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Mary Boquitas: el ASQUEROSO secreto que Sergio Andrade escondió detrás de una niña de 15 años

No eran ensayos y giras, era un encierro con reglas. Según los testimonios que después llenaron el expediente, Andrade las hacía firmar contratos que las amarraban a él en todo, en el dinero, en lo legal y en lo personal. quien entraba firmaba en la práctica que le pertenecía y a partir de ahí no se decidía nada sin su permiso, ni con quién hablar, ni cuándo ver a la familia, ni cuándo comer.

El hambre era parte del método. Comían lo que él permitía y cuando él lo permitía las ponían a hacer rutinas de ejercicio hasta caer. Y el castigo por desobedecer no era una regañada. Años después ya libre, Gloria Trevi contó en público que llegó a ser obligada a dormir desnuda sobre el piso helado de un baño durante días y que la golpeaban hasta desmayarse.

Esa era la casa, esas eran las normas y María Raquenel llevaba siguiéndolas desde los 15 años, cuando casi todas las demás todavía estaban en su escuela, en su pueblo, con su familia. La propia María Raquenel describió décadas después lo que ese encierro le hizo. Dijo que Andrade la castigó. la sometió y la moldeó, que se le metió en sus palabras en cada rincón de la mente.

Contó que los castigos llegaron a incluir golpes con un cable eléctrico y contó un detalle que dibuja el nivel de control mejor que cualquier otro. Durante etapas ni siquiera tenía permitido hablarle. Para comunicarse con él tenía que escribirle en un cuaderno una adolescente pidiendo permiso por escrito para dirigirle la palabra al hombre con el que la habían casado.

Y ahí está la pregunta que pone la piel fría. Si así trataban a la que era la estrella mundial, ¿qué le quedaba a la que llevaba más tiempo y ya ni se quejaba? Por esa casa pasaron Sonia Ríos, Marlén Calderón, las hermanas de la cuesta, Tamara Zúñiga, Liliana Regueiro, Wendy Castelo, Karina Yapor, nombres de niñas que familias enteras entregaron convencidas de que las mandaban a triunfar.

Cada una cruzó esa puerta pensando que sería la próxima Gloria Trevi. Ninguna sabía que entraba a una fila y al frente de esa fila, desde hacía años, había una mujer a la que ya le habían hecho casi todo lo que a ellas apenas les iban a empezar a hacer. Porque a casi todas, según los testimonios que después llenaron el expediente, Andrade las fue empujando al mismo lugar.

Relaciones impuestas con él bajo la promesa de una carrera y embarazos siendo menores de edad. Varias de aquellas niñas tuvieron hijos de ese hombre antes de cumplir la mayoría de edad. Esto no era un grupo musical con una oveja negra adentro, era una estructura entera montada sobre eso. Y hay un detalle que casi nadie pone junto y que es de los más enfermos de toda la historia.

Sergio Andrade no se casó solo con María Raquenel. A lo largo de los años se casó con varias de aquellas niñas. A Aline Hernández la convirtió en su esposa el primero de diciembre de 1990, cuando ella tenía 15 años y él 36. Era, según se contó, su tercera esposa. Todas habían entrado siendo menores, todas con la misma promesa. Un hombre que coleccionaba esposas adolescentes y las iba cambiando como cambiaba de proyecto musical.

Y la primera de esa colección, la más antigua, la que llevaba ahí desde 1985, era ella. A cada una le daba una migaja para mantenerla enganchada. A Aline, por ejemplo, la sacó como solista con una sola canción que él mismo compuso, Las chicas feas, una canción, un foco, una ilusión de carrera. Lo justo para que la niña creyera que estar ahí valía la pena.

Lo justo para que no se fuera. La primera que se atrevió a romper el silencio fue precisamente a Lin, cuando logró salir de aquel matrimonio de 2 años y contarlo. Primero frente a las cámaras de Ventaneando y después en su libro, no la recibieron como a una víctima. La recibieron como a una traidora, como a una resentida que ensuciaba el nombre de gente querida.

Le costó años que le creyeran. Ese libro apareció en 1998. Se llamó La gloria por el infierno. Fue la primera grieta. Y por esa grieta despacio empezó a salir todo lo demás. 3 años después, el primero de abril de 20, otra de las víctimas, Karina Japor, publicó a los 18 años su propio libro. Lo tituló Revelaciones. Karina había entrado al grupo siendo una niña de 13 años.

Para cuando su madre logró rescatarla, ya había tenido un hijo y ese bebé había terminado por decisión del entorno de Andrade en una institución en España, lejos de ella. Mira dónde terminaron algunas de aquellas niñas. Aline Hernández hoy conduce un programa en la televisión mexicana. Karina Yaport también se volvió conductora y formó una familia de cinco hijos.

A ellas, con el tiempo, el país les creyó, las abrazó, las trató como lo que eran, niñas a las que les habían robado la infancia. A María Raquenel le negaron esa misma compasión durante 20 años y la única diferencia entre ellas fue el calendario. Cuánto tiempo llevaba cada una dentro cuando todo reventó. Imagina por un momento que esa niña de 15 años fuera tu hija, que la dejaras irse con un productor famoso pensando que le abrías el futuro y que años después no volvieras a reconocerla.

Pocos hablan de las madres y los padres que entregaron a sus hijas, no por crueldad, sino por ilusión. Creyeron a un hombre premiado que prometía estrellato. Firmaron permisos. Dijeron adiós en una central de autobuses pensando que habrían un futuro. Y muchos murieron sin perdonarse, cargando una culpa que tampoco era del todo suya, porque el engaño estaba diseñado precisamente para gente decente que quería lo mejor para sus hijas.

Andrade no solo rompió a las niñas, rompió a las familias que confiaron en él. La familia de Karina Japor fue la que no se rindió. En 1999, su madre, Teresita de Jesús Gómez llevaba alrededor de un año sin saber de su hija. Apareció ese niño identificado como hijo de Karina en la institución de Madrid mientras la muchacha seguía desaparecida.

Entonces, la madre fue a la Procuraduría de Justicia del Estado de Chihuahua y presentó una denuncia formal. No solo contra Sergio Andrade, contra Gloria Trevi, contra Marlén Calderón y contra María Raquenel Portillo, por rapto, corrupción, abuso y violación de menores. Sin esa madre el clan habría seguido funcionando.

Y aquí hay una ironía que duele. La libertad de la primera víctima, María Raquenel, empezó con el coraje de la madre de otra. Ese fue el momento en que el escándalo del espectáculo se convirtió en un caso penal y el momento en que el nombre de Mario Boquitas dejó de aparecer en las vistas de música y empezó a aparecer en los expedientes.

Y aquí es donde la historia se tuerce, porque lo que un sistema así le hace a la persona que lleva más tiempo dentro es distinto a lo que le hace a la acaba de llegar, le hace algo peor. María Raquenel no entró por una temporada, entró a los 15 y se quedó. Creció ahí dentro. Pasó de niña a mujer salir nunca del todo de la órbita de Andrade.

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