Nunca ha salido de Carolina del Norte y Virginia. El tren cruza el país durante días paisajes que cambian por la ventana, montañas que nunca había visto, desiertos que le parecen de otro planeta. llega con una maleta pequeña de cartón, un vestido que su madre le hizo con tela comprada en oferta y terror absoluto que la hace sentir náuseas.
Los estudios MGM en Colver City son como una ciudad dentro de una ciudad. Enormes hangares que son sets de filmación, calles falsas que parecen Nueva York o París o el viejo oeste, cientos de personas moviéndose con propósito actores, técnicos, directores, secretarias. Aba nunca ha visto nada así. Hace una prueba de pantalla.
Es un desastre absoluto. Está tan nerviosa que las manos le tiemblan. Apenas puede hablar. Su acento sureño es tan fuerte, tan cerrado, que los ejecutivos de Nueva York y los ángeles apenas la entienden. Suena como si tuviera canicas en la boca, dicen. Lee líneas de un guion que le dan. Las palabras salen mal. Tropieza.
Se olvida de dónde estaba. Claramente no puede actuar. Pero cuando los ejecutivos ven el footage de la prueba en la sala de proyección, con las luces apagadas y su rostro enorme en la pantalla plateada, algo sucede. La cámara la ama. No es solo que sea hermosa. Hollywood está lleno de chicas hermosas. Es algo más.
La forma en que la luz captura su rostro, la vulnerabilidad en sus ojos, el contraste entre su timidez y esos pómulos que podrían cortar vidrio. No puede actuar, dice un ejecutivo. No importa, dice otro. Mira esa cara. Le dan un contrato de $50 a la semana. Para Aba, que creció comiendo lo que su familia podía cultivar, $50 a la semana es una fortuna imposible.
MGM la pone en el sistema de estrellas. Es una fábrica. Literalmente toman chicas bonitas y las convierten en producto. Clases de adicción 5co días a la semana con un coach que la hace repetir frases una y otra vez hasta que su acento se suaviza. The rain Spa in the plane. Repite hasta que las palabras pierden significado.
Clases de actuación donde le enseñan cómo pararse, cómo sentarse, cómo inclinar la cabeza para que la luz capte sus pómulos. No le enseñan a conectar emocionalmente con un personaje, le enseñan a verse bien haciéndolo. Clases de baile, de canto, de cómo caminar con tacones altos sin tambalearse. La estudian como si fuera un problema matemático.
Su rostro desde todos los ángulos bajo diferentes luces. ¿Qué colores la favorecen? ¿Qué peinados funcionan mejor? Toman cientos de fotos de prueba experimentando con maquillaje, con iluminación. con la posición de su cabeza. Y Aba obedece todo porque no sabe qué más hacer, porque está aterrada de que si no obedece la mandarán de vuelta a Carolina del Norte.
Los primeros dos años en Hollywood son ejercicio de frustración, papeles tan pequeños que son básicamente decoración. La chica bonita en el fondo del bar, la secretaria que trae café. Líneas como Más café, señor, que podría decir cualquier persona. MGM la usa en pósters más que en películas, su rostro vendiendo películas donde apenas aparece.
Pero Aba está completamente sola en Hollywood, 18, 19 años. Vive en un apartamento pequeño que MGM le alquila. Un estudio con cama plegable y una cocina del tamaño de un armario, sin familia, sin amigos reales. Las otras actrices jóvenes compiten con ella por papeles, no son amigas. Come sola en la cafetería del estudio, va al cine sola los domingos, escribe cartas a su madre que nunca sabe exactamente qué decir y entonces conoce a Mickey Rooney.
Mickey Rooney en 1941 es una de las estrellas más grandes de Hollywood. 22 años, famoso desde que era niño. La serie de Andy Hardy, Babes in Arms con Judy Garland, ganando más dinero que casi cualquier otro actor en el estudio. Carismático, energético, gracioso, el tipo de persona que llena una habitación solo con entrar. Ve a caminando por el lote del estudio un día y queda completamente obsesionado.
La corteja con intensidad que aterra y emociona a Aba en partes iguales. Flores que llenan su pequeño apartamento. Llamadas telefónicas constantes. Aparece sin avisar en su puerta con cenas de restaurantes caros. La lleva a fiestas donde conoce a estrellas que solo ha visto en pantallas. Clark Abel, John Crawford, Spencer Tracy y Aba, que está sola y perdida en Hollywood, que nunca ha tenido un novio real, que sigue siendo básicamente la niña tímida de Carolina del Norte bajo todo el maquillaje y las clases de MGM, se
enamora o cree que se enamora. Es difícil saber la diferencia cuando tienes 19 años y alguien te hace sentir importante por primera vez en tu vida. Se casan el 10 de enero de 1942. Ella tiene 19 años. El 22 es boda grande en una iglesia con prensa y fotógrafos y MGM orquestando todo como publicity stunt.
La luna de miel dura aproximadamente dos semanas. El matrimonio real dura poco más de un año. Porque Mickey Rooney tiene un problema que Aba no vio cuando lo conoció, que estaba oculto bajo todo el encanto y las flores y la atención. es completamente incapaz de serle fiel a alguien. Tiene aventuras con actrices, con extras, con coristas, con camareras, con básicamente cualquier mujer que le preste atención. Aba lo descubre.
Por supuesto que lo descubre. Lápiz labial en camisas, llamadas telefónicas que Mickey cuelga cuando ella entra al cuarto, rumores que le llegan de amigos bien intencionados. Cuando lo confronta, él primero lo niega. Luego lo admite, pero dice que no significa nada. Luego la culpa a ella es demasiado insegura, demasiado celosa, demasiado aburrida en casa.
Aa, que ya es naturalmente insegura, que no confía en su propio valor, empieza a creerlo. Tal vez es culpa de ella. Tal vez si fuera más interesante, más inteligente, mejor actriz, mejor en la cama, [carraspeo] Mickey no necesitaría buscar en otro lado. Se divorcian en mayo de 1943, 20 años, divorciada. Y Aba aprende algo que llevará el resto de su vida como cicatriz invisible.
No importa qué tan hermosa seas, los hombres te van a lastimar de todas formas. Pero hay algo más que aprende, algo más peligroso, más tóxico. Aprende que tal vez se merece que la lastimen, que hay algo fundamentalmente mal con ella que hace que los hombres necesiten buscar en otro lado.
Cuando alguien te dice repetidamente que eres demasiado, demasiado insegura, demasiado celosa, demasiado sensible, demasiado demandante, eventualmente empiezas a creerlo. Eventualmente internalizas que el problema no es que te lastimen, sino que provocas que te lastimen. Si esta historia te está resonando, si reconoces estos patrones en tu propia vida o en mujeres que conoces, suscríbete al canal.
Cada semana contamos historias de mujeres que pagaron precios altísimos por amor, por fama, por ser quiénes eran. Historias que nadie más cuenta con esta profundidad. Historias que importan. Después del divorcio, Aba intenta sumergirse en el trabajo, pero MGM todavía no sabe qué hacer con ella. La belleza está ahí, obvio, pero la actuación es mediocre en el mejor de los casos.

La ponen en westerns de bajo presupuesto que se filman en una semana. Películas de guerra donde es la novia que espera en casa, dramas olvidables donde tiene tres líneas y empieza a salir con hombres, muchos hombres. Howard Huges la corteja durante meses. El millonario excéntrico, aviador, productor de cine, la lleva a volar en sus aviones privados.
Le da joyas caras, pero Aba lo encuentra aburrido. No se casa con él, aunque él lo pide repetidamente. Sale con actores, con directores, con hombres ricos que frecuentan los círculos de Hollywood, pero nada serio, nada que dure más de algunos meses. está construyendo una reputación, no de promiscuidad exactamente, pero de alguien que no se queda quieta, que sale con quien quiere, que no sigue las reglas de cómo se supone que debe comportarse una actriz de MGM.
En 1945 conoce a Art Shw. Arty Shw es uno de los músicos más famosos de la era del swing. Clarinetista brillante, líder de banda. Su versión de Being the Bin vendió millones. Pero también es intelectual, lee filosofía existencialista, escribe ensayos sobre música y sociedad. Ha estado casado dos veces antes, una de ellas con Lana Turner, otra estrella de MGM.
Arty tiene 35 años cuando conoce a Aba de 23. Es todo lo que Mickey no era. Serió donde Mickey era payaso. Culto donde Mickey era instintivo. Habla de arte y música y literatura con intensidad que Aba encuentra intimidante, pero también fascinante porque nadie le ha hablado así antes. Se casan en octubre de 1945, sin publicity, sin prensa, solo ellos dos y un juez de paz.
Y Art empieza un proyecto. Va a educar a Aba Garner. Le da listas de libros que debe leer. Dostoyevski, Sartre, Freud, Schopenhauer. Libros densos, complicados que Aba lee lentamente, diccionario al lado porque no entiende la mitad de las palabras. La lleva a conciertos de música clásica en el Hollywood Bowl.
Sinfonías de Beethoven, óperas de Wagner. Le explica la estructura musical. la teoría, las influencias históricas. Le habla de política internacional, de filosofía, de psicología, de cosas que ella nunca estudió porque su educación terminó en high school rural en Carolina del Norte. Ya, intenta. Dios, ¿cómo intenta? Lee los libros, aunque la mayoría no los entiende completamente.
Toma notas, hace preguntas, va a los conciertos, aunque a veces se aburre y tiene que fingir interés, pero nunca es suficiente. Artie la corrige cuando dice algo incorrecto, no con maldad, pero constantemente. No es así como funciona, dice. Estás simplificando demasiado. dice, se burla suavemente de sus gustos cuando ella dice que le gustó una película que él considera vulgar.
Le dice que tiene potencial si tan solo se aplicara más, si leyera más, si pensara más profundamente. La hace sentir estúpida, constantemente estúpida. Y Aba, que ya se siente insegura desde Mickey, que ya cree que no es suficiente, se convence aún más profundamente de que Arti tiene razón, que es hermosa pero vacía, que su valor está solo en su cara, que intelectualmente, emocionalmente no tiene nada que ofrecer.
El matrimonio dura un año. Cuando se divorcian en octubre de 1946, Aba tiene 24 años y dos matrimonios fallidos. y algo está profundamente roto dentro de ella que no sabe cómo arreglar. Empieza a beber más regularmente, no mucho al principio. Un martini antes de ir a una fiesta para calmar los nervios.
Una copa de vino con la cena, dos copas, un whisky antes de dormir cuando la ansiedad no la deja cerrar los ojos. Pero es Hollywood de mediados de los 40 y en Hollywood todo el mundo bebe. Es parte del glamour, parte de la imagen. Los martinis en el chato marmón, el champagne en las fiestas, el whisky [carraspeo] en los sets entre tomas.
No es problema, es lo que la gente sofisticada hace. Y entonces llega The Killers, es 1946 y finalmente MGM le da a Aba un papel real. No, la chica bonita en el fondo. No, tres líneas de diálogo. Un papel de verdad. Kitty Collins en The Killers, basada en el cuento de Hemingway. Una fem fatale, la mujer por la que los hombres mueren, el centro emocional de toda la película.
El director es Robert Sodmac, alemán, experto en film Noar. Ve algo en aba que los otros directores no vieron. No solo belleza, peligro. Vulnerabilidad disfrazada de dureza. El rodaje es intenso. Siot es perfeccionista. hace Tomás una y otra vez hasta que Aba, que nunca ha actuado realmente antes, encuentra algo verdadero en el personaje.
Y hay algo en Kitty Collins que Aba entiende visceralmente. Una mujer que usa su belleza como arma porque es lo único que tiene, que destruye a los hombres porque sabe que eventualmente la destruirán a ella, que está fundamentalmente rota de formas que nunca admite en voz alta. No está actuando realmente, está siendo ella misma bajo luces de Cineenoar.
La película sale en agosto de 1946 y es un éxito. La crítica elogia la fotografía, el guion, la dirección, pero sobre todo elogian a Aba Gardner. Una revelación, dice el New York Times. Estrella nata, dice Variayeti. De repente, Aba Garner ya no es solo otra actriz bonita en la estable de MGM, es una estrella. Y comienza la era dorada. Los años entre 1946 y 1951 son su ascenso meteórico.
The Hugsters en 1947 con Clark Gable, el rey de Hollywood. Gable la trata con respeto, como igual, no como decoración. Le da consejos de actuación entre tomas. Confía en tu instinto, le dice. Eres mejor de lo que crees. Showbat en 1951. El musical de MGM con presupuesto enorme.
Aba canta Can’t help loving that man. Aunque técnicamente otra cantante dobla su voz, pero su actuación, su presencia son completamente suyas. Pandora and the Flying Dutchman en 1951, filmada en España. Es la primera vez que Aba va a España y algo en ese país, el calor, la pasión, la forma en que la gente vive intensamente le habla.
Siente que pertenece ahí de formas que nunca sintió que pertenecía en Hollywood su rostro está en todas las revistas. Life le dedica portada. Time la nombra entre las actrices más importantes de la década. Photoplay. Modern Screen. Todas las revistas de Hollywood la ponen en portada mes tras mes. La mujer más hermosa del mundo, dicen los titulares.
La cara perfecta, dicen los fotógrafos. La nueva garbo, dicen los críticos comparándola con Greta Garbo. Pero Aba no lo cree. No puede creerlo. Cuando mira sus propias películas en proyecciones, solo ve defectos. su nariz desde cierto ángulo, la forma en que su boca se mueve cuando habla, las actuaciones que siente que son falsas, forzadas.
Cuando lee críticas que elogian su belleza, piensa que no están hablando de su actuación porque no sabe actuar de verdad, que es solo su cara, siempre solo su cara. Cuando los fotógrafos la llaman perfecta, sabe que es porque no la conocen realmente. Si supieran quién es la niña pobre de Carolina del Norte que no leyó a Sartre hasta que Arti la obligó, que no puede deletrear la mitad de las palabras que usa, que se siente estúpida, en conversaciones sobre arte y política, no dirían esas cosas.
¿Has sido alguna vez elogiada por algo que no valoras en ti misma? algo superficial que la gente ve mientras ignoran lo que realmente quieres que reconozcan. Y sentiste que si supieran quién eres realmente detrás de lo que ven, no dirían esas cosas. La belleza que todos ven como bendición del cielo, Aba la vive como maldición, porque los hombres la quieren por su cara, pero no por quién es.
Los estudios la contratan por su cara y la encasillan en cierto tipo de papel. Las revistas la fotografían por su cara. y no les importa lo que piensa o siente. Y nadie parece querer conocer a la persona detrás de la cara. Y tal vez piensa Aba en sus momentos más oscuros que vienen cada vez con más frecuencia, es porque no hay nada interesante detrás de la cara.
Solo una niña ignorante de Carolina del Norte que no terminó la universidad, que no lee los libros correctos, que no dice las cosas inteligentes en las fiestas, que es básicamente decoración cara. Bebe más. Ahora no son uno o dos tragos sociales, son tres martinis antes de una fiesta, media botella de vino con la cena, whisky toda la noche después.
Despertar sin recordar exactamente cómo llegó a casa o con quién estaba, pero es Hollywood de finales de los 40 y mientras llegues al set a tiempo, mientras te veas bien bajo las luces, nadie dice nada. De hecho, el beber es casi esperado. Es parte de ser una estrella de cine. Y entonces, en 1949 conoce a Frank Sinatra.
Y todo lo que vino antes era solo prólogo. Todo se vuelve peor o mejor o ambos al mismo tiempo, dependiendo de la hora del día, del nivel de alcohol en su sangre, de si están juntos o separados en ese momento particular. Frank Sinatra, cuando Aba lo conoce en 1949, está en el punto más bajo de su carrera. Su voz, esa voz que hizo llorar a millones de Bobby Soxers en los años 40, está fallando.
Nodos en las cuerdas vocales, notas que ya no puede alcanzar, conciertos donde la voz se quiebra en medio de una balada. Sus discos no venden. Columbia Records está considerando dejarlo ir. MGM, donde tiene contrato para películas, tampoco está renovando. Las Bobby Soxers que gritaban por él, que se desmayaban en sus conciertos en el Paramount Theater en 1943, han crecido.
Tienen otros ídolos ahora, chicos más jóvenes con voces más frescas. y está casado con Nancy Barbato, su novia de toda la vida desde Hoboken, New Jersey, madre de sus tres hijos, Nancy Junior, Frank Junior, Tina, “Una buena mujer,” dicen todos, una esposa leal que estuvo con él cuando no tenía nada. Pero cuando Frank ve a Aba en una fiesta en casa de un productor en Beverly Hills, nada de eso importa.
Ella llega tarde, como siempre llega tarde. Vestido negro ajustado, cabello oscuro cayendo sobre los hombros, esos ojos verdes que la cámara ama y una forma de moverse, de entrar a una habitación que hace que todos volteen a mirar. Frank está en medio de una conversación con alguien y se detiene a mitad de frase.
¿Quién es esa? Le pregunta a su manager. Aba Gardner. [carraspeo] Ya la conoces, Frank. No. Así dice Frank. La corteja con intensidad que aterra. Llamadas telefónicas a las 2 de la mañana. Su voz ronca, dañada, diciéndole que no puede dormir porque está pensando en ella. Flores que llenan su camerino en MGM. No rosas comunes. Orquídeas raras que hace enviar desde Florida, gardenias blancas que cuestan una fortuna.
aparece sin avisar en su apartamento, con champagne, con regalos, con esa sonrisa que todavía puede desarmar a cualquiera. Le dice que la ama, que está loco por ella, que va a dejar a su esposa, que ella es la única mujer que ha importado realmente. Ya, que debería saber mejor después de Mickey y Artie, que debería reconocer las señales de alarma que están gritando, que debería decir no porque él está casado y tiene hijos, se enamora o se obsesiona.
Es difícil distinguir la diferencia cuando todo se siente tan intenso. Empiezan una aventura que intentan mantener secreta, pero en Hollywood nada es secreto. Realmente se ven en apartamentos prestados por amigos. en hoteles discretos fuera de la ciudad, en la casa de playa de un productor en Malibú, donde las ventanas dan al océano y nadie los puede ver.
Y cuando están juntos es como fuego. La química sexual es volcánica, pero hay más que eso, una conexión emocional que ninguno de los dos ha sentido antes. Frank le canta. Solo para ella en esas habitaciones de hotel, su voz dañada, pero todavía capaz de romper corazones. cuando canta I’ve got you under my skin mirándola a los ojos hablan durante horas sobre cosas que importan sobre sus infancias pobres en Hoboken, ella en Carolina del Norte sobre sentirse inadecuados a pesar del éxito.
Sobre la soledad que viene con la fama. Con Frank, Aba no tiene que fingir ser más inteligente de lo que es. Él no la hace sentir estúpida como Arty, no la engaña como Mickey, pero Frank también la hace sentir desquiciada porque este amor es diferente a los otros. Este es obsesivo, posesivo, destructivo desde el principio. Frank es celoso hasta la paranoia.
Quiere saber dónde está Aba cada minuto del día. ¿Con quién habla en el set? ¿Por qué se ríó de algo que dijo ese actor? ¿Por qué tardó 20 minutos en contestar el teléfono? Y Aba no es mejor. Provoca a Frank deliberadamente. Habla de otros hombres que la quieren. Menciona a Howard Hug que todavía la llama.
Desaparece sin decir dónde va, solo para ver cómo reacciona Frank. Pelean constantemente. No peleas normales. Peleas que los vecinos escuchan a través de las paredes de hoteles caros. Peleas donde se gritan cosas horribles que no se pueden retirar después. donde ella le lanza un zapato y le da en la cabeza, donde él amenaza con tirarse por la ventana si ella lo deja.
Y luego se reconcilian con la misma intensidad. El romance ilícito entre Aba Gardner y Frank Sinatra se convierte en escándalo de primera plana en 1950. Frank todavía está casado, tiene tres hijos pequeños. Nancy Sinatra es amada por el público americano la buena esposa italiana que se quedó con su hombre cuando no tenía nada.
Y ahora Frank la está dejando por una actriz de Hollywood. Los columnistas de chismes Heda Hopper Luela Parsons, escriben columnas venenosas sobre Aba. La llaman destructora de hogares. Jezabel, la tentadora que robó al buen hombre de familia. Aba recibe sacos de correo llenos de cartas de odio. Cientos de cartas cada semana, mujeres escribiéndole que es una una bruja, que va a arder en el infierno.
Amenazas de muerte escritas con crayón. Fotos de ella recortadas de revistas con los ojos tachados. MGM está furioso. La reputación de Ava, cuidadosamente construida, se está destruyendo. Hay protestas fuera de los cines cuando se estrenan sus películas. Grupos de mujeres con carteles que dicen boycott Aba Gardner home record.
Y parte de Aba cree que se lo merece porque está enamorada de un hombre casado. Está destruyendo una familia. Los hijos de Frank van a crecer con padres divorciados por su culpa. Bebe más para ahogar la culpa. Whisky en las mañanas ahora, no solo en las noches. Frank finalmente pide el divorcio a Nancy en 1951. Nancy no quiere dárselo. Pelean.
Los abogados negocian. El divorcio sale en los periódicos cada día con nuevos detalles humillantes. El divorcio se finaliza en octubre de 1951. Aba y Frank se casan el 7 de noviembre de 1951 en Philadelphia, Pennsylvania, lejos de Hollywood. Ceremonia pequeña en la casa de un amigo sin prensa, aunque la prensa los encuentra de todas formas.
Aba llega con un traje malva. Frank con un traje oscuro. Ambos están nerviosos bebiendo champagne antes de la ceremonia. El matrimonio dura 6 años oficialmente, pero realmente nunca termina. Los primeros meses son buenos o lo más cercano a buenos que Frank y Aba pueden lograr, pero el trabajo lo separa constantemente.
Frank tiene giras cantando en night clubs tratando de revivir su carrera. Aba tiene películas que filmar en diferentes locaciones y cuando están separados la paranoia crece. Frank llama a todas horas para verificar dónde está Aba. Si no contesta, asume que está con otro hombre. Una vez toma un avión desde Nueva York a Los Ángeles porque Aba no contestó el teléfono durante 2 horas.
Llega a la casa y la encuentra dormida. Había trabajado 18 horas en el set y se quedó dormida sin oír el teléfono. Aba no confía en Frank tampoco. Sabe que tiene historia de ser infiel. Revisa sus cosas buscando evidencia números de teléfono, lápiz labial en camisas, perfume que no reconoce y cuando están juntos explotan.
Las peleas se vuelven legendarias en Hollywood. En el Cható Marmón rompen muebles de una habitación durante una pelea sobre nada específico. El hotel les dice que ya no son bienvenidos. En un restaurante en Palm Springs, Frank le tira un plato de espaguetti. Ella le tira una copa de vino. Los echan. En casa de amigos en Malibú.
Pelean tan fuerte que los invitados se van incómodos, dejándolos gritándose el uno al otro. Y siempre hay alcohol involucrado. Whisky para Frank, Bodka para Aba. Bebiendo hasta que las peleas se vuelven incoherentes, hasta que ninguno recuerda por qué empezaron. Pero también hay momentos de ternura que hacen que todo lo demás valga la pena.
O eso se dicen a sí mismos. Fran cantándole The Nearness of You a las 3 de la mañana después de una reconciliación. Aba dormida en su pecho mientras él le acaricia el cabello. Risas genuinas sobre tonterías. Momentos donde se miran y saben que nadie más los entenderá así. Has amado a alguien que te hace daño, pero no puedes dejarlo ir.
Alguien que te hace sentir más viva que nadie, pero también te destruye poco a poco y te preguntas si es amor o si es adicción. En 1952, la carrera de Frank resucita milagrosamente. Le dan el papel de mayo en From Here to Eternity. Tuvo que rogar por ese papel. Hizo prueba tras prueba. Aceptó trabajar por casi nada, $,000, cuando solía cobrar 100,000.
Pero funciona. Su actuación es brillante, vulnerable, real, completamente diferente a cualquier cosa que haya hecho antes. La película se estrena en agosto de 1953. Frank Gana el Óscar a mejor actor de reparto en marzo de 1954. De repente su carrera está de vuelta. Capitol Records lo firma. Las ofertas de películas llegan, los conciertos se agotan otra vez.
Y Aba está feliz por él, genuinamente feliz. Pero también algo cambia porque ahora Frank es la estrella ascendente y Aba, aunque todavía es grande, ya no está subiendo. Está en su pico, tal vez, pero no subiendo. Y Frank tiene ego, un ego enorme que estaba herido cuando su carrera se hundió, pero que ahora vuelve con venganza.
Empieza a tratarla diferente. Pequeñas cosas. comentarios sobre sus películas que no son tan buenas como las de él, sugerencias de que debería tomar ciertos papeles para ayudar su carrera como si él ahora fuera el experto. Y mientras tanto, Aba tiene su propio triunfo. En 1953 filma Mogambo en África con John Ford dirigiendo.
Es rodaje de pesadilla. Ia, Uganda, tanganica, calor insoportable que hace que el maquillaje se derrita. Insectos que pican constantemente. Leones reales en las escenas que dan miedo real. Condiciones primitivas. Tiendas de campaña en lugar de hoteles. Agua que hay que hervir, comida que hace que medio el equipo se enferme.
Frank vuela a visitarla durante el rodaje. Odia África inmediatamente. Se queja del calor, de los insectos. de la comida, de todo. Quiere que Aba deje la película y se vaya con él. Ella se niega. Por primera vez pone su trabajo antes que Frank. Pelean. Frank se va furioso y Aba se queda y termina la película.
Su actuación es la mejor de su carrera. Ya no está solo siendo hermosa en pantalla, está actuando de verdad. Matices emocionales, complejidad. Profundidad. Mogambo se estrena en octubre de 1953. Aba recibe su única nominación al Óscar como mejor actriz. Es validación que ha querido toda su vida. Finalmente, la academia reconoce que puede actuar, qué es más que solo un rostro hermoso, que tiene talento real, pero no gana.
Audrey Hebburn gana por Roman Holiday. Y Aba sentada en el Dorothy Chandler Pavilion con un vestido blanco que costó una fortuna, aplaude educadamente mientras por dentro se convence otra vez de que nunca será suficiente, que estaba nominada solo por su belleza, que Hepurn ganó porque es mejor actriz, que ella, Aba, nunca será tomada en serio.
Bebe champagne toda la noche en las fiestas después de los Oscars. Sonríe para las fotos. dice que está feliz por Audre y se va a casa sola porque Frank está en Nueva York trabajando y se sienta en la oscuridad de su casa vacía preguntándose por qué nada es nunca suficiente. En algún momento de 1953, durante el rodaje de Mogambo, Aba queda embarazada.
Y este es el momento donde todo podría cambiar, donde podrían calmarse, establecerse, convertirse en familia real, donde los celos y las peleas podrían parar porque tendrían algo más grande que ellos en que enfocarse. Frank quiere el bebé. Desesperadamente habla de nombres, de convertir un cuarto de la casa en nursery, de cómo va a ser diferente con este hijo que con los otros, porque ahora es mayor, más sabio, pero no.
Las razones son complejas, múltiples, ninguna completamente satisfactoria. Está en África filmando una película importante. Dejarla arruinaría su carrera en un momento crucial. No confía en que el matrimonio durará y no quiere traer un hijo a esto, a las peleas, al alcohol, a la inestabilidad. Y hay algo más profundo, más oscuro. No cree que sería buena madre.
Cree que pasaría su daño al niño, que repetiría patrones que vio en su propia familia o crearía nuevos patrones rotos. Frank nunca la perdona completamente y Aba nunca se perdona a sí misma. años después, décadas después, dirá que fue el mayor error de su vida, que si pudiera cambiar una cosa sería eso. Que a veces se pregunta cómo habría sido ese hijo, si habría tenido los ojos de Frank o los de ella, se habría cantado.
Pero en 1953 toma la decisión que le parece la única posible en ese momento y algo muere entre ellos que nunca vuelve a vivir. El matrimonio se desintegra lentamente durante los siguientes años. Se separan en octubre de 1954. Aa se muda a un apartamento propio. Se reconcilian en Navidad. Se separan otra vez en febrero de 1955.
Se reconcilian en julio. Es un patrón que se repite una y otra vez. Cada separación juran que es definitiva. Cada reconciliación juran que será diferente esta vez, pero nunca es diferente. Oficialmente se divorcian el 5 de julio de 1957. Irreconciliables diferencias, dicen los papeles legales.
Pero es más complicado que eso. Pero el divorcio no lo separa realmente. Durante las siguientes tres décadas, Frank y Aba se buscan. Declaraciones de amor que son inapropiadas porque ambos están con otras personas. Frank se casa con Mia Farro en 1966. Mía tiene 21 años. Frank tiene 51. El matrimonio dura 2 años. Luego se casa con Bárbara Marx en 1976.
Ese matrimonio dura hasta su muerte, pero incluso cuando está casado con Bárbara sigue llamando a Aba. Porque Aba fue el amor de su vida y él fue el de ella. No el amor bueno, sano, que te hace mejor persona, el amor destructivo, obsesivo, que nunca te deja ir. Después del divorcio, Aba hace una decisión que define el resto de su vida.
Se muda a España, primero a Madrid en 1955. Luego pasa temporadas en Londres, pero Madrid se convierte en su hogar de formas que Hollywood nunca lo fue. Renta un apartamento en la calle del Príncipe, en el centro de la ciudad. Paredes gruesas, techos altos, balcón con vista a la plaza.
Y en Madrid encuentra algo parecido a paz o al menos algo parecido a Escape. Los españoles la dejan en paz de formas que los americanos nunca hicieron. Saben quién es, por supuesto, pero no la persiguen por la calle pidiendo autógrafos. No la señalan en restaurantes. Es menor que numeral cero sin conumeral es mayor que respetan su privacidad con una elegancia que aprecia profundamente.
Desarrolla rutina. Duerme hasta tarde, hasta el mediodía. A veces se levanta, hace café fuerte en una cafetera italiana. Fuma el primer cigarro del día en el balcón mirando la plaza. Por las tardes camina, a veces con rumbo el prado para ver los goyas que ama, el retiro para sentarse bajo los árboles, a veces sin rumbo, solo caminando por calles estrechas, perdiéndose deliberadamente.
Por las noches sale Chicote, el bar famoso en Gran Vía donde se reúnen toreros y artistas. Se sienta en la barra, whisky doble, luego otro. Luego otro. A veces habla con los bartenders en su español terrible, que nunca mejora mucho. A veces se sienta en silencio absoluto, fumando lucky strikes, bebiendo, mirando a nadie. Desarrolla amistad con toreros.
Luis Miguel Dominguín, el cordobés. Hombres que entienden algo sobre vivir intensamente, sobre jugarse la vida, sobre la diferencia entre valentía y autodestrucción. Va a las corridas en las ventas. Se sienta en sol, no en sombra, porque es más barato y más auténtico. Mira hombres enfrentando toros con una gracia que le parece balet mortal y bebe más que nunca.

Ya no es social, no es solo para fiestas o para calmar nervios. Es funcional. Necesita alcohol para funcionar. Despierta con temblores en las manos que solo se calman con el primer trago. No puede comer sin beber primero. No puede dormir sin beber hasta perder la conciencia. Los años 60 y 70 son decline gradual constante. Sigue actuando, pero en películas cada vez más pequeñas.
The Night of the Iguana en 1964 con Richard Burton. John Houston dirigiendo. Filmada en México donde el calor es infernal y todos beben demasiado. Aba y Burton tienen aventura breve, intensa, que termina tan rápido como empieza. 55 Days ataking en 1963. The Bible in the beginning en [carraspeo] 1966. Papeles en películas europeas que nunca se estrenan en Estados Unidos.
directores italianos españoles que la contratan más por su nombre que por su actuación. Y su belleza, esa belleza que definió una era, empieza a desvanecerse no de golpe, gradualmente, líneas alrededor de los ojos, piel que ha perdido elasticidad del alcohol y los cigarros, venas rotas en las mejillas, una hinchazón sutil en la cara que viene de beber demasiado durante demasiado tiempo.
Los directores de fotografía tienen que trabajar más duro para hacerla lucir bien. Más luz suave, más filtros, ángulos específicos que esconden el daño y Aba lo sabe. V cada cambio. Estudia su rostro en el espejo con la crueldad que solo nosotros podemos tener con nosotros mismos. La única cosa que tenía valor su belleza se está yendo.
Y cuando eso se vaya, ¿qué quedará? En los 70 su salud empieza a deteriorarse seriamente. Enfisema de fumar tres paquetes de cigarros al día durante 30 años. Toser cada mañana hasta que le duele el pecho. Falta de aire cuando sube escaleras. Problemas hepáticos del alcohol. Los doctores le dicen que tiene que parar de beber o va a morir. Ella ríe.
Todos vamos a morir, dice. Sigue bebiendo. Hace su última película en 1982. Regina para televisión. Un papel pequeño. Algunos días de filmación y eso es todo. Se retira oficialmente, aunque nadie lo anuncia, simplemente deja de aceptar ofertas. En 1986 sufre un derrame cerebral. Está en su apartamento en Londres cuando sucede sola.
La encuentra su asistente horas después. El derrame la deja parcialmente paralizada del lado izquierdo. Tiene que aprender a caminar otra vez, a usar cubiertos, a escribir con la mano derecha porque la izquierda ya no funciona bien. Se muda permanentemente a Londres para estar cerca de mejores doctores. Apartamento en Westminster, vista al río.
Los últimos 4 años son solitarios. Raramente sale, no puede caminar bien. Necesita bastón. Y Aba Gartner, que siempre fue vanidosa sobre su apariencia, no quiere que la gente la vea así. Algunos amigos la visitan. Rody McDowell, Charles Grey. Se sientan con ella, hablan de los viejos tiempos. Frank llama de vez en cuando desde California.
Su voz también deteriorada por la edad, por la vida dura. hablan brevemente, nunca sobre nada importante, solo para escuchar la voz del otro. Aba pasa días enteros en su apartamento sin hablar con nadie, mirando televisión, fumando, aunque los doctores le dijeron que no puede, bebiendo whisky, aunque los doctores le dijeron que la va a matar.
25 de enero de 1990. Aba Garner muere en su apartamento en Londres, 67 años. Neumonía, dicen los reportes oficiales, pero realmente es acumulación de décadas de autodestrucción. Muere sola, sin familia inmediata, sin hijos, su cuerpo es cremado. Las cenizas enviadas a Carolina del Norte, donde está enterrada en Sunset Memorial Park en Smithfield.
De vuelta al lugar donde empezó la niña pobre de Grabtown, Frank Sinatra, que para entonces tiene 74 años, llora cuando se entera de su muerte. Según quienes estaban con él, dice, “Nunca dejé de amarla.” Nunca. Y cancela conciertos durante semanas. Se encierra en su casa, no habla con nadie, porque Aba fue el amor de su vida y su amor la destruyó tanto como ella lo destruyó a él.
¿Qué dejó Aba Gardner? Películas hermosas. The Killers, donde definió qué significa Fen Fatale. Showbat con su gracia natural. The Bearfo Contesa donde interpretó a una versión de sí misma. Mogambo que probó que podía actuar de verdad. fotografías que todavía se reimprimen en libros de Hollywood clásico.
Ese rostro perfecto captado en blanco y negro, congelado en el tiempo antes del daño, antes del alcohol, antes de todo. Y la pregunta que nunca respondió, que persigue su legado. ¿Puedes amar tanto que te destruyes? ¿O solo amaba la destrucción y le ponía nombre de otras personas? Porque Aba tuvo todo lo que supuestamente importa.
Belleza que la gente literalmente llamaba perfecta. Fotógrafos que decían que nunca habían visto rostro más simétrico, más cinematográfico. Fama, su nombre en marquesinas, su rostro en portadas, reconocimiento mundial, dinero suficiente para vivir cómodamente el resto de su vida, hombres que la adoraban.
Mickey Rooney, que estaba obsesionado, Howard Huges, que le rogaba matrimonio, Frank Sinatra, que la amó con intensidad, que los destruyó a ambos. Pero nunca fue suficiente. No porque fuera codiciosa o materialista, sino porque nada externo puede arreglar lo que está roto internamente. Ningún elogio de tu belleza puede convencerte de que eres valiosa si no lo crees.
Ningún amor puede llenarte si hay un vacío dentro que no puedes nombrar. Ninguna cantidad de fama o dinero puede callar la voz que te dice que no eres suficiente. Y Aba nunca se amó a sí misma. Nunca creyó que era valiosa más allá de su rostro. Nunca perdonó a la niña pobre de Carolina del Norte que no terminó la universidad, que no leyó los libros correctos, que se sentía estúpida en conversaciones sobre arte y filosofía.
Esa niña estaba todavía ahí, escondida detrás de vestidos de alta costura y maquillaje perfecto, todavía sintiéndose inadecuada, todavía creyendo que no merecía amor. Y cuando los hombres la lastimaron, Mickey con sus infidelidades, Arty con su condescendencia, Frank con su posesividad destructiva, ella lo internalizó.
Lo convirtió en evidencia de que había algo fundamentalmente mal con ella. Entonces se lastimó primero para tener control. Bebió hasta destruir su salud, fumó hasta destruir sus pulmones. Saboteó relaciones que podrían haber sido buenas, porque si te destruyes a ti misma, nadie más puede hacerlo. Y tal vez, simplemente algunas personas están rotas de formas que no se pueden arreglar.
No importa cuánta terapia, cuánta fama, cuánto amor, el daño es demasiado profundo, demasiado fundamental. O tal vez es que Aba nunca realmente intentó arreglarse porque la destrucción era más familiar que la salud, porque sabía cómo vivir en el caos, pero no en la paz. Aba Gardner fue la mujer más hermosa de Hollywood y la que menos lo creyó.
Amó a Frank Sinatra con intensidad que los destruyó a ambos y continuó amándolo décadas después del divorcio, porque ese amor destructivo era la única cosa que se sentía real. Bebió para callar la voz que le decía que no era suficiente y bebió hasta que la voz fue lo único que quedaba, resonando en la oscuridad de apartamentos vacíos en Madrid y Londres.
Murió sola, lejos de Hollywood, lejos de todos los que la amaron. Tal vez porque la soledad era más honesta que el amor que nunca pudo creer que merecía. Y tal vez esa es la lección final que nos deja, que puedes tener todo y aún así estar vacía. Que la belleza externa no significa nada sin paz interna.
Que el amor puede destruirte si lo usas como sustituto de amarte a ti misma. Que la fama y el dinero y la admiración no arreglan trauma, no arreglan inseguridad, no arreglan la sensación de que no eres suficiente y que a veces las personas más hermosas del mundo son las que se ven a sí mismas como más feas. Las más amadas son las que se sienten menos dignas de amor.
Aba Gardner amaba destruirse. Frank Sinatra era solo un síntoma. El alcohol era solo un síntoma. Hollywood era solo un síntoma. El verdadero problema era que nunca creyó que merecía otra cosa que no fuera destrucción. Y nadie, ni Mickey, ni Art, ni Frank, ni los millones que la adoraban desde pantallas de cine podía convencerla de lo contrario, porque al final la única persona que podía salvar a Aba Gardner era Aba Garner y ella eligió no hacerlo.
O tal vez no sabía cómo. Y esa es la tragedia más grande de todas. Yeah.