su artículo, si hubiera venido de una familia de clase media, si hubiera tenido los vestidos correctos, los entrenadores correctos, la imagen correcta, nada de esto hubiera pasado. Le habrían dado terapia, protección, ayuda. Pero Tonia era pobre, era White Trash.
Y el White Trash no merece compasión. El artículo ganó premios, pero no cambió nada. Estados Unidos ya había decidido quién era Tonia Harding y nada iba a cambiar eso. 2014, 20 años después del escándalo, Tonia dio una entrevista larga, una de las pocas donde habló honestamente. ¿Te arrepientes de algo?, le preguntaron.
De todo, respondió. de haber confiado en Jeff, de no haber ido a la policía si es que algo sabía, de haberme declarado culpable de algo que quizás no hice. ¿Sabías del ataque antes de que pasara? Tonia tardó en responder. Era la pregunta que llevaba 20 años evitando. No, dijo finalmente. No lo sabía.
Jeff me dijo después, días después y debía haber ido a la policía, pero estaba asustada. Asustada de qué? De Jeff, de que me pegara, de que me matara. Había intentado estrangularme dos meses antes. Casi me mata. ¿Por qué no lo reportaste? Porque nadie me hubiera creído. Nadie me creyó sobre mi madre. ¿Por qué me creerían sobre Jeff? ¿Qué sentiste cuando viste a Nancy en el suelo? Horror, dijo Tonia.
Horror absoluto, porque supe que mi vida había terminado, aunque no lo hubiera hecho yo. ¿Te da rabia que Nancy se vista como heroína y tú como villana? No tengo rabia contra Nancy. Nancy fue víctima. Yo también fui víctima. Las dos fuimos víctimas. ¿De quién? De Jeff, de mi madre, del sistema que nos quería enfrentadas. ¿Crees que alguna vez te perdonarán? Tonia sonrió. Una sonrisa triste.
No, Estados Unidos necesita villanos y yo soy una villana perfecta, pobre, fea según sus estándares, sin clase, todo lo que odian. 2017. La película Y Tonia se estrenó. Margot Roby interpretó a Tonia. Alison Jan interpretó a la Bona, su madre. La película mostró el abuso, la violencia, la pobreza, todo lo que los medios ignoraron en 1994.
Ganó un Óscar. Alison Yan por mejor actriz de reparto. Tonia fue a la ceremonia por primera vez. En 23 años pisó una alfombra roja. ¿Cómo te sientes? Le preguntaron los reporteros. Rara, dijo, es raro que finalmente la gente vea mi versión. La película es precisa. En su mayoría algunas cosas están exageradas, pero el abuso eso es real. Todo eso pasó.
Después de la película, algo cambió. No todo, pero algo. La gente empezó a ver a Tonia diferente, no como villana, como víctima que se convirtió en victimaria. Tonia Hardin fue abusada toda su vida y cuando no supo cómo detenerlo se convirtió en parte del abuso. Eso no la excusa, pero la explica. 2018, Tonia hizo algo que nadie esperaba.
Volvió a patinar, no en competencia, en un show de televisión, Dancing with the Stars. Tenía 47 años. No había patinado profesionalmente en 24 años. La primera noche el público la abucheó. Carteles, tramposa, villana, vergüenza. Tonia salió al hielo y cayó. En su primer salto se levantó con lágrimas en los ojos e intentó otra vez.
Volvió a caer. Se levantó otra vez y terminó la rutina. Cuando terminó, algo extraordinario pasó. El público se puso de pie aplaudiendo, no por el patinaje, por el coraje. ¿Por qué volviste? Le preguntaron. Porque me quitaron el patinaje cuando tenía 23 años y necesitaba recuperarlo. No para ellos, para mí. Tonia no ganó Dancing with the Stars.

Terminó tercera, pero no importaba porque por primera vez en su vida patiñó sin miedo, sin violencia, sin nadie golpeándola si fallaba. Este fue mi momento dijo. No las olimpiadas, no los nacionales. Este fue el momento donde finalmente fui libre. 2019, Tonia y Nancy se encontraron. por primera vez en 25 años.
Fue en un evento privado. Nadie lo supo hasta meses después. ¿De qué hablaron? Le preguntaron a Tonia. Le dije que lo sentía, que aunque no lo hubiera planeado, debía haber hecho más para detenerlo. ¿Qué dijo ella? Dijo que sabía que yo también fui víctima, que entendía que mi vida fue más difícil que la de ella, que no me odiaba.
