Una camioneta de alta gama estacionada frente a una vivienda en la apacible alcaldía de Coyoacán parecía ser solo un símbolo más de estatus en una zona residencial. Sin embargo, en su interior y tras los muros de esa propiedad, se escondía uno de los hombres más buscados de la capital mexicana. Un individuo que, durante meses, hizo alarde de una impunidad que parecía inquebrantable. Se mostraba en redes sociales armado hasta los dientes, paseaba por las calles con total descaro e incluso fue captado en vídeo amenazando con un arma de fuego a un ciudadano que simplemente le recriminó una mala maniobra de tráfico. Ese hombre tenía nombre, varios alias y un extenso historial delictivo que iba desde el narcomenudeo hasta el homicidio: Gregory Joel Pichardo Moreno, conocido en los bajos fondos como “El Gregory”, “El Hoy” o “El Carnal”.
Su detención, llevada a cabo de madrugada por agentes de la Policía de Investigación (PDI) con una orden de cateo, no fue producto del azar ni un golpe aislado. Representa una pieza fundamental en un complejo rompecabezas que las autoridades capitalinas llevan meses ensamblando para desarticular a una de las organizaciones criminales más longevas y persistentes de la Ciudad de México: la Unión Tepito.
Para comprender la magnitud de la captura de Gregory Joel Pichardo Moreno, es esencial adentrarse en el terreno donde forjó su carrera criminal. La Unión
Tepito hace tiempo que dejó de ser un cártel tradicional con una única cabeza visible. En la actualidad, opera como una hidra, una red de células fragmentadas que actúan con cierta autonomía pero bajo el mismo sello de violencia. Nacida en 2009 en el emblemático barrio de Tepito, en el corazón de la ciudad, la organización ha extendido sus tentáculos hacia alcaldías como Cuauhtémoc, Venustiano Carranza, Gustavo A. Madero, Azcapotzalco y, más recientemente, hacia el sur, en zonas de clase media e histórica como Coyoacán.

“El Gregory” no era, ni mucho menos, un peón en esta partida de ajedrez criminal. Periodistas especializados e informes de inteligencia lo señalaban como uno de los principales generadores de violencia, operando con un control férreo en la alcaldía Miguel Hidalgo y extendiendo su influencia hacia Azcapotzalco, Cuauhtémoc y Gustavo A. Madero. La Fiscalía lo investigaba por un abanico de crímenes que dibujan el perfil de un auténtico líder de facción: homicidios, lesiones por arma de fuego, extorsión sistemática y control del narcomenudeo.
Lo que hacía que el caso de Pichardo Moreno destacara sobre el de otros operadores era su adicción a la exposición pública. En la era de la información, donde un teléfono móvil puede ser el mejor testigo, “El Gregory” parecía ignorar el peligro. El incidente en el que encañonó a un motociclista tras una discusión vial, captado en cámara y viralizado en redes, evidenció un patrón de comportamiento alarmante entre los mandos medios de la Unión Tepito. Estos criminales se mueven en vehículos de lujo, portan armamento militar en la vía pública y operan bajo la falsa creencia de que el sistema no puede tocarlos. Paradójicamente, es esa misma vanidad la que alimenta las carpetas de investigación que terminan por llevarlos a la cárcel.
El cerco policial sobre “El Gregory” requirió paciencia y precisión. Las autoridades capitalinas, conscientes de su nivel de peligrosidad, llegaron a solicitar la colaboración ciudadana para dar con su paradero, un recurso reservado exclusivamente para los objetivos prioritarios. Durante meses, se llevaron a cabo vigilancias fijas y móviles, análisis exhaustivos de sus patrones de movimiento y un escrutinio detallado de las denuncias anónimas.

El operativo final se desarrolló en Coyoacán, un detalle geográfico que no debe pasarse por alto. Tradicionalmente, la Unión Tepito había concentrado sus operaciones en el centro y norte de la capital. El hecho de que un cabecilla de la talla de Pichardo Moreno estuviera refugiado en el sur refleja cómo la constante presión policial está obligando a estas células a buscar nuevos escondites, alejándose de sus feudos históricos para intentar operar sin levantar sospechas.
La intervención de la Policía de Investigación fue quirúrgica. Al irrumpir en el inmueble señalado, lograron neutralizar y detener a “El Gregory” sin disparar una sola bala. En un escenario donde este tipo de criminales suelen estar fuertemente armados y dispuestos a iniciar enfrentamientos mortales, la ausencia de resistencia armada demuestra que el factor sorpresa se ejecutó a la perfección. Durante el cateo, las autoridades confiscaron dos vehículos de alta gama, teléfonos móviles, dinero en efectivo y dosis de narcóticos listas para su distribución.
A diferencia de los macrooperativos donde se ejecutan múltiples órdenes de cateo simultáneas, esta intervención se centró exclusivamente en el refugio de Pichardo Moreno. Esto indica que la inteligencia policial tenía una certeza absoluta sobre su ubicación exacta en ese momento preciso. Tras la lectura de sus derechos y bajo fuertes medidas de seguridad, fue trasladado a la Fiscalía de Investigación de Asuntos Relevantes, la unidad encargada de los casos de mayor impacto y peligrosidad en la capital. Ahora, los laboratorios periciales trabajarán a contrarreloj analizando los teléfonos y las armas incautadas para vincularlo formalmente con los homicidios y extorsiones que se le atribuyen, asegurando que no pueda volver a las calles por un simple cargo de narcomenudeo.

La caída de “El Gregory” forma parte de una estrategia mucho más amplia y sostenida, cuyo diseño lleva la firma de Omar García Harfuch, actual Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana a nivel federal. Durante su mandato en la capital (2019-2023), Harfuch instauró un modelo basado en la inteligencia financiera y el análisis de datos que hoy sigue rindiendo frutos. De hecho, la captura de Pichardo Moreno se suma a una impresionante cadena de detenciones recientes. A principios de junio de 2026, cayó Dylan Sebastián Marroquín López, alias “El Cojo”, implicado en el brutal atentado contra la diputada Diana Sánchez Barrios. Meses antes, en enero, ya habían sido detenidos cuatro operadores directos de “El Gregory”, y a finales de 2025 se logró la captura de figuras como “El Chícharo” y “El Cof”, desmantelando laboratorios y decomisando toneladas de narcóticos.
A pesar de los éxitos policiales innegables, expertos en seguridad advierten sobre la extraordinaria capacidad de regeneración de la Unión Tepito. Cuando una célula cae, parece que siempre hay otro mando medio dispuesto a heredar el negocio y la violencia. Las cifras del gabinete de seguridad a nivel nacional son abrumadoras: más de 1.300 presuntos extorsionadores detenidos y casi 400 toneladas de droga decomisadas entre 2024 y 2026. La guerra contra el crimen organizado avanza, pero la pregunta persiste: ¿Hasta qué punto es profundo este último golpe? Por ahora, los ciudadanos de la capital pueden respirar un poco más tranquilos sabiendo que el hombre de la camioneta de lujo, el que se creía intocable y dueño de la calle, hoy duerme en una celda a la espera de responder por años de terror.
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