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Angélica María: El ASQUEROSO Día que Tuvo que Aceptar lo Impensable por Proteger a su Hija

Pero lo que Angélica María no sabía en 1966, cuando se separó de Enrique Guzmán, era que el patrón se iba a repetir y que la próxima vez el precio sería infinitamente más alto. La ironía es brutal. La mujer que tuvo la lucidez de rechazar dos propuestas de matrimonio de un hombre infiel a los 22 años, terminaría años después casándose con otro hombre que haría exactamente lo mismo.

Pero con una diferencia, esta vez habría una hija de por medio. Esta vez no podría simplemente irse porque después de Guzmán vinieron los años de trabajo imparable, cine, televisión, teatro, música. En 1967 comenzaron las giras internacionales. En China la admiraban por Corazón Salvaje. Para 1969 ya había recibido 49 premios y reconocimientos en México, Estados Unidos y Latinoamérica.

En 1970 fue considerada la artista más importante de habla hispana. Y en 1973 un joven compositor de Michoacán llamado Juan Gabriel la buscó para grabar juntos. El resultado fue, “Tú sigues siendo el mismo, un sencillo que vendió un millón de copias solo en Estados Unidos.” Angélica María estaba en la cima absoluta de su carrera.

No había nadie por encima de ella en el mundo del espectáculo mexicano. Nadie. Y fue exactamente ahí, en el punto más alto donde apareció Raúl Vale. Raúl Vale Castilla, nacido el 20 de abril de 1944 en Maracaibo, Venezuela. cantante, compositor, comediante, carismático hasta la médula. Dije, “Qué bien canta, qué bien compone, qué chulo muchacho.

” Me invitó a salir y esa noche me enamoré, me volvió loca y me casé, confesó Angélica María a Gustavo Adolfo Infante años después. La descripción no miente. Raúl Vale era magnético. Tenía una voz que llenaba cualquier salón. Tenía un humor que desarmaba a cualquiera y tenía un defecto que Angélica María conocería demasiado tarde o tal vez demasiado bien desde el principio.

Era incapaz de serle fiel a una sola mujer. En 1974, Angélica María y Raúl Vale se casaron. La boda fue televisada. Una de las primeras bodas transmitidas en vivo en la historia de la televisión mexicana. Todo el país la vio. Millones de personas brindaron frente a sus pantallas mientras la novia de México caminaba hacia el altar.

Ella ya estaba embarazada y la crítica no tardó en aparecer. Los medios insinuaron que ella lo mantenía, que la carrera de él apenas despegaba, mientras la de ella era un imperio. Que si yo lo mantenía, que si él era un mantenido, recordaría ella. Pero Angélica María no escuchó. Estaba enamorada.

Y el amor cuando decide no escuchar es la fuerza más destructiva del universo. Y nadie en ese momento, ni ella, ni él, ni los millones que vieron esa boda por televisión, podía imaginar lo que se estaba gestando detrás de esa sonrisa, lo que iba a costarle a esa mujer mantenerse en ese matrimonio y lo que iba a tener que aceptar el día que decidiera irse.

El 11 de noviembre de 1975, a las pocas semanas de haber dado a luz a Angélica Vale, Angélica María regresó a los foros de televisión para grabar la telenovela El milagro de vivir. Con cochecito de bebé, biberones y pañales en mano. El país entero la celebró. Qué profesional, decían. Qué entregada. Nadie se preguntó por qué una mujer que acababa de parir necesitaba volver a trabajar tan rápido.

Nadie se preguntó si ese regreso era voluntad o supervivencia. Nadie se preguntó qué estaba pasando en esa casa cuando las cámaras se apagaban. Guarda esta imagen. Una mujer de 31 años con una bebé recién nacida en brazos caminando por los pasillos de Televisa con los ojos hinchados de no dormir sonriendo para las fotos mientras adentro de ella algo empezaba a quebrarse.

Porque la bohemia de Raúl Vale no era solo música y copas. La bohemia acaba siendo mala consejera, diría Angélica María años después, porque vienen el alcohol, las señoras, las amigas y las grandes amigas. Y ella lo sabía desde el principio lo sabía, pero cayó. Cayó porque tenía una hija. Cayó porque divorciarse en los años 70 en México era un escándalo que podía destruir una carrera.

Cayó porque su madre le había enseñado que una mujer trabaja, aguanta y sale adelante. Y cayó porque en el fondo seguía creyendo que el amor podía más, que Raúl iba a cambiar, que bastaba con ser suficiente para que él dejara de buscar afuera lo que ella le daba adentro. Ese silencio duraría 15 años. 15 años de infidelidades tragadas en privado, mientras el país entero la llamaba su novia, porque lo que el mundo veía era una familia perfecta.

Angélica María en televisión, Raúl Vale componiendo canciones, la pequeña Angélica Vale creciendo entre foros y escenarios, apareciendo a los dos meses de nacida en la telenovela de su madre. A los 3 años la niña salió al escenario junto a su mamá en el musical Papacito piernas largas. y el público enloqueció. La abuela Angélica Ortiz, que ya había construido la carrera de su hija, empezó a construir también la de su nieta.

Creó espectáculos diseñados específicamente para ella. Soy las sonrisas, el mago de Os Vaselina. Tres generaciones de angélicas, tres mujeres con el mismo nombre, el mismo escenario y la misma herencia invisible. El arte de sonreír mientras por dentro todo se desmorona. Piensa en eso un momento. Tres mujeres que dedicaron su vida al espectáculo.

La abuela que abandonó todo para construir la carrera de su hija. La hija que soportó todo para proteger a la suya y la nieta que crecería cargando, sin saberlo, el peso de todo lo que las otras dos se callaron. Esa es la historia que nadie cuenta cuando habla de las Angélicas. Esa es la historia que cambia todo.

Y mientras la familia crecía frente a las cámaras, detrás de ellas Raúl Vale seguía haciendo lo que Raúl Vale siempre hizo. No con una mujer, no con dos, con casi todas. El único defecto que tenía Raúl era ser Cusco”, confesó Angélica María a Gustavo Adolfo Infante. Se echó a medio mundo, a casi todas mis amigas.

Me enteré después de que me divorcié que con esta y con la otra. La frase la dijo sonriendo, como quien cuenta una anécdota vieja que ya no duele, pero tardó más de 20 años en poder decirla en voz alta. Guarda ese dato. Más de 20 años de silencio, más de dos décadas tragándose una humillación que no era suya para que su hija no creciera escuchando que su padre era un traidor.

¿Cómo se levanta una mujer cada mañana sabiendo que su esposo durmió en otra cama? ¿Cómo sonríe para las fotos del lunes sabiendo lo que pasó el sábado? ¿Cómo le canta a millones de personas sobre el amor mientras el suyo se pudre por dentro? Y la pregunta más dura, ¿cómo le explica a una niña de cinco, de 8, de 10 años que papá no va a venir a cenar otra vez? Angélica María no explicaba nada.

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