Son amigas ahora no. Nunca seremos amigas, pero hay entendimiento. 2020, pandemia. Tonia tenía 49 años. Vivía en un pueblo pequeño de Washington con su esposo Joe. Su hijo Gordon, de 9 años, trabajaba arreglando mazos, carpintería, ganaba $1 la hora. ¿Esto es lo que imaginaste para tu vida?, le preguntó un periodista por Zoom. No, dijo Tonia.
Imaginé medallas de oro, contratos millonarios, fama. ¿Te arrepientes del patinaje? No, el patinaje era lo único bueno en mi vida. Me arrepiento de todo lo demás. ¿Eres feliz ahora? Tonia pensó largo tiempo. Sí, dijo finalmente. Por primera vez en mi vida soy feliz. Tengo un esposo que no me pega.
un hijo que me ama, un trabajo honesto. No tengo dinero, no tengo fama, pero tengo paz. Y eso es más de lo que tuve en mis primeros 40 años. 2023, 30 años después del ataque, un documentalista contactó a todas las personas involucradas para hacer un documental definitivo. Ey, Jeff Giluli, ahora Jeff Stone cambió su nombre. No quiso participar.
Shaward había muerto en 2007. Ataque cardíaco. Tenía 40 años. Shane Stant aceptó. Ahora es pastor. Vive en el sur si tiene una familia. ¿Te arrepientes? Le preguntaron. Todos los días, dijo. Destruí la vida de dos personas, Nancy y Tonia. Tonia no era perfecta, pero no merecía lo que le pasó. Nancy Kerrigan también participó en el documental.
¿Perdonaste a Tonia? Le preguntaron. No sé si es perdón, dijo, pero entiendo que ella también sufrió, probablemente más que yo. Mi rodilla sanó. Gané medallas. Tuve una carrera. Tonia perdió todo y perdió más de lo que yo perdí esa noche en Detroit. No somos amigas, nunca lo seremos, pero no le deseo mal.
Y Tonia, ¿qué dijo Tonia? Fui la villana, dijo. Y quizás merecía hacerlo. Quizás no. No lo sé ya. Lo que sé es que fui una niña abusada que se convirtió en una mujer abusada. Y cuando finalmente tuve la oportunidad de tener algo, de ser alguien, lo perdí todo. Fue justo. No fue mi culpa en parte.
Me arrepiento de todo. Volvería a hacerlo. El patinaje sí. Todo lo demás no. La verdad sobre Tonia Hardin es complicada. Más complicada que la de Ronaldinho, más complicada que la de Neymar. Porque Tonia no desperdició su talento por fiestas. Tonia nunca tuvo la oportunidad de desperdiciarlo. Se lo quitaron su madre, Jeff, el sistema, los medios.
Estados Unidos porque Tony cometió el pecado imperdonable. Nació pobre, nació en el lugar equivocado, con la familia equivocada. Y cuando llegó a la cima haciendo saltos que nadie más podía hacer, el establishment del patinaje no podía aceptarlo. Así que cuando cayó, la aplastaron sin misericordia.
El triple Axel no importó, dijo Tonia en el documental. Los jueces nunca me iban a dar el oro, no importaba qué tan alto saltara, porque no era Nancy, no era elegante, no era rica, no era lo que ellos querían. Y cuando tuve la oportunidad de competir en igualdad de condiciones, cuando Nancy estaba lesionada, ni siquiera tuve que hacer nada.
La acusación fue suficiente. Culpable hasta que se pruebe inocente. Ese fue mi juicio y nunca pude probar mi inocencia porque nadie quería creerme. Tonia Maene Harding, la niña de Portland que podía volar en el hielo. Hoy tiene 53 años. Vive en Washington. Trabaja en carpintería. Es abuela.
Su hijo Gordon tiene 13 años. No patina. juega videojuegos, va a la escuela, tiene una vida normal. ¿Le contaste tu historia?, le preguntaron. Le conté mi versión, dijo Tonia. Algún día va a buscar en internet, va a ver lo que dicen, va a ver las acusaciones y espero que me pregunte y espero poder explicarle que su mamá no fue perfecta, que cometió errores, que quizás fue culpable, quizás no.
pero que siempre lo amo y que haría cualquier cosa para que él nunca pase por lo que yo pasé. Si la historia de Tonia te enseñó algo que no sabías, si ahora entiendes que las villanas a veces son víctimas, si ahora ves a la niña abusada detrás de los titulares, entonces haz algo por mí. Dale like a este video, suscríbete al canal.
No por mí, por Tonia, para que su historia completa, no solo el escándalo, llegue a más personas para que la próxima vez que alguien diga Tonia Harding, la tramposa, alguien más pueda decir, “No, Tonia Harding, la sobreviviente. Ok.
